El Fondo Perpetuo de Educación: La Mano Rescatadora de un Profeta

John K. Carmack

El élder John K. Carmack era miembro emérito de los Setenta y el director ejecutivo del Fondo Perpetuo de Educación cuando se publicó este artículo.

Publicado en Religious Educator 3 núm. 3 (2002) páginas 1-11.

El Señor ha dicho claramente que nuestra salvación está unida a nuestras actitudes y acciones hacia los pobres. En nuestra época, el Presidente Gordon B. Hinckley y sus asociados en la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles han dado un tremendo nuevo énfasis acerca del compartir con los pobres al anunciar la creación del Fondo Perpetuo de Educación y la formación de ese departamento. El único propósito de dichos fondo y programa es ayudar a los hombres y mujeres jóvenes en las comunidades pobres del mundo a obtener oportunidades más allá de lo que les permitan sus propios recursos.

Hasta donde puedo decir, cada profeta de Dios ha amado y servido a los pobres. Aunque el Presidente Hinkcley se enorgullece de nuestras instituciones de educación superior, reconoce que la mayoría de las oportunidades en estas universidades son para personas que tienen los medios y que no son accesibles para las personas que vienen de entornos pobres. Durante mucho tiempo ha estado preguntando: “¿Qué estamos haciendo por los pobres de la Iglesia, especialmente para los jóvenes que están tratando de comenzar algo en su vida?” Eso puede ser más importante para él que establecer la mejor universidad de enseñanza e investigación posible. Él quiere acción, e insiste en que nosotros, que somos tan grandemente bendecidos en lo material, actuemos para ayudar a quienes son menos afortunados. Esta actitud ha sido el tema durante, mucho tiempo, de sus sermones. Por ejemplo, en el año 1978 en BYU, habló de un hombre prominente que dijo: “He corregido el lenguaje de mis oraciones, en vez de decir: ‘bendice a los pobres, a los enfermos y a los necesitados,’ ahora digo: ‘Padre, muéstrame cómo ayudar a los pobres y a los enfermos y a los necesitados, y dame la resolución para hacerlo.’” [1]

Una Parábola

El esfuerzo de abrir oportunidades para los pobres incluye una gran actitud de equidad y justicia. En la sección 38 de la Doctrina y Convenios encontramos una parábola que ha llegado a ser algo así como el tema espiritual para el Fondo Perpetuo de Educación: “Porque, ¿quién de vosotros, si tiene doce hijos que le sirven obedientemente, y no hace acepción de ellos, dice a uno: Vístete de gala y siéntate aquí; y al otro: Vístete de harapos y siéntate allí, podrá luego mirarlos y decir soy justo? He aquí, esto os lo he dado por parábola, y es como yo soy. Yo os digo: Sed uno; y si no sois uno, no sois míos” (D y C 38:26-27).

Con esta parábola en mente, examinen los comentarios iniciales del Presidente Hinckley acerca del Fondo Perpetuo de Educación. Él dijo:

Tenemos muchos misioneros jóvenes, hombres y mujeres, que son llamados localmente y que sirven con honor en México, América Central, Filipinas y otros lugares. Tienen muy poco dinero, pero contribuyen de acuerdo a lo poco que tienen. Son sostenidos Principalmente con el Fondo Misional General al cual contribuyen muchos de ustedes. . .

Llegan a ser excelentes misioneros trabajando al lado de los élderes y hermanas enviados de los Estados Unidos y de Canadá. . . . Regresan a sus hogares con grandes esperanzas. Pero muchos de ellos tienen mucha dificultad para hallar empleo porque no están capacitados. Se hunden otra vez en el pozo de pobreza del cual salieron. [2]

Estos ex-misioneros [misioneros retornados] corresponden en la descripción de la parábola a los doce hijos que sirven con obediencia al padre. Algunos regresan a casa con oportunidades educativas o de empleo muy buenas. Son los que en la parábola están vestidos de gala y ocupan los lugares de honor. Los que vuelven a la pobreza extrema y la desesperanza son quienes, en la parábola, están vestidos de harapos. El programa se ha anunciado y alistado para ese segundo grupo de hijos. Estamos situando a la iglesia para llegar a nuestros hombres y mujeres jóvenes en las partes menos favorecidas del mundo.

