José y Hyrum Smith

POSTED BY: holzapfel

06/26/09


Blog escrito por Richard E. Bennet, profesor de Historia y Doctrina de la Iglesia.

El éxito de la Reforma Protestante se debe en su totalidad a la traducción e impresión de un libro. Ciertamente los esfuerzos de mártires antiguos como John Wycliffe y de posteriores reformadores como Willam Tyndale o Martín Lutero para imprimir y difundir la Santa Biblia, fueron imprescindibles para el éxito de la Reforma, también hecha posible por el invento previo de la tipografía móvil y de la imprenta por Johann Gutenberg. Ninguna cantidad de libros quemados, hace tantos años, que trató de destruir el poder de la palabra impresa, podía detener la gran ola impresa del cambio religioso que se avecinaba.

Así, la Restauración del Evangelio de Jesucristo también dependió, en gran medida, del poder y la impresión de otro libro. En este 165 aniversario del martirio de José y Hyrum Smith, es apropiado hacer una pausa y recordar sus causas. Los historiadores siguen ofreciendo una variedad de explicaciones inmediatas: la destrucción del periódico Nauvoo Expositor, Los misurianos ansiosos de la extradición, Thomas C. Sharp y el tema sobre la separación de la Iglesia y el Estado, la intriga de John C. Bennet y un grupo de ex-Santos de los Últimos Días descontentos, el matrimonio plural; y la lista sigue.

Sin embargo, puede ser instructivo recordar que en Doctrina y Convenios 135, John Taylor, que fue testigo ocular de los hechos, no lo atribuyó a ninguna de estas razones, sino más bien al poder de la pluma –o la imprenta– específicamente, a la publicación de dos nuevos libros de escrituras. Como John Taylor lo declaró, “costó la mejor sangre del siglo diecinueve publicar el Libro de Mormón… y Doctrina y Convenios… para la salvación de un mundo perdido” (D. y C. 135:6). El precursor publicado, y evidencia de la veracidad de la Restauración, fue el Libro de Mormón. Más que cualquier otro factor, fue el Libro de Mormón lo que distinguió el crecimiento de la Iglesia de Jesucristo y convirtió a un grupo de leales y dedicados miembros en un fundamento sobre el cual se edifico la Iglesia; y que posteriormente prosperó. Parley P. Pratt dijo:

Lo leí cuidadosa y diligentemente, gran parte de él, sin saber que el sacerdocio había sido restaurado; sin jamás haber oído de nada llamado “Mormonismo”, ni de tener ninguna idea de tal iglesia o pueblo.

Allí estaban los testigos y su testimonio del Libro, de su traducción, y del ministerio de ángeles; y estaba el testimonio del traductor; pero yo no los había visto, no había oído de ellos, por tanto no tenía ni idea de su organización ni de su Sacerdocio. Todo lo que sabía del tema fue lo que, como forastero, podía recopilar del libro: pero conforme leía, me convencí de que era verdadero; y el Espíritu del Señor vino sobre mí mientras leía e iluminó mi mente, convenció mi juicio y afirmó la verdad en mi entendimiento, de manera que yo supe que el libro era verdadero, tal como un hombre sabe la diferencia entre el día y la noche, o cualquier otra cosa que pueda implantarse en su entendimiento. (Journal of Discourses [Liverpool: Latter-day Saints’ Book Depot, 1858], 193–194)

Antes de que Pratt conociera a José Smith, habló con su hermano Hyrum, quien le dio a conocer “los puntos particulares del descubrimiento del Libro; su traducción; el crecimiento de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días y el mandato de su hermano José y de otros, por revelación y el ministerio de ángeles, por el cual el apostolado y la autoridad habían sido restaurados de nuevo a la tierra” (Autobiography of Parley P. Pratt, ed. Parley P. Pratt Jr. [Salt Lake City: Deseret Book, 1985], 22).
“La experiencia de Parley P. Pratt con el Libro de Mormón no fue un caso único”, comento el presidente Hinckley en tiempos recientes.

“Al ponerse en circulación los ejemplares de la primera edición, los cientos de hombres y mujeres fuertes que los leyeron se sintieron tan profundamente impresionados que renunciaron a todas sus posesiones, y en años subsecuentes no pocos de ellos dieron incluso su vida por el testimonio que llevaban en el corazón de la verdad de este extraordinario libro (“Un testimonio vibrante y verdadero”, Liahona, agosto de 2005, pág. 4).

Y si la obra de estos dos hermanos – que fueron leales el uno al otro como lo fueron al mensaje de Cumorah – comenzó con el Libro de Mormón, terminó con él. La última escritura que los dos hombres leyeron juntos, antes de ser asesinados en la cárcel de Carthage el 27 de junio de 1844, no fue de la Biblia sino del Libro de Mormón.

