Enseñar a los Estudiantes a Enfrentar Sus Preguntas y Dudas: Una Perspectiva y un Modelo (Spanish)

Bruce C. Hafen

El élder Bruce C. Hafen es Autoridad General Emérito. Sirvió como Presidente de BYU–Idaho y como rector en BYU.

Discurso a los Maestros de Religión de BYU el 28 de agosto de 2019.

El documento “Pautas para fortalecer la Educación de Religión” del Consejo de Educación de la Iglesia del año 2019, incluye entre los “propósitos” de la educación de religión este nuevo lenguaje: “fortalecer la capacidad [de los estudiantes] para encontrar respuestas, resolver dudas, responder con fe, y darle razón a la esperanza dentro de ellos en cualquier desafío que puedan enfrentar. [1]

¿Porqué piensan las Autoridades que necesitamos estas nuevas pautas? El Presidente Russell Ballard nos dijo el por qué en su sincera plática sobre cómo enseñar a los estudiantes Santo de los Últimos Días [SUD] en la época del Internet; un mensaje inteligente, amoroso y útil que merece volverse a leer. Aquí un ejemplo: “Hoy en día, lo que [nuestros estudiantes] ven en sus dispositivos móviles puede ser tanto un desafío para la fe como para promoverla. Muchos de nuestros jóvenes están más familiarizados con Google que con el Evangelio”. Por tanto, “Atrás quedaron los días en que un estudiante expresaba una preocupación sincera y un maestro daba su testimonio como respuesta para evitar el asunto. Atrás quedaron los días en que los estudiantes estaban protegidos de las personas que atacaban a la Iglesia”.[2]

Debemos ayudarnos mutuamente en este tema importante pero sensible. Aunque los jóvenes SUD muestran niveles más altos de actividad en la Iglesia que los de otras religiones, todavía perdemos a muchos.[3] Una gran encuesta reciente entre líderes locales de la Iglesia encontró que casi todos ellos tienen miembros de sus familias o amigos que han sufridos algún tipo de crisis de fe; y la mayoría piensa que no les hemos dado la información y la capacitación adecuadas para ayudarse mutuamente a enfrentar esos desafíos.[4]

Marie y yo compartimos la pasión de ustedes por la juventud de Sión. Ese es el porqué nosotros, al igual que ustedes, hemos estado afligidos al ver de cerca cómo la cultura del internet, a pesar de sus bendiciones enormes, ha llegado a ser el portador de un tipo de virus espiritual, al infectar y desorientar a muchos jóvenes—y adultos—SUD.

A causa de esa preocupación comun el decano Daniel Judd nos ha invitado a compartir algunas ideas de nuestro libro: Faith Is Not Blind [La Fe No Es Ciega][5] y de nuestro podcast faithisnotblind.org y los proyectos de investigación. También nos gustaría compartirles algo de lo que hemos aprendido en estos proyectos acerca de cómo educar a los estudiantes a enfrontar las preguntas inquietantes “mirando hacia adelante con el ojo de la fe” (Alma 32:40).

La Fe No Es Ciega: Sus Orígenes y Enfoque
Los Orígenes

La perspectiva que se muestra en La Fe No es Ciega y los proyectos relacionados tuvo su inicio en el año 1963 en una clase de religión en BYU llamada “Sus Problemas Religiosos” que enseñaba West Belnap, en esa época el decano de Educación Religiosa. Conocí a mi esposa en esa clase. (¿Se pueden imaginar que sus estudiantes dentro de medio siglo todavía aprovechen activamente lo que aprendieron en su clase? Podría ser). El hermano Belnap usó la primera hora de clase para compartir su propio problema religioso: “¿Cómo puedo adquirir el don de la caridad?” Fue sorprendentemente franco, y lo que dijo sobre su búsqueda de la caridad fue realmente conmovedor. Luego pidió que cada alumno presentara un breve reporte escrito que dijera como resolvería su pregunta. Ese formato se convirtió en modelo para todos: escoger un tema que nos preocupe, investigar sobre eso, y entonces dirigir los comentarios en la clase sobre ello. Luego escribir cómo resolveríamos la preocupación.

La clase siempre fue abierta, compasiva y afirmativa de la fe—una combinación edificante—a pesar de que las discusiones incluyeron temas difíciles como el matrimonio plural, la raza y el sacerdocio, las críticas al Libro de Mormón, la historia de la Iglesia, las enseñanzas de José Smith, las enseñanzas de Brigham Young, y cómo vivir el evangelio más plenamente. El hermano Belnap quería que nosotros encontráramos nuestras propias respuestas, pero sabía cuándo darnos un empujón útil.

Con frecuencia, después de la clase, algunos seguíamos hablando en los pasillos o en el patio. Marie y yo siempre fuimos parte de ese grupito espontáneo, y han continuado nuestras conversaciones del evangelio desde entonces—culminando—con la decisión de escribir juntos La Fe No Es Ciega.

Si pudiéramos hablar con cada uno de ustedes acerca de las típicas crisis de fe de hoy en día (lo cual disfrutaríamos porque nos gustaría escuchar sus ideas; y no les pediríamos que prepararan un reporte escrito, o. . . quizás sí) y si nos preguntaran qué es lo que hemos aprendido durante los últimos 57 años que pudiera ayudar a sus estudiantes con este tema, probablemente les daríamos el libro La Fe No Es Ciega. Luego les explicaríamos que después de confrontar— en oración—distintos enfoques para el libro, decidimos conscientemente no analizar mucho los debates sobre la historia específica de la Iglesia u otros temas. Pensamos que lo mejor que podríamos ofrecer (a aquellos que están luchando y a quienes quieren ayudarlos) era una perspectiva general nueva y un modelo a seguir para superar sus propios desafíos de fe. En ese sentido, es probable que la perspectiva que usted transmita y la actitud sobre lo que sucede en su aula y en su asesoramiento en estos temas sean más importantes que lo que usted diga.

Un lector del libro La Fe No Es Ciega dijo que éste no es, en lo primordial, un intento de disculpa por defender la fe, a pesar de que nuestro compromiso fundamental con la Restauración es claro en todo momento. Esto se debe a que, como Clayton Christensen escribió en su revisión, La Fe No Es Ciega, es semejante a lo que él hizo en su clase: “en lugar de decirle a los estudiantes qué pensar, trato de enseñarles cómo pensar [para que] puedan encontrar soluciones por sí mismos”. Entonces, dijo, La Fe No Es Ciega proporciona “un marco simple pero poderoso de tres etapas que pueden aplicar por su cuenta a medida que enfrentan desafíos inesperados [de fe]”.[6]

Al compartir con ustedes aquí los principios básicos del libro, espero mostrarles la forma en que el proceso de trabajar a través de las preguntas y dudas puede ayudar a desarrollar nuestra fe. Sin embargo, no celebramos las dudas en sí mismas; El objetivo final del discipulado no es convertirse en alguien que duda así como Tomás. Jacob Hess dijo que: Algunos escritores intentan,“valorizar la duda como un estado superior de iluminación en comparación con los miembros de la Iglesia que supuestamente no son lo suficientemente perspicaces como para confrontar la verdad con integridad”. Pero Hess escribe: La Fe No es Ciega va en una dirección diferente. Suave pero firmemente muestra el camino a través de la duda “y más allá” hasta “un claro donde el paso de montaña se abre en un hermoso valle”. Lo hace creando un contexto donde las personas pueden “navegar sus complejidades con sabiduría y calma”, un lugar donde “las preguntas pueden ser metabolizadas, digeridas y procesadas lo suficiente como para avanzar; aunque no todas sus preguntas se resuelvan, ya no pesan tanto sobre su espalda”.[7]

El libro tiene un sentimiento autobiográfico ya que empieza con mi propio paso por la incertidumbre. Cuando tenía 19 años y estaba por salir a una misión, me hallaba atrapado por no saber la diferencia entre saber y creer. No podía decir honestamente “yo sé que el evangelio es verdadero.” Conocía algunas personas que esperaban que yo dijera esas palabras. Pero, sinceramente, solamente podía decir “creo que es verdadero.” También creía que mi fe crecería hacia el conocimiento—lo cual hizo segura y eventualmente—de todas las formas en que Alma 32 dijo que lo haría.