No existe una solución rápida para esta preocupación global, pero estamos comenzando y avanzando. La ayuda está en camino. La experiencia ha demostrado que inyectar dinero en un espectáculo de donaciones benevolentes no es la respuesta y de hecho, por lo general, debilitará y perjudicará en lugar de ayudar. Casi todos nuestros miembros desean ayudar, incluyendo aquellos con ingresos modestos y a quienes cuentan con medios sustanciales. Se han intentado muchos enfoques, algunos con buenos resultados y otros no tan buenos.

Capacitación y Educación

Young man gazing at his hometown of Manila, PhilippinesUn ex-misionero que recibe ayuda del Fondo Perpetuo de Educación, contempla su pueblo en Manila, Filipinas.

Abrir las oportunidades para la educación y la capacitación para el empleo parece ser la mejor manera de ayudar a quienes enfrentan un futuro sombrío. Aunque José Smith tuvo muy poca educación formal, él y la Iglesia, desde el principio, enfatizaron la educación, Por ejemplo, todos saben que, “la gloria de Dios es la inteligencia” (D y C 93:36). También conocemos la escritura que dice “es imposible que el hombre se salve en la ignorancia” (D y C 131:6). La doctrina de la Iglesia y su literatura están llenas de amonestaciones para que mejoremos, para que obtengamos conocimiento, sabiduría y entendimiento; y para que progresemos, no tan solo en esta vida sino también en los reinos eternos.

La educación que la Iglesia promueve en este programa pone un fuerte énfasis en el estudio de las escrituras y en atesorar las palabras de vida. Pero los cursos de estudio no se detienen allí. Las escrituras abogan por la diligencia en la enseñanza y el aprendizaje “en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os conviene comprender; de cosas tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra; cosas que han sido, que son y que pronto han de acontecer; cosas que existen en el país, cosas que existen en el extranjero; las guerras y perplejidades de las naciones, y los juicios que se ciernen sobre el país; y también el conocimiento de los países y de los reinos” (D y C 88:78-79).

El alcance de dicho plan de estudios es impresionante, y requiere una vida de estudio que continúa más allá de esta vida.

En sus libros y en sus sermones, el Presidente Hinckley aconseja con frecuencia a los Santos que adquieran toda la educación, el conocimiento y la capacitación que puedan. Y en donde las economías de los países lo permiten, los Santos están dando grandes pasos en la educación, el conocimiento y la capacitación. Además los investigadores de la Iglesia han encontrado que cuanto mayor sea el logro de la educación formal de una persona, es más probable que se le encuentre asistiendo regularmente a las reuniones de la Iglesia y dando servicio a los demás.

Sin embargo, el Presidente Hinckley ha enfatizado una preocupación muy seria que tienen las Autoridades Generales por los miembros que viven en las partes del mundo en donde generalmente la educación, la capacitación y los buenos empleos no están disponibles o son muy difíciles de obtener. Con la creciente globalización de la Iglesia, ¿cómo ayudamos a los miembros a obtener la dignidad, la estabilidad financiera, la capacitación y la educación que necesitan? ¿De qué fuente vendrán nuestros líderes en esas partes del mundo?

A young returned missionary studying automationUn ex-misionero de Lima, Perú, que usa fondos del Fondo Perpetuo de Educación para estudiar automatización

El éxito al hacer nuevos conversos se logra entre nuestros hermanos más pobres y humildes. ¿Cómo podemos ayudarles sin destruir su dignidad, su autosuficiencia y su iniciativa? Esa es una gran preocupación. Estamos buscando las respuestas. Aumentar solamente la inscripción en nuestras pocas instituciones de enseñanza superior, aunque es muy importante, no es la respuesta a esta pregunta más amplia que hemos mencionado. Conocemos la doctrina. Nos amonesta a ayudar al pobre; a ser uno y a ser justos en el trato con los hijos. Y como lo señala el Apóstol Santiago, no le podemos decir a un hermano o una hermana que estén desnudos, y tengan la necesidad del sustento diario: “abrigaos y saciaos” en vez de eso les decimos: “la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (Santiago 2:16-17).

