Un historiador por anhelo: una conversación con el élder Marlin K. Jensen

Marlin K. Jensen and David F. Boone

Traducido de: “A Historian by Yearning: A Conversation with Elder Marlin K. Jensen” in The Religious Educator, vol. 8, num. 3, ed. Richard Neitzel Holzapfel (Provo: Religious Studies Center, 2007), 1–13.

El élder Marlin K. Jensen es el historiador y registrador de la Iglesia y es miembro del Primer Quórum de los Setenta.

David F. Boone (david_boone@byu.edu) es profesor de historia y doctrina de la Iglesia en BYU.

Elder Jensen

Boone: Élder Jensen, ¿Le gustaría empezar contándonos acerca de su propia vida y experiencias y lo que piensa que le ha preparado en su llamamiento como historiador y registrador de la Iglesia?

Jensen: Para empezar, quiero admitir que estoy haciéndome viejo. He vivido mucho tiempo y personalmente he experimentado mucha historia. Me críe en Huntsville, Utah, que generalmente se conoce más por ser el lugar del nacimiento del presidente David O. McKay. Él era una figura prominente en esa pequeña comunidad durante mi juventud al grado que, desde entonces, estimuló mi interés en la historia de la Iglesia y sus líderes. Cuando regresé de mi misión en Alemania en 1964, empecé a formar una biblioteca modesta acerca de la historia de la Iglesia. Obtuve mi carrera en BYU (la Universidad de Brigham Young) en alemán y en historia con la intención, en ese tiempo, de obtener un post-grado y enseñar a nivel universitario. Sin embargo, varias experiencias al final de mi carrera, incluyendo una larga conversación que tuve [al montar caballos] con el juez Monroe McKay, me convenció que yo debería asistir a la facultad de derecho.

Acabé el siguiente otoño en la Facultad de Derecho de la Universidad de Utah donde obtuve un Doctorado en Leyes. Mi entrenamiento legal ciertamente me ayuda con mi asignación actual. El pensar clara y rigurosamente, el comprender la estructura de los razonamientos lógicos (e ilógicos), el apreciar cómo las palabras pueden facilitar u obstruir la comunicación y el poder medir la evidencia, son habilidades legales importantes que también son imprescindibles para los historiadores profesionales.

Después de la facultad de derecho me dediqué a lo que se puede llamar una práctica de abogacía rural, ya que vivía en una finca de nuestra familia en Huntsville y ejercía en Ogden en firmas pequeñas o a veces solo. Esta manera de ejercer la ley me dio un poco de dinero y, más importante, algo de libertad. Gracias a esta libertad pude tener el tiempo para leer e involucrarme un poco en las actividades históricas.

Mi carrera legal duró diecinueve años y ahora mi servicio con el Quórum de los Setenta se ha extendido a casi dieciocho años. Felizmente, durante este período de servicio de tiempo completo para la Iglesia, serví por un tiempo, hace más de diez años, como director ejecutivo asistente en el Departamento de Historia Familiar y luego por varios años como el director ejecutivo. Entonces cuando regresé de una asignación europea de tres años en el verano del 2004, fui llamado para ser el director ejecutivo del Departamento de Historia Familiar.

En la primavera del 2005, justo antes de la conferencia de abril, el presidente Hinckley me llamó para el puesto de historiador y registrador de la Iglesia. Me sentí muy humilde por el llamamiento del profeta pero a la vez tuve el valor suficiente para preguntarle al presidente Hinckley acerca de sus expectativas con respecto a mí. El dijo, “Lee las escrituras y haz tus deberes.” Esa fue mi orientación al puesto de historiador y registrador de la Iglesia, y he tratado de hacer lo que sugirió el presidente Hinckley.

Junto con los élderes Gary J. Coleman y Sheldon F. Child, directores ejecutivos asistentes, y otros empleados muy capaces, he estudiado los pasajes de las escrituras que tienen que ver con la obra del historiador y registrador. Pienso que hemos ganado una percepción muy valiosa en cuanto al propósito de la historia y el guardar los registros del evangelio de Jesucristo. No obstante, sigo sintiéndome inadecuado. Como respondí a una pregunta en el periódico de la Iglesia: “Realmente no soy un historiador excepto por anhelo.” [1] No obstante, me consuelo en cuanto a mis faltas, al saber que, a pesar de su importancia, la experiencia y el entrenamiento profesional no son calificaciones suficientes para dedicarse a la obra de la historia de la Iglesia. Lo más importante es la influencia del Espíritu Santo, el cual refina, enfoca y nos inspira para hacer un mejor trabajo de lo que hubiera sido posible realizar de alguna otra manera.