Esa misma mañana, Hyrum, después que se había preparado para ir — ¿a la matanza diremos? – leyó el siguiente párrafo, cerca del fin del capítulo doce del libro de Éter, en el Libro de Mormón y dobló la hoja:

Y sucedió que le imploré al Señor que diera gracia a los gentiles, para que tuvieran caridad. Y aconteció que el Señor me dijo: Si no tienen caridad, es cosa que nada tiene que ver contigo; tú has sido fiel; por tanto, tus vestidos se hallan limpios. Y porque has visto tu debilidad, serás fortalecido, aun hasta sentarte en el lugar que he preparado en las mansiones de mi Padre. Y ahora… me despido de los gentiles, sí, y también de mis hermanos a quienes amo, hasta que nos encontremos ante el tribunal de Cristo, donde todos los hombres sabrán que mis vestidos no se han manchado con vuestra sangre. (DyC 135: 5)

“Vivió grande y murió grande a los ojos de Dios y de su pueblo; y como la mayoría de los ungidos del Señor en tiempos antiguos, ha sellado su misión y obras con su propia sangre; y lo mismo ha hecho su hermano Hyrum. ¡En vida no fueron divididos, y en su muerte no fueron separados! (D. y C. 135:3).

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Blog escrito por Kent P. Jackson, profesor de escrituras antiguas.

Este mes celebramos el 179 aniversario de algo que la mayor a de los Santos de los Últimos Días dan por hecho. Fue en junio de 1830, sólo dos meses después de que se organizara la Iglesia, que el Profeta José Smith comenzó a trabajar en su traducción de la Biblia. En la actualidad se le llama la Traducción de José Smith – utilizando las siglas TJS – pero el Profeta mismo la llamó la Nueva Traducción. Las primeras diecinueve páginas, reveladas entre junio de 1830 y finales de dicho año, contienen su revisión de los primeros capítulos de Génesis. Cuando la Perla de Gran Precio se creó en 1851, se incluyeron en ella esos capítulos de Génesis, y todavía permanecen allí en la actualidad. Es el libro de Moisés.

¿Hay algo nuevo en la Nueva Traducción? Veamos tan sólo un capítulo, el primero de la traducción, revelado en junio de 1830.

Lo que ahora llamamos Moisés, capítulo 1, es el texto de una visión que tuvo Moisés antes de que el Señor le revelara la historia de la creación, por lo que es el prefacio del libro de Génesis. Éste es uno de los capítulos más notables de las escrituras, lleno de doctrinas que distinguen a los Santos de los Últimos Días de los demás creyentes de la Biblia. Aunque la visión de Moisés es un evento bíblico y toma lugar en un contexto bíblico, no existe registro de ello en el Antiguo Testamento. No tiene ningún equivalente bíblico. Pero es una de las grandes joyas de la Restauración – una verdadera perla de gran precio.

En este capítulo aprendemos mucho.

Moisés habla con Dios “cara a cara” en términos que claramente indican que Dios en verdad tiene rostro. Aprendemos acerca del Hijo Unigénito del Padre. Al hablar el Padre con Moisés y al enseñarle acerca de Jesucristo, se nos recuerda, en claros términos canónicos, que el Padre y el Hijo son seres divinos diferentes. También aprendemos algo acerca de nosotros mismos, que nosotros – dejados a nuestra propia suerte – no somos “nada”; sin embargo, somos hijos e hijas de Dios, creados a imagen de Su Unigénito, investidos con un enorme potencial.

Aprendemos de la gloria de Dios, el poder celestial que emana de Él y que lo rodea. Los humanos deben ser transfigurados para soportar la gloria de Dios, pero Satanás sólo puede fingir tenerla y no posee ninguna parte de ella por sí mismo. Vemos a Dios y a Satanás yuxtapuestos en un fuerte contraste y aprendemos que Satanás tiene una necesidad patológica de ser adorado y sólo busca su propio interés personal.

Aprendemos algo acerca del poder de Dios y de la majestuosidad de sus creaciones. Moisés, envuelto en la gloria de Dios, pudo ver cada partícula de esta tierra y a cada alma sobre ella. Incluso se le mostraron otros mundos habitados – incontables mundos. Aprendió que Cristo es el Creador de todos estos mundos, y aprendió que la obra y la gloria de Dios es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de sus hijos que en ellos moran.

Ni que decir tiene que nada de esto era lo típico del cristianismo tradicional en junio de 1830, cuando el Señor reveló estas cosas a José Smith. En verdad, sí hay mucho nuevo en la Nueva Traducción; y eso era sólo el primer capítulo.


¿Un Millón de Palabras?