Así como la Iglesia luchó poderosamente con las dificultades de los Santos durante la Gran Depresión, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce han sufrido y meditado y planificado para hallar las formas de satisfacer las necesidades que enfrentan muchos de nuestros miembros en los países menos favorecidos. ¿Cómo podemos ayudar sin causar daño y dolor a nuestros pobres? Al igual que la profesión médica, la Iglesia tiene la obligación, ante todo, de no dañar a sus miembros entregándoles un subsidio por desempleo. Esa clase de ayuda puede paralizar y ridiculizar la iniciativa y la autosuficiencia de nuestro pueblo y les robaría su auto estima.

Se han establecido muchas iniciativas y procedimientos magníficos para ayudar a los Santos pobres en situación de desventaja. En nuestro programa de las Ofrendas de Ayuno tenemos una manera de ayudar a los pobres, que ha soportado la prueba del tiempo. También hemos abierto muchos centros de empleo. A algunos, les hemos dado préstamos y becas para estudiar. Por propia iniciativa, los miembros que tienen los medios y las habilidades han hecho lo mejor que pueden para elevar y mejorar a los miembros menos favorecidos en todo el mundo. Eso es maravilloso y es muy importante, pero debe hacerse algo más. Al anunciar el Fondo Perpetuo de Educación y el nuevo departamento de la Iglesia, el Presidente Hinckley abordó de frente la principal preocupación. Después de presentar y describir el problema como se ha explicado arriba, anunció un audaz nuevo programa y de alcance internacional, para enfrentar el desafío, al menos para nuestros jóvenes ex-misioneros y otros jóvenes adultos. Comentaré algo más acerca de eso un poco después, pero ahora veamos lo que podemos aprender de algunas otras iniciativas dentro y fuera de la Iglesia.

Iniciativas Semejantes

Quienes vivimos durante la Segunda Guerra Mundial recordamos la tremenda deuda de gratitud que sentimos hacia la que Tom Brokaw llamó “la generación más grandiosa.” Millones de nuestros jóvenes habían estado al servicio de su país durante cuatro o cinco años, en los que podrían haber trabajado, o educarse o empezar una carrera. Habían efectuado, en conjunto, un servicio magnífico en la lucha contra la tiranía para sus países y para el mundo libre. Para ayudarles, el gobierno pidió una acción audaz. La nación creó lo que llegó a conocerse como el “GI Bill of Rights” [Ley para los ex-combatientes de la Segunda Guerra Mundial]. Literalmente, millones de personas recibieron educación superior o capacitación para el empleo bajo este poderoso programa. Otros millones recibieron préstamos para iniciar sus propios negocios, para comprar granjas, y adquirir sus casas. El programa fue un impulso tremendo para ellos y para la nación. Este audaz programa estableció los cimientos de la prosperidad y de la oportunidad.

Brokaw dijo en su libro (bestseller) que estos soldados “se convirtieron en parte de la mayor inversión en educación superior que cualquier sociedad haya hecho, un generoso tributo de una nación agradecida. . . . Ahora, eran un nuevo tipo de ejército, pasando a los campos de la industria, la ciencia, el arte, las políticas públicas, [y] todos los campos de la vida americana. . . . Ayudaron a convertir una economía de guerra en la economía en tiempos de paz más poderosa de la historia.” [3]

En una escala global e internacional ¿no es eso lo que la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce tienen en mente con el Fondo Perpetuo de Educación?

Otra audaz iniciativa que vino después de la Segunda Guerra Mundial fue el Plan Marshall, así llamado en honor de George Marshall, el Secretario de Estado del Presidente Harry S. Truman. Este plan de ayuda sirvió a la economía y la independencia de muchas naciones que enfrentaban la ruina sin los recursos para remediar los horrores y el caos de la Segunda Guerra Mundial. La Iglesia, aunque pequeña, actuó magnifica y rápidamente durante esa época para ayudar a sus miembros y a los demás bajo la noble administración del Élder Ezra Taft Benson.

