Calificar con la Curva

POSTED BY: Robert L. Millet

10/25/10


Una vez estaba en una clase de la Escuela Dominical cuando el maestro tocó el tema de compararnos con otros. Nos advirtió de los peligros de hacerlo eso y luego agregó: “Nunca debemos comparar nuestra situación en la vida con otras personas. Si se tiene que comparar a alguien, entonces compárese a Cristo, porque él es nuestro Ejemplo.” Reflexioné en ese comentario por un buen rato ese día y luego me encontré pensando. “Oh, debemos compararnos con Cristo. Bueno, ¡ciertamente eso me hace sentir mejor! De aquí en adelante pondré mis obras y mis endebles ofrendas junto a las de él y entonces realmente voy a estar (y seguiré) deprimido.”

El hecho es, que la comparación no funciona; Punto. Mantendremos un sentimiento constante de insuficiencia o cultivaremos un punto de vista no adecuado de nuestra propia importancia. Ninguno es saludable. Aún algunos de los discípulos escogidos de Jesús fueron tentados para buscar posiciones de prominencia, y el Maestro los reprendió con las palabras, “el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (Mateo 20: 26-27; compárese con Marcos 10: 28-41). Jesús mismo fijó la norma y abolió todas las formas de jerarquías espirituales cuando él, el hombre más grandioso que haya cruzado los senderos de la tierra, describió su propio papel como sigue: “yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lucas 20: 27).

Andy Stanley puso todo esto en perspectiva cuando preguntó: “Cuando mueras, ¿te toca ir al cielo si tus buenas obras constituyen el 70 por ciento de todos tus hechos? ¿O el 51 por ciento te concede una calificación aprobatoria? . . . O ¿qué pasa si la santidad y la perfección de Dios sobrepasan a su misericordia y requiere que el 90 por ciento de tus obras sean buenas? ¿Y que tal si Dios califica con la curva y la Madre Teresa torció la curva cósmica, y elevó el nivel para las buenas obras más allá de lo que la mayoría de nosotros somos capaces?” (How Good is Good Enough? páginas 45-46).

Aunque para los Santos de los Últimos Días, la salvación es un asunto familiar, el venir a Cristo por los convenios y cumplir con la voluntad de Dios es una tarea individual. Cuando sea la hora de estar ante el tribunal del juicio, no se va a poner el resumen de nuestras vidas (incluyendo nuestras buenas obras) junto al de alguien más. Somos bautizados uno por uno, confirmados uno por uno, ordenados uno por uno e investidos uno por uno. Y aunque nos arrodillamos en la Casa del Seor frente al amor de nuestra vida en la ordenanza más alta de este lado del cielo, el guardar los convenios del templo, finalmente el asunto de ser conformados a la imagen de Cristo, se efectúa un alma a la vez. Estamos todos juntos en esto. Ninguno de nosotros está exento de los exámenes de la mortalidad o de recibir un adiós en el juego de la vida. Estamos aquí para hacer lo mejor que podamos. La búsqueda de la espiritualidad no quiere decir que debemos ser copiados a la imagen de otro humano, más bien la búsqueda debe ser que Dios, por medio de su Santo Espíritu, nos convierta a usted y a mí en todo lo que él desea que seamos. A través de los aos y después de que el Espíritu Santo haya moldeado nuestros corazones, después de que el Seor haya educado nuestras conciencias, después de que el Espíritu haya madurado nuestro juicio y mejorado nuestra sabiduría, entonces “cuando [Cristo] aparezca, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es” (Moroni 7: 48; compárese con 1 Juan 3: 1-2).


Los Rollos del Mar Muerto

POSTED BY: holzapfel

02/08/10


El mes pasado, Andrew Lawler, publicó un ensayo acerca de los Rollos del Mar Muerto en la revista Smithsonian (“¿Quién Escribió los Rollos del Mar Muerto?” [Enero 2010]: páginas 40-47). A los medios les gusta la controversia, y Lawler la resalta en este interesante ensayo.

Desde los primeros descubrimientos en 1947, los Rollos del Mar Muerto han atraído la imaginación del público, incluyendo a los Santos de los Últimos Días. La importancia del descubrimiento de estos textos en las márgenes noroccidentales del Mar Muerto no puede ser sobre estimada; ya que abren una importante ventana al pasado, particularmente para la época en que la insuficiencia de fuentes hizo que los eruditos se frustraran al tratar de reconstruir el mundo judío del período entre los dos testamentos. También iluminan el mundo de Juan el Bautista y de Jesús de Nazaret, aunque esté en duda que alguno de ellos haya pasado algo de tiempo en el lugar donde se copiaron los rollos.

Al final, se encontraron algunos 800 manuscritos en once cuevas cerca de la margen noroeste del Mar Muerto. Entre ellos estaban las copias más antiguas del Antiguo Testamento, con la excepción del libro de Esther. Además, se hallaron en ese lugar muchos textos desconocidos, lo que aumenta nuestro aprecio por el complejo e interesante mundo del judaísmo durante el período del Segundo Templo. La mayor parte de los manuscritos están escritos en caracteres angulares hebreos (escritura aramea o asiria), pero unos cuantos muestran lo que los eruditos llaman la escritura paleo-hebrea. Las fechas de los manuscritos van desde el ao 300 a. C. hasta justo antes de que los romanos destruyeran el lugar en el ao 68 d. C.

Desde el principio, muchos eruditos creyeron que quienes reunieron, copiaron y escondieron esa biblioteca masiva fueron los esenios, una secta judía del primer siglo, que era conocida, hasta el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto, solamente por lo que otros pueblos habían escrito de ellos. Los eruditos nunca aceptaron de forma unánime esa identificación, aunque la mayoría la ha aceptado razonando que esa es la mejor explicación aplicable al lugar y a los documentos.

