Los profetas dan servicio semejante al de Cristo: usando a Pedro como ejemplo

Kenneth L. Alford

Kenneth L. Alford es un profesor asociado de historia y doctrina de la Iglesia en la Universidad Brigham Young.

Apostle Pedro

El Nuevo Testamento presenta a Pedro actuando primordialmente en su llamamiento como el Apóstol principal. Sin embargo, los Evangelios y el libro de los Hechos también incluyen incidentes de la vida de Pedro en donde lo muestran dando servicio a las personas que tienen necesidades. Esos breves esbozos sobre el carácter de Pedro incluyen: invitar a Cristo a su casa para que su suegra pudiera ser sanada (ver Mateo 8:14-15), Pedro sana a un hombre llamado Eneas en Lida (ver Hechos 9: 32-34), y en Jope, levanta a Tabita de entre los muertos (ver Hechos 9: 36-42).

Los versículos iniciales del capítulo 3 de Hechos relatan un incidente en la vida de Pedro que nos permite conocer más acerca de su carácter compasivo. Lucas registra que Pedro y Juan [1] entraron “al templo a la hora de la oración, [o sea] la hora novena” (Hechos 3: 1). Al entrar, su atención se dirigió hacia un hombre que era cojo desde su nacimiento; un hombre a quien “ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, [2] para que pidiese limosna a los que entraban al templo” (Hechos 3: 2) [3] La hora novena es aproximadamente a las 3:00 p.m. [4] —la hora tradicional—para ofrecer la oración de la tarde. [5] Ese hombre pudo haber estado pidiendo limosnas durante todo el día, como posiblemente lo hacía todos los días, y es casi seguro que estaba cansado e incómodo. Al ver a Pedro y a Juan, les pidió limosna. [6]

Durante varios años, Pedro vio al Salvador bendecir, sanar y ministrar continuamente a las personas con quienes hacía contacto. Había oído la frecuente amonestación de Cristo acerca de mostrar amor y misericordia a fin de bendecir las vidas de otras personas. Pedro había observado en numerosas ocasiones la forma en que el Señor hizo “a los cojos andar” (Mateo 15:31), mandar al “paralítico” y bendecir al enfermo al decir “levántate, toma tu lecho y anda” (Lucas 5: 18-26; Juan 5: 2-9). Ahora Pedro se hallaba en el entorno adecuado para “[ir] y hacer lo mismo” (Lucas 10:37) tal como el Señor les había amonestado. Poniendo toda su atención en el hombre—según Lucas, “fijando en él los ojos”—Pedro le ordenó al hombre “Míranos” (Hechos 3:4). Esperando recibir dinero de Pedro y Juan, el cojo “estuvo atento a ellos” (Hechos 3:5).

Lo que Pedro hizo a continuación debe haber decepcionado, al menos brevemente, al inválido. En vez de recibir algunas monedas, oyó que Pedro dijo: “No tengo plata ni oro,” (Hechos 3: 6). La decepción inicial del cojo debió tornarse rápidamente en agradecimiento y asombro, ya que Pedro continuó: “más lo que tengo te doy: En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!” (Hechos 3: 6). Antiguamente, al igual que hoy, el invocar el nombre de Jesucristo con la debida autoridad del sacerdocio “llevaba el poder y autoridad de la persona” manifestando que “los líderes de la iglesia tienen, y tuvieron, el poder que una vez obró por medio de Jesús. [7]

Demostrando su confianza y fe personal en el poder del sacerdocio, Pedro se agachó, y tomó al cojo “de la mano derecha y lo levantó” (Hechos 3:7). El milagro sucedió inmediatamente. [8] Lucas, el médico y autor del libro de Hechos indicó que “fueron afirmados sus pies y sus tobillos; y saltando, se puso de pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando y alabando a Dios” (Hechos 3: 7-8). [9] El sacerdocio y la compasión de Pedro habían cambiado positivamente y para siempre la vida de ese hombre.

Charles Lindley Wood, Lord Halifax, alguna vez sugirió: “El servicio es la renta que pagamos por nuestro lugar en la tierra.” [10] Pedro pudo decir, como lo dijo el rey Benjamín en el Libro de Mormón, que él “había empleado mi vida en vuestro servicio, [pero] no deseo yo jactarme, pues sólo he estado al servicio de Dios” Mosíah 2:16). Siguiendo las huellas de Jesús

y de Pedro, cada uno de los profetas de los últimos días han mostrado a otras personas una variedad de servicios compasivos, usualmente en privado. Aunque hay disponibles numerosos ejemplos en las vidas de estos dieciséis grandes hombres, las siguientes páginas comparten ejemplos de caridad y compasión tomados de la vida de cada Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, desde José Smith hijo, en el siglo diecinueve hasta Thomas S. Monson en el siglo veintiuno.