También recibo mucho consuelo al estar rodeado de socios excepcionales. Richard E. Turley, hijo, por ejemplo, es el jefe del Departamento de Historia Familiar y de la Iglesia. El es un abogado por vocación y ciertamente es uno de los eruditos más brillantes y más leídos en la Iglesia. El tiene un gran dominio de la historia de la Iglesia y un entendimiento de la doctrina que le acompaña. El es muy capaz y es un aporte maravilloso para la obra del Señor.

También quiero destacar que el Departamento de Historia Familiar e Historia de la Iglesia, tal como implica su nombre, es una combinación de lo que antes eran dos departamentos. Cada mitad del departamento tiene su propio director gerente asociado que dirige el trabajo diario acerca de la historia de la familia o de la Iglesia. En el caso de la historia de la Iglesia, Steven L. Olsen, quien tiene un doctorado en Antropología de la Universidad de Chicago, es el director gerente asociado. El es otra persona muy capaz e inteligente. El recibe la ayuda de docenas de empleados muy dedicados y capacitados, muchos con post-grados en varias disciplinas, todos agregando destreza y valor a la obra de la historia de la Iglesia.

Boone: ¿Tiene unas ideas o algunos pensamientos sobre el significado o la dirección de Doctrina y Convenios 21, versículo 1—“He aquí, se llevará entre vosotros una historia”—y lo que eso significa para nosotros y cómo se aplica a la membrecía de la Iglesia en general?

Jensen: La Sección 21 y el mandamiento de guardar un registro se revelaron el día que se organizó la Iglesia. Pienso que éste solo hecho da evidencia de la importancia que la historia de la Iglesia debe merecer en nuestras vidas. A menudo hablamos de la importancia de la doctrina y de las ordenanzas en el evangelio de Jesucristo, pero pienso que también vale la pena destacar el uso extensivo de la narrativa histórica hecho por los profetas que escribieron nuestras escrituras. Quizás el contenido doctrinal y el histórico contribuyen juntos al funcionamiento como “la palabra del Señor . . . y el poder de Dios para salvación” (D. y C. 68:4).

Sin embargo, sin el beneficio de la memoria, se disminuye nuestra perspectiva eterna. De vez en cuando los periódicos informan sobre alguien que por un accidente o de otra manera ha perdido su memoria. Tales víctimas de amnesia tienen mucha dificultad para relacionarse con el presente, y mucho menos con el futuro, mientras no puedan recuperar un poco su pasado.

Los lectores del Libro de Mormón saben que “recordar” es un concepto que aparece repetidas veces en ese libro sagrado. El pasaje que he llegado a apreciar más desde que llegué a ser historiador de la Iglesia es “Y ahora bien, ¡oh hombre!, recuerda, y no perezcas” (Mosíah 4:30). Esta súplica que el Rey Benjamín hace, es un buen ejemplo para ver el valor de la historia de la Iglesia.

Pero hay otras razones por las cuales debemos preocuparnos de recordar. Una es la idea que para nuestro Padre en el Cielo—tal como se dice en por lo menos dos lugares en la escritura—“todas las cosas están presentes ante mis ojos” (D. y C. 38:2; véase también D. y C. 130:7). Dios está simultáneamente consciente de todas las cosas; pasadas, presentes y futuras. Esto concuerda con la definición de las escrituras acerca de la verdad que es un “conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser” (D. y C. 93:24). Si nuestra búsqueda como hijos de Dios es llegar a ser como Él algún día, entonces llegar a saber acerca de “las cosas como eran” nos da una perspectiva importante.

Alma reconoció el poder de recordar las “cosas como eran.” Su sermón incomparable en Alma 5 (elaborado por una serie de preguntas que conmovían el alma) empieza con la pregunta, “¿Habéis retenido suficientemente en la memoria el cautiverio de vuestros padres?” (Alma 5:6). El punto inicial de los esfuerzos de Alma para motivar a los miembros de la Iglesia hacia una fidelidad mayor fue el llevarles a su pasado. Al mirar hacia atrás, obtenemos un sentido de la identidad que nos permite manejar con éxito el presente y mantener una esperanza para el futuro.