En la última parte del debate, se ha alcanzado un consenso. Hay un acuerdo casi universal de que muchos de los rollos encontrados en el Mar Muerto no fueron producidos en ese lugar. Una de las teorías actuales, destacada en el artículo de Lawler, es que los judíos que huían de los avances del ejército romano durante la Guerra Judía, se reunieron en la fortaleza de Qumram, y trajeron con ellos los escritos que creyeron que eran importantes y sagrados. Esta propuesta sugiere que “los rollos muestran no solo los puntos de vista de un solo grupo disidente [los esenios]. . . . sino un panorama más amplio del pensamiento judío” (página 44).

Si alguien ha querido entrar al mundo académico para ver la forma en que los eruditos enfrentan los temas controversiales, este ensayo le sorprenderá y le deprimirá ya que destaca las intrigas de tal debate. Finalmente, el debate respecto a quién escribió los Rollos del Mar Muerto continuará atrayendo la atención, pero posiblemente nunca se resolverá, lo que nos permite considerar todas las posibilidades.


La Jánuca (Hanukkah) y la Navidad

POSTED BY: holzapfel

12/10/09


Este es un blog invitado escrito por Jeffrey R. Chadwick, quien es profesor de Arqueología y Estudios del Cercano Oriente en el Centro de Estudios en Jerusalén. (BYU).

Jánuca,(Hanukkah) la festividad judía de la Dedicación, empieza este viernes al atardecer. La palabra hebrea Jánuca significa realmente “dedicación.” Este año 2009, el festival se celebrará desde el sábado 12 de diciembre hasta el sábado 19 de diciembre. Para los judíos de todo el mundo, este es un período festivo de considerable significado tanto religioso como histórico. Pero también debe ser de importancia para los cristianos, incluyendo a los Santos de los Últimos Días, porque sin los eventos que se celebran en Jánuca no habría Navidad. He aquí la historia: El antiguo pueblo judío de la tierra de Israel enfrentó una grave amenaza cuando Antioco IV, el déspota greco-sirio se convirtió en rey del Imperio Seléucida en el año 175 a.C. En ese tiempo Siria controlaba a Judea, pero los judíos habían sido tratados con tolerancia por los anteriores gobernantes sirios. Sin embargo, Antioco IV se consideraba como una deidad griega en forma humana (inclusive adoptó el nombre de Epífanes), y se fijó la meta de convertir a todos los pueblos de su reino a la adoración de todos los dioses griegos.

Buscando imponer esta meta entre los judíos, Antioco hizo que sus tropas ocuparan Jerusalén y el templo judío, reemplazando las ceremonias que honraban al Dios de Israel con ritos paganos, y convirtiendo el edificio en un lugar sagrado para Zeus. El templo fue profanado. Se sacrificaron cerdos en su altar por sacerdotes falsos como muestras de desprecio a la ley de Moisés y a los valores judíos.

La religión judía en general fue proscrita. Se confiscaron las escrituras (los libros de lo que ahora llamamos el Antiguo Testamento) y fueron quemadas. Las ordenanzas y prácticas judías, como la circunsición y las oraciones al Señor, se convirtieron en crímenes capitales. El libro histórico de 1 Macabeos reporta que “bajo el decreto, los sirios ejecutaban a las mujeres que habían circuncidado a sus hijos, colgando a sus hijos alrededor de sus cuellos y destruyendo a sus familias y a los hombres que habían efectuado la circuncisión.” (1 Macabeos 1: 60) De no haber sucedido algo que cambiara el curso del programa de genocidio cultural de Antioco contra los judíos, su religión y su identidad habrían sido arrasadas en unas pocas generaciones.

Pero algo sucedió. En el año 167 a.C. Inspirados por una familia de sacerdotes de Aarón conocidos como los asmoneos, el pueblo de Judea se rebeló contra los ocupantes sirios. La guerra de independencia fue dirigida por un sacerdote asmoneo conocido como Judas Macabeo. La insurrección, conocida como la Revolución Asmonea o como la Revolución Macabea, cobró fuerza y tuvo éxito al rechazar a las fuerzas sirias. Para el mes invernal de Kislev (alrededor de nuestro diciembre) en el año 164 a.C., los revolucionarios judíos habían recuperado el monte del templo en Jerusalén y lo liberaron de los sirios paganos. Al continuar la guerra, las fuerzas macabeas expulsaron a los sirios de la tierra de Israel.

Habiendo liberado a Jerusalén, los judíos se dedicaron a limpiar y volver a dedicar su santo templo. De acuerdo con la tradición de los rabinos que está registrada en el Talmud (TB Shabbat 21:b) cuando los sacerdotes asmoneos entraron al templo solamente encontraron una jarra de aceite de oliva consagrado para encender durante un solo día la lámpara de siete brazos (el menorah) en el lugar santísimo del templo. Pero ansioso por volver a dedicar el edificio, el sumo sacerdote vació el aceite en las siete tazas de los brazos del menorah y las encendió. El aceite que era suficiente para un día ardió durante ocho días completos, tiempo suficiente para fabricar y consagrar nuevo aceite. Esto fue visto como un milagro y una señal de que Dios había estado con los judíos al establecer su libertad y al salvar su religión y su identidad. El período de dedicación de ocho días se ha celebrado por los judíos en Israel, y eventualmente en todo el mundo, desde ese mismo año hasta la actualidad, empezando el día 25 de Kislev, siempre se le ha conocido como el festival de Jánuca, la “fiesta de dedicación”.

Los judíos modernos hacen varias cosas en sus celebraciones de Jánuca. La primera, y la más importante, es el encendido de las luces de Jánuca. Un menorah de Jánuca (candelabro de nueve brazos conocido en hebreo como Hanukiah) es el principal instrumento de la ceremonia. Se colocan velas pequeñas o frasquitos con aceite de oliva en los brazos del menorah, uno de los cuales es más alto que los demás. La primera noche de Jánuca, se enciende la vela elevada (conocida como Shamash) junto con otra vela que representa el primer día de Jánuca. La segunda noche se encienden el Shamash y dos velas, el tercero se encienden tres y así sucesivamente hasta que que en la octava noche de Jánuca se han encendido el Shamash y las ocho velas. El Hanukiah encendido se coloca todas las noches en una ventana para que toda la comunidad puedan ver que la familia judía está celebrando el festival.