José Smith hijo

Las historias referentes a la bondad de corazón y a la generosidad del Profeta José Smith se repiten con frecuencia, pero este incidente, generalmente no es tan conocido. En el año 1838, José estaba jugando a la pelota con algunos de los jóvenes locales, que pronto empezaron a cansarse de jugar. Dándose cuenta de que estaban perdiendo el interés por el deporte, José llamó a los jóvenes y les sugirió que en vez de jugar deberían “construir una cabaña de troncos” para una viuda local; lo cual hicieron prontamente. Edwin Holden, que era uno de esos jóvenes, dijo que tal acción era “la manera de José, siempre ayudando en lo que pudiera.” [11]

Brigham Young

A principios de los años 1860, mientras el Presidente Young caminaba frente a la Oficina de Diezmos en el centro de Salt Lake City, vio a un niño descalzo, que traía “pantalones andrajosos y la camisa rota” y que usaba un sombrero agujerado. El Presidente Young se detuvo, habló con él y entonces lo invitó a que lo acompañara hasta su tienda familiar, en donde dio instrucciones al gerente de la tienda para que “vistiera a este joven con zapatos y calcetines nuevos y con un juego de ropa nueva, una camisa y un sombrero a su medida, y que le diera una camisa extra, dos juegos de ropa interior y otro par de calcetines.” Al retirarse, dijo: “Ahora, jovencito, este caballero te arreglará para que seas el niño mejor vestido en Salt Lake City.” [12] El niño a quien se ayudó ese día, Ben E. Rich, posteriormente presidió varias misiones de la Iglesia.

John Taylor

Durante la conferencia general de abril de 1880, el Presidente Taylor anunció que, como parte de la celebración del quincuagésimo aniversario de la Iglesia, “debemos hacer algo, al igual que se hizo en tiempos antiguos, para aliviar a quienes están oprimidos por las deudas, para ayudar a quienes tienen necesidades, para romper el yugo de aquellos que se sienten abrumados, y para hacer que este sea un tiempo de regocijo.” Refiriéndose a la práctica del Antiguo Testamento de un año de jubileo, pidió y recibió el voto de sostenimiento para que la Iglesia pudiera “eliminar la mitad de la deuda total de $ 1.6 millones de dólares acumulados en cuentas pendientes en el Fondo Perpetuo de Inmigración de “quienes son pobres y que están sufriendo por las dificultades de la vida.” También aconsejó que las personas perdonaran, tanto como les fuera posible, las deudas financieras que se les debían, prometiéndoles que “si se ponen a trabajar y los alivian tanto como puedan, bajo las circunstancias, Dios les aliviará cuando ustedes estén en dificultades.” [13] Su ejemplo y estímulo redujeron las cargas financieras de muchos Santos de los Últimos Días.

Wilford Woodruff

Wilford WoodruffRetrato de Wilford Woodruff cuando tenía cuarenta y tantos años, tomada en Salt Lake City. Siendo más joven, Wilford tuvo la oportunidad de bendecir y cuidar a su joven esposa y a su bebe recién nacido. (Foto tomada por Edward Martin, Biblioteca de Historia de la Iglesia.)

Wilford Woodruff ejerció tanto su fe como su sacerdocio en el año 1838 mientras dirigía a un grupo de cincuenta y tres miembros de la Iglesia desde Maine a Illinois. El 23 de noviembre, Phoebe, su esposa, con quien había estado casado durante un año y medio y que aún estaba amamantando a su primer hijo, empezó a tener dolores de cabeza muy severos. Su salud siguió disminuyendo día tras día, y para el 1 de diciembre Wilford anotó en su diario que parecía “que ella exhalaría su último suspiro mientras yacía en el vagón.” Él “clamó al Señor, y oró para que ella pudiera vivir,” y ella se reanimó. Entonces él encontró un cuarto en una taberna [hotel] para que Phoebe y el bebé pudieran descansar más fácilmente. Pero a la mañana siguiente, Phoebe pidió que Wilford estuviera a su lado y le dijo que “se sentía como si en unos momentos fuera a terminar su existencia en esta vida. . . . y todo indicaba que ella se estaba muriendo.” El élder Woodruff “puso sus manos sobre ella y oró por ella.” Ella se reanimó y pudo dormir un poco esa noche. El 3 de diciembre, ella “parecía que se estaba hundiendo gradualmente, y en la tarde aparentemente su espíritu dejó su cuerpo, y ella estaba muerta.”

Al ver con tristeza el cuerpo de su esposa, el élder Woodruff registró que el “espíritu y el poder de Dios empezaron a descansar sobre mí” y “la fe llenó mi alma, aunque ella yacía ante mí como un muerto.” Consagró un poco de aceite que tenía y ungió el cuerpo de su esposa, puso sus manos sobre ella y reprendiendo al poder de la muerte, ordenó que “el espíritu de vida entrara al cuerpo de ella.” Ella despertó y “desde esa hora en adelante sanó.” Después de recuperarse durante unos días, el élder Woodruff dijo que “el Espíritu me dijo: ‘¡Levántense y continúen el viaje!’” Phoebe se levantó de la cama se vistió “caminó hacia el vagón, y continuamos nuestro viaje regocijándonos.” [14] (Phoebe vivió durante otros cuarenta y siete años.)

Lorenzo Snow

Lorenzo SnowLas experiencias de Lorenzo como misionero en Italia ayudaron a prepararlo para toda una vida de servicio. (Foto tomada por Charles Roscoe Savage. Biblioteca de Historia de la Iglesia.)

En septiembre de 1850 mientras servía como misionero en la región de Piamonte en los Alpes Italianos, Lorenzo Snow tuvo una milagrosa experiencia de sanidad similar a la que tuvo su suegro, Wilford Woodruff. [15] En la mañana del 6 de septiembre, el élder Snow se enteró de que Joseph Grey, el hijo menor de la familia con quienes se alojaba, se estaba muriendo “según todas las apariencias humanas.” Escribió que “solamente viendo muy de cerca podíamos observar que aún estaba vivo.” Deseando ayudar al muchacho, el élder Snow escribió que “le pedí al Señor que nos ayudara en esta ocasión. Lo que sentí entonces, no se borrará fácilmente de mi memoria.” [16]

A la mañana siguiente, Lorenzo habló con su compañero misional, el élder Stenhouse, y le sugirió que deberían “ayunar e ir a orar a las montañas.” Cuando iban hacia allá, visitaron a Joseph otra vez. El élder Snow describió la apariencia del enfermo: “Los globos de sus ojos estaban hacia arriba—sus párpados caídos y cerrados—su cara y sus orejas muy delgadas, y tenían la palidez del matiz del mármol, que era síntoma de que se acercaba el fin. El sudor frío de la muerte cubría su cuerpo tal como si el aliento de vida se le hubiera agotado.” La madre del niño y otras mujeres en la habitación estaban llorando, y el padre del muchacho, le susurró al élder Snow “¡Se muere!” “¡Se muere!”