Desde entonces he decidido que a esa edad, no tuve las palabras para expresar adecuadamente mi fe. Las diferencias entre saber, creer, dudar, y tener preguntas no son triviales. Pero, a menudo, las diferencias no son claras debido a que nuestra experiencia es mayor que nuestro vocabulario. Y cuando nuestra fe aun sin problemas abruptamente confronta preguntas que nos dejan sin habla, aunque sea temporalmente, nuestra fe puede parecer no tan solo ciega, sino tonta. Hasta nuestros crecientes dolores espirituales nos pueden llevar a preguntarnos si algo está mal. Pero probablemente solo necesitamos más experiencia y un mejor vocabulario resultante de esa experiencia.

Al pasar el tiempo, hallé que “saber,” y “dudar,” no son las únicas alternativas. Y tampoco es suficiente el decidir si uno es “conservador” o “liberal.” Esos contrastes polarizadores no tan solo no nos ayudan, sino que a menudo interfieren con el progreso espiritual genuino. También pueden evitar que los padres y los hijos, o los líderes de la Iglesia y los miembros, dejen de escucharse y de comprenderse. Muy a menudo, los jóvenes y otros miembros hacen preguntas sinceras pero escépticas—a la vez que los padres y líderes—les dan respuestas sinceras pero muy vagas o demasiado rígidas. Así que, el propósito del libro es ofrecer a quien tenga un desafío de su fe, pero en especial a los jóvenes, algunas palabras, relatos, y conceptos que, esperamos, describan un modelo que los conduzca a confiar en el Señor y Su Iglesia.

Nuestro corazón está con aquellos cuya fe se perturba por la información, las personas o las experiencias que parecen poner en duda sus creencias. Pero encontrar tales sorpresas e incertidumbres puede ser parte del proceso natural del crecimiento de la fe. Hemos vivido muchas sorpresas y descubrimos que enfrentar la oposición es la única forma de desarrollar una madurez espiritual auténtica y bien probada. Es por eso que el poeta inglés John Milton no podía “valorar una virtud enclaustrada,” una virtud no puesta a prueba que “nunca ve a su adversario”.[8] La verdadera fe no es ciega. Más bien, la verdadera fe ve, y vence a su adversario.[9]

Así que nuestro enfoque en La Fe No Es Ciega está en cómo podemos aprender de nuestras experiencias con la incertidumbre y la oposición, en lugar de ser trastornados o desilusionados por ellas. Nos preocupan mucho los temas históricos o intelectuales que perturban a algunos miembros de la Iglesia, pero creemos que es mejor dar un paso atrás y ver la manera de resolver esos problemas como parte de un proceso más amplio del desarrollo intelectual y espiritual.

Muchos de ustedes ya ayudan a sus estudiantes a ver a través de la lente de esas perspectivas mayores. Ya saben como ayudarles a navegar por las aguas difíciles de la adolescencia y el inicio de la edad adulta. Y con el lenguaje, las ideas y las experiencias de su propio crecimiento espiritual, los pueden educar para que, por el resto de sus vidas, vean mediante el ojo de la fe.

El Enfoque

Ahora veamos más específicamente las tres etapas del libro para enfrentar la incertidumbre. Este modelo, que es el concepto central del libro, se describe más específicamente en el capítulo 2: “La Simplicidad Más Allá de la Complejidad”.[10]

Cuando somos jóvenes, la mayoría de nosotros tendemos a ver la vida en términos idealistas. Sin embargo, al crecer y ganar experiencia, empezamos a ver que hay un tipo de “brecha” entre nuestro ideal y lo que a menudo sucede en la vida real—una tensión natural entre los ideales del evangelio y las realidades de la vida—. Considérenla como la brecha entre lo que es y lo que debería ser.

Al correr del tiempo, tendemos a ver esa brecha quizás porque descubrimos las limitaciones humanas—de quienes hemos considerado nuestros héroes—de nuestros padres, un líder o un amigo apreciado. Es posible que una oración importante tarde mucho en ser contestada. Tal vez, nos encontramos con información nueva y desconcertante sobre algún incidente desconocido en la historia de la Iglesia. El CCM enseña apropiadamente una visión positiva e idealista de la obra misional—pero la realidad de la vida diaria en un país extraño con otro idioma y un compañero inexperto, desbarata esas expectativas—. Debido a que somos humanos, lo “real” de alguien es infaliblemente consistente con el “ideal” de uno.

¿Cómo podemos luchar con esta “brecha” de forma productiva que nos ayude a crecer? El juez Oliver Wendell Holmes nos dio un marco para nuestro modelo de tres etapas cuando dijo: “No daría algo por la simplicidad en este lado de la complejidad. Pero daría mi vida por la simplicidad al otro lado de la complejidad.” La visión de Holmes nos sugiere que la madurez espiritual bien probada se desarrolla naturalmente en estas líneas.

La Etapa uno es la “simplicidad antes de la complejidad,” cuando nuestra fe es inocente y no ha sido puesta a prueba por la experiencia. Moroni escribió: “porque no recibís ningún testimonio sino hasta después de la prueba de vuestra fe” (Eter 12:6). La Etapa dos es “la complejidad,” al encontrar una prueba para nuestra fe y la brecha entre lo real y lo ideal. Es posible que aquí luchemos contra muchas formas de incertidumbre y oposición. La Etapa tres es “la simplicidad más allá de la complejidad”, al aprender por la experiencia a desarrollar una perspectiva establecida, informada, “probada y verdadera”—una nueva simplicidad—más sólida y realista que antes.

Ponemos tres ejemplos. Una vez asistimos a una reunión de ayuno y testimonios en la sección femenil de la Prisión Estatal de Utah. Una mujer se puso de pie delante de sus compañeras y, entre lágrimas, honestamente dijo: “cuando era niña, me encantaba dar mi testimonio. Corría al púlpito y decía “Amo a mi mamá y a mi papá. Sé que el evangelio es verdadero. El Padre Celestial me ama. Jesús sufrió por mis pecados.” Entonces volvía corriendo para sentarme junto a mamá y la vida era buena. Pero ahora, después de todos estos años, lo sé de una manera muy diferente. El evangelio es verdadero. El Padre Celestial me ama. Jesús sufrió por mis pecados. Y ahora realmente sé lo que significan esas palabras.” Ella estaba descubriendo la simplicidad más allá de la complejidad.

A los 18 años, Holly era muy activa en la Iglesia. Luego alguien la convenció de que cierta doctrina estaba equivocada, y eso la desconcertó tanto que la orilló a renunciar a su membresía en la Iglesia. Pocos años después, su compañera de cuarto en la universidad empezó a recibir las lecciones misionales. Holly las escuchó y su corazón se conmovió y, por primera vez en años, decidió orar. Tan pronto como dijo: “Padre Celestial” empezó a llorar, al sentir una tierna conexión con el Señor que ella le llamó “la cercanía.” A medida que ese sentimiento creció, su terquedad se convirtió en confianza y, eventualmente, Holly se volvió a bautizar. Estaba encontrando la simplicidad más allá de la complejidad.