Otras actividades de Jánuca incluyen la preparación y el consumo de alimentos fritos en aceite, como las ‘latkes’de papas (tortas de papa fritas y condimentadas) y unas donas conocidas como ‘sufganiot’. El freír en aceite es un recordatorio del milagro del aceite. La antigua práctica de dar monedas a los niños para que las gasten en Jánuca ha evolucionado para convertirse en una tradición de dar regalos durante la temporada festiva. Los niños juegan con un trompo pequeño de cuatro lados llamado ‘dreidel’. Algunas veces a Jánuca se le considera un festival menor, pero eso se debe solamente porque no está incluído en el Torá (la ley de Moisés de las escrituras). En la práctica, es una festividad judía muy querida y celebrada ampliamente.

Para quienes celebran la Navidad cada diciembre les puede resultar de interés saber que Jesús, que era un judío genuino, viajó a Jerusalén para celebrar la Jánuca. En el evangelio de Juan dice “Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.” (Juan 10: 22-23). Jesús honró la fiesta de Jánuca de la misma forma en que honró la Pascua y otras festividades: le enseñó al pueblo acerca de Su propia identidad y misión divinas.

Los cristianos también deben tomar en cuenta lo siguiente: Si no hubiera habido una revolución asmonea, y si Jerusalén y el templo no hubieran sido liberados y vueltos a dedicar — o sea, si Antioco y los sirios hubieran tenido éxito en arrasar la religion y la identidad judías— entonces no hubiera habido una aldea llamada Nazaret, ni una ciudad de David llamada Belén. No habría una nación judía que esperara la venida de ese Redentor. ¡No hubiera existido el escenario para el nacimiento y la vida de Jesús de Nazaret!

Pero, gracias sean dadas al cielo, hubo una revolución, y la nación judía no solo sobrevivió sino que prosperó. Y como consecuencia de dichos eventos, se preparó el camino para la primera Navidad. Parece ser apropiado que en esta temporada nos unamos en desearnos mutuamente “Felices Fiestas” Feliz Jánuca” y “Feliz Navidad” para todos.


La Temporada del Adviento

POSTED BY: holzapfel

12/07/09


Blog invitado escrito por Eric D. Huntsman, profesor asociado de escrituras antiguas en BYU
La palabra Adviento se deriva del latín Adventus, que significa “llegada” o “aparecerse en persona”. Comenzando el primer domingo de los cuatro que preceden a la Navidad, el Adviento ayuda a los cristianos no solamente a celebrar la Primera Venida de Jesucristo, sino que también a ver hacia el futuro a Su gloriosa Segunda Venida. Aunque las costumbres del Adviento sean desconocidas para muchas personas, al igual que muchas otras tradiciones de ésta época son una manera magnífica de volver nuestra atención más completamente al verdadero significado de la Navidad.

Muchas de las tradiciones del Adviento vienen de Alemania, en donde Martín Lutero alentó su observancia continua como una mejor manera de enseñar a los niños y a las familias acerca de la importancia de la venida de Jesucristo. Se observó allí tanto por los católicos romanos como por los luteranos y se ha vuelto una celebración común en muchas comunidades cristianas por todo el mundo.

Una de las costumbres más conocidas del Adviento es la del encendido de las velas de la corona de Adviento, o sea una corona de hojas perennes adornada con cuatro velas alrededor y una vela blanca en el centro. La corona misma representa el “círculo que no tiene fin” del amor de Dios, que Él es el mismo para siempre en cuanto a Su amor por Su pueblo. El verde de la corona, como en el árbol de Navidad, representa la esperanza de la vida eterna que viene por medio de Cristo y nos recuerda la frescura del amor de Dios y Sus promesas. La luz de las velas nos recuerda que Jesús es la Luz del Mundo, que Su nacimiento representó la llegada de la luz entre las tinieblas, y que se nos ha pedido que esa luz se refleje en nuestra vidas.

Las velas exteriores son de color púrpura, o sea el color de la realeza, aunque por costumbre la tercera es de color rosa. Las tradiciones difieren en cuanto al simbolismo de las velas. Una es que representan la esperanza, el amor, el gozo y la paz que vienen por medio de Jesucristo. Cada domingo previo a la Navidad se enciende una vela adicional, y eso crea un hermoso efecto escalonado ya que las velas de la semana anterior se han consumido más. Como parte del encendido se pueden leer las escrituras y cantar villancicos; nosotros lo hacemos antes de la oración familiar. Las cuatro velas también pueden representar los diferentes convenios del Antiguo Testamento que Dios hizo con sus siervos, empezando con Noé y siguiendo con Abraham, Moisés y David. La vela blanca del centro se conoce como la vela de Cristo. Se enciende en la Nochebuena y en la Navidad y representa el nuevo convenio que es posible a través de Cristo.

Aunque observar el Adviento no es parte formal de la tradición SUD, las personas y las familias las pueden adaptar y usar esas tradiciones para su propio uso. En un reciente programa de Navidad de la Primera Presidencia, el Presidente Dieter F. Uchtdorf habló positivamente de las tradiciones del Adviento con las que creció en Alemania, y lo mismo han hecho otros conversos a la Iglesia. Al principio de nuestro matrimonio, mientras mi esposa y yo estábamos desarrollando nuestras propias tradiciones familiares, la observancia del Adviento mejoró nuestra temporada navideña, y en años recientes hemos visto que es una gran manera de enseñar a nuestros hijos, de compartir experiencias espirituales con ellos, y mantenerlos enfocados en el verdadero significado de la Navidad.

Para las familias SUD, se puede adaptar el Adviento al leer no solamente del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento sino también del Libro de Mormón y de la Perla de Gran Precio (vea nuestra selección en mi página de Internet). No todas las familias desearán observar las costumbres del Adviento, pero disfrutar de buena música y de la lectura de las escrituras en los domingos del Adviento puede ser edificante y brindar reflexiones significativas en esta temporada.