Anteriormente, en el año 1903, la Iglesia enfrentó una escasez de maestros bien capacitados para enseñar a sus jóvenes. Para resolver este problema, el Consejo de Educación de la Iglesia estableció el Fondo de Educación de 1903. Este fondo concedió préstamos a jóvenes ambiciosos y dignos para obtener mayor aptitud, particularmente en la profesión docente. El fondo era de naturaleza renovada, ya que cuando los recipientes terminaban sus estudios, pagaban el préstamo y así reponían el fondo para que otros lo utilizaran.

Ahora, volviendo a nuestro dilema actual, encontramos que el tipo de ayuda que se necesita en los países menos favorecidos es la capacitación para nuestros jóvenes y señoritas que quieren encontrar mejores empleos, casarse, tener familia y servir en la Iglesia. La prioridad es la capacitación que lleve a empleos y ocupaciones, no la educación universitaria, aunque eso también se necesita. Sin embargo, primero y de mayor importancia, necesitan capacitación que los conduzca a empleos.

Me recuerdo que John Adams, en una carta escrita a su esposa, Abigail, desde Europa en donde estaba sirviendo como enviado de un nuevo país, dijo: “Debo estudiar política y guerra para que mis hijos tengan libertad para estudiar matemáticas y filosofía. Mis hijos deberían estudiar matemáticas y filosofía, geografía, historia natural, arquitectura naval, navegación, comercio y agricultura para dar a sus hijos el derecho de estudiar pintura, poesía, música, arquitectura, escultura, tapices y porcelana.” [4]

Quizás el Presidente Hinckley está diciendo que nuestros adultos jóvenes necesitan estudiar la tecnología de computación, a colocar ladrillos, instalaciones eléctricas, dibujo y diseño, las técnicas de enseñanza, cómo reparar automóviles, y enfermería a fin de que puedan casarse, servir en la Iglesia, pagar diezmos y ofrendas de ayuno, y llegar a ser miembros que contribuyan a sus comunidades. Después, algunos de sus hijos pueden tener los medios y los antecedentes para estudiar una profesión y obtener todo lo que las universidades les puedan ofrecer. Mientras tanto, los trabajos disponibles y las habilidades necesarias deberán ser nuestros cursos de estudio y el lugar para usar nuestros recursos para ayudarles. Gran parte de los esfuerzos de Thomas Jefferson fueron para dirigir “una cruzada en contra de la ignorancia; para establecer y mejorar las leyes para educar a la gente común.” [5] ¿No es esa la esencia de la audaz nueva iniciativa de la Iglesia? ¿No es una cruzada contra la falta de oportunidades para la gente común de la Iglesia? ¿No debería ser eso el énfasis mayor de los actuales miembros de la Iglesia?

Respuestas del Pasado

A menudo la historia nos da el contexto y las respuestas a los problemas actuales. Por ejemplo, después de la muerte de José Smith y su hermano Hyrum en la Cárcel de Carthage, Brigham Young y el Quórum de los Doce pasaron al lugar de liderazgo. No se olvidaron de los pobres. En una reunión en el Templo de Nauvoo para comentar y planificar la migración al oeste, el élder George A. Smith del Quórum de los Doce recordó el convenio que habían hecho en Missouri— de no dejar atrás a ninguno de los pobres—y sugirió que era hora de otro convenio de ese tipo. Brigham Young propuso “que llevemos a todos los santos con nosotros, en la medida de nuestra capacidad.” [6] Hicieron eso para su gran crédito y para el crédito de los miembros de la Iglesia que compartieron el uno con el otro.

Habiendo logrado establecer un punto de apoyo en estos valles, se enfrentaron a otra gran necesidad; inmigrar a los miles de conversos en Europa que querían unirse a ellos. Pero, ¿cómo iban a hacerlo?

Sabiendo que se enfrentaban a una tarea enorme y compleja, registraron una nueva organización de acuerdo a las leyes del estado provisional de Deseret. La llamaron la Perpetual Emigrating Fund Company [Compañía del Fondo Perpetuo de Emigración]. En la reunión de organización Brigham Young les recordó a los Santos el convenio de que “nunca cesaremos nuestros esfuerzos, hasta que todos los Santos que lo deseen, sean trasladados a un lugar de seguridad” [7] Él fue elegido presidente de la compañía y otros fueron asignados para diversos oficios. Se estableció un fondo separado de los diezmos. Luego le pidió a las personas de Europa que se reunieran acá. Agregaron al programa el requisito de que deberían pagar los préstamos que recibieran del fondo a fin de conservar la auto suficiencia y la dignidad de las personas. Muchos pudieron pagar sus propios gastos. Otros necesitaron préstamos parciales para lograrlo. Algunos necesitaron ayuda para todos sus gastos. A pesar del costo, lo hicieron.

