Mis Recuerdos de la Conferencia General

POSTED BY: holzapfel

10/01/09


Este blog fue escrito por Clyde Williams, profesor de escritura antigua en BYU.

Mis recuerdos de la conferencia general de cuando era un jovencito me remontan al Auditorio George Albert Smith [en BYU] y a las largas filas afuera del Tabernáculo en la Manzana del Templo para entrar a la sesión del sacerdocio. Me acuerdo que en abril de 1965 el anciano Presidente David O.Mckay asistió a una de sus últimas sesiones del sacerdocio. Después de dar un breve saludo y demostrar aprecio por los hermanos del sacerdocio, todos se pusieron de pie en el Auditorio y en el Tabernáculo y cantaron “Te Damos Señor Nuestras Gracias”. Para mí fue como una sensación eléctrica. Llegó un poderoso testimonio a mi corazón de que él era el profeta del Señor en la tierra.

Para mí, el significado personal y la importancia de la conferencia general ha continuado creciendo desde aquellos primeros días. Recuerdo cuando se hicieron anuncios de políticas, procedimientos o cambios administrativos importantes, tales como la inclusión de lo que hoy son las secciones 137 y 138, la nueva edición SUD de la Biblia, la formación de los quórumes de los Setentas, el sub-título para el Libro de Mormón, la Proclamación acerca de la familia, las declaraciones del Presidente Hinckley con respecto a las perforaciones del cuerpo y los tatuajes, y la posición en cuanto al matrimonio entre personas del mismo sexo.

¿Cómo respondemos cuando se dan recordatorios de principios y prácticas o cuando se anuncian nuevas políticas? Nuestra respuesta inicial puede que nos cause algún efecto o que sea informativa. Cuando estamos a tono espiritual, podemos, como el pueblo del rey Benjamín, ser bendecidos con “las manifestaciones de su Espíritu” y por tanto, tener “grandes visiones de aquello que está por venir” (Mosíah 5: 3). Sentiremos que hay necesidad de que se diga algo sobre un tema, y cuando se menciona nos encontramos en armonía.

Un pasaje me impresionó como muy profundo, si se aplica a la conferencia general:

Y tú, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo se mofan de ti junto a las paredes y a las puertas de las casas, y habla el uno con el otro, cada uno con su hermano, diciendo: Venid ahora, y oíd qué palabra viene de Jehová.

Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia.

Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra. (Ezequiel 33: 30-32).

Claramente, Ezequiel describe aquí a un pueblo que piensa bien de un profeta viviente pero que no escucha sus palabras. Es como si la gente hablara muy bien del Presidente Thomas S. Monson y de lo bueno que son sus discursos pero aún así, cuando se trata de aplicarlos, no siguen sus consejos.

Otra trampa en la uno puede caer es pensar que la conferencia general es como la mesa de un buffet. Al comentar sobre este peligro latente, el élder Neal A. Maxwell explicó: “Nuestra relación con los profetas vivientes no es una en la que sus instrucciones son una gran variedad de comida de la cual podamos tomar solamente lo que nos agrade. Debemos participar de todo lo que se sirva delante de nosotros, incluyendo las espinacas, y ¡dejar un plato limpio!” (Things As They Really Are [Las Cosas Como Son Realmente] (Salt Lake City: Deseret Book, 1978), pág.74)

En la conferencia de octubre de 1975, el Presidente Kimball estaba terminando la conferencia y habló de los muchos discursos inspirados y edificantes que se habían dado. Me quedé aturdido y pensativo por lo que dijo en seguida: “Al estar sentado aquí decidí que cuando vaya a casa esta noche después de esta conferencia, hay muchos, muchos aspectos de mi vida que puedo perfeccionar. He preparado una lista mental de ellos, y espero empezar a trabajar en ellos tan pronto como acabemos la conferencia” (Conference Report, octubre 1975, pág. 164) ¿Quién de entre los Santos no sintió que había muchas cosas en las que teníamos que trabajar? Se me vinieron las lágrimas al pensar en este humilde profeta que había dado tanto de su vida y todavía daría más mientras procuraba cumplir la voluntad del Señor.

La seriedad con la que el Presidente Kimball consideraba la conferencia general era evidente. También enfatizó al clausurar la conferencia esa tarde de octubre, la manera en que todos los demás debemos considerar los procedimientos de la conferencia:

Ahora bien, hermanos y hermanas, este es el evangelio de Jesucristo, y para todos los que han estado escuchando, no estamos bromeando. Lo que les hemos dicho en estos tres días es verdad, una verdad categórica, y tiene una relación directa con la salvación y exaltación de cada alma que pudo oír y escuchar.

Al oír su voz, pudimos sentir el poder afirmante y sincero por el cual se dijeron esas palabras. Yo creo que son aplicables para cada conferencia. Estoy verdaderamente agradecido por el impacto profundo que la conferencia general ha tenido y sigue teniendo en mi vida.