La Semana Educativa del Campus universitario

POSTED BY: holzapfel

08/14/09


Blog escrito por Brent L. Top, profesor de historia de la Iglesia y doctrina en BYU.

Cada mes de agosto en Provo ocurre un milagro. Lo he visto con mis propios ojos. De hecho, no sólo he sido observador, sino también participante. Ese milagro es la Semana Educativa del Campus. La Universidad Brigham Young se transforma de la noche a la mañana. Cada año, durante una semana, aulas normalmente llenas de jóvenes adultos se llenan de canosos abuelitos y abuelitas, mamás agotadas entusiasmadas de tener un poco de tiempo para ellas, ansiosos adolescentes deseando conocer nuevas amistades, y papás con billeteras llenas de dinero y tarjetas para asegurarse de que todos se lo pasen bien. Las autocaravanas o casas rodantes llenan los estacionamientos, y los hoteles de la zona están repletos de familias que están de vacaciones, asistiendo a clases, conciertos, obras de teatro y actividades. Las ofertas de clases son tan variadas como los grupos de edad, cuerpos y circunstancias de la vida. Para cada alumno, bien sea un joven de catorce años que nunca ha estado en un campus universitario, o uno de noventa que jamás se ha perdido una Semana Educativa (y que, normalmente, ni siquiera se toma un descanso para almorzar), hay algo que puede ensanchar el intelecto, fortalecer el espíritu y consolar el alma.

Este milagro es un reflejo del profundo compromiso que los Santos de los Últimos Días tienen con la educación continua, compromiso fundado en las revelaciones de la Restauración y las enseñanzas de los profetas de los últimos días. La educación continua tiene beneficios tanto temporales como espirituales, beneficios que enriquecen nuestra vida en la tierra y nos bendicen por toda la eternidad. Se nos manda que “[busquemos] diligentemente y [nos enseñemos] el uno al otro palabras de sabiduría” (D. y C. 88:118) y que busquemos conocimiento “en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios” (D. y C. 88:78). Además, hemos de aprender “de cosas tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra; cosas que han sido, que son y que pronto han de acontecer; cosas que existen en el país, cosas que existen en el extranjero; las guerras y perplejidades de las naciones. . .; y también el conocimiento de los países y de los reinos” (D. y C. 88:79). Nuestra educación continua debe ser tanto una búsqueda espiritual como lo es una intelectual o vocacional. El Señor nos ha enseñado que el aprendizaje o conocimiento, nos preparará en todas las cosas para magnificar nuestros llamamientos preordenados (véase D. y C. 88:80) y se levantará con nosotros en la resurrección y será para nuestra ventaja en los mundos eternos (véase D. y C. 130:18—19).

A la luz de estas escrituras, no es de extrañar que la educación, tanto la formal como la informal, desempeñe un papel tan importante en las vidas de los Santos de los Últimos Días. Nuestra fe debe propulsarnos hacia delante en la búsqueda de la verdad y el conocimiento de Dios. “Después de todo, todos somos alumnos”, enseñó el presidente Gordon B. Hinckley. “Si llega el día en que paramos de aprender, cuidado. Nos atrofiaremos y moriremos”.

Hay un gran potencial dentro de cada uno de nosotros de continuar aprendiendo. Sin importar nuestra edad, a menos que sea por una enfermedad grave, podemos leer, estudiar y disfrutar de los escritos de maravillosos hombres y mujeres. . . .

Debemos seguir creciendo. Debemos aprender continuamente. Es un mandato divino de que sigamos añadiendo a nuestro conocimiento.

Tenemos acceso a clases de instituto, cursos a distancia, semanas educativas y muchas otras oportunidades en las que, al estudiar y combinar nuestras mentes con las de otros, descubriremos una tremenda reserva de capacidad dentro de nosotros. (Teachings of Gordon B. Hinckley [Salt Lake City: Deseret Book, 1997], 302–3.)

En los últimos veinte años, he sido uno de los muchos maestros en la Semana Educativa del Campus. Siempre es un privilegio participar en ella, porque siempre gano más de lo que doy. Hace que quiera ser mejor. Mi fe en el Señor y mi amor por el Evangelio se fortalecen siempre, al contemplar el milagro de agosto donde miles y miles de Santos de todas las partes del mundo, literalmente “entran para aprender” y luego “prosiguen para servir” [como indica el lema de BYU] en calidad de mejores esposos, esposas, padres, madres, abuelos, hijos e hijas, y consiervos en el reino de Dios. Debido a que sus vidas han sido enriquecidas, son más capaces de servir a los que los rodean en las siguientes semanas, y los siguientes años. Eso es en verdad un milagro.


Buscad conocimiento

POSTED BY: holzapfel

07/13/09


Los Santos de los Últimos Días tienen muy presente una frase de las revelaciones modernas, “buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (Doctrina y Convenios 88:118). Desde el inicio de la Restauración, en la década de los 1820, un tema común en la búsqueda religiosa de José Smith fue la de buscar conocimiento, luz y entendimiento. Cuando él entró en una arboleda, cerca de su casa, para orar en la primavera de 1820, José Smith fue impulsado por su confianza en la promesa bíblica, que se encuentra en Santiago 1:5, de que podía encontrar sabiduría si la buscaba. Esta oración tuvo como resultado la Primera Visión, en la que José vio al Padre y al Hijo, comenzando así un amanecer espiritual inesperado para los hombres y las mujeres contemporáneos de José, aunque anticipado por los profetas y apóstoles de antaño (véase Hechos 3:20-21).