La Compañía del Fondo Perpetuo de Emigración necesitó agentes para organizar y comenzar en Inglaterra y Escandinavia el viaje a través del mar. La compañía nombró agentes para recibirlos cuando llegaran los barcos a Estados Unidos. Otros agentes estaban encargados de conseguir los carromatos, las provisiones, los bueyes, el ganado y todo lo que se necesitara para cruzar el extenso desierto.

Abordaron en Liverpool. El conocido escritor Charles Dickens abordó el barco Amazon, uno de los navíos que llevaron a los Santos al Nuevo Mundo, y publicó este reporte: “Dos o tres agentes mormones estaban listos para llevarlos al inspector y para dirigirlos cuando hubieran pasado. Con qué medios se ha infundido una aptitud especial para la organización en estas personas, por supuesto, no lo puedo informar. Pero, incluso ahora, se que no hubo desorden, prisa o dificultad. . . . Subí a bordo de su barco para testificar en su contra si lo merecían, ya que creía plenamente que lo harían; para mi gran asombro, no lo merecieron; y mis predisposiciones y tendencias no deben afectarme como un testigo honesto. Me acerqué al lado del Amazon, sintiendo que era imposible negar, hasta aquí, que una influencia notable había producido un resultado notable, y que a menudo, las influencias mejor conocidas han pasado por alto.” [8]

Es imposible estimar lo que estos casi cien mil Santos agregaron a la Iglesia en estos valles. En gran medida ellos fueron la Iglesia. Y muchos de ellos pudieron venir gracias a los préstamos del Fondo Perpetuo de Emigración. Pagar esos préstamos fue muy difícil, y con frecuencia los pagos fueron en especie o con trabajo. Los líderes hicieron grandes esfuerzos para mantener el fondo a la altura de su tarea. Otras iniciativas como The Mormon Fund, the Provo Fund, the Ephraim Fund, y the Scandinavian Concerts ayudaron. El plan de Sarah Ann Peterson de pedir que las hermanas donaran los huevos puestos los domingos, se extendió desde su comunidad en Ephraim a las comunidades aledañas. Los planes e ideas de la Iglesia evolucionaron y fueron absorbidos por este programa de Emigración. No hubo nada parecido en ninguna parte.

Después de la muerte de Brigham Young, John Taylor tomó el timón como Presidente y perdonó la mitad de las deudas pendientes de los inmigrantes como un acto para celebrar el año de jubileo. Cuando los Estados Unidos desincorporaron la Compañía del Fondo Perpetuo de Emigración y a la Iglesia, el fondo y la compañía ya habían cumplido sus propósitos esenciales. La Iglesia y sus comunidades en crecimiento estaban bien provistas de zapateros, contadores, caldereros, carpinteros, ingenieros, mineros, albañiles, impresores, hilanderos, tejedores y muchos otros que representaban ocupaciones y habilidades especializadas.

De Regreso al Presente

Painting of a young pioneer family pulling a handcartTrabajando Juntos; Olinda H. Reynolds. © Intellectual Reserve, Inc. Usado con permiso.

Ya no necesitamos a toda esa gente y sus habilidades en estos valles. Las comunidades están rebosando con poblaciones en crecimiento. Necesitamos hacer en los países menos favorecidos lo mismo que una vez se necesitó aquí. Y el Presidente Hinckley, a nombre de las Autoridades Generales, anunció el plan y el modo de hacerlo. Antes de hacer el anuncio, él comenzó a desarrollar un plan para organizar un nuevo departamento y a establecer un plan para cumplir los propósitos del nuevo Fondo Perpetuo de Educación. Él solicitó contribuciones. Todo lo que se contribuyera se usaría para ayudar a los adultos jóvenes que lo necesitaran en las áreas menos favorecidas de la Iglesia. La administración del programa se delegó a los directores de los institutos en esos países.