La experiencia de Adán y Eva sigue ese mismo modelo. En el Jardín, tenían su albedrío, pero su fe era inocente, todavía no había sido puesta a prueba. Empezaron a experimentar la complejidad tan pronto como probaron el fruto; y la complejidad se multiplicó cuando fueron arrojados a las espinas y las lágrimas de un mundo mortal a veces brutal. Pero eventualmente descubrieron el significado de enfrentar fielmente toda esa oposición. Cuando el ángel vino a enseñarles el plan de redención y el lugar central de la Expiación de Cristo en ese plan, Adán y Eva “lo entendieron;” hallaron el propósito de su Caída, de su angustia y de sus sacrificios. Así que, Eva “oyó todas estas cosas y se regocijó diciendo: De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención” (Moisés 5:11; énfasis agregado). Ella estaba descubriendo la simplicidad más allá de la complejidad.

Como lo enseñan estas experiencias, una vida de fe enmedio de la oposición tiene la intención de ayudar a nuestros estudiantes y al resto de nosotros, a navegar por nuestras complejidades, a encontrar las soluciones inspiradas a nuestros propios problemas, y por lo tanto a edificar nuestra confianza en el Señor y Su Iglesia. Cuando de esa manera aprendemos a guardar nuestra fe, nuestra fe nos guardará mientras descubrimos “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, [y] guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).

Aconsejar a Los Estudiantes: la Prevención, la Empatía y la Ayuda

Antes de publicar La Fe No Es Ciega, nos dimos cuenta de que muchos de aquellos a quienes queremos llegar no leen muchos libros. Ellos prefieren leer una publicación de Facebook o de Instagram o ver un video en Youtube. Así que les pedimos a algunas personas que nos hablaran de sus experiencias con la complejidad en la vida real. Luego, alentados y dirigidos por familiares y amigos, comenzamos a grabar estas historias—que eventualmente se convirtieron en el website faithisnotblind.org—destacado ahora setenta entrevistas grabadas en podcast de veinticinco minutos (habrá más) con SUD honestos y fieles de los Estados Unidos y Europa de distintas edades y antecedentes. (Hay versiones de audio gratuitas disponibles en faithisnotblind donde encuentren podcasts).

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LA FE no es CIEGA

ENCUENTRE SU HISTORIA

EN LAS HISTORIAS DE ELLOS

USTED NO ESTA SOLO

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Encuentre blogs, entrevistas de podcast y recursos útiles en faitisnotbling.org.

Cuando nosotros y nuestro grupo volvimos a escuchar estas entrevistas surgieron naturalmente algunos patrones e ideas claras; como la forma en que fieles miembros normales de la Iglesia han navegado por ‘complejidades’ de todo tipo hacia la madurez de la “simplicidad más allá de la complejidad.” Como ilustración, ahora deseo comentar algunos de nuestros hallazgos principales dentro de tres categorías que, espero, les ayudarán al aconsejar a sus estudiantes —prevenir daños, escuchar con empatía y ayudar cuando sea posible—. Gran parte de lo siguiente proviene de jóvenes adultos iguales a quienes ustedes enseñan.

Aconsejar mediante la Prevención

Los estudiantes fieles que están bien fundados espiritualmente y que comprenden que las preguntas son parte de su desarrollo espiritual están mejor preparados que otros estudiantes para prevenir las crisis de fe y convertir los desafíos difíciles en experiencias que promuevan la fe.

Con respecto a la base espiritual, los maestros de religión, igual que los médicos, primero intentan “no causar daño”.[11] Ese es el porqué el Presidente J. Reuben Clark dijo que: “estos jóvenes son buscadores de la verdad, [y] no debe plantarse la duda en sus corazones”.[12] También es el porqué el élder Neal A. Maxwell estaba angustiado por los maestros que “acarician sus dudas” en “presencia de estudiantes SUD que buscan mentoría espiritual.”[13]

Además, la mayoría de los estudiantes de BYU no estan atrapados en la lucha con los críticos de la Iglesia. Por lo tanto, seamos cautos con respecto a que se pregunten si la Iglesia es un barco que se hunde o que su fe sea inferior porque no han tenido una crisis de fe. La gran mayoría viene a sus clases con un testimonio firme de lo que el Presidente Clark llamó los dos “fundamentos esenciales,” que Jesús es el Cristo y que José Smith es Su Profeta. Probablemente solamente una minoría de ellos sufrirá una genuina crisis de fe, pero casi todos encontrarán otras formas de complejidad, oposición y aún traumas—oraciones no contestadas, matrimonios difíciles, seguir solteros, problemas de salud, problemas financieros, etc. etc.—y muchos tendrán familiares y amigos que luchan con crisis de fe.

Dicho esto, quizás son más vulnerables los estudiantes que todavía no tienen arraigado profundamente su propio testimonio de los fundamentos. Parte de la batalla acerca de los temas contra la Iglesia ha pasado de los argumentos basados en la investigación académica (en la que los eruditos de la Iglesia han establecido un record impresionante)[14] al proselitismo personal y en línea—usualmente por ex miembros de la iglesia agresivos y engañadores que están bien pagados—que usan las redes sociales de manera efectiva y que especialmente se aprovechan de quienes, relativamente, están mal informados y sin fundamento.

Los buenos padres enseñan a sus hijos a vivir los mandamientos y a desarrollar su propio testimonio bien informado, especialmente en su propia relación con Dios. Sin esa ancla, cuando los jóvenes se enfrentan a una experiencia que sacuda su fe, se pueden preguntar por primera vez, ¿realmente creo en esto? Entonces, algunos trabajarán muy duro para edificar su propia relación privada con Dios. Pero para otros, los argumentos agresivos en contra de la Iglesia pueden colapsar su frágil fe como un cascarón construido alrededor de un espacio vacío.

Por ejemplo, un joven tuvo padres que no le enseñaron, ni fueron modelo para él, de un comportamiento religioso privado. En su familia, la “Iglesia” solo se trataba del comportamiento religioso en público orientado al cumplimiento. Creció sintiéndose presionado a asistir a las reuniones de la Iglesia, al seminario a ir a la misión, y casarse en el templo; pero solo porque sus padres lo empujaban, y se quejaban si no cumplía bien. Sus padres padecían disfunciones desfortunadas que hacían (y por extensión natural a otros padres SUD) que él los viera como hipócritas.

Ahora él padece una inquietante crisis de la mediana edad, y es enormemente vulnerable a toda la lista de argumentos contra la Restauración. Un terapeuta SUD me dice que basado en su experiencia, este modelo no es raro hoy en día, especialmente entre las familias de Utah. Cuando las personas con tales antecedentes limitados se retiran de la Iglesia, en realidad no están abandonando “a la Iglesia” o al evangelio restaurado, más bien, están dejando una imitación superficial—que un amigo mío llama una “versión empobrecida y agotada”—de la Iglesia, pues es la única versión que conocen.

Ustedes encontrarán muchas oportunidades naturales de ayudar a sus estudiantes —especialmente a los desnutridos espiritualmente—a aprender lo que significa desarrollar su propia relación privada con el Señor, su propio experimento con las palabras de Alma. La gente valoriza lo que descubre más que lo que se le dice. Ayúdenles a descubrirlo a Él por sí mismos. Ha sido sorprendente aprender de esas setenta entrevistas de podcasts que el factor más importante al ver emerger una fe más fuerte debido a diversas complejidades es si uno tiene o desarrolla una relación personal cercana—una conexión—con el Señor. Eso es lo que Holly llamó “la cercanía”. Para ella, ese fue el motivador del cambio.