Las verdades del Evangelio continuaron revelándose por medio del joven profeta a medida que él buscó personalmente sabiduría de Dios. Interesantemente, José Smith no sólo oró para adquirir tal sabiduría, sino que también estudió la palabra de Dios y los idiomas del mundo bíblico (por ejemplo, el hebreo y el egipcio), poniendo en práctica el mandato de buscar “conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”. Su ejemplo en este doble esfuerzo estableció un modelo para los Santos de los últimos Días que continúa siendo un desafío para nosotros en la actualidad.

Recientemente, ha surgido una explosión de libros de auto ayuda para “tontos”, o libros para facilitar las cosas. Con menos tiempo en un mundo ajetreado, a menudo buscamos una solución rápida a nuestros problemas, aun cuando se trate del estudio de las escrituras. Sin embargo, cuando se apliquen a la escrituras, estos esfuerzos, aunque populares y bien intencionados, tal vez no eleven el entendimiento de una persona del tema. Mi colega Robert J. Millet opinó hace algún tiempo que necesitamos que las escrituras sean entendibles, no fáciles. Yo no creo que él estuviera jugando semánticamente, sino que estaba identificando una importante diferencia entre los dos enfoques.

Afortunadamente, Joseph Fielding McConkie, profesor emérito de escritura antigua en BYU, nos ayuda a que las escrituras sean más comprensibles, con su último libro Between the Lines: Unlocking Scriptures with Timeless Principles [Entre renglones: Destrabando las Escrituras con Principios Eternos] (Honeoye Falls, NY: Digital Legend, 2009).

Lo que más me gusta de este libro es que me obligó a pensar en cómo leemos y estudiamos las escrituras. A veces, a fin de centrar nuestros pensamientos, es importante considerar cómo y por qué hacemos algo rutinario como leer las escrituras. McConkie no está interesado en los “procedimientos”, tales como qué color de lápices utilizar para marcar las escrituras, o incluso si se deben marcar las escrituras. Su meta es la de realzar nuestro estudio proporcionando “principios eternos que facilitan una comprensión sólida de las escrituras” (viii).

El libro contiene más que sólo ideas sobre el entendimiento de las escrituras. También hay sugerencias concretas. Por ejemplo, el autor sugiere que aprovechemos “diversas Biblias de estudio” (29). Él disfruta de “la ayuda de una Biblia de Estudio Arqueológico, La Biblia de Estudio Judío, La Biblia de Estudio Católico, así como una variedad de Biblias de estudio protestantes” (29) e incluso proporciona una lista breve de tales Biblias de estudio en la sección “Fuentes” (165-66).

Hay momentos graciosos a lo largo del libro, cuando el autor se divierte destacando algunas prácticas un tanto comunes, en las que nos hemos desarrollado a lo largo de los años que, de hecho, tal vez nos hayan desviado del entendimiento de las escrituras. Quizás sea sano reírnos de nosotros mismos de cuando en cuando, especialmente cuando consideramos que todos probablemente hayamos perseverado en nuestra “buena parte de abuso de las escrituras” (viii). Recomiendo este libro para todos los que deseen mejorar la calidad de su estudio y enseñanza de las escrituras.


El sueño de un patriota

POSTED BY: holzapfel

07/02/09


Blog escrito por Robert C Freeman, profesor de Historia de la Iglesia y Doctrina en BYU.

Que toque la banda, que se prepare la parrilla para la barbacoa y vayamos a nuestro espectáculo favorito de fuegos artificiales. Este mes, los Santos de los Últimos Días en Estados Unidos se unirán al resto del país en la celebración del nacimiento de la nación. Desde hace quince años, he colaborado en recolectar relatos de miembros de la Iglesia que han servido en las fuerzas armadas (www.saintsatwar.org).

Los Santos de los Últimos Días tienen una larga historia de patriotismo en sus respectivos países, incluyendo los Estados Unidos. Los sentimientos de lealtad a los principios de la Constitución de Estados Unidos fueron apoyados por el mismo José Smith. Él dijo, “Soy el mayor defensor de la Constitución de los Estados Unidos en toda la tierra. En mis sentimientos existe la disposición de estar siempre listo para morir en defensa de los justos derechos del débil y del oprimido. El único defecto que hallo en la Constitución es que carece de la amplitud suficiente para abarcar todo el terreno” (Enseñanzas del Profeta José Smith, comp. Joseph Fielding Smith [SLC: Deseret Book, 1976], 402, 403). La percepción del Profeta sobre la necesidad de la Constitución de ser más amplia es interesante, cuando uno considera que él murió mucho antes de que se añadieran aditamentos constitucionales tan cruciales como las enmiendas sobre los derechos civiles (trece, catorce y quince) y la enmienda número diecinueve, que otorga el derecho de voto a las mujeres.

En la actualidad, los Santos de los Últimos Días estadounidenses son más patriotas que nunca. La ciudad de Provo, Utah, donde se encuentra la Universidad Brigham Young, hace alarde de una de las celebraciones del Cuatro de Julio más importantes del país, The Freedom Festival, [El Festival de la Libertad]. Claro está que la influencia de la Iglesia abarca toda la tierra, lo cual nos induce a considerar algunas preguntas importantes, como por ejemplo, ¿qué significa patriotismo en vista de la globalidad de la Iglesia? Ciertamente tenemos la obligación de mantener una perspectiva adecuada sobre el patriotismo. Festejamos estas celebraciones porque ésta es la tierra de nuestros padres y la tierra para nuestros hijos. Abrazamos todo aquello que es bueno de nuestro país y esperamos marcar una diferencia en asuntos de libertad, tanto a nivel nacional como en el extranjero. Apoyamos los principios de libertad e igualdad donde sea que estén siendo atacados.