El Consejo Directivo del Fondo Perpetuo de Educación ha aprobado el programa diseñado por el nuevo departamento de la Iglesia. Se ha creado el plan de acción. Los gastos del departamento serán mínimos porque la única empleada asalariada es su secretaria. El presupuesto para viajes y otros gastos se pagarán, no con los dineros del fondo, sino con el presupuesto de la Iglesia. El departamento ha establecido el programa a pequeña escala, como lo aconsejó el Presidente Hinckley, y para el fin de año, los préstamos para los recipientes dignos y necesitados estarán disponibles en todos los países menos favorecidos del mundo en donde tengamos institutos de religión y una buena cantidad de ex-misioneros. El alcance del plan es enorme, y está limitado solamente por el tamaño y los ingresos del fondo. El fondo está creciendo rápidamente debido a la generosidad de los Santos. Este programa mejora grandemente el futuro de los ex-misioneros y otros adultos jóvenes menos favorecidos.

El Presidente y toda la Iglesia están respaldando este audaz nuevo programa. Las políticas diseñadas por el Departamento del Fondo Perpetuo de Educación han incorporado la auto suficiencia al programa al requerir el compromiso de pagar los préstamos con un pequeño interés una vez que se haya recibido la capacitación. Todos estamos comprometidos a eso, algo igual al convenio que hicieron los Santos en la Compañía del Fondo Perpetuo de Emigración, de traer acá a todos los Santos. Este fondo no substituye a otros programas para ayudar a los pobres. Las Ofrendas de Ayuno siguen siendo un programa fundamental y un gran principio.

Un Legado Perdurable

El significado y el valor del Fondo Perpetuo de Educación probablemente no se conocerá ni se apreciará lo suficiente durante una o dos décadas. Ciertamente el Fondo Perpetuo de Educación ayudará a la Iglesia a cumplir su destino de rodar hacia adelante hasta que llene toda la tierra. Está diseñado en el antiguo Fondo Perpetuo de Emigración, y de hecho, está basado en modelos celestiales. La obra de Dios es un giro eterno. Los principios de equidad y justicia lo apuntalan. Estamos tomando en cuenta a nuestros doce hijos y no nos olvidamos de los ex- misioneros menos favorecidos que han servido tan bien. Es algo sublime. Una razón de que sí funcionará es que “la tierra está llena, y hay suficiente y de sobra” (D y C 104:17). No necesitamos una nueva organización, con excepción del enfoque de un nuevo fondo con su misión especial, pero usaremos voluntarios y a nuestros magníficos institutos de religión. Bajo la dirección de los profetas de Dios, como se hizo con el Fondo Perpetuo de Emigración, ¡haremos cosas que asombrarán al mundo que nos rodea! Qué Dios nos conceda la inteligencia, la energía y la fe para hacer realidad nuestros principios.

Notas

[1]- Gordon B. Hinckley, “And the Greatest of These is Love,” Devotional Speeches of the Year (Provo, Utah: Brigham Young University Press, 1979) página 24.

[2]- Gordon B. Hinckley, “The Perpetual Education Fund,” Ensign, mayo de 2001, páginas 51-52.

[3]- Tom Brokaw, The Greatest Generation (Nueva York: Random House, 1998), página xx

[4]- En el libro John Adams de David McCullog (Nueva York: Simon and Schulster, 2001), páginas 236-237.

[5]- Andrew Lipscomb editó Los Escritos de Thomas Jefferson (Washington, D.C. n,p, 1904), 5:397.

[6]- Brigham Young, Millenial Star 7 (15 de enero de 1846): página 20.

[7]- Las minutas de Brigham Young de una Conferencia Especial el 15 de septiembre de 1850. Perpetual Emigrating Fund Company Records, en los Archivos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en Salt Lake City.

[8]- Charles Dickens, The Uncommercial Traveller, en la Leisure Hour Library 57 (23 de mayo de 1896): páginas 82-83; guardado en las Colecciones Especiales L. Tom Perry, en la Biblioteca Harold B. Lee en la Universidad Brigham Young.