Tengo otra reflexión para compartir sobre Doctrina y Convenios 21:1. Como sabe cada abogado, si tú estás tratando de engañar a alguien, la primera cosa que debes hacer es destruir los registros pertinentes al asunto. Si José Smith hubiera intentado engañar al mundo, ¿por qué publicaría en una revelación, mandando que “un registro se llevase”? Como resultado de esa revelación, probablemente tenemos los registros mejor preservados y las colecciones de archivos más extensas que cualquier otra organización religiosa de tamaño comparable sobre la tierra. Para mí es una gran evidencia de que José Smith fue un profeta verdadero y deseaba guardar un registro verdadero de la Restauración. A pesar de lo ocupado que se encontraba con todo lo que se requería de él, desde el principio hizo un gran esfuerzo para asegurar que las generaciones futuras tuvieran un registro de la historia de la Iglesia.

Boone: Esa es una gran comprensión. Puesto que su primera entrevista con el presidente Hinckley fue realmente enfocada, específica y directa, ¿qué se ha propuesto en cuanto a sus responsabilidades y sus deberes y como describe el trabajo del historiador de la Iglesia?

Jensen: Después de una consideración larga y con mucha oración hecha por las Autoridades Generales y por los miembros del personal de la historia de la Iglesia, acerca de los pasajes pertinentes de las escrituras, se ha articulado un mandato. Pensamos que el propósito de la historia de la Iglesia es ayudar a los miembros a que hagan y guarden sus convenios sagrados. La realización de este propósito se llevará a cabo de tres maneras:

Primero, la historia de la Iglesia (en sus varias manifestaciones, esto es, publicaciones, sitios históricos, exhibiciones en museos, etc.) está para testificar de las verdades de la Restauración. Puesto que nuestra historia es tan rica, hay muchas personas, lugares y cosas sobre las cuales podríamos concentrarnos. Un enfoque sobre las verdades centrales de la Restauración guiará nuestros esfuerzos para dar prioridad y llevar a cabo lo que podamos hacer dentro de las limitaciones de los recursos existentes.

Segundo, la historia de la Iglesia debe ayudarnos a recordar, en términos del Libro de Mormón, “las grandes cosas que el Señor había hecho por [nuestros] padres” (Éter 7:27). Este concepto se sostiene en la admonición de Moroni en la cual nos instruye que antes de orar para saber la verdad sobre el Libro de Mormón debemos encontrarnos en el marco mental espiritual apropiado recordando todas las cosas que Dios ha hecho por Sus hijos desde el tiempo de Adán hasta el día presente “y lo medit[emos] en [nuestros] corazones” (Moroni 10:3). Nótese que el antecedente de “lo” se refiere a todas las cosas que Dios ha hecho por Sus hijos. La historia de la Iglesia está para ayudarnos a retener una consciencia de estas cosas en nuestros corazones y mentes como una parte esencial de nuestra conversión personal. Es un concepto poderoso así como una lección de humildad.

Finalmente, la historia de la Iglesia está para preservar el orden revelado del reino. Lo que tenemos en mente aquí es la preservación de las revelaciones, los documentos, los procedimientos, los procesos, los modelos, etc. que ponen orden y continuidad para ejercer las llaves del sacerdocio, para el funcionamiento correcto de los quórumes del sacerdocio, para la realización de las ordenanzas, etc.—las cosas que son esenciales para la salvación en el reino de Dios.

Esta perspectiva de los propósitos de la historia de la Iglesia y el papel del historiador de la Iglesia, distingue nuestra misión de la obra que se efectúa por medio de eruditos profesionales en las bibliotecas para investigadores, las sociedades históricas, los archivos o los museos. Al mismo tiempo que aspiramos a las normas profesionales más altas, los que obramos en la empresa histórica de la Iglesia debemos esforzarnos para edificar la fe y traer almas a Cristo. Esta es una ambición noble y elevada que no se logra fácilmente y tal vez no se aprecia por nuestros colegas profesionales. Sin embargo, pensamos que es nuestro mandato y que debemos cumplirlo.

Boone: Usted ha comentado extensamente sobre la obra del historiador de la Iglesia. ¿Hay algo más que quisiera decir acerca del oficio del registrador de la Iglesia?

Jensen: Las funciones del registrador y las del historiador son complementarias. Originalmente, Oliver Cowdery, John Whitmer y sus sucesores historiadores-registradores guardaron un registro histórico pero también guardaron cosas como los registros de la membrecía, las minutas de las reuniones, las bendiciones patriarcales y los certificados de las ordenaciones a los oficios del sacerdocio. A través de los años, por razones administrativas válidas, la Oficina del Obispado Presidente ha tomado control de algunas de estas funciones registradoras, en particular las de La División de Registros de Membrecía y Estadísticas.