Hace unas décadas, durante el bicentenario de la fundación de los Estados Unidos, el presidente Spencer W. Kimball habló de las tendencias militares de la humanidad moderna: “Somos un pueblo guerrero que fácilmente se distrae de su asignación de prepararse para la venida del Señor. Cuando tenemos que enfrentarnos a un enemigo, dedicamos vastos recursos a la fabricación de los dioses de piedra y acero; barcos, aeroplanos, cohetes, fortificaciones; y de todas estas cosas dependemos para nuestra protección y liberación. Cuando nos sentimos amenazados, formamos un frente común en contra del enemigo en lugar de alinearnos en batalla en el reino de Dios. Entrenamos a un hombre en el arte de la guerra y lo tildamos de patriota, falsificando así el verdadero patriotismo al estilo de Satán, y pervirtiendo las enseñanzas del Salvador” (“Dioses falsos”, Liahona, agosto de 1977, pág. 4)

El élder Dallin H. Oaks también advirtió de otros riesgos de patriotas demasiado fanáticos cuando dijo, “El amor a la patria es ciertamente un punto fuerte, pero cuando es desmedido, puede convertirse en la causa de la ruina espiritual. Hay algunos ciudadanos cuyo patriotismo es tan intenso y excesivo que parece opacar cualquier otra responsabilidad, incluso la de la familia y la Iglesia” (“Nuestros puntos fuertes se pueden convertir en nuestra ruina”, Liahona, mayo de 1995, pág. 20).

Tales enseñanzas nos recuerdan la necesidad de refinar nuestro patriotismo para asegurarnos de que es genuino y de que se encuentra dentro de los límites del Señor. El verdadero patriotismo trae honor a cualquier nación que abrace la libertad. Esas libertades hacen falta a fin de que el reino de Dios florezca entre el pueblo del Señor. Hay mucho que celebrar por nuestro bendito país y por los otros países que luchan por la libertad. ¡Que comiencen los fuegos artificiales!


Dios ha vuelto

POSTED BY: holzapfel

05/27/09


En los últimos doscientos años, los pensadores europeos como Karl Marx, Emile Durkheim y Max Weber creían que la religión estaba destinada al fracaso y que Dios estaba muerto; sin embargo, la historia siempre parece sorprendernos. Pocos líderes políticos y académicos del pasado habrían imaginado que la gente de fe y sus instituciones jugarían un papel tan importante en el mundo de hoy. Aun los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 demuestran que, sin importar en donde viva uno, es importante entender lo que se enseña en una escuela religiosa de Arabia Saudita. Además, las elecciones presidenciales de Estados Unidos en el 2008, revelaron que las creencias religiosas todavía son importantes, aunque la Constitución Norteamericana no requiere de ninguna prueba religiosa para aquellos que buscan un puesto público (el artículo VI, sección 3, declara, “jamás se requerirá prueba religiosa alguna como requisito para cualquier oficio o puesto público en los Estados Unidos”).
Uno de los últimos esfuerzos por comprender cómo y por qué la fe está rebotando en la cara del laicismo dominante y profundo es la obra de John Micklethwait y Adrian Wooldridge, titulada God is Back: How the Global Revival of Faith Is Changing the World (New York: Penguin, 2009) [Dios ha vuelto: Cómo está cambiando al mundo el resurgimiento global de la fe]. Como algo interesante, los Santos de los Últimos son mencionados en varias ocasiones (véase las Págs. 18, 19, 65, 115, 124, 229, 233, 350, 357, 371).

Los autores describen sus esfuerzos como un “largo viaje” y añaden, “Sin duda, el mensaje general [de este libro] deprimirá a muchos laicistas; en ocasiones nos ha deprimido a nosotros también. Han ocurrido algunas cosas terribles en el nombre de Dios en este siglo. Indudablemente hay más en el camino”. Concluyen, “De forma desigual y gradual, la religión se está convirtiendo en una cuestión de elección – algo en que las personas deciden si creen (o no)” (372). Este modelo, en el que la elección juega un papel fundamental en la decisión de creer o no creer, es cabalmente americano. De ahí que la ola del futuro es el modelo americano, en el que no existe ninguna iglesia establecida del estado y en el que la gente decida por sí misma en lo que van a creer.

El libro ofrece información bastante sorprendente, como:

  • “Para el 2050, China bien podría ser la nación musulmana más grande del mundo, así como la cristiana más grande” (5).
  • “Muchos conflictos antiguos han adquirido un matiz religioso. La perniciosa guerra de sesenta años por Palestina comenzó como un asunto principalmente laico. . . . En la actualidad, en la era de Hamas, colonos judíos y sionistas cristianos, el conflicto israelí-palestino se ha vuelto mucho más sectario y polarizado, con cada vez más gente reclamando que Dios está de su lado” (13).
  • Una encuesta de 2006—quince años después de la caída del régimen soviético—descubrió que el 84 por ciento de la población rusa creía en Dios, mientras que sólo el 16 por ciento se consideraban ateos” (13).
  • La mayoría [de las estadísticas] parecen indicar que la tendencia global hacia el laicismo se ha detenido, y bastantes indican que la religión está al alza. Una estimación sugiere que la proporción de personas ligadas a las cuatro religiones más grandes del mundo – Cristianismo, Islam, Budismo e Hinduismo—aumentaron de un 67 por ciento en 1900 a un 73 por ciento en 2005 y para el año 2050 podrían alcanzar un 80 por ciento” (16). “Se mire como se mire, la fe tiene más probabilidades de afectarle a uno que antes, bien sea porque es parte de su vida o porque es parte de la vida de alguien a su alrededor – sus vecinos, sus compañeros de trabajo, hasta sus gobernantes o la gente que intentan derrocarlos” (24).
  • Un estudio riguroso sobre las creencias religiosas americanas . . . demuestra claramente que el país más poderoso del mundo es uno de los más religiosos. Más de nueve de cada diez americanos (92 por ciento) creen en la existencia de Dios o de un espíritu universal” (131).
  • “Los científicos sociales han producido muchas evidencias de que la religión es buena para uno . . . Daniel Hall, doctor del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh, ha descubierto que la asistencia semanal a la iglesia puede añadirnos de dos a tres años de vida, [resultando en] ‘una expectativa de vida sustancialmente mayor’”(146)
  • “La religión también parece estar relacionada con la felicidad. Uno de los resultados más impactantes del sondeo regular de Pew es que los americanos que asisten a servicios religiosos una o más veces a la semana son más felices (43 por ciento muy felices) que aquellos que asisten mensualmente o menos (31 por ciento) o que rara vez o nunca (26 por ciento)” (147).
  • “La religión puede combatir el mal comportamiento así como promover el bienestar” (147).
  • “La religión parece proporcionar lazos sociales. . . . Las iglesias ofrecen un lugar seguro, en el que la gente puede conocerse y combinar información y experiencia. Ponen en contacto a personas con problemas y a las personas con soluciones” (148—149).