Buscad conocimiento

POSTED BY: holzapfel

07/13/09


Los Santos de los Últimos Días tienen muy presente una frase de las revelaciones modernas, “buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (Doctrina y Convenios 88:118). Desde el inicio de la Restauración, en la década de los 1820, un tema común en la búsqueda religiosa de José Smith fue la de buscar conocimiento, luz y entendimiento. Cuando él entró en una arboleda, cerca de su casa, para orar en la primavera de 1820, José Smith fue impulsado por su confianza en la promesa bíblica, que se encuentra en Santiago 1:5, de que podía encontrar sabiduría si la buscaba. Esta oración tuvo como resultado la Primera Visión, en la que José vio al Padre y al Hijo, comenzando así un amanecer espiritual inesperado para los hombres y las mujeres contemporáneos de José, aunque anticipado por los profetas y apóstoles de antaño (véase Hechos 3:20-21).

Las verdades del Evangelio continuaron revelándose por medio del joven profeta a medida que él buscó personalmente sabiduría de Dios. Interesantemente, José Smith no sólo oró para adquirir tal sabiduría, sino que también estudió la palabra de Dios y los idiomas del mundo bíblico (por ejemplo, el hebreo y el egipcio), poniendo en práctica el mandato de buscar “conocimiento, tanto por el estudio como por la fe”. Su ejemplo en este doble esfuerzo estableció un modelo para los Santos de los últimos Días que continúa siendo un desafío para nosotros en la actualidad.

Recientemente, ha surgido una explosión de libros de auto ayuda para “tontos”, o libros para facilitar las cosas. Con menos tiempo en un mundo ajetreado, a menudo buscamos una solución rápida a nuestros problemas, aun cuando se trate del estudio de las escrituras. Sin embargo, cuando se apliquen a la escrituras, estos esfuerzos, aunque populares y bien intencionados, tal vez no eleven el entendimiento de una persona del tema. Mi colega Robert J. Millet opinó hace algún tiempo que necesitamos que las escrituras sean entendibles, no fáciles. Yo no creo que él estuviera jugando semánticamente, sino que estaba identificando una importante diferencia entre los dos enfoques.

Afortunadamente, Joseph Fielding McConkie, profesor emérito de escritura antigua en BYU, nos ayuda a que las escrituras sean más comprensibles, con su último libro Between the Lines: Unlocking Scriptures with Timeless Principles [Entre renglones: Destrabando las Escrituras con Principios Eternos] (Honeoye Falls, NY: Digital Legend, 2009).

Lo que más me gusta de este libro es que me obligó a pensar en cómo leemos y estudiamos las escrituras. A veces, a fin de centrar nuestros pensamientos, es importante considerar cómo y por qué hacemos algo rutinario como leer las escrituras. McConkie no está interesado en los “procedimientos”, tales como qué color de lápices utilizar para marcar las escrituras, o incluso si se deben marcar las escrituras. Su meta es la de realzar nuestro estudio proporcionando “principios eternos que facilitan una comprensión sólida de las escrituras” (viii).

El libro contiene más que sólo ideas sobre el entendimiento de las escrituras. También hay sugerencias concretas. Por ejemplo, el autor sugiere que aprovechemos “diversas Biblias de estudio” (29). Él disfruta de “la ayuda de una Biblia de Estudio Arqueológico, La Biblia de Estudio Judío, La Biblia de Estudio Católico, así como una variedad de Biblias de estudio protestantes” (29) e incluso proporciona una lista breve de tales Biblias de estudio en la sección “Fuentes” (165-66).

Hay momentos graciosos a lo largo del libro, cuando el autor se divierte destacando algunas prácticas un tanto comunes, en las que nos hemos desarrollado a lo largo de los años que, de hecho, tal vez nos hayan desviado del entendimiento de las escrituras. Quizás sea sano reírnos de nosotros mismos de cuando en cuando, especialmente cuando consideramos que todos probablemente hayamos perseverado en nuestra “buena parte de abuso de las escrituras” (viii). Recomiendo este libro para todos los que deseen mejorar la calidad de su estudio y enseñanza de las escrituras.



Blog escrito por Kent P. Jackson, profesor de escrituras antiguas.

Este mes celebramos el 179 aniversario de algo que la mayor a de los Santos de los Últimos Días dan por hecho. Fue en junio de 1830, sólo dos meses después de que se organizara la Iglesia, que el Profeta José Smith comenzó a trabajar en su traducción de la Biblia. En la actualidad se le llama la Traducción de José Smith – utilizando las siglas TJS – pero el Profeta mismo la llamó la Nueva Traducción. Las primeras diecinueve páginas, reveladas entre junio de 1830 y finales de dicho año, contienen su revisión de los primeros capítulos de Génesis. Cuando la Perla de Gran Precio se creó en 1851, se incluyeron en ella esos capítulos de Génesis, y todavía permanecen allí en la actualidad. Es el libro de Moisés.

¿Hay algo nuevo en la Nueva Traducción? Veamos tan sólo un capítulo, el primero de la traducción, revelado en junio de 1830.