Algunas veces la complejidad misma puede ser el catalizador para encontrar esa conexión, si las personas son lo suficientemente humildes para permitirlo. Un sobreviviente de los carros de mano lo dijo así: “Conocimos a Dios en el límite de nuestro sufrimiento. [Y] fue un privilegio el precio que pagamos para conocerlo”.[15] No todos los sobrevivientes de un trauma se sentirán de esa manera. Como lo dijo el élder Maxwell: “la experiencia puede suavizar o endurecer las dudas [y quizás el trauma], dependiendo del suministro de mansedumbre de la persona”.[16]

Con respecto a nuestro website y podcast Faith Is Not Blind; Sara d’Evergnee, Eric d’Evergnee y Jacob Hess están analizando también 40 “relatos de regreso”escritos por personas que vencieron sus crisis personales de fe lo suficiente para permitirles regresar por completo a la Iglesia. Los hallazgos completo de sus análisis—y los relatos mismos—se publicarán en faithisnotblind.org, probablemente durante la segunda mitad del año 2020. Se están identificando los temas y patrones comunes en las experiencias de las personas que han regresado, y que ayudarán a otros—y a los maestros, padres, líderes y amigos que los apoyan—en sus jornadas al pasar sus complejidades religiosas. Entre los hallazgos preliminares clave hasta el momento, informan que “aunque las historias reflejan numerosos y variados momentos y emociones, la experiencia propia con la Divinidad refleja el punto de referencia más importante en todas las historias.[17]

Otra fuente significativa de la prevención es enseñarle a los estudiantes que las preguntas difíciles, la oposición y las complejidades de todos tipos son naturales y normales—y con frecuencia—permiten el aprendizaje genuino. Por ejemplo, uno de los temas principales que surgieron de las 70 entrevistas en podcast en Faith Is Not Blind es que:

Ser enseñado de antemano sobre la complejidad en lugar de sorprenderse por ella ayuda a prevenir las crisis y puede fomentar el progreso y la actitud de aprecio por la riqueza de la historia y la doctrina. A quienes se les había enseñado esta perspectiva vieron sus dudas y preguntas como parte de un proceso normal y saludable en lugar de sentirse molestos o avergonzados por ellas. A menudo tuvieron un mentor (un padre, un líder o un maestro) que les enseñó este entendimiento desde temprana edad. Estas personas realmente pudieron nutrir su fe y disfrutar el proceso de desarrollo. (Para ejemplos, vean los podcasts con Tyler, Bill, Marcus y Sarah)[18]

Las entrevistas también revelaron que algunos habían pensado que si en realidad tenían “fe”, también debían tener un testimonio “perfecto” o “completamente cierto.” Por tanto, estas personas

tendían a tener una actitud de “todo o nada”. Entonces, cuando experimentaron cualquier duda o preguntas serias, quedaron completamente sueltos. Muchos de ellos se refirieron a esto como una “crisis de fe” debido a la forma en que veían el término “fe”. Y algunos sintieron que no podían quedarse o ser activos en la Iglesia a menos que estuvieran completamente seguros de su testimonio. [Pero cuando aprendieron] a ampliar la forma en que percibían la “fe” o el “testimonio”, pudieron resolver sus dudas y permitirse tener una fe dinámica que creció y se desarrolló. (Ver Kristine, David L, Zach, Jason, Ryan).[19]

Muy parecido al uso de una inoculación para ayudar a desarrollar la inmunidad en los niños, nuestras entrevistas muestran que aquellos a quienes los padres o buenos maestros les enseñaron conceptos difíciles, pero apropiados para su edad, estuvieron mucho mejor preparados cuando surgió alguna complejidad. Por ejemplo, el Obispo Kevin Knight de la Estaca Oakland California recientemente les pidió, a los 900 miembros del grupo faithisnotblind en Facebook, ideas que le ayudaran a dirigir una sesión de comentarios con los obispos de su estaca sobre como aconsejar “a los jóvenes que tienen dudas”.[20] Estas son muestras de las respuestas:

Cuando comencé a tener dudas, sentí mucha culpa. Pensé que no estaba usando suficiente fe. Pero desde entonces he aprendido que mis preguntas son las que me ayudaron a construir una fe más fuerte. Las preguntas son oportunidades hermosas para crecer y ser mas fuerte.

La verdad resistirá el cuestionamiento. No se debilitará. La clave es hacer que se sientan cómodos y hablar de sus dudas con sus padres o líderes de la Iglesia, en lugar de ir a Google.

Yo les diría que tener dudas es normal. Dudar es una parte importante del sendero hacia un testimonio verdadero, fuerte e inquebrantable.

Y el Obispo Knight respondió: “Ese es un punto clave, asegurarle a los jóvenes que las preguntas—y hasta las dudas—son normales y deben comentarse abiertamente con los padres, los líderes y los amigos. Así como solía ser común no hablar con los niños sobre el sexo y ahora se entiende bien que debemos hacerlo.”

En el mundo actual, en realidad hay algunas similitudes entre hablar del sexo con nuestros hijos y hablar con los estudiantes acerca de las críticas contra la Iglesia. En ambos temas, Internet ahora ofrece versiones “adultas” totalmente sin filtrar que “cuentan todo” sobre los supuestos, pero a menudo falsos, “secretos” que no son apropiados para comentarse en el aula. Entonces, otro aspecto de la “prevención,” es preguntarse cuándo y cómo preparar a los estudiantes para reaccionar cuando encuentren por primera vez información sensible relacionada con la fe.

Ahora tenemos el libro Santos, la nueva historia narrativa de la Iglesia, es un excelente modelo para contestar esta pregunta: Preparado por talentosos historiadores y escritores SUD, entrelaza relatos confiables, legibles y bien documentados sobre muchos temas en sucesos clave naturales y reales de la historia de la Iglesia. En temas que van desde los múltiples relatos de la Primera Visión y la traducción del Libro de Mormón a las piedras de videntes y el matrimonio plural, Santos pone los problemas específicos en un marco amplio y comprensible, sin darles atención indebida o sacarlos de contexto. Luego, si un lector quiere saber más, las notas claras y autorizadas le indican el camino para las consultas adicionales. También ayuda el que la nueva clase Fundamentos de la Restauración, que se imparte en los Institutos y en BYU, trata la historia de la Iglesia más a fondo que en el pasado.

Después de enseñar este tipo de contextos claros y apropiados para la edad, animamos a los estudiantes a que hagan preguntas—cualquier pregunta sincera—. Esa es una buena razón para tener notas al pie de página. Y el que se comenten en clase o en privado dependerá del tipo de pregunta y del estudiante. De cualquier forma, de hecho, estamos dispuestos a comentarlas.

Algunos maestros pueden ser renuentes a responder las preguntas difíciles, pero nunca debemos decir más de lo que sabemos. De hecho, puede beneficiar a algunos estudiantes el aprender cómo hemos pasado a través de nuestras preguntas sin estar absolutamente seguros de las respuestas. Y no necesitamos ser expertos en la historia de la Iglesia y los temas relacionados, aunque ayudaría a los estudiantes inquisitvos el saber que su maestro de religión cuando menos lee y escucha lo suficiente bien para tener una idea general de los asuntos del día.

Otra vez, nuestra perspectiva y actitud acerca de lo que estamos comentando, usualmente son más importantes que lo que decimos. Y si los estudiantes perciben que estamos a la defensiva o temerosos de hablar con ellos, probablemente no querrán hablar con nosotros de todos modos. El Presidente Ballard aconsejó a los maestros de religión:

conozcan el contenido de Temas del Evangelio[21] como conocen el dorso de su mano. Y si tienen preguntas sobre ellos, pregúntenle a alguien que los haya estudiado y los entiende. [También] deben familiarzarce con el sitio web de los Documentos de José Smith y la sección de la historia de la Iglesia en LDS.org y otros recursos de eruditos SUD fieles.[22]

Los miembros de la Iglesia esperan, naturalmente, que los maestros de religión de la Iglesia estén mejor informados que los típicos líderes locales, sobre estos temas, especialmente porque algunos informes sugieren que los Temas del Evangelio no son bien conocidos por los líderes locales, ya no se diga por los miembros de la Iglesia.[23] Y el Presidente Ballard agregó: “pueden ayudar a los estudiantes enseñándoles lo que significa combinar el estudio y la fe a medida que aprenden. Enséñenles siendo ejemplos de esta habilidad y enfoque en sus clases.”