Al final, los autores nos recuerdan lo equivocados que han estado los expertos del pasado acerca de Dios y la religión, incluyendo a Peter Berger, quien aseguró al New York Times en 1968 que para “el siglo XXI, los creyentes religiosos se encontrarán probablemente en pequeñas sectas, agrupados para resistir una cultura laica mundial” (52).


¡Hosanna!

POSTED BY: holzapfel

03/26/09


Templo de Kirtland

Recientemente, muchos santos asistieron a uno de los servicios de dedicación Templo en Draper Utah, el templo en funcionamiento número 129, que se llevaron a cabo los días 20 al 22 de Marzo. Además, decenas de miles participaron en la sesión del domingo por la tarde mediante una transmisión vía satélite a centros de reuniones y estacas de todo Utah. Para muchos, fue un día señalado lleno de entusiasmo, gratitud y una gran renovación espiritual.

Una característica importante de las dedicaciones de los templos es el sagrado Grito de Hosanna, dado por primera vez en el templo de Kirtland el 27 de marzo de 1836 (mañana se cumple el aniversario de su dedicación). Esta poderosa expresión de alabanza y adoración se ha repetido en todas las dedicaciones de templos, incluyendo el templo de Draper.

Hace unos años, hice una investigación sobre la historia del Templo de Salt Lake. Descubrí que el sagrado Grito de Hosanna se dio por primera vez el 6 de abril de 1892, en la ceremonia de la colocación de la piedra de coronación y, por segunda vez, en los muchos servicios de dedicación que comenzaron el 6 de abril de 1893.

En la ceremonia de la piedra de coronamiento, el presidente George Q. Cannon, consejero de la Primera Presidencia, dijo que “para que no haya ningún malentendido sobre la manera en que debe darse el Grito de Hosanna cuando se coloque la piedra de coronamiento, el presidente Snow capacitará a la congregación con respecto al grito”. Entonces el presidente Snow dijo, “Éste no es ningún orden común y corriente, sino que es -y deseamos que se entienda muy claramente– un grito sagrado, y se emplea solamente en ocasiones extraordinarias, tal como la que tenemos ahora”. Les alentó con las siguientes palabras: “Deseamos que los Santos sientan, al dar este grito, que viene de su corazón. Hagan que sus corazones estén llenos de agradecimiento”, y agregó, “Ahora bien, cuando estemos ante el templo y salga este grito, queremos que todo hombre y toda mujer griten estas palabras con toda la fuerza de su voz, de manera que tiemble cada casa de esta ciudad, que lagente en cada rincón de esta ciudad lo oigan y llegue a los mundos eternos”. Finalmente, les dijo a la congregación que el grito sagrado “se dio en los cielos cuando ‘se regocijaban todos los hijos de Dios’ [Job 38:7]”.

Con respecto a este grito, B. H. Roberts escribió, “Cuando lo proclaman miles y a veces decenas de miles al unísono, y con toda su fuerza, es de lo más impresionante e inspirador. Es imposible permanecer indiferente en tal ocasión. Parece que llena [el lugar] con ondas sonoras poderosas; y el grito de los hombres que van a la batalla no puede ser más conmovedor. Da un desahogo maravilloso a las emociones religiosas y le sigue un sentimiento de asombro reverente, un sentido de unidad con Dios”.

Se calcula que asistieron unas cincuenta mil personas a esta ocasión especial en la Manzana del Templo, con miles más mirando desde los tejados, ventanas y aún desde los postes de electricidad colindantes. Las calles cercanas al templo estaban llenas de personas que trataban de ser testigos de los eventos de aquel día. “Había tal aglomeración de gente, que todos fueron casi atropellados”, apuntó Joseph Dean. “La calle entera era una marea humana. Después de que la gente se hubo colocado lo mejor posible en su lugar, las ceremonias dieron comienzo”. Fue la mayor concurrencia de la historia de Utah, un record que no fue superado en varias décadas.

Cuando el bloque de granito quedó colocado en lo más alto del templo, el presidente Snow dirigió a los Santos en el grito “¡Hosanna! ¡Hosanna! ¡Hosanna! ¡A Dios y al Cordero! ¡Amén! ¡Amén! ¡Amén!”. Esta alabanza de agradecimiento se repitió tres veces con aumentada fuerza mientras los participantes ondeaban pañuelos blancos. “El espectáculo y el efecto de esta manifestación unida”, escribió un testigo, “fue indescriptiblemente grandiosa, avivándose las emociones de la multitud a la mayor intensidad de devoción y entusiasmo”.

John Lingren, un visitante de Idaho Falls, comentó, “La escena. . . [superó] la capacidad de la lengua para poder describir. . .Los ojos de miles estaban humedecidos de lagrimas en la plenitud de su gozo. Parecía que el suelo temblaba con el volumen del sonido que enviaba sus ecos hacia los cerros cercanos”. Otro testigo escribió, “Todos gritaron con toda la fuerza que pudieron, ondeando sus pañuelos; el efecto fue indescriptible”.

Un año después, el 6 de abril de 1893, la Iglesia realizó el primero de los servicios de dedicación.Cuando el gran himno, ‘El Espíritu de Dios’, fue interpretado por la congregación”, escribió el conocido fotógrafo de Utah y miembro del Coro del Tabernáculo, Charles R. Savage, “me entró un sentimiento diferente a cualquier otro que jamás haya experimentado. El Grito de Hosanna fue algo para recordar por mucho tiempo y no creo que vuelva a oírlo en esta vida”.