No obstante, todavía falta mucho por hacer como registrador de la Iglesia. En esta era de tanta información, un deber importante que tengo es de ser el Jefe del Comité de Administración de los Registros de la Iglesia. Éste comité se encarga de la creación de políticas, procesos y sistemas que ayudarán a manejar y preservar los registros esenciales de la Iglesia. Esto incluye todo, desde las minutas de las reuniones de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce y las transacciones de los negocios de los departamentos de la Iglesia, hasta los informes históricos anuales de las unidades eclesiásticas de esta Iglesia global. Puesto que probablemente de un 60 a 70 por ciento de los negocios de la Iglesia se efectúan electrónicamente, ¡el sólo ayudar en la creación de los sistemas y procedimientos para el manejo del contenido, la preservación y el desecho eventual o la retención de los registros electrónicos podrían durar más que la vida de este registrador!

Para mí el deber más solemne del registrador de la Iglesia es recibir del Departamento de Templos las ordenanzas que se han efectuado en todos los templos de la Iglesia. Ayudar con la preservación de estos registros sagrados es algo que tiene implicaciones para el tiempo y la eternidad. José Smith enseñó que “aquello que registréis en la tierra será registrado en el cielo” (D. y C. 128:8).

Boone: ¿Ha tenido algunos pensamientos desde que ha estado en este puesto acerca del por qué usted y por qué ahora y el significado de que se haya sostenido a un historiador-registrador ahora cuando anteriormente no se ha hecho durante varios años?

Jensen: Realmente no sé porque no se llamó al oficio por algunos años; desde que el élder Dean L. Larsen fue relevado en 1997. No obstante, yo sí sé, que durante esos años el élder D. Todd Christofferson, quien servía como el director ejecutivo del Departamento de Historia Familiar, no dejó nada sin resolver. Puesto que el oficio es constitucional y de las escrituras, pienso que el título, si puedo ser digno de él, presta cierta credulidad y autoridad a lo que hacemos quienes trabajamos en el Departamento de Historia. Este es, a propósito de eso, un tiempo emocionante para la historia de la Iglesia. Una evidencia es la aprobación de la Primera Presidencia para una nueva Biblioteca de Historia de la Iglesia, que actualmente está bajo construcción en la ciudad del Lago Salado en la manzana al este del Centro de Conferencias. Estará lista para su uso durante el año 2009. El edificio tendrá en total aproximadamente doscientos cincuenta mil pies cuadrados de espacio. Es una muestra de la importancia dada por la Primera Presidencia y los Doce a la conservación de registros y proveer acceso a dichos registros.

Por otro lado, el Proyecto de los Documentos de José Smith llevado a cabo bajo el liderazgo del Departamento de Historia es uno de los proyectos más importantes de nuestra generación. Los obreros del proyecto están recopilando todos los documentos importantes; periódicos, diarios, sermones, documentos de negocios, documentos legales y las revelaciones; que José Smith haya producido, recibido y dictado durante su vida. Será un proyecto que dure de diez a quince años dando como resultado la publicación de dos docenas o más de volúmenes y la publicación electrónica de varios más.

Además de esto, un trío de historiadores—Richard E. Turley hijo, Ronald W. Walker, y Glen M. Leonard—que trabajan con la asistencia del personal del Departamento de Historia, están terminando un libro extraordinario sobre la Masacre de Mountain Meadows. Junto con la Guerra de Utah, ese evento trágico cumple su sesquicentenario durante el año 2007 y la publicación del libro durante ese año por la prensa de la Universidad de Oxford será un evento significativo.

Otro acontecimiento que pienso que apoya la necesidad de una voz autorizada para la historia de la Iglesia en esta época, es el interés actual de los círculos académicos en los Estudios Mormones, dentro de los cuales la historia de la Iglesia es una parte importante. Las universidades Utah Valley State College y Claremont Graduate University han establecido recientemente programas para los Estudios Mormones. La Universidad de Utah State ha empezado un programa de Estudios de Religión que incluye un análisis del Mormonismo y su historia. Hace poco conocí a Douglas Davies, un erudito que no pertenece a nuestra fe, el cual ha fundado un programa de Estudios Mormones en la Universidad de Durham en Inglaterra. El tiene un simposio anual sobre los desarrollos en el Mormonismo. Sé que los investigadores en la Universidad de Wyoming están considerando allí la fundación de un programa para Estudios Mormones. Así que, obviamente hay mucho que está pasando en el mundo académico para que la oficina del historiador de la Iglesia sea necesaria e importante.