Pero, los maestros de religión no son terapeutas. Algunos estudiantes al sentir que ustedes son accesibles pueden necesitar que se les fijen límites apropiados—porque los que tienen problemas de largo plazo como adicciones o desórdenes—requieren más tiempo del que ustedes les puedan dar. Muy probablemente les irá mejor si hablan con un terapeuta profesional o con su obispo. Entretanto, ustedes los pueden dirigir al website de la Iglesia donde se ofrecen materiales muy útiles para varios de esos desafíos.

Además, no todos los maestros de religión pueden ser expertos en investigar la historia de la Iglesia porque adquirir la experiencia histórica bien informada es muy demandante. Y los intentos de hágalo-usted-mismo son tan propensos a la posible debilidad en la historia como lo son en medicina, derecho o ingeniería. Jed Woodworth, el administrador histórico para Santos en el departamento de historia de la Iglesia, lo dijo así: “muchos han tratado de convertirse en expertos en la historia de la iglesia y han encontrado que sus esfuerzos por responder en términos históricos se están desmoronando.” Pero “la verdad del Evangelio Restaurado no se basa en la investigación. Más bien el testimonio se establece mediante la experiencia”.[24] Es valioso e incluso inspirador el conocer bien las líneas generales y los eventos clave de la historia de la Iglesia. Pero los recorridos auto-guiados de aguas más profundas pueden ser problemáticos; no porque luego alguien sabrá mucho, sino porque es probable que sepa muy poco para evaluar adecuadamente las evidencias, las fuentes y el contexto.

Sin embargo, es verdad que los recursos en la historia de la Iglesia nunca han estado tan abiertos o tan completos como ahora; y deberíamos animar y dirigir a los estudiantes a medida que busquen los temas históricos que les interesen. Curiosamente, las entrevista del podcast faitisnotblind nos mostraron que quienes tenían preguntas específicas sobre la historia de la Iglesia o de asuntos científicos, navegaban su propia experiencia de investigación en forma más positiva si de antemano sabían que no debían sorprenderse si la información que consiguieran no siempre es definitiva y está sujeta a múltiples interpretaciones y patrones de contexto. Y quienes quisieron hacer su propia investigación histórica tuvieron experiencias más confiables y satisfactorias cuando tuvieron a su lado a un mentor confiable y bien calificado con quien pudieran comentar sus métodos y preguntas de investigación (ver podcasts con David P, Janiece, Jeff, Ryan y Jenson).[25]

Aconsejando con Empatía

Aunque todos los estudiantes necesitan que ustedes les escuchen, quienes están enfrentando honestamente sus dudas y preguntas necesitan desesperadamente su verdadera compasión. En varias de las entrevistas de los podcasts, aprendimos cuan desalentador es que los familiares, los amigos, los líderes de la Iglesia o los maestros juzguen por su “falta de fe” a quienes tienen preguntas sinceras, y algunas veces los hacen sentir incomprendidos, no amados, inoportunos o de los tres modos.

Muchos estudiantes tendrán preguntas u oirán rumores que les sean tan inquietantes que necesitarán ayuda. Sin embargo, nuestros amigos, jóvenes adultos, nos dicen que es probable que algunos de sus amigos con problemas no llevarán sus preguntas o dudas a un líder de la Iglesia o a un maestro de religión. ¿Por qué? Por esta razón: en la cultura actual, casi todos los de esta generación sienten desconfianza de las instituciones, en especial las religiosas, y en quienes perciben como representantes de esas instituciones. También, nos dijo un joven, piensan que serán “juzgados y sermoneados,” lo cual nos indica—aunque sea exagerado—que los líderes adultos se beneficiarán grandemente si muestran mayor empatía.

Mientras tanto, quienes necesitan hablar solamente lo hacen con amigos que podrían estar tan mal informados como ellos, lo cual aumenta su inquietud—a veces de manera contagiosa—. Luego es posible que vayan a la internet juntos, sin la guía o perspectiva necesarias y el virus se propaga.

Los estudios y las entrevistas con SUD que han tenido diversas crisis de fe confirman estas impresiones; como Sara d’Evegnee lo encontró en las entrevistas en podcasts

Muchos de los que comentaron sus dudas con amigos y familiares no encontraron un oído atento; más bien, se encontraron con actitudes despectivas e intentos inmediatos para "solucionar" sus problemas. Pero algunos tuvieron amigos y familiares que mostraron empatía, escuchando sinceramente en lugar de tratar de dar consejos de inmediato. Estos tendíeron a quedarse en la Iglesia en vez de decidir irse. [Ver, por ejemplo, las entrevistas de podcast con Kristine, Kevin, Jana, Dan, Loretta y Casey].

Además,

Muchos sintieron que estaban haciendo algo “malo” al tener preguntas y dudas serias. Quienes pudieron permanecer en la Iglesia parecían necesitar mayor garantía de un líder o miembro de la familia para saber que podían quedarse sin tener un testimonio “fuerte” de certeza completa. La expectativa de que ellos o su testimonio tenían que ser “perfectos” fue un catalizador importante para el dolor y la incomodidad que sufrieron. Simplemente saber que era posible permanecer en la Iglesia, incluso si tenían dudas, los ayudó a quedarse. [Ver las entrevistas de podcast con Janae, Jordan, Emily C, Emma y Alyson].

Como lo dijo el élder Dieter F. Uchtdorf: “En las puertas de nuestros centros de reuniones no hay carteles que digan: “Su testimonio debe ser así de fuerte para poder entrar”.[26]

David Ostler en sus encuestas y entrevistas con personas que tenían una crisis de fe encontró que, con frecuencia, no querían compartir sus problemas con los líderes locales de la Iglesia debido a que creían que los líderes simplemente “no lo entenderían.” Y aun cuando hablaron con sus líderes, muchos encontraron que los líderes estaban a la defensiva y los criticaron, en lugar de escucharlos realmente. Algunos líderes también pensaron, erróneamente, que los principales problemas del que dudaba eran que no oraban, ni leían las escrituras, ni obedecían las normas de la Iglesia, incluso cuando ya estuvieran haciendo esas cosas. Estas actitudes tienden a que la persona con dudas no quiera una discusión más profunda. Entonces, el consejo de Ostler a los líderes cita a Stephen Covey: "Busca primero comprender, luego que te comprendan".[27]

Otras encuestas de Ostler muestran que, aunque no se trate de temas religiosos:

El intercambio de experiencias sin prejuicios es una forma mucho más poderosa de cambiar la mente que tratar de avergonzar a la otra persona [o] tratar de convencerla mediante argumentos estructurados. . . . Los defensores a menudo expresan puntos de vista inaceptables, que pueden intensificar la resistencia de las personas, o hacen que su caso sea un tema de conversación exhaustivo [que] tiene poco efecto. Descubrimos que simplemente escuchar y compartir una historia personal relevante disminuyó con éxito la resistencia de las personas y aumentó su apertura.[28]

Un estudiante de BYU nos dijo que los maestros de religión y los obispos en el campus algunas veces “no entienden la seriedad y profundidad de las emociones que experimentan los miembros o los ex miembros que tienen dudas. Es una de las experiencias más intensas y traumáticas, llena de dolor genuino, [que lo desarraiga] de una infancia de comprensión, de una comunidad, [y] de miembros de la familia.” Sin embargo, los “apologistas” a menudo “defienden la religión” con respuestas tan superficiales como “no se apresuren a creer el primer viento equivocado que sople”. Tales actitudes despectivas de parte de las autoridades pueden reforzar los temores de que a la Iglesia no le interesa, que no es confiable o que tiene información oculta y, —la pérdida de confianza—es, frecuentemente, una preocupación mayor que las preguntas históricas o doctrinales específicas. Si podemos tomar en serio a los estudiantes inestables y “escucharlos bien” con genuina empatía, eso envía una muy necesaria señal de confianza.