Cuando llegaron a la montaña, los élderes Snow y Stenhouse oraron al Señor y le pidieron que salvara la vida del niño. El élder Snow comentó: “No se de ningún sacrificio que yo pudiera hacer, que no estuviera dispuesto a ofrecer a fin de que el Señor concediera nuestra petición.” Posteriormente, esa tarde, regresaron al hogar de la familia Grey y consagraron aceite para la unción de los enfermos. Entonces, relató el élder Snow, “Ungí mi mano y la puse sobre la cabeza del niño, mientras que en silencio ofrecimos los deseos de nuestro corazón para su mejoría. Unas pocas horas después, regresamos, y el padre, con una sonrisa de gratitud, dijo: ‘¡mieux beaucoup! ¡beaucoup!’ [¡Mucho, mucho mejor!]” [17]

Joseph F. Smith

El Presidente Joseph F. Smith tenía un gran cariño por los niños. Un domingo, al asistir a una conferencia de estaca como la Autoridad General visitante, el Presidente Smith presenció un incidente que no debió haber ocurrido. El edificio estaba lleno y todos los asientos estaban ocupados. Sentado en el estrado viendo a la congregación vio a una mujer grande que llegó tarde. Ella caminó hacia el frente del salón, con rudeza jaló a una niña que estaba sentada muy tranquila en su asiento, y se sentó en su lugar. La niña ahora estaba parada en el pasillo porque ya no tenía asiento. Según el biógrafo de Joseph F. Smith, su hijo Joseph Fielding Smith, el “Presidente Smith le pidió a alguien que le trajera a la niña y él le ofreció un asiento a su lado. Entonces, cuando se dirigió a la congregación les mencionó el incidente y dijo que los pequeñitos tenían tanto derecho a sentarse en la congregación de los Santos así como los adultos, especialmente cuando aquellos habían llegado temprano para conseguirlo. Aunque por naturaleza, un joven debe ceder su asiento a los ancianos o los débiles, aún así tenían derecho a ser tratados con respeto y consideración.” Entonces el Presidente Smith dijo que fue el Salvador quien enseñó: “Dejad a los niños venir a mí” (Marcos 10: 14). [18]

Heber J. Grant

Heber J. Grant tenía sólo nueve días de edad cuando su padre Jedediah M. Grant, de cuarenta años de edad (que servía como consejero del Presidente Brigham Young en la Primera Presidencia) se enfermó y murió repentinamente el 1 de diciembre de 1856. Habiendo sido criado por su madre viuda, Heber J. Grant recordaba lo que ella sufrió y con frecuencia buscaba a viudas a quienes pudiera ayudar. Un año durante la época navideña, encontró a una viuda enferma y que estaba atrasada seis meses en los pagos de su casa. Él pagó personalmente las cuentas de ella y le dio dinero para que pudiera comprarse un regalo para la Navidad. También, con frecuencia invitaba a viudas para que los acompañaran a él y a su esposa Augusta, cuando paseaban en el automóvil. Una de las viudas que disfrutó de esas bondades dijo: “Es muy conocido que él compartía libremente de sus bienes, pero yo creo que compartir amablemente su automóvil con otras personas que serían más felices por recibir esa invitación, es evidencia de su corazón entendido” [19]

George Albert Smith

George Albert SmithGeorge Albert Smith apoyó grandemente a los Boy Scouts of America (Biblioteca de Historia de la Iglesia.)

El Presidente George Albert Smith con frecuencia se desviaba de su camino para ser bondadoso con otros. En el año 1935, un misionero que recientemente había regresado de Europa fue el receptor de esa bondad. Mientras servía en Europa, el misionero había ayudado a organizar la primera tropa de Boy Scouts [exploradores] que fue registrada oficialmente allí. Después de su misión, en su viaje de regreso a Utah siguió el consejo de su presidente de misión y visitó las oficinas generales de los Scouts en la ciudad de Nueva York. Al entrar al edificio, pidió hablar con uno de los ejecutivos menores a quien había conocido durante un congreso de los Scouts. Su conocido no estaba en la oficina, pero fue invitado a reunirse con el doctor Fisher, el oficial mayor de los Scouts. Después de una agradable conversación, el doctor Fisher dijo: “Vamos a tener una comida para los Baden-Powells [el inglés fundador del programa de los Boy Scouts] en el hotel Waldorf el próximo martes a la una de la tarde. Van de regreso a Inglaterra después de una gira mundial por el programa scout. George Albert [Smith] ha solicitado una mesa para diez, y estoy seguro que él querrá que estés en su mesa.” Elder Smith sirvió como miembro del comité ejecutivo nacional de los Boy Scouts of America. El ex-misionero trato de disculparse diciendo que el élder Smith “tendría a varias personas más importantes en su mesa que a un simple misionero de regreso de Europa.” El doctor Fisher solamente se rió y dijo que él conocía mejor a George Albert Smith que el misionero, y le dijo: “Preséntate en el Waldorf el próximo martes a la 1:00 p.m..”