Quiero también destacar que al desempeñar las responsabilidades de esta oficina, soy guiado y aconsejado por dos miembros del Quórum de los Doce, los élderes Russell M. Nelson y Dallin H. Oaks, quienes son nombrados por la Primera Presidencia para servir como asesores en la historia de la Iglesia. Nos reunimos con frecuencia con estos hombres sabios y expertos y somos bendecidos por tener el beneficio de sus aportes proféticos. Ellos a su vez pueden tener fácil acceso a la Primera Presidencia en asuntos que requieran su aprobación. Tengo mucha confianza en este proceso y sé que si lo seguimos, la historia de la Iglesia estará sobre tierra firme.

Boone: Usted mencionó antes que el Proyecto de los Documentos de José Smith será el proyecto histórico más importante de nuestra generación. ¿Por qué piensa así?

Jensen: El presidente Hinckley ha dicho que todo lo que tenemos en la Iglesia es la sombra extendida de José Smith. El fue la fuerza organizadora de lo que ha llegado a ser una Iglesia global y el medio de la salvación para la humanidad entera. Por lo tanto, el estudio de su vida y sus enseñanzas es de gran interés e importancia. El reunir los documentos que representan la obra de su vida y publicarlos con anotaciones y comentarios contextuales aumentará el aprecio por su contribución a la humanidad. Ojalá que también se apresure el día cuando José Smith sea visto en su verdadera identidad como el gran profeta de la Restauración. Seguramente en el futuro cualquier investigador respetable que trabaje con los comienzos de la historia de la Iglesia necesitará tener un dominio del contenido de estos documentos para ser creíble. Aunque los libros proyectados probablemente atraerán a una audiencia altamente educada, también producirán una variedad de productos derivados que harán que toda la información sobre la vida de José Smith esté al alcance de las personas interesados de todos los niveles educativos.

Boone: ¿Cuál es su papel en este proceso?

Jensen: Me involucro directamente al ser jefe del comité editorial cuyos miembros revisan cada libro al estar terminado para publicarlo. El trabajo diario de supervisar el proyecto y de inspeccionar los documentos lo hace principalmente Ronald K. Esplin, trabajando bajo la dirección de Steven l. Olsen y Jill Mulvay Derr. Muchos historiadores talentosos y otros miembros del personal se han comprometido para el éxito de este esfuerzo importante.

Boone: Élder Jensen, al recordar y aprender más acerca de la vida del profeta José Smith, ¿cuáles son sus sentimientos personales? ¿Qué ha aprendido acerca del profeta José y su ministerio?

Jensen: Me siento asombrado ante José. Su ministerio fue bastante corto. Veo lo que llevó a cabo en ese tiempo breve y me da asombro. Los resultados del Proyecto de los Documentos de José Smith nos darán aún más conocimiento sobre su carácter y su genialidad. Pienso en este momento que hay dos cosas acerca de él que se destacan.

Una es que José era excepcionalmente decidido. Recuerdo una experiencia al estar en Nueva Escocia al hacer una gira por la Misión de Canadá Halifax hace unos años. Nunca había conocido a un mejor presidente de misión o grupo de misioneros. Ellos eran trabajadores y dignos pero no estaban teniendo mucho éxito en las Provincias Marítimas de Canadá. Finalmente en mis esfuerzos para apoyar y animar a los misioneros, me acordé de una cita del profeta José en la cual dijo: “si yo estuviera hundido en el foso más profundo de Nueva Escocia, con las Montañas Rocosas encima de mí, persistiría, ejercería la fe y mantendría gran valor, y así saldría.”2 Esta declaración dio esperanza a aquel pequeño grupo de

misioneros y nos debe dar aliento a todos nosotros. José Smith era definitivamente decisivo, y podemos estar agradecidos por la manera en que él continuó adelante a pesar de tantas situaciones aparentemente sin esperanza y sobresalió.

Su tenacidad es impresionante por cualquier medida. Imagíneselo en la cárcel. Piense en los desafíos de administrar la Iglesia con las cabeceras generales en Ohio y Missouri. Considere el esfuerzo necesario para construir una ciudad ordenada en las ciénagas de Illinois occidental. Y durante estos tiempos de prueba él se esforzó para ser un esposo y un padre aceptable. Su don de las escrituras para el mundo es una obra de valor incomparable. Y todo esto lo hizo bajo las circunstancias más inconvenientes y difíciles—aún durante los tiempos de franca oposición y persecución. Seguramente me inspira para hacer lo mejor que puedo sin jamás quejarme o discutir acerca de cualquier cosa que se me presente.