Jed Woodworth, cuya experiencia como historiador de la Iglesia lo ha llevado a muchas conversaciones de este tipo, también ha aprendido el por qué dos personas, aparentemente iguales, pueden reaccionar a la nueva información de manera muy diferente—una puede perturbarse con ella, mientras la otra la recibe bien—¿porqué?

El problema intelectual que se nos presenta debe ubicarse dentro del contexto de vida más amplio exclusivo de la persona a la que estamos ministrando. Otra persona, cuando se le presenta la misma información, no siente la herida que el que duda siente con tanta intensidad, lo cual subraya la importancia de comprender el curso de vida particular. Nuestro escuchar debe tratar de entender por qué esta persona encuentra perjudicial la información. ¿Por qué la resiliencia no es una posibilidad para ellos?

La recuperación del contexto de vida a menudo implica el descubrimiento de otras heridas sin sanar: dinámicas familiares nocivas, experiencias misionales desalentadoras, enfrentamientos con la autoridad institucional, opiniones ingenuas de la historia de la Iglesia, opiniones idealizadas de los profetas, el pecado, la falta de experiencia espiritual reciente, la vergüenza o el enojo. la postura de la Iglesia en asuntos sociales u otro tipo de decepciones.[29]

Por tanto, concluye, si quien tiene preguntas percibe que no es comprendido en su contexto actual, eso solamente aumenta el tema de la confianza institucional. A menos que una persona sienta que es escuchada, nada de lo que digamos o hagamos importara mucho. Finalmente, solo hasta después de que un maestro ayude a la persona a pasar por lo que podría ser un largo proceso de curación espiritual, los temas originales podrían ser reformados en términos nuevos y aceptables.

Aconsejando con Ayuda

Cuando un estudiante haya desarrollado la suficiente confianza en un mentor y sentirse seguro al expresar sus preocupaciones profundas, sería oportuno que el mentor ofrezca perspectivas, modelos, y sugerencias—no como mandatos—sino como ideas dignas de considerarse.

Los maestros de religión al igual que los obispos oran con el fin de encontrar el equilibrio exacto entre su vínculo obvio, pero a menudo no mencionado, con la Iglesia y su profundo y auténtico interés en un(a) joven como persona, no como proyecto. Conozco a una joven adulta soltera que al principio fue intimidada y sospechaba de lo que ella pensaba era el rol de “policía” del nuevo obispo en un barrio de Jóvenes Adultos. Pero después de que el obispo encontró maneras discretas de dejar que ella lo conociera, finalmente se sintió lo suficientemente segura como para compartir sus secretos y hacerle preguntas aterradoras. Después de algunas visitas, ella dijo: “Me trató de la forma en que creo que el Salvador me hubiera tratado”. Y siguieron bendiciones personales permanentes.

En tales contextos seguros, es una fortaleza la función institucional de un maestro de religión porque cuando el estudiante llega a confiar en el maestro, implícitamente está confiando en la Iglesia—la otra cara de perder la confianza institucional cuando algún otro líder de la Iglesia, provoca, en apariencia, una complejidad negativa—. Además, los miembros de la Iglesia esperan que los maestros de religión entiendan y puedan explicar (a diferencia de simplemente afirmar la conclusión) una controversia histórica o de otro tipo, a la luz más favorable para la Iglesia, incluso cuando la falta de evidencia histórica clara y concluyente solo permita una plausible—o sea razonable—interpretación fiel.

Al tratar tales casos, sería útil que los estudiantes puedan aprender el por qué el Señor evita deliberadamente dar evidencia abrumadora sobre toda clase de preguntas (hasta si Él existe) que nos sintamos compelidos a creer de una sola manera. Él quiere preservar nuestro albedrío y también quiere ayudarnos a aprender por medio de hacer decisiones cruciales. Se escribe así en La Fe No Es Ciega:

No podemos "probar" lo suficiente esas preguntas para responderlas con certeza. Entonces, el Señor quiere que escojamos dónde depositar nuestra confianza, mediante un proceso exigente de búsqueda personal, que nos conecte con Él—y con lo que nuestra experiencia nos enseña—acerca de si podemos confiar en Él.

El Señor a menudo nos pone en los lugares, donde las circunstancias no nos obligan a creer, incluso cuando nos invita a “ser creyentes”. “A los suyos vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que [han decidido y] creen en su nombre, les dio potestad de llegar a ser hijos de Dios” (Juan 1:11-12). ¿Por qué? Porque cuando la gente [decide] recibirlo algo sucede. ¡Aprenden! Seguir Su voluntad los cambia. Nuestras decisiones libres (no forzadas) inician el proceso de llegar a ser como Él.

El Señor ve un cuadro infinitamente más grande que nosotros. Si queremos la bendición de esa perspectiva infinita, le damos a Él y a Su Profeta el beneficio de la duda—que en última instancia es un asunto de confianza—. Y solo si ampliamos nuestra confianza Él es capaz de ayudarnos a aprender lo que quiere que aprendamos. Valoramos lo que descubrimos mucho más de lo que valoramos lo que se nos dice.[30]

Entonces, después de sopesar la evidencia plausible de ambos lados de una pregunta importante, en lo general, lo que inclina la balanza no es solamente el peso de la evidencia, sino nuestra propia decisión. Terryl y Fiona Givens han dicho que Dios diseñó esta realidad porque lo que decidimos creer, “adoptar y responder a ello, es el reflejo más puro de lo que amamos”.[31]

Esta misma perspectiva ayudará a proteger a los estudiantes de las acusaciones de los críticos contra la Iglesia que injustificadamente aseguran que basan sus dichos solamente en “evidencia objetiva.” Jacob Hess ha escrito que la evidencia que dichos críticos presentan no es tan objetiva como lo pretenden, más bien, solamente están presentando su particular interpretación de la evidencia. Pero después de apilar una “creciente acumulación de evidencia desconcertante”, enseñan a sus oyentes a poner esas incertidumbres en su estante de preguntas sin respuesta hasta que la pila sea lo suficientemente pesada para que el estante se rompa.

Sin embargo, “no es la evidencia lo que rompe el estante; es la intensidad de las sospechas [que han creado los críticos] alrededor de la evidencia.” Los críticos preguntarán si tenemos o no la integridad para seguir su versión de la verdad. Pero dada la naturaleza no concluyente de cada parte de la evidencia han dicho que el tema real es quien tiene la interpretación de la evidencia mas confiable; o sea, ¿en el consejo de quien confiamos mas en medio de la inevitable incertidumbre?[32]

Por cierto, “la carga de la prueba” o las normas de prueba utilizados en los casos penales, civiles y otros en nuestro sistema legal ofrecen una herramienta comparativa útil cuando queremos entender cuánta evidencia y de qué tipo debería ser suficiente para “probar” (o “refutar”) un asunto histórico. Además de los resultados normales de “verdadero” y “falso”, ¿qué hace un jurado (o nosotros) cuando, incluso después de mucho esfuerzo, la respuesta real es: “no podemos decir con certeza”? Allí es cuando la norma legal sobre que lado debería recibir “el beneficio de la duda” puede decidir un caso, y las demandas se ocupan constantemente de ese problema. Para una descripción comprensible de cómo el enfoque del sistema legal puede ayudarnos a sopesar la evidencia sobre la historia de la Iglesia, ver o escuchar el podcast de “Bill” en Faith Is Not Blind ”; o sea Bill Barnett, un abogado en Denver.

Además, uno de los argumentos más comunes que usan los críticos anti-Iglesia es que cuando ellos se enteran de nueva evidencia (al menos para ellos es nueva) sobre un incidente en la historia de la Iglesia, con frecuencia suponen que los líderes de la Iglesia han tapado toda la historia—o que la Iglesia mintió—para proteger el control y el poder de los líderes. Comentamos este tema en el libro La Fe No Es Ciega,[33] pero agrego aquí otro comentario.