El martes siguiente, cuando llegó al Hotel Waldorf, el ex-misionero se sintió fuera de lugar pues no conocía a nadie en esa recepción. De repente, George Albert Smith entró al salón, caminó hacia el jóven y dijo :¿hermano?” El joven trató de disculparse por ser una imposición. El élder Smith respondió de inmediato “¿Imposición? ¡debo decir que no! Me disculpo por tenerte esperando. Hemos estado muy ocupados en la reunión del consejo. Nos involucramos tanto que al doctor Fisher se le olvidó mencionar, hasta hace un momento, que te unirías con nosotros. ¡Entra, estamos a punto de comenzar!”

George Albert Smith lo tomó del brazo y lo guió a la mesa en la cual estaban sentados varios hombres, prominentes Santos de los Últimos Días, que eran líderes en el programa de los Boy Scout. Esa noche, antes de salir, el Presidente Smith invitó al ex-misionero a que lo visitara en su oficina en Salt Lake City. El joven misionero que se benefició de la bondad del Presidente Smith era G. Homer Durham, quien posteriormente sirvió como miembro de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta. [20] Acerca de ese evento en julio de 1935, el élder Durham escribió:

[Este] evento del 16 de julio, quizás fue un incidente insignificante en los anales
del hombre. Pero para el joven del caso, significó una experiencia, una conmovedora experiencia, que vivirá para siempre. Había sido el recipiente de un buen acto del hombre que poseía el Castor de Plata y el Búfalo de Plata [los honores más altos del escultismo]. Un hombre muy ocupado salió de su camino para realizar un acto de reconocimiento de otro ser humano, un acto bondadoso que indicó que el futuro debe ser amigable, no lleno de temor e inseguridad. Unas semanas después, en las oficinas del Consejo de los Doce, ese mismo líder generoso, puso su brazo en el hombro del joven y le dio este consejo: “Recuerda, que vivimos vidas eternas.” [21]

Posteriormente, el élder Durham compartió esta capitulación de la gran bondad del Presidente George Albert Smith: “La vida del Presidente Smith estuvo llena de buenos actos hacia sus semejantes. Sus actos bondadosos llegaron a ser leyenda y aumentaron con los años. Muchos fueron conmovedores. Más que unos cuantos tuvieron una fuerza dramática tremenda. Unos pocos pueden haber sido pequeños, pero aún así, la fuerza conmovedora detrás de cada uno de ellos, vivirá y crecerá.” [22] Glen Stubbs, uno de los biógrafos del Presidente Smith escribió que George Albert Smith “no era alguien que pregonara sus buenos actos desde los techos de las casas, pero quienes le conocieron mejor, supieron de sus muchos, no solicitados, actos de bondad hacia el enfermo, el anciano, la viuda, el niño, el estudiante, el ciego, el líder de la Iglesia, la comunidad, su familia y sus amigos. El tema dominante de su vida fue el servicio a la humanidad.” [23]

David O. McKay

Antes de ser llamado como Autoridad General, David O. McKay fue maestro de escuela en la Weber Academy en Ogden, Utah, y posteriormente sirvió allí como el director. A principios del siglo veinte, era costumbre que los muchachos se dieran de baja de la escuela en la primavera para poder ayudar a sus familias con las siembras de primavera; luego se re-inscribían en la escuela en el otoño. En una primavera, David invitó a todos los que necesitaran salir, que fueran a su oficina para llenar los documentos necesarios. Para el fin del día, muchos jóvenes granjeros habían visitado su oficina, “riendo, palmeando y saludándolo; todos habían venido a darse de baja, con miras a las siembras de primavera.

Después de que todos los muchachos habían salido de la escuela, David notó a un muchacho pelirrojo que estaba de pie solo . El muchacho caminó hasta la puerta de la oficina y dijo: “Señor, parece que yo también me tengo que dar de baja. Simplemente no tengo los medios para el resto de la primavera. Voy a tener que trabajar tiempo completo. Pero voy a regresar después. Voy a terminar mi educación.” El director McKay identificó al muchacho como Aarón Tracy, un huérfano de diecisiete años de edad que había recibido muy poca educación previa; también sabía que Aarón había vivido en una docena de hogares substitutos. David se acercó a Aarón y lo invitó a que caminara con él a su casa—una casa de dos pisos—a sólo cuatro cuadras de la escuela. En el camino, el Presidente McKay le dijo a Aarón: “Mi esposa necesita a alguien que le ayude con las tareas de la casa. Yo puedo usar a alguien para que ordeñe la vaca y maneje el carro de caballos y atienda a los caballos. Si quieres traer tus cosas y mudarte con nosotros, tenemos un cuarto extra en la planta alta.” Después de que Aarón aceptó esa generosa propuesta, David dijo: “Vamos a casa para explicárselo a la señora Mckay.” Se le asignaron varias tareas a Aarón—accionar la lavadora, ordeñar la vaca, enganchar el carro de caballos— y conducir al señor y la señora Mckay. Los Mckay trataron a Aarón como si fuera uno de sus hijos. (Aarón, posteriormente sirvió como Presidente del Colegio Weber en Ogden, Utah.) [24]