El segundo punto que quiero hacer acerca de José Smith es más personal. Es algo que tiene su origen en el tiempo que mi familia y yo servimos en la Misión de Rochester Nueva York (1993–1995). Palmyra y la Arboleda Sagrada se encuentran en esa misión. Estuvimos a menudo en la Arboleda Sagrada donde teníamos ocasión para pensar profundamente acerca de la Primera Visión. Desde ese entonces, he tenido una convicción grande de que el acto sincero de José Smith de compartir su experiencia personal en la arboleda con Dios y Su Hijo, Jesucristo, tiene la intención de enseñarnos verdades importantes: un Dios personal vive; podemos hablar con Él por medio de la oración; Él hablará con nosotros por medio del Espíritu Santo y contestará nuestras oraciones. Este conocimiento es primordial puesto que al fin y al cabo, la religión verdadera consiste en la relación entre cada uno de nosotros y nuestro Padre Celestial; y eso, solamente Él y nosotros lo sabemos realmente. Tiene que haber una Iglesia institucional con la autoridad del sacerdocio y las ordenanzas y convenios salvadores, pero todo eso sería de poco valor si no podemos tener una relación con, y el sentimiento de responsabilidad hacia, un amoroso Padre Celestial. Es la fortaleza de nuestra religión y se lo debemos a José Smith.

Boone: ¿Cuál es la responsabilidad de los historiadores profesionales, miembros y no miembros, en términos de reportar, registrar o preservar la historia de la Iglesia?

Jensen: Pienso que es la de registrar y reportar la historia de la Iglesia tan honesta y correctamente como sea posible. No obstante, la pregunta a veces se hace, “¿debes contar todo?” Para contestar esa pregunta, creo que debemos ver los propósitos de la historia de la Iglesia tal como los hemos extraído de las escrituras. Si intentamos dar testimonio de las verdades de la Restauración, promover la memoria de la bondad de Dios hacia nosotros y preservar el orden revelado del reino de Dios, en realidad, estamos edificando la fe. Creo que en este proceso debemos ejercer discreción y buen juicio al contar la historia de la Iglesia. También se debe tomar en cuenta la audiencia a la cual se dirige el material.

Encontramos una buena pauta en una declaración que he escuchado del élder Dallin H. Oaks, “Algunas cosas son verdaderas pero no son útiles.” No es que tengamos algo que esconder—la mayoría de los hechos concernientes a la historia de la Iglesia son del dominio público en alguna forma—es más una cuestión de la forma correcta de decirlo y de si se hará bien y se promoverá la fe si lo decimos ¿Será útil?

Una vez leí un ensayo titulado, “¿Qué ha pasado con la reticencia?” El autor hizo el punto que no es poco usual hoy en día sentarse a comer con alguien que acabamos de conocer y dentro de media hora saber los detalles íntimos de la vida de aquella persona—¡todo, desde sus cirugías recientes hasta sus hijos errantes! En el campo de la historia de la Iglesia hay una buena razón para ser reservados a veces. Se puede escribir una historia exacta sin revelar cada verruga y peca. De hecho, un enfoque injustificado sobre las imperfecciones pequeñas puede distorsionar la historia.

La responsabilidad que tenemos para ser juiciosos acerca de la administración del material histórico se refleja también en los normas que hemos establecido para el acceso a los Archivos de la Iglesia. Las restricciones principales se refieren a los materiales que se han catalogado como “privado, sagrado o confidencial.” Excepto por la categoría sagrada (que típicamente tiene que ver con el templo), estas normas son semejantes a las de otras instituciones que coleccionan materiales históricos. Sé que algunos piensan que la Iglesia mantiene sus colecciones más restringidas de lo que debe, pero mi observación es que somos muy justos al permitir acceso a ellas.

Boone: ¿Qué es lo que debe hacer la membrecía común y corriente para ayudar a preservar la historia?

Jensen: Pienso que fue el presidente Spencer W. Kimball quien dijo que la historia de la Iglesia realmente es la historia de sus miembros. Todavía lo recordamos por su recomendación de que todos guardáramos un registro de nuestras vidas, y él mismo dejó un juego maravilloso de diarios. El presidente Hinckley también ha sido un diligente escritor de diarios. Así que, supongo que la respuesta más obvia a su pregunta, es que debemos seguir sus ejemplos al escribir en un diario, y en algún momento, compilar nuestras anotaciones en historias personales y eventualmente en historias familiares.

También quiero dar énfasis al papel importante en preservar la historia, que desempeñan los líderes de la Iglesia, los oficinistas y los secretarios que son responsables de las historias anuales en los barrios, estacas y misiones que se envían a las Oficinas de la Iglesia. Si se recopilan, cada año, con inteligencia y diligencia a menudo son fuentes ricas de historia local y regional.