En una o dos de las últimas generaciones, nuestra cultura ha cambiado gradualmente de maneras significativas, mezclando y quizás causando cambios similares en las normas académicas y profesionales. Algo de eso es simplemente un cambio generacional. Y en temas complejos como los tópicos LGBT, la cultura que los rodea ha pasado por cambios masivos en tanto que las enseñanzas de la Iglesia siguen siendo lo que siempre han sido. Pero quienes no tienen esa perspectiva histórica pueden preguntarse porqué la Iglesia no ajusta sus enseñanzas para estar a tono con la época. Sobre el tema general de la forma en que los cambios culturales afectan la forma en que se escribe la historia, a continuación se encuentra el resumen del ensayo de Jacob Hess “Did the Church Lie to Me?” [¿Me Mintió la Iglesia?]. El artículo original se menciona en la nota 34.

Las condenas de los historiadores del presente a los del pasado representan un notable etnocentrismo—la aplicación de nuestros estándares de cultura terapéutica de decir todo, revelar todo—(incluídas las cosas feas). . . a una generación que regresó de la guerra y no quería hablar sobre lo horrible. . . una generación que fue testigo de abusos dolorosos, y que con frecuencia, (trágicamente) no quiso hablar de ello (al menos no como lo hacemos hoy). . . y sí, quienes escribieron historias sobre Estados Unidos y la Iglesia se centraron más en los elementos positivos, con menos atención en los elementos desordenados y difíciles. ¿Debería eso realmente sorprendernos tanto? E incluso si lo hace, ¿podríamos reconocer el salto que estamos dando para imponer una narrativa de engaño sobre todo eso? (“¡Mi maestra de historia americana también me mintió!”)[34]

A quienes entrevistamos frecuentemente nos dijeron que, después de sopesar en oración toda la evidencia plausible acerca de las preguntas difíciles, si la evidencia disponible no podía aclarar conclusivamente el resultado, aprendieron a darle al Señor y Su Iglesia el beneficio de la duda. Después de haber hecho todo lo que podían, decidieron a propósito poner su confianza no solo en el Señor y Su Profeta, sino que también lo estaban haciendo en el evangelio y su poder—la seguridad personal combinada de todos los SUD—de que el Señor cumple Sus promesas. En todas sus paradojas e incertidumbres, los santos reflejan esas garantías en los ojos brillantes de un millón de descubrimientos personales.

Nos fortalecerá el confiar en los testimonios duramente adquiridos de los miles de millares que año tras año han leído, meditado, y orado acerca del Libro de Mormón; de quienes han servido misiones de fe y sacrificio por todo el mundo; que han sentido íntimamente la influencia del Señor, Su cercanía a ellos; que han visto que las promesas de la Redención rinden fruto agradable en sus vidas y en las vidas de los que están cerca de ellos; que frecuentemente han contado la historia de José Smith a sus hijos, a sus amigos, y a extraños y sintieron el espíritu de su verdad pura y simple. “Nosotros también, teniendo a nuestro alrededor tan gran nube de testigos” (Hebreos 12:1).

Estos son los que han crecido más allá de la complejidad hasta la tranquila confianza de la simplicidad informada; son quienes confían en el liderazgo profético no porque sea el resultado de cálculos astutos, sino porque han descubierto las mismas convicciones y sentimientos en su propia alma. Han encontrado sus propias respuestas, aunque no sean todas las respuestas que buscan. Saben lo suficiente para no desechar su confianza. No son de los que se vuelven atrás (ver Hebreos 10:39).

“Estos son los que han salido de la gran tribulación [y la complejidad] y han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero” (Apocalipsis 7:14). “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido” (Apocalipsis 3:21).[35]

La verdadera fe no es ciega. Más bien la verdadera fe ve y vence.

Conclusión

Que gran oportunidad tienen—preparar a sus estudiantes para convertir sus complejidades en oportunidades de aprendizaje (la prevención), mostrar verdadera compasión para los que tienen problemas (la empatía), y ayudarles a navegar las turbulentas aguas espirituales (la ayuda). Se que sus estudiantes, que ahora incluyen a nuestros nietos, quieren y necesitan su mentoría. Esperamos que ustedes, a su propio modo, puedan hacer para ellos y nuestros nietos lo que West Belnap hizo por nosotros. ¿Qué fue lo que hizo?

El profesor Belnap una vez me dijo de los maestros de religión de BYU: “Algunos de ellos la tienen en la cabeza y otros la tienen en el corazón. Pero es mejor cuando la tienen en ambos lugares.” Él la tenía en ambos lugares. Educado en una prestigiada escuela de religión, entendía la historia y la cultura moderna. Usualmente tenía buen sentido acerca de cómo leer un libro; o a una persona. Podía distinguir un buen argumento de uno débil. Sin embargo, al igual que Nefi, también se deleitaba en las escrituras y anhelaba entender y vivir las cosas profundas de Dios. Era honesto y tenía buen juicio, y conocía y amaba a las Autoridades Generales. Personificaba lo que enseñaba, aconsejándonos a pensar activamente y a convertirnos en verdaderos discípulos. ¿Qué hizo que sus enseñanzas fueran tan efectivas? Él:

! exigía el pensamiento crítico, constructivo y la escritura reflexiva;

! nos animó a buscar nuestras propias respuestas, pero nos dirigió a fuentes confiables;

! nos hizo preguntas difíciles, animándonos a pensar con claridad y orar constantemente;

! nos dio empujones intelectuales o espirituales cuando los necesitamos;

! nos permitió luchar en nuestra búsqueda y nos animó cuando lo necesitamos;

! nos aseguró que las respuestas a nuestras preguntas llegarían, en el tiempo del Señor.

Con el fin de enseñarnos el modelo de cómo hacer preguntas honestas sobre la religión y buscar respuestas responsables y confirmadas por el Espíritu, en la primera clase nos compartió su lucha (como la de Jacob y la escalera) para responder a su propia pregunta religiosa; “¿Cómo puedo obtener el don de la caridad?” Al decirnos la forma en que su fe se había desarrollado desde su niñez, pronto comprendimos que su pregunta no era solo un asunto de curiosidad intelectual. Sinceramente nos compartió algunas de sus experiencias más espirituales en su relación bi-direccional con el Señor. Sentimos que para él, hablar sobre los propios “problemas religiosos” es un proceso importante para reafirmar la fe y que requiere una apertura completa y madura.

Finalmente nos dijo cuán perplejo estaba al sentir que no había podido obtener la caridad—el amor puro de Cristo—. Sabía lo que era. Él conocía todo lo que las Escrituras enseñaban al respecto—la forma cómo refleja la naturaleza divina y que Dios la ha prometido— a “todos los que son discípulos verdaderos de Su Hijo Jesucristo” (Moroni 7:48). Sin embargo, nos dijo sinceramente, que a pesar de años de intentar vivir una vida diaria tan pura como podía, el don se le había escapado. Percibimos la conmovedora sinceridad de su deseo.

Pocos años después el hermano West Belnap murió a sus cuarenta y tantos años a causa de un terrible doloroso y prolongado cáncer cerebral, En su funeral, el élder Harold B. Lee habló de su amistad con él. Dijo que cuando el tumor cerebral seguía después de dos cirugías, West [Belnap] le dijo que el dolor era tan insoportable y el pronóstico tan sombrío que se preguntaba si no debería renunciar al tratamiento adicional y dejarse llevar rápidamente. Pero el élder Lee le aconsejó:

West, cómo tú y yo sabemos, el sufrimiento por el que estás pasando es un proceso de refinamiento para el cual se necesita [la] obediencia para la exaltación, [quizás] más que en el resto de tu vida. Vívelo hasta el final, te bendeciremos y oraremos para que el Dios misericordioso no permita dolores más allá de tu resistencia.[36]

West [Belnap] siguió ese consejo, aceptando un grado desconocido de sufrimiento, antes de al fin ser liberado del sufrimiento por la muerte.

