Solamente los Ciegos Ven

POSTED BY: Robert L. Millet

10/18/10


El evangelio de Jesucristo son las grandes nuevas, las alegres nuevas de que si ejercemos nuestra fe en Jesucristo y su Expiación, unida a nuestro arrepentimiento que emana de ella, podemos ser perdonados de nuestros pecados y justificados o hechos rectos con Dios. De ese modo, nuestra posición delante del Todopoderoso ha sido cambiada de una de ira divina a una de favor celestial y aceptación; hemos cruzado el sendero de muerte a vida (ver Romanos 5: 9-10). “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Seor Jesucristo” (Romanos 5: 1). O, como Pedro lo enseó: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte a su debido tiempo, echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5: 6-7; énfasis agregado). Seguramente este es el caso de que podemos poner nuestras cargas sobre el Seor porque él tiene cuidado de nosotros; esto es, porque nos ama. Pero percibo que Pedro intenta algo más en este pasaje. Podemos darle a quien es el Bálsamo de Galaad, nuestras preocupaciones, ansiedades, inquietudes y temores, ya que el nos cuidará, o sea, él se encargará de nosotros. Es como si Pedro nos hubiera aconsejado: “No se preocupen. No estén tan ansiosos. Dejen de estrujarse las manos. Permitan que Jesús lleve la carga y ustedes tengan la paz.” Eso es lo que C. S. Lewis quiso decir cuando sealó que “si usted realmente se ha entregado a Él, lo que sigue es que usted esté tratando de obedecerlo. Pero haciéndolo de una nueva manera, menos preocupada” (Mere Christianity, páginas 130-131; énfasis agregado).

Después de sanar a un ciego, Jesús les habló muy claramente a los fariseos que eran rectos en su propia opinión: “Yo, para juicio he venido a este mundo, para que los que no ven, vean, y los ven, sean cegados” ¡Qué declaración tan singular! Pero va al centro de lo que hemos estado comentando — la necesidad de que reconozcamos nuestra necesidad.— Quienes han aceptado a Cristo y su evangelio salvador llegan a ver las cosas tal como son. Una vez eran ciegos, pero ahora ven. Quienes deciden permanecer en su estado engreído de auto-seguridad, creyendo que ven claramente todo, estos son los que continúan caminando en la obscuridad. Por lo tanto, Jesús concluyó: “Si fuerais ciegos, no tendrías pecado; pero ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece” (Juan 9: 39, 41).

Fue Jacob, el hijo de Lehi, quien escribió que los “que se inflan a causa de su conocimiento y su sabiduría y sus riquezas, sí, éstos son los que él [El Santo de Israel] desprecia; y a menos que desechen estas cosas, y se consideren insensatos ante Dios y desciendan a las profundidades de la humildad, él no les abrirá” (2 Nefi 9: 42; compárese con 1 Corintios 3: 18; 4: 10; y 8: 2). Por otra parte, “los pobres en espíritu” quienes se consideran en la bancarrota espiritual si no tienen la ayuda celestial y el favor divino, esos son los que vienen a Cristo y aceptan su ofrenda sagrada, son quienes heredan el reino de los cielos (véase Mateo 5: 3 y 3 Nefi 12: 3).

Seamos sabios y honestos: No podemos hacerlo por nosotros mismos. No podemos levantarnos con nuestros propios esfuerzos espirituales. No somos lo suficientemente brillantes o poderosos para llevar a cabo el gran cambio que se necesita para ver y entrar en el reino de Dios. No podemos realizar la cirugía de nuestro propio ojo. No podemos forzar nuestra entrada por las puertas de la Jerusalén celestial. No podemos hacernos felices a nosotros mismos ni lograr nuestra satisfacción. Pero sí podemos “buscar a este Jesús de quien han escrito los profetas y apóstoles, a fin de que la gracia de Dios el Padre, y también del Seor Jesucristo, y del Espíritu Santo, que da testimonio de ellos, esté y permanezca en [nosotros] para siempre jamás” (Eter 12: 41). Entonces todas estas cosas nos serán aadidas (ver Mateo 6: 33). Esa es la promesa, y yo afirmo que es verdadera.


Buscad conocimiento

POSTED BY: holzapfel

07/13/09


Los Santos de los Últimos Días tienen muy presente una frase de las revelaciones modernas, “buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (Doctrina y Convenios 88:118). Desde el inicio de la Restauración, en la década de los 1820, un tema común en la búsqueda religiosa de José Smith fue la de buscar conocimiento, luz y entendimiento. Cuando él entró en una arboleda, cerca de su casa, para orar en la primavera de 1820, José Smith fue impulsado por su confianza en la promesa bíblica, que se encuentra en Santiago 1:5, de que podía encontrar sabiduría si la buscaba. Esta oración tuvo como resultado la Primera Visión, en la que José vio al Padre y al Hijo, comenzando así un amanecer espiritual inesperado para los hombres y las mujeres contemporáneos de José, aunque anticipado por los profetas y apóstoles de antaño (véase Hechos 3:20-21).

Las verdades del Evangelio continuaron revelándose por medio del joven profeta a medida que él buscó personalmente sabiduría de Dios. Interesantemente, José Smith no sólo oró para adquirir tal sabiduría, sino que también estudió la palabra de Dios y los idiomas del mundo bíblico (por ejemplo, el hebreo y el egipcio), poniendo en práctica el mandato de buscar “conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”. Su ejemplo en este doble esfuerzo estableció un modelo para los Santos de los últimos Días que continúa siendo un desafío para nosotros en la actualidad.