Lo que ahora llamamos Moisés, capítulo 1, es el texto de una visión que tuvo Moisés antes de que el Señor le revelara la historia de la creación, por lo que es el prefacio del libro de Génesis. Éste es uno de los capítulos más notables de las escrituras, lleno de doctrinas que distinguen a los Santos de los Últimos Días de los demás creyentes de la Biblia. Aunque la visión de Moisés es un evento bíblico y toma lugar en un contexto bíblico, no existe registro de ello en el Antiguo Testamento. No tiene ningún equivalente bíblico. Pero es una de las grandes joyas de la Restauración – una verdadera perla de gran precio.

En este capítulo aprendemos mucho.

Moisés habla con Dios “cara a cara” en términos que claramente indican que Dios en verdad tiene rostro. Aprendemos acerca del Hijo Unigénito del Padre. Al hablar el Padre con Moisés y al enseñarle acerca de Jesucristo, se nos recuerda, en claros términos canónicos, que el Padre y el Hijo son seres divinos diferentes. También aprendemos algo acerca de nosotros mismos, que nosotros – dejados a nuestra propia suerte – no somos “nada”; sin embargo, somos hijos e hijas de Dios, creados a imagen de Su Unigénito, investidos con un enorme potencial.

Aprendemos de la gloria de Dios, el poder celestial que emana de Él y que lo rodea. Los humanos deben ser transfigurados para soportar la gloria de Dios, pero Satanás sólo puede fingir tenerla y no posee ninguna parte de ella por sí mismo. Vemos a Dios y a Satanás yuxtapuestos en un fuerte contraste y aprendemos que Satanás tiene una necesidad patológica de ser adorado y sólo busca su propio interés personal.

Aprendemos algo acerca del poder de Dios y de la majestuosidad de sus creaciones. Moisés, envuelto en la gloria de Dios, pudo ver cada partícula de esta tierra y a cada alma sobre ella. Incluso se le mostraron otros mundos habitados – incontables mundos. Aprendió que Cristo es el Creador de todos estos mundos, y aprendió que la obra y la gloria de Dios es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de sus hijos que en ellos moran.

Ni que decir tiene que nada de esto era lo típico del cristianismo tradicional en junio de 1830, cuando el Señor reveló estas cosas a José Smith. En verdad, sí hay mucho nuevo en la Nueva Traducción; y eso era sólo el primer capítulo.


¿Un Millón de Palabras?

POSTED BY: holzapfel

06/17/09


Según la cadena de televisión CNN, el idioma inglés añadió este pasado miércoles su palabra número un millón. Los académicos argumentan que no es posible contar el número de nuevas palabras y que esos anuncios son más propagandísticos que sustanciales. No obstante, todos están de acuerdo en que el idioma inglés contiene más palabras que cualquier otro idioma del planeta y crece rápidamente cada año. Por ejemplo, se calcula que el chino consta de unas 450.000 palabras – un distante segundo lugar después del inglés, aun con un recuento conservador de éste. El diccionario Oxford de la lengua inglesa contiene unas 600.000 entradas.

En la actualidad hablan inglés unos 2.000 millones de personas. Se traducen más documentos, artículos y libros al inglés que a cualquier otro idioma. Un ejemplo: sólo existen como una docena de traducciones de las obras de Homero al francés, mientras que hay varios cientos al inglés. El inglés sigue siendo el idioma de los negocios y de la Internet.
Una razón por la que el inglés es tan dominante es que acepta nuevas palabras. Mientras que muchos puristas tratan de poner muros alrededor de sus idiomas, el inglés adopta y adapta palabras de todo el mundo.

Otra razón de su dominancia es la influencia de la Biblia inglesa, que traza muchas de sus palabras y frases al traductor William Tyndale. David Daniel, profesor emérito de inglés, de la Universidad de Londres, y miembro honorario de los colegios Hertford y St. Catherine, en Oxford, comenta: “Cuando Tyndale [1494-1536] comenzó a escribir, el idioma inglés era poca cosa, hablado sólo por unos pocos en una isla del continente, un idioma desconocido en Europa” (The Bible in English [New Haven: Yale, 2003], 248).

La traducción de Tyndale acuñó palabras y frases nuevas que aún resuenan con emoción. Su dominio del inglés y de los antiguos idiomas bíblicos hebreo y griego era sobresaliente, y su “regalo a la lengua inglesa es inconmensurable” (158). Los traductores de la Biblia [en inglés] del Rey Santiago “adoptaron su estilo, así como sus palabras, para una gran parte de su versión” (158).

Entre las varias palabras o frases que él aportó, se incluyen: “atonement” [expiación], “Passover” [Pascua], “Let there be light” [Haya luz], “I am the good shepherd” [Yo soy el buen pastor] y “Give us this day our daily bread” [El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy] (Mateo 6:11). Daniel indica la intemporalidad de está última traducción: “La sencillez de esas siete palabras, en el vocabulario y la sintaxis sajones, igualando al original griego koiné (común), ha continuado desde 1526 en casi todas las traducciones de la Biblia en inglés, que en el siglo XX realizaron revisones, con sólo la sustitución ocasional del vocablo ‘today’ [hoy] por ‘this day’ [este día]” (133).

Haya o no haya sido el miércoles pasado un día especial para la lengua inglesa, tal anuncio dirige nuestra atención hacia este idioma tan fuerte y resistente que se extiende hasta el último rincón del planeta.