Francamente, nuestro desafío y nuestra oportunidad, es elevar el nivel de interés e involucramiento en la Historia de la Iglesia en todos los miembros de la Iglesia. Actualmente estamos investigando distintos sectores de nuestra posible audiencia para determinar qué temas de la Historia de la Iglesia serían más atractivos y provocarían el compromiso personal hacia su historia que creemos que deben tener todos los miembros de la Iglesia.

También estamos trabajando en una estrategia para entregar la historia de la Iglesia a una membrecía mundial. El Internet tiene un gran potencial y nuestro sitio en la Red de la historia de la Iglesia (www.lds.org/churchhistory) es un buen comienzo. Por ejemplo, uno puede entrar y tomar una gira virtual de los sitios históricos de la Iglesia. . Durante el año 2006 establecimos una dirección en la red dedicada a José Smith (www.JosephSmith.net), que está muy bien diseñada y ha tenido mucho uso. También estamos explorando maneras de cooperar con las revistas Ensign y Liahona para producir a menudo, artículos sobre temas históricos pertinentes. Con todo esto y más, espero que despierte en los miembros de la Iglesia un aprecio por la historia de la Iglesia y un deseo para preservar sus propias historias familiares y locales.

Alguien dijo que un pueblo no puede ser más grande que sus propios relatos. Pienso que la historia de esta Iglesia, desde su inicio hasta el presente, está constituida por relatos interesantes, inspiradores y conmovedores acerca de gente excepcional, así como de común y corriente. No intentamos descansar hasta que hayan llegado a ser bien conocidos por los miembros en todo el mundo para que los usen en las lecciones del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares; mencionados regularmente en conversaciones a la hora de comer y contados en las noches de hogar en cada lugar donde habiten los Santos de los Últimos Días.

Boone: Ahora que la mayoría de la población de la Iglesia se encuentra fuera de los Estados Unidos, ¿cómo los ayudamos a reconocer, en las áreas internacionales, que la historia que a veces consideramos propia es también su legado, su historia, sus relatos?

Jensen: Sabemos que es preciso considerar las necesidades de los miembros internacionales de la Iglesia en todo el planeamiento y trabajo que estamos haciendo. Hace unos años, las Autoridades sintieron la necesidad de proveer información histórica adicional a los miembros de la Iglesia, y se produjo el buen libro Nuestro Legado. Se ha traducido a más de treinta y ocho idiomas, y sé que es muy apreciado por los miembros que viven en las áreas internacionales. Pero hay más para hacer. No podemos esperar que los miembros internacionales sigan mandando registros históricos, artefactos y obras de arte a la ciudad del Lago Salado para ser guardados en nuestros archivos o en el sótano del museo a menos que nosotros les demos algo a cambio. Como se ha dicho, algunas exportaciones de nuestros tesoros pueden hacerse en las revistas de la Iglesia y por medio de la Red.

Muchos países ahora tienen sus propios sitios de la Red de la Iglesia. Según lo permitan el tiempo y los recursos, podemos proveer el material histórico para estos sitios de la Red que constituirán historias modestas de la Iglesia para cada país. Recientemente, la Primera Presidencia aprobó el establecimiento de un museo pequeño en la Capilla de Gadfield Elm en Inglaterra. Sin duda se presentarán oportunidades para establecer depósitos semejantes en otras áreas internacionales.

También sentimos la urgencia para animar a la membrecía local a iniciar la recopilación de materiales históricos y que escriban historias locales, regionales y aún al nivel del país. Algo de esto ya está ocurriendo, pero necesita ser más estratégico y sistemático. Como puede verse, aún hay mucho por hacer.

Boone: De vez en cuando escuchamos acerca de viajes de carros de mano, de conmemoraciones al profeta José Smith o acerca de otras actividades que se efectúan en áreas fuera de los Estados Unidos. ¿Cómo podemos enseñar a los miembros en los Estados Unidos acerca de la historia y las experiencias de los Santos en tierras extranjeras?

Jensen: No obstante lo capacitado que sea nuestro personal y lo generoso que han sido las Autoridades con los fondos, simplemente no podemos responder directamente a cada necesidad existente. Tenemos las ricas colecciones históricas de la Iglesia, pero convertirlas en libros, artículos, páginas en la Red, exhibiciones en museos o en sitios históricos, que potencialmente se necesiten en la Iglesia local o internacional es un tarea muy grande.

Pienso que nuestro papel tiene que ser el de facilitar y hacer disponibles las fuentes históricas, el consultar y asesorar, pero a la vez dejar a otros el trabajo de producción. Ya se están haciendo buenos trabajos. De memoria puedo pensar en varias historias excelentes escritas sobre la Iglesia en África por

Alexander B. Morrison; en Rusia por Gary Browning; en Alemania Oriental por Garold N. Davis y en México por F. Lamond Tullis. Me gustaría ver más libros escritos por autores nativos pero por lo menos hemos hecho un inicio sólido.