Recientemente, ha surgido una explosión de libros de auto ayuda para “tontos”, o libros para facilitar las cosas. Con menos tiempo en un mundo ajetreado, a menudo buscamos una solución rápida a nuestros problemas, aun cuando se trate del estudio de las escrituras. Sin embargo, cuando se apliquen a la escrituras, estos esfuerzos, aunque populares y bien intencionados, tal vez no eleven el entendimiento de una persona del tema. Mi colega Robert J. Millet opinó hace algún tiempo que necesitamos que las escrituras sean entendibles, no fáciles. Yo no creo que él estuviera jugando semánticamente, sino que estaba identificando una importante diferencia entre los dos enfoques.

Afortunadamente, Joseph Fielding McConkie, profesor emérito de escritura antigua en BYU, nos ayuda a que las escrituras sean más comprensibles, con su último libro Between the Lines: Unlocking Scriptures with Timeless Principles [Entre renglones: Destrabando las Escrituras con Principios Eternos] (Honeoye Falls, NY: Digital Legend, 2009).

Lo que más me gusta de este libro es que me obligó a pensar en cómo leemos y estudiamos las escrituras. A veces, a fin de centrar nuestros pensamientos, es importante considerar cómo y por qué hacemos algo rutinario como leer las escrituras. McConkie no está interesado en los “procedimientos”, tales como qué color de lápices utilizar para marcar las escrituras, o incluso si se deben marcar las escrituras. Su meta es la de realzar nuestro estudio proporcionando “principios eternos que facilitan una comprensión sólida de las escrituras” (viii).

El libro contiene más que sólo ideas sobre el entendimiento de las escrituras. También hay sugerencias concretas. Por ejemplo, el autor sugiere que aprovechemos “diversas Biblias de estudio” (29). Él disfruta de “la ayuda de una Biblia de Estudio Arqueológico, La Biblia de Estudio Judío, La Biblia de Estudio Católico, así como una variedad de Biblias de estudio protestantes” (29) e incluso proporciona una lista breve de tales Biblias de estudio en la sección “Fuentes” (165-66).

Hay momentos graciosos a lo largo del libro, cuando el autor se divierte destacando algunas prácticas un tanto comunes, en las que nos hemos desarrollado a lo largo de los años que, de hecho, tal vez nos hayan desviado del entendimiento de las escrituras. Quizás sea sano reírnos de nosotros mismos de cuando en cuando, especialmente cuando consideramos que todos probablemente hayamos perseverado en nuestra “buena parte de abuso de las escrituras” (viii). Recomiendo este libro para todos los que deseen mejorar la calidad de su estudio y enseñanza de las escrituras.



Blog escrito por Kent P. Jackson, profesor de escrituras antiguas.

Este mes celebramos el 179 aniversario de algo que la mayor a de los Santos de los Últimos Días dan por hecho. Fue en junio de 1830, sólo dos meses después de que se organizara la Iglesia, que el Profeta José Smith comenzó a trabajar en su traducción de la Biblia. En la actualidad se le llama la Traducción de José Smith – utilizando las siglas TJS – pero el Profeta mismo la llamó la Nueva Traducción. Las primeras diecinueve páginas, reveladas entre junio de 1830 y finales de dicho año, contienen su revisión de los primeros capítulos de Génesis. Cuando la Perla de Gran Precio se creó en 1851, se incluyeron en ella esos capítulos de Génesis, y todavía permanecen allí en la actualidad. Es el libro de Moisés.

¿Hay algo nuevo en la Nueva Traducción? Veamos tan sólo un capítulo, el primero de la traducción, revelado en junio de 1830.

Lo que ahora llamamos Moisés, capítulo 1, es el texto de una visión que tuvo Moisés antes de que el Señor le revelara la historia de la creación, por lo que es el prefacio del libro de Génesis. Éste es uno de los capítulos más notables de las escrituras, lleno de doctrinas que distinguen a los Santos de los Últimos Días de los demás creyentes de la Biblia. Aunque la visión de Moisés es un evento bíblico y toma lugar en un contexto bíblico, no existe registro de ello en el Antiguo Testamento. No tiene ningún equivalente bíblico. Pero es una de las grandes joyas de la Restauración – una verdadera perla de gran precio.

En este capítulo aprendemos mucho.

Moisés habla con Dios “cara a cara” en términos que claramente indican que Dios en verdad tiene rostro. Aprendemos acerca del Hijo Unigénito del Padre. Al hablar el Padre con Moisés y al enseñarle acerca de Jesucristo, se nos recuerda, en claros términos canónicos, que el Padre y el Hijo son seres divinos diferentes. También aprendemos algo acerca de nosotros mismos, que nosotros – dejados a nuestra propia suerte – no somos “nada”; sin embargo, somos hijos e hijas de Dios, creados a imagen de Su Unigénito, investidos con un enorme potencial.

Aprendemos de la gloria de Dios, el poder celestial que emana de Él y que lo rodea. Los humanos deben ser transfigurados para soportar la gloria de Dios, pero Satanás sólo puede fingir tenerla y no posee ninguna parte de ella por sí mismo. Vemos a Dios y a Satanás yuxtapuestos en un fuerte contraste y aprendemos que Satanás tiene una necesidad patológica de ser adorado y sólo busca su propio interés personal.

Aprendemos algo acerca del poder de Dios y de la majestuosidad de sus creaciones. Moisés, envuelto en la gloria de Dios, pudo ver cada partícula de esta tierra y a cada alma sobre ella. Incluso se le mostraron otros mundos habitados – incontables mundos. Aprendió que Cristo es el Creador de todos estos mundos, y aprendió que la obra y la gloria de Dios es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de sus hijos que en ellos moran.

Ni que decir tiene que nada de esto era lo típico del cristianismo tradicional en junio de 1830, cuando el Señor reveló estas cosas a José Smith. En verdad, sí hay mucho nuevo en la Nueva Traducción; y eso era sólo el primer capítulo.