El servicio incluyó la oración dedicatoria ofrecida por el presidente Woodruff, discursos por la Primera Presidencia y la proclamación del inspirador y sagrado Grito de Hosanna con “toda la congregación de pie y ondeando sus pañuelos blancos unánimemente”, escribió Francis Hammond. Para el hermano Hammond, “parecía que las huestes celestiales habían descendido para estar entre nosotros”. Emmeline B. Wells apuntó: “Este grito de Hosanna tocó el corazón de la gran multitud y resonó grandiosamente por el magnífico edificio; los Santos estaban tan pletóricos y embelesados en su regocijo, que sus rostros brillaban de alegría y todo el lugar parecía glorificado y santificado en reconocimiento de la consagración hecha en esa ocasión tan especial e inolvidable”.

L. John Nuttal escribió que el grito se “proclamó con gran fuerza; mi corazón y alma estaban tan llenos del Espíritu del Señor, que apenas podía contenerme”. Al terminar el conmovedor grito, el coro inmediatamente comenzó a cantar un himno especialmente compuesto para la ocasión. Thomas Griggs, miembro del coro, escribió, “el coro cantó ‘el Himno Hosanna’ del hermano Evan Stephen, uniéndose la congregación en la última parte con ‘El Espíritu de Dios’”.

Cantemos, gritemos, con huestes del cielo

¡Hosanna, Hosanna a Dios y Jesús.

A Ellos sea dado loor en lo alto,

de hoy para siempre, ¡amén y amén!

El efecto combinado de unas dos mil quinientas personas de pie en el salón de asambleas superior del templo, todas juntas en el sagrado grito y cantando el himno de dedicación, fue poderosísimo. Muchos participantes lloraron incontrolablemente; otros no podían acabar el himno al estar tan emocionados por el espíritu de la ocasión.

James Bunting dijo, “Sería en vano para mí intentar describir el interior del templo o describir el sentimiento celestial que hubo en todos esos momentos”. Otro relato indicó simplemente, “Cada uno debe ver, oír y sentir por sí mismo”.

El presidente Woodruff posteriormente contó a una congregación de Santos que “las Huestes Celestiales estuvieron presentes en el [primer servicio de] dedicación . . . y si los ojos de la congregación pudieran abrirse, habrían visto reunidos con nosotros a José y Hyrum [Smith], Brigham Young, John Taylor y todos los buenos hombres que habían vivido en esta dispensación, así como también a Esaías, Jeremías y todos los Santos Profetas y Apóstoles que habían profetizado de la obra de los últimos días”. El presidente Woodruff continuó, “Ellos estaban regocijándose con nosotros en este edificio, que fue aceptado por el Señor y [cuando] el grito [de Hosanna] llegó al trono del Todopoderoso”, ellos también se unieron en el grito de gozo.

A medida que se construyen nuevos templos, más y más Santos de los Últimos Días estarán en posición de participar en un servicio de dedicación de un templo, permitiéndoles gritar alabanzas al Señor.


Pueblo de Paradojas

POSTED BY: holzapfel

03/11/09


Recientemente, el Departamento de Historia y Doctrina de la Iglesia de BYU patrocinó una ponencia ofrecidas por Terryl L. Givens, profesor de literatura y religión y por James A Bostwick, Director del Departamento de Inglés de la Universidad de Richmond. Estas oportunidades permiten al profesorado de BYU relacionarse con reconocidos profesores de todo el mundo.

Durante la semana en que nos visitó, yo estuve particularmente interesado en una de las ponencias. Fue una continuación de su libro Pueblo de Paradojas: Una Historia de la Cultura Mormona (New York: Oxford University Press, 2007). Recomiendo el libro por sus profundas reflexiones sobre el mormonismo y los mormones. ¡Es un logro extraordinario. Recordarán que una paradoja es “una declaración aparentemente contradictoria que no obstante puede ser verdad” (The American Heritage Dictionary of the English Language). A menudo he sido atraído a tales tensiones, pero he llegado a sentirme muy cómodo con el concepto de las paradojas desde que me di cuenta que la mayor de las paradojas es la verdad de que Jesús murió para que nosotros pudiéramos vivir.

Givens comenta primero “La polaridad del autoritarismo y el individualismo” (xiv), seguido por el contraste entre las Enseñanzas del Profeta acerca de lo que ya sabemos y un ambicioso “programa de aprendizaje eterno” (xv).

A continuación, aborda la perspectiva del Profeta de que “Dios es un hombre exaltado, y el hombre un Dios en embrión”. Declara Givens: “La paradoja que resulta se manifiesta en las recurrentes invasiones de lo banal hacia el mundo de lo santo y la infusión de lo sagrado hacia el mundo de lo cotidiano” (xv). Luego habla de las “dos tensiones relacionadas en el mormonismo: el exilio y la integración, y un Evangelio visto como americano y a la vez universal” (xv).

Durante su tiempo con el profesorado, Givens comentó aun otra paradoja – El “Impulso Conflictivo de la asimilación e innovación” que tenía el Profeta. Creo que tiene razón en este aspecto. Los Santos de los últimos Días tienen la tendencia de resaltar las innovaciones del Profeta (él restauró doctrinas que habían “estado escondidas desde antes de la fundación del mundo” (Doctrina y Convenios 124:41); sin embargo, José Smith también asimiló la verdad del mundo a su alrededor, cuando dijo: “[Si los] Presbiterianos [tienen] una verdad, la abrazamos. Los Bautistas, los Metodistas, etc., obtengan todo lo bueno del mundo [y] saldrá un mormón puro” (The Words of Joseph Smith [Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1980], 234). No nos haría mal identificar esas verdades que él encontró en otras tradiciones religiosas, prestando atención a cómo las adoptó y las adaptó, como parte del mensaje que proclamó. Esto en ninguna manera disminuye el torrente de revelación que constantemente bajó del cielo sobre él como el ungido del Señor.

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