Joseph Fielding Smith

El Presidente Joseph Fielding Smith era muy dado al servicio, pero daba ese servicio muy calladamente y, hasta donde fuera posible, sin ser visto por el ojo público. Pasó incontables horas “aconsejando al perdido y al oprimido,” escribió miles de cartas para contestar preguntas del evangelio y de las escrituras que recibió de parte de los Santos de los Últimos Días, “pagó las cuentas de hospital para los desafortunados, y mandó provisiones al hambriento y destituido.” En una ocasión, después de hablar en la despedida de un misionero, se enteró que la familia del misionero solamente habían podido separar la mitad del dinero necesario para sostenerlo. El Presidente Smith, calladamente, le dijo al hermano mayor del misionero que cada mes fuera a su oficina en la cabecera de la Iglesia a recoger un cheque por la cantidad faltante. “Un mes, el misionero escribió a su casa diciendo que ese mes él podría pasarla bien con menos de la cantidad habitual, así que su hermano mayor no fue a recoger el cheque del Presidente Smith. Al mes siguiente, cuando fue a recoger el cheque, recibió un fuerte regaño del Presidente Smith quien le dijo: ‘No viniste el mes pasado a recoger el dinero, y quiero que sepas que ¡no tienes el derecho de negarme la bendición de ayudar a ese joven!’” [25]

Harold B. Lee

Durante la Gran Depresión, el Presidente Harold B. Lee desempeño un papel importante en la creación y el desarrollo del sistema de bienestar de la Iglesia. Sintió intensamente las necesidades de las familias que lo rodeaban. Una Navidad durante la década de los años 1930 mientras servía como presidente de estaca, su hija cruzó la calle para mostrarle a Donna Mae, su amiga y vecina, la nueva muñeca que había recibido por la Navidad. Pocos minutos después su hija regresó llorando a casa. Cuando el Presidente Lee le preguntó cuál era la causa de su tristeza, la hija le dijo que su amiga no había recibido nada para la Navidad. “Santa Claus no había llegado a su casa.” Casi cuarenta años después, en 1973, en un discurso para los empleados de Deseret Industries, el Presidente Lee recordó que “fue demasiado tarde cuando nos acordamos que el padre de esa familia estaba sin trabajo. Aunque no era miembro de la Iglesia, tratamos de compartir nuestra Navidad con sus niños. Para mí esa fue una navidad muy difícil. No disfruté la comida que habíamos preparado para ese día, porque yo, como presidente de la estaca, no había estado en contacto con la gente de mi estaca.

Para asegurarse que el problema no se volviera a repetir al siguiente año, el Presidente Lee dijo: “Hicimos preparativos, hicimos una encuesta, y encontramos que teníamos más de mil personas que necesitaban ayuda durante esos tiempos difíciles. Así que nos alistamos reuniendo juguetes y los llevamos al viejo almacén. Luego los padres y madres vinieron y ayudaron a arreglar los juguetes, armándolos, vistiendo a las muñecas, y cosiendo cosas.” Esa navidad su estaca proveyó “naranjas y manzanas. Hubo roast beef y toda las guarniciones necesarias para la comida de navidad. Los obispos hicieron arreglos para que se les entregara a todas las familias necesitadas, y luego me llamaron para informarme que habían visitado a todos.” Al comentar sobre la diferencia que esos servicios habían causado, el Presidente Lee dijo: “Ese año cuando me senté para nuestra comida de Navidad, sentí que podría disfrutarla, porque, hasta donde sabía, todas las familias en mi estaca estaban teniendo una buena Navidad.” [26]

Spencer W. Kimball

Spencer W KimballRetrato del Presidente Spencer W. Kimball. (Pintado por Eldon Keith Linschoten, © Intellectual Reserve, Inc.)

El Presidente Spencer W. Kimball sufrió muchas veces en su vida a causa de problemas de salud. Después de haber sido llamado como Apóstol, sufrió un fuerte ataque cardiaco y continuó experimentando dolores en el pecho durante algún tiempo. Un poco más de un año después del infarto viajó Arizona para recuperarse. Mientras estuvo allí invitó a un amigo que “parecía estar perdiéndose espiritualmente” para que lo acompañara a acampar durante un fin de semana. Su amigo se ofreció a comprar la comida que necesitarían. El élder Kimball le dijo que no iban a necesitar alimentos porque esperaba que pudieran ayunar durante todo el fin de semana.

El amigo, por su amistad con Spencer, aceptó ir. “Acamparon desde el sábado hasta el lunes en una pradera en lo alto de las montañas, leyeron las escrituras, oraron y platicaron.” El lunes, cuando llegó la hora de regresar, su automóvil no arrancó. Después de una combinación de tratar de arreglarlo y de orar, el auto funcionó, y, el Presidente Kimball estuvo muy contento al saber, tiempo después, que su amigo estaba otra vez activo en la Iglesia. [27]

Ezra Taft Benson

Sheri L. Dew, compartió un incidente de la vida del Presidente Benson que nos permite conocer sus prioridades. En el año 1979, durante una visita de cuatro horas a Atenas, Grecia, el Presidente Benson se enteró que un griego, miembro de la Iglesia, se había negado a renunciar a ella, aunque lo habían presionado intensamente para que lo hiciera. A sus niños no los aceptaron en la escuela, y su negocio propio fue boicoteado. Fue tanta la persecución que el hombre se inactivó. Aunque solamente tenía pocas horas en la ciudad, el Presidente Benson consiguió un automóvil y cruzó todo Atenas para visitar a ese hombre. Imagínense la sorpresa y el susto que se llevó ese hombre cuando al abrir la puerta se encontró con Ezra Taft Benson, el Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, parado a la entrada de su casa.