Mientras escuchábamos al élder Lee, recordamos la clase acerca de la caridad de años antes. Al pensar en el sincero deseo del hermano Belnap de ser un discípulo consagrado de Cristo, era como si todavía nos estuviera enseñando. No pudo haber sabido lo caro que podría ser el precio de la caridad. ¿Su enfermedad insoportable lo habría llevado de alguna manera al deseo de su corazón? No podíamos saberlo, pero seguimos pensándolo: tal vez no nos sea posible tener la caridad de Cristo sin, de alguna manera física o de otro forma, entrar en “la participación de sus padecimientos” (Filipenses 3:10). Después de todo, la caridad y el sufrimiento son dos lados de la misma realidad: Su amor por la humanidad está totalmente entrelazado con el dolor exquisito de lo que el élder Maxwell llamó la “empatía merecida” de Cristo.

Con su mente y su corazón, West Belnap nos enseñó que las preguntas sinceras sobre la religión merecen ser tomadas con seriedad; y que vienen las respuestas que desarrollan nuestra alma. La búsqueda motivadora, con nuestros ojos y corazones abiertos, para responder esas preguntas puede tener consecuencias eternas. West Belnap nos enseñó que la fe en Jesucristo no es ciega.

[La edición en inglés de Faith Is Not Blind está disponible (en forma impresa, libro electrónico y audio) en https://deseretbook.com/p/faith-is-not-blind?variant_id=162578-paperback. Además, la traducción al español del libro estará disponible de forma gratuita, un capítulo a la vez, en masfe.org a partir de septiembre de 2020. Después de que se hayan publicado los 14 capítulos del libro, un audiolibro gratuito de Faith Is Not Blind en español estará disponible en masfe.org.]

Notas
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[1].- Sistema Educativo de la Iglesia, “Pautas para Fortalecer la Educación de Religión en las Instituciones de Educación Superior” (documento no publicado) del 12 de junio de 2019.

[2].- M. Russell Ballard, “The Opportunieties and Responsibilities of CES Teachers in the 21st Century” (discurso a los Maestros de Religión, Tabernáculo de Salt Lake City, 26 de febrero de 2016).

[3].- John Gee, Saving Faith (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University; Salt Lake City: Deseret Book, 2020), páginas 20-21, 289.

[4].- David B, Ostler, Bridges: Ministering to Those Who Question (Salt Lake City: Greg Kofford Books, 2019), páginas 14-16.

[5].- Bruce C. Hafen y Marie K. Hafen, Faith Is Not Blind (Salt Lake City: Deseret Book 2018).

[6].- Clayton Christiansen, revisión de Faith Is Not Blind, de Bruce C y Marie K. Hafen, Deseret News National Edition, 20 de febrero de 2019.

[7].- Jacob Z. Hess, en un e-mail a Bruce C. Hafen el 9 de abril de 2020.

[8].- John Milton, Areopagitica (1644).

[9].- El lenguaje de estas últimas frases está adaptado del capítulo 1 de Faith Is Not Blind.

[10].- Hay copia gratis disponible en: https://deseretbook.com/Faith-Is-Not-Blind-Chapter-2.

[11].- El Juramento de Hipócrates que hacen los estudiantes de medicina al prepararse para prácticarla.

[12].- J. Reuben Clark, “El Curso Trazado por la Iglesia para la Educación,” (discurso dado a los líderes de Seminarios e Institutos de Religión, Aspen Grove, Utah, el 8 de agosto de 1938).

[13].- Bruce C. Hafen, A Disciple’s Life: The Biography of Neal A. Maxwell (Salt Lake City: Deseret Book, 2002), página 166.

[14].- Por ejemplo, ver lo que dos eruditos evangélicos dicen a sus colegas después de su visita a BYU: “A nivel académico, los evangélicos están perdiendo el debate con los mormones. Estamos perdiendo la batalla y no lo sabemos. En los últimos años, la sofisticación y la erudición de la apologética SUD ha aumentado considerablemente, mientras que las respuestas evangélicas no.” Carl Mosser y Paul Owen, “Mormon Apologetic, Scholarship and Evangelical Neglect: Losing the Battle and Not Knowing It?” Trinity Journal (1998): 179-205, citado en Hafen, Disciple’s Life, 512-513, junto con un contexto más completo.

[15].- Francis Webster, citado por James E. Faust en “The Refiner’s Fire,” Ensign, mayo de 1979.

[16].- Neal A. Maxwell, That You May Believe, (Salt Lake City: Deseret Book, 1992), páginas 191-192.

[17].-Jacob Z. Hess, mensaje de e-mail a Bruce Hafen, 12 de abril de 2020. Para una buena descripción sobre cómo una buena relación con Dios ayuda en los desafíos de la fe, escuche el podcast con Espen Amundsen.

[18].- Sarah d’Evergnee, mensaje de e-mail a Bruce Hafen, 12 de abril 2020.

[19].- d’Evergnee, mensaje de e-mail a Bruce Hafen, 12 de abril 2020.

[20].- Publicación en Facebook de Faith Is Not Blind, el 17 noviembre de 2019.

[21].- En los años 2013-2014 la Iglesia publicó once nuevos Temas del Evangelio en churchofjesuschrist.org que proporcionan artículos bien documentados en muchos de los temas que más han atraído el interés y la visibilidad de los websites, posts y blogs en contra de la Iglesia—temas tales como—el matrimonio plural, la raza y el sacerdocio, los géneros, la Masacre en Mountain Meadows, la Madre Celestial, la traducción del Libro de Mormón por José Smith y el Libro de Abraham.

[22].- Ballard, “Opportunities and Responsibilities,”

23- Ostler, Bridges, páginas 29-31 y 136-138. Buscando un remedio para esta falta de conciencia, la estaca de David Ostler organizó una exitosa clase de instituto semanal dedicada a estos ensayos. La enseño un instructor maduro y bien calificado y la asistencia fue voluntaria.

[24].-Jed Woodworth, mensaje de e-mail a Bruce Hafen, 7 de febrero de 2019.

[25].- d’Evergnee, mensaje de e-mail a Bruce Hafen, 12 de abril 2020.

[26].- Dieter F. Uchtdorf, “Cómo Recibir un Testimonio de Luz y Verdad,” Liahona, noviembre de 2014.

[27].- Ostler, Bridges, páginas x-xii, 6, 42-44.

[28].- Mike Cummings, “Study Finds Non-judgemental Approach Can Reduce Prejudice,” Yale News, y febrero 2020, se encuentra en https://news.yale.edu/2020.02/07/study-finds-non-judgemental-personal-approach-can-reduce-prejudice.

[29].- Woodworth, mensaje de e-mail a Bruce Hafen, 7 de febrero de 2019.

[30].- Hafen y Hafen, Faith Is Not Blind, página 122.

[31].- Terryl L. Givens y Fiona Givens, Crucible Of Doubt: Reflections on the Quest for Faith (Salt Lake City: Deseret Book, 2014) página 144.

[32].- Jacob Z. Hess, “It Wasn’t the Evidence That Broke Your Shelf,” Meridian Magazine 3 de diciembre de 2019.

[33].- Ver Hafen y Hafen, Faith Is Not Blind, páginas 19-21 y 29-34.

[34].- Hess, mensaje de e-mail a Hefen, 9 de abril de 2020. Ver de Jacob Z. Hess, “Did the Church Lie to Me?” Mindfully Mormon (blog) 2 de abril 2015, https://mindfullymormon.org/2015/04/02/did-the-church-lie-to-me.

[35].- Extractos de Hafen y Hafen, Faith Is Not Blind, páginas 127-128.

[36].- Tomado de la transcripción de la cinta del funeral, tal como se cita en Hafen, Disciple’s Life página 60.