Sin embargo, hay otro asunto aquí, que tiene que ver con un defecto en nuestro mundo tecnológico. Hay mucha información hoy en día y relativamente muy poco conocimiento. Los estudios y la información anecdótica confirman que la mayoría de los adultos muy rara vez leen más que uno o dos libros por año. Puede ser que nuestros hábitos de lectura de las escrituras sean mejores que eso pero dudo que nuestros hábitos de leer la historia de la Iglesia sean mejores. Así que, aunque ayudemos a producir historia narrada, artefactos o materiales virtuales, todavía necesitamos colocar el amor por la historia de la Iglesia en los corazones de nuestro pueblo para que tengan el deseo de consumir lo que se les ofrece.

Boone: Élder Jensen, ¿hay estudios que necesitan hacerse por quienes enseñan o estudian la historia de la Iglesia? ¿Qué cosas debemos investigar y escribir?

Jensen: Sí, los Archivos de la Iglesia contienen una riqueza de fuentes originales que están esperando ser utilizados. Esperamos desarrollar pronto un plan aprobado para un enfoque más sistemático para escribir la historia de la Iglesia. Pero mientras tanto, invito a cualquier investigador del Sistema Educativo de la Iglesia, de la Universidad de Brigham Young, o de cualquier otro lado, a que contacte nuestro departamento para recibir apoyo para desarrollar un proyecto o recibir ayuda con uno que ya existe. Estaríamos complacidos por dar ideas, fuentes y guía a cualquier persona que esté tratando de escribir un ensayo grande, una tesis de maestría o una disertación doctoral.

Para darles una idea de cuán amplio es el campo, el año pasado nuestro departamento empezó un esfuerzo en cooperación con investigadores del Sistema Educativo de la Iglesia para escribir una historia de la educación institucional en la Iglesia. Para enumerar unas pocas de las posibilidades, sería deseable, desde nuestro punto de vista, que se hicieran proyectos semejantes de investigación o para escribir, sobre la historia del Quórum de los Doce, sobre el Quórum de los Setentas y sobre el Obispado Presidente. ¡Tal vez sea bueno escribir una historia de la oficina del historiador y registrador de la Iglesia también! Quiero enfatizar que nuestros recursos no están reservados solamente para los investigadores y los historiadores profesionales. Esperamos que los miembros laicos, los no miembros, los historiadores familiares y los que escriben las historias en las unidades locales también aprovechen nuestras instalaciones, colecciones y personal capacitado.

Boone: ¿Hay proyectos que las Autoridades prefieren que no hagan los maestros y educadores de religión? ¿Hay temas, aparte de lo sagrado, privado y confidencial, que debemos evitar?

Jensen: Solamente puedo responder por mi propia cuenta, pero no sé de ninguna prohibición que se haya hecho. Me parece que si las Autoridades han autorizado un examen “sin restricciones” de la Masacre de Mountain Meadows, se podría considerar cualquier proyecto legítimo que no involucre material sagrado, privado o confidencial.

Boone: Una pregunta final; ¿Cuál cree usted que sea el papel del Departamento de Historia Familiar e Historia de la Iglesia y el del historiador de la Iglesia dentro del amplio mundo de la historia mormona?

Jensen: Veo que resultan cosas buenas cuando los historiadores, escritores y maestros fieles agregan su levadura al pan de la historia mormona. Al élder Neal A. Maxwell le gustaba enseñar que no solamente debemos construir el reino de Dios sino también establecer Su justicia (véase D. y C. 1:16). Su idea era que si el reino de Dios va a prosperar, debe existir un ambiente de bondad general o rectitud dentro del cual se pueda operar y propagar el evangelio.

Pienso que este concepto se aplica al ambiente que podemos ayudar a crear para el avance de la historia de la Iglesia. La erudición de los historiadores mormones incisivos y fieles necesita ser inyectada dentro del mercado de las ideas. La verdad florece en tal ambiente. Pienso que mientras más receptivos y abiertos seamos para discutir las conclusiones históricas de los demás, más serán tomadas en cuenta nuestras propias ideas. Esto crea un ambiente más saludable para el avance de los propósitos de Dios y para que, a la larga, prevalezca la verdad.

Notas:

[1] Elder Marlin K. Jensen, Church News, 28 de mayo, 2005, 12. 2. Citado en Jo