Uno de los hombres que viajaban con el Presidente Benson, describió ese encuentro: “El Presidente Benson quiso escuchar los problemas de este hombre de sus propios labios. El Presidente se conmovió con lo que escuchó. Antes de que saliéramos, el Presidente Benson abrazó a este hombre y le dijo ‘Dios te bendiga, mi hermano. Quiero que sepas que nuestras oraciones están contigo.’ El hombre estaba llorando. Al partir, el Presidente Benson volteó hacia mí y me dijo que anotara el nombre y apellido del hombre y los nombres de sus hijos, y que, tan pronto como regresáramos, los pusiera en la lista de oración del templo.”

Varios meses después, el presidente del distrito de Atenas visitó Salt Lake City y reportó “el resto de la historia.” El boicot se había levantado. Los niños pudieron regresar a la escuela y el hombre estaba activo en la Iglesia otra vez. Al resumir la experiencia, el ayudante del Presidente Benson dijo: “El Presidente Benson le dio a ese hombre que había estado desanimado y aplastado, el valor para regresar.” [28]

Howard W. Hunter

Howard y su esposaHoward W. Hunter y su esposa Clara Jeffs Hunter. Elder Howard le brindó a su esposa un cuidado amoroso los últimos años de la vida de ella.. (© Intellectual Reserve, Inc.)

Aunque fue Presidente de la Iglesia solamente durante nueve meses, Howard W. Hunter sirvió como Apóstol durante más de tres décadas y media. Durante doce de esos años, le brindó a su esposa. Clara, un cuidado magnífico a medida que ella se agravó en su enfermedad. Sus problemas de salud comenzaron a principios de los años 1970 al sufrir fuertes dolores de cabeza y la pérdida de la memoria. En febrero de 1973, los médicos descubrieron un coágulo de sangre en su cuello. En el año 1975 su pulmón izquierdo se paralizó, y sufrió fuertes dolores en el pecho y el brazo que la obligaron a someterse a cirugía. El élder Hunter la visitó en el hospital tres veces al día durante muchas semanas. Después de salir del hospital, los exámenes revelaron que Clara había desarrollado la diabetes de los adultos, y Howard aprendió a efectuar en la casa las pruebas de sangre que ella necesitaba. A medida que su salud se deterioró, el élder Hunter insistió en cuidarla él mismo durante las noches, lo que ocasionó que él durmiera muy poco durante varios años, a la vez que cumplía con sus responsabilidades importantes como Apóstol. En el año 1981, Clara sufrió una hemorragia cerebral y perdió la capacidad para caminar. Para abril de 1982, su salud declinó hasta el punto de tener que ser recluida en un hogar para ancianos. El élder Hunter la visitaba varias veces al día cuando no tenía que viajar fuera de la ciudad por sus actividades apostólicas. Clara falleció en octubre de 1983. Según Eleanor Knowles, la biógrafa del Presidente Hunter, éste siempre estuvo optimista y apoyando a su esposa durante toda su adversidad. El Presidente James E. Faust mencionó: “Algunas veces ella sonreía y le respondía únicamente a Howard. La ternura evidente en su relación enternecía el corazón y conmovía. Nunca había visto tal ejemplo de devoción de un esposo hacia su esposa.” [29]

Gordon B. Hinckley

Durante la guerra de Vietnam, el élder Gordon B. hinckley viajó a Da Nang, en Vietnam del Sur, para visitar y reunirse con los militares Santos de los Últimos Días. Después de llegar a Da Nang, el élder Hinckley fue conducido a una cabaña Quonset que servía como capilla. Más de cien soldados SUD vinieron a reunirse con él. A medida que los soldados entraban a la pequeña cabaña de metal, amontonaban sus rifles M-16 en las últimas dos hileras y se sentaban para oír a un Apóstol del Señor. Posteriormente, el élder Hinckley escribió: “Nunca olvidaré ese cuadro ni esa reunión. ¡Qué vista tan maravillosa! ¡Qué magnífico grupo formaban estos hermanos nuestros. Los amamos al momento que los vimos a los ojos.” [30]

Tres soldados SUD habían muerto durante la semana anterior, y “el elder Hinckley empezó la reunión con un servicio en memoria de ellos y la concluyó invitando, a todo el que deseara hacerlo, a que expresara su testimonio.” [31] Mientras les hablaba a los soldados, el élder Hinckley ofreció contactar a los miembros de sus familias y seres queridos en sus hogares. Casi todos ellos anotaron un número telefónico en la lista que se pasó entre los asistentes. Y como lo comentó uno de los oficiales: “El élder Hinckley nos hizo sentir que no estábamos olvidados. Su visita elevó nuestra moral de una forma sensacional. Nos hizo sentir que éramos hombres buenos y honestos, y que lo que estábamos haciendo era honorable.” De ese evento, el élder Hinckley escribió en su diario que fue “una experiencia magnífica y deprimente el estar tan cerca de estos buenos jóvenes, hombres que poseían y honraban el sacerdocio, hombres que valientemente estaban cumpliendo su deber como ciudadanos de este país, pero que preferirían estar haciendo alguna otra cosa. Mientras hablaba con ellos pensé que deberían estar en la escuela. . . . en vez de estar patrullando con temor en la obscuridad de la jungla asiática en donde la muerte llega tan rápida, silenciosa y definitivamente.” Y continuó:

Estos son los jóvenes que corrían, reían y jugaban a la pelota allá en casa, que iban por las carreteras manejando autos viejos, que bailaban con muchachas preciosas en los bailes de Verde y Oro, y que administraban los sacramentos los domingos. Estos son los muchachos que vienen de buenos hogares en donde las sábanas están limpias y las regaderas tienen agua caliente, pero que ahora sudan día y noche en esta tierra atormentada, a quienes se les dispara y que, en respuesta ellos disparan también, que han estado cerrando heridas en el pecho de uno de los compañeros y que han matado a quienes los pudieron haber matado a ellos. Pensé en la terrible in-equidad del sacrificio que se requiere por la causa de la libertad de los humanos. [32]

Thomas S. Monson

Hay tantas historias que muestran el servicio compasivo del Presidente Monson, que formarían una legión. El Presidente Monson “entiende lo que requiere el Señor: simplemente estar dispuesto a servir a la gente, buscar en los rincones olvidados a lo largo de las calles obscuras, y mirar a los ojos que parecen haber perdido la esperanza.” [33] Durante los años 1970, cuando la Cortina de Hierro y el Muro de Berlín aún estaban de pie, a los miembros de la Iglesia que vivían en la República Federal Alemana [GDR por sus siglas en inglés] no se les permitía salir de las fronteras de su país, lo que hacía imposible que pudieran recibir las ordenanzas del templo. En una de sus muchas visitas a la GDR, el élder Monson estaba sentado en un auto junto con Gunther e Inge Shulze, que eran fieles miembros de Iglesia de tercera generación. Cuando el élder Monson sugirió que la Iglesia podría enviar una carta invitándolos a visitar un templo fuera de Alemania Oriental, ellos respondieron: “Nuestra posición aquí es muy sensible.” Cuando ya se iban, el élder Monson les pidió que regresaran y dijo: “Siento que al Señor le gustaría ver que ustedes sean investidos en Su santa casa. Ustedes son gente digna; son de conducta ejemplar; son fieles en el cumplimiento de sus responsabilidades en la Iglesia. Confiemos en el Señor. Permitamos que nuestra fe exceda a nuestras dudas.” El élder Monson reportó que: “nos arrodillamos en el estacionamiento en la lluvia y volcamos [nuestros] corazones a Dios.” La invitación se envió y, sorprendentemente, el gobierno de Alemania Oriental permitió que los hermanos Schulze asistieran al templo. [34]

Resumen

En hechos 10: 38 Pedro le explicó a Cornelio que Jesús de Nazaret fue alguien que “anduvo haciendo bienes. . . . porque Dios estaba con él.” Pedro, primero como Apóstol y luego como líder de la Iglesia en el meridiano de los tiempos, demostró una gran humildad mediante el servicio que dio a otros. Pedro buscó emular a Cristo en esta manera y en muchas otras. Así mismo, los profetas que han servido en nuestra dispensación han seguido el ejemplo caritativo de Pedro, tal como una vez lo explicó el Presidente Spencer W. Kimball: “Mientras más sirvamos a nuestros semejantes, mayor sustento para nuestras almas. . . . Llegamos a ser más completos al servir a otros; de hecho, es más fácil ‘hallarnos’ a nosotros mismos porque ¡hay mucho más de nosotros que encontrar!” [35] Los dieciséis Presidentes de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días han demostrado que hay, en verdad, sustento para sus almas.

Notas

[1] “Aunque es posible que sea Juan Marcos, probablemente este Juan es el hijo de Zebedeo.” Charles M. Laymon, editor, The Interpreter’s One Volumen Commentary on the Bible (Nueva York: Abingdon Press, 1971), página 732

[2] Existe cierta incertidumbre con respecto al lugar exacto de la puerta la Hermosa. Por ejemplo, Luke Timothy Johnson sugiere que “no podemos estar seguros de la identidad de dicha puerta. En el libro Jewish War 2:411, Josefo mencionó una “Puerta de Bronce” en el lado este del templo, y enfatiza expresamente que su valor era mayor que si estuviera ‘forrada con plata y oro,’ ya que estaba hecha de bronce de Corinto (Jewish War, 5: 201), pero nunca menciona una puerta llamada ‘la Hermosa’ . . . . ¿Acaso [Lucas] trata de que sus lectores capten el hecho de la plata y el oro que se asocian con las puertas del templo? Luke Timothy Johnson, The Acts of the Apostles, Sacra Pagina Series, vol. 5, editado por Daniel J. Harrington (Collegeville, MN: The Liturgical Press, 1992), página 65. El erudito bíblico Johannes Munck agrega que “es muy incierto saber si la puerta estaba colocada a la entrada de los terrenos del templo o en la entrada a los edificios del templo” Johannes Munck, The Anchor Bible: The Acts of the Apostles, revisado por William F. Albright y C. S. Mann (Nueva York: Doubleday, 1967), páginas 24-25. Otros eruditos están más seguros con respecto a la localización de la puerta. Por ejemplo, el reverendo James M. Freeman compara la puerta “la Hermosa” con la “Puerta Susana” y la identifica como la entrada al Patio de las Mujeres. Ver del reverendo James M. Freeman Manners and Customs of the Bible (Plainfiel, NJ: Logos International, 1972), página 373.

[3] Como algo adicional, la versión de la Biblia del rey Santiago implica que el cojo ya estaba pidiendo limosnas (ver Hechos 3:2) cuando Pedro y Juan lo vieron. Otras traducciones implican que al cojo “lo estaban llevando a los terrenos del templo” (Nueva Versión Internacional) cuando ocurrió el contacto inicial.

[4] Al igual que muchas culturas del mundo antiguo, los judíos de la época de Pedro, dividían el día en horas y “cada una de esas horas era la doceava parte del tiempo entre la salida y la puesta del sol. Por tanto, las horas variaban en su longitud de acuerdo a la época del año, durante el verano, las horas eran más largas que las del invierno. . . . La primera hora comenzaba al salir el sol, la sexta hora terminaba al medio día, y la doceava hora terminaba al ponerse el sol. La tercera hora dividía el período entre la salida del sol y el medio día, y la novena hora entre el medio día y la puesta del sol. . . . La ‘novena hora’. . . era como a las tres de la tarde.” Ver de Freeman Manners and Customs of the Bible, páginas 429-430. Algunas traducciones de la Biblia simplemente reemplazan “la hora novena” de Hechos 3:1 con “las tres de la tarde” (Nueva Versión Internacional) o con “la reunión diaria de oración de las tres” (Biblia Viva). Ver también The Interpreter;s One Volume Commentary on the Bible página 732.

[5] El servicio del templo en la tarde se remonta a las instrucciones de Éxodo 29: 38-42; Números 28:1-8; ver de Josefo Antiquities of the Jews, 14:66. Que también esa era la hora tradicional para orar se sugiere en Daniel 6:10; y 9:21, así como en m. Tamid 5:1 y 6:4.” Johnson, The Acts of the Apostles página 65.

[6] Luke Timothy Johnson indica que “en el Judaismo, el compartir lo que uno tenía al dar limosnas (ele‘mosyn‘) era una expresión de ‘hacer lo justo (sedekâ = dikaiosyn‘)’” Johnson, The Acts of the Apostles, página 66.

[7] Laymon, The Interpreter’s One Volume Commentary on the Bible, página 732.

[8] “El uso del adverbio parachr‘ma (‘al instante, inmediatamente’) es característico del asombro de Lucas (Lucas 1: 64; 4: 39; 8: 44, 47, 55; 13:13; 18:43; Hechos 5: 10; 12: 23; 13: 11). Nuevamente, que se use en el Evangelio en la curación del paralítico (Lucas 5:25) es digno de tomarse en cuenta.” Johnson, The Acts of the Apostles, página 66.

[9] “El uso de la frase ‘glorificando a Dios’ es muy típica de Lucas (Lucas 2:20; 5:25-26; 7:16; 13:13; 17:15; 18:43),” Johnson, The Acts of the Apostles, página 66.

[10] Citado por Eldred G. Smith, en Conference Report, abril de 1967, página 77.

[11] “Recollections of the Prophet Joseph Smith,” Juvenile Instructor 27, núm. 5 (1 de marzo de 1892), página 153.

[12] Benjamín L. Rich, Ben E. Rich: An Appreciation by His Son (Salt Lake City: n.p., 1950), páginas 32-33. El niño era Ben E. Rich hijo del élder Charles C. Rich quien estaba sirviendo como presidente de la Misión Británica de la Iglesia.

[13] John Taylor en Conference Report, abril de 1880, páginas 61-65.

[14] Wilford Woodruff, Leaves from my Journal (Salt Lake City: Juvenile Instructor Office, 1882), páginas 53-55.

[15] Lorenzo Snow se casó el 4 de abril de 1859 con Phoebe Amelia Woodruff, hija de Wilford Woodruff.

[16] Eliza R. Snow Smith, Biography and Family Record of Lorenzo Snow (Salt Lake City: Deseret News Company, 1884), páginas 128-129.

[17] -Snow, , Biography and Family Record of Lorenzo Snow, páginas 128-129.

[18] Life of Joseph F. Smith, compilado por Joseph Fielding Smith (Salt Lake City: Deseret Book, 1969), página 441.

[19] Leonard J. Arrington, editor de The Presidents of the Church (Salt Lake City: Deseret Book Company, 1986), páginas 246-247.

[20] G. Homer Durham, “A Daily Good Turn” Improvement Era 54 núm. 6 (junio de 1951), páginas 386, 478-479

[21] Glen R. Stubbs, “A Biography of George Albert Smith, de 1870 a 1951)” Disertación Doctoral, Brigham Young University, (1974), página 277.

[22] Durham, “A Daily Good Turn,” página 479.

[23] Stubbs, “A Biography of George Albert Smith,” página 269.

[24] Keith Terry, David O. McKay: Prophet of Love (Santa Bárbara, CA: Butterfly Publishing Inc., 1980), páginas 55-56.

[25] Joseph F. McConkie, True and Faithful: The Life Story of Joseph Fielding Smith (Salt Lake City: Publishers Press, 1972), página 72.

[26] Leonard J. Arrington, “Harold B. Lee,: en The Presidents of the Church, páginas 357-358.

[27] Edward L. Kimball, “Spencer W. Kimball,” en The Presidents of the Church, página 396.

[28] Sheri L. Dew, Ezra Taft Benson: A Biography (Salt Lake City: Deseret Book, 1987), páginas 435-436.

[29] Eleanor Knowles, Howard W. Hunter (Salt Lake City: Deseret Book, 1994), páginas 264-271.

[30] Sheri L. Dew, Go Forward with Faith: The Biography of Gordon B. Hinckley (Salt Lake City: Deseret Book, 1996), páginas 274-275.

[31] Dew, Go Forward with Faith, páginas 274-275.

[32] Dew, Go Forward with Faith, páginas 274-275.

[33] Heidi S. Swinton, To the Rescue: The Biography of Thomas S. Monson (Salt Lake City: Deseret Book, 2010), página 145.

[34] Swinton, To the Rescue, página 304.

[35] Spencer W. Kimball, “Small Acts of Service,” Ensign, diciembre de 1974, página 2.