POSTED BY: holzapfel

06/17/09


Según la cadena de televisión CNN, el idioma inglés añadió este pasado miércoles su palabra número un millón. Los académicos argumentan que no es posible contar el número de nuevas palabras y que esos anuncios son más propagandísticos que sustanciales. No obstante, todos están de acuerdo en que el idioma inglés contiene más palabras que cualquier otro idioma del planeta y crece rápidamente cada año. Por ejemplo, se calcula que el chino consta de unas 450.000 palabras – un distante segundo lugar después del inglés, aun con un recuento conservador de éste. El diccionario Oxford de la lengua inglesa contiene unas 600.000 entradas.

En la actualidad hablan inglés unos 2.000 millones de personas. Se traducen más documentos, artículos y libros al inglés que a cualquier otro idioma. Un ejemplo: sólo existen como una docena de traducciones de las obras de Homero al francés, mientras que hay varios cientos al inglés. El inglés sigue siendo el idioma de los negocios y de la Internet.
Una razón por la que el inglés es tan dominante es que acepta nuevas palabras. Mientras que muchos puristas tratan de poner muros alrededor de sus idiomas, el inglés adopta y adapta palabras de todo el mundo.

Otra razón de su dominancia es la influencia de la Biblia inglesa, que traza muchas de sus palabras y frases al traductor William Tyndale. David Daniel, profesor emérito de inglés, de la Universidad de Londres, y miembro honorario de los colegios Hertford y St. Catherine, en Oxford, comenta: “Cuando Tyndale [1494-1536] comenzó a escribir, el idioma inglés era poca cosa, hablado sólo por unos pocos en una isla del continente, un idioma desconocido en Europa” (The Bible in English [New Haven: Yale, 2003], 248).

La traducción de Tyndale acuñó palabras y frases nuevas que aún resuenan con emoción. Su dominio del inglés y de los antiguos idiomas bíblicos hebreo y griego era sobresaliente, y su “regalo a la lengua inglesa es inconmensurable” (158). Los traductores de la Biblia [en inglés] del Rey Santiago “adoptaron su estilo, así como sus palabras, para una gran parte de su versión” (158).

Entre las varias palabras o frases que él aportó, se incluyen: “atonement” [expiación], “Passover” [Pascua], “Let there be light” [Haya luz], “I am the good shepherd” [Yo soy el buen pastor] y “Give us this day our daily bread” [El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy] (Mateo 6:11). Daniel indica la intemporalidad de está última traducción: “La sencillez de esas siete palabras, en el vocabulario y la sintaxis sajones, igualando al original griego koiné (común), ha continuado desde 1526 en casi todas las traducciones de la Biblia en inglés, que en el siglo XX realizaron revisones, con sólo la sustitución ocasional del vocablo ‘today’ [hoy] por ‘this day’ [este día]” (133).

Haya o no haya sido el miércoles pasado un día especial para la lengua inglesa, tal anuncio dirige nuestra atención hacia este idioma tan fuerte y resistente que se extiende hasta el último rincón del planeta.


Acuérdate del día de reposo

POSTED BY: holzapfel

06/08/09


El libro de Éxodo conserva los Diez Mandamientos, incluyendo “Acuérdate del día de reposo, para santificarlo” (Éxodo 20:8). Desde épocas tempranas, se ha discutido y debatido el significado del cuarto mandamiento. Afortunadamente Craig Harline, profesor de historia en BYU, ha escrito una historia sobre los esfuerzos por apartar un día especial cada semana. El libro se titula Sunday: A History of the First Day from Babylonia to the Super Bowl [El Domingo: Un relato del Primer Día desde Babilonia hasta el Super Bowl] (New York: Doubleday, 2007).

El relato de Harline comienza un domingo de “Super Bowl” [la final del campeonato de fútbol americano en EE. UU.], centrándose en la reacción de su abuela de noventa años ante el evento televisado, cuando se reunió la familia para verlo. Ella finalmente abandonó la habitación preguntándose cómo había llegado la sociedad a este punto. Harline también declara su preocupación, pero por otra razón. Él también indica que le “chocó la parte de domingo del ‘Domingo de Super Bowl .’ ¿Cómo ocurrió eso?” (viii). El libro contesta esa pregunta.

El autor es un escritor excelente y un observador muy intuitivo de la gente y los lugares, incluyendo textos, tanto antiguos como modernos. No sólo cuenta el relato y la historia de palabras importantes como Sabbath (Sábado o Día de reposo Judío) y Domingo sino que también se adentra en las experiencias de la vida de personas reales que han intentado dar sentido a un tiempo especial – días festivos y días santos. Proporciona imágenes habladas de la vida en la antigua cuenca del Mediterráneo; de la Europa medieval y moderna; y de Inglaterra y Estados Unidos de los Siglos XIX y XX.

Entre los cientos de datos de información, a continuación se dan dos que me ayudaron a reconstruir el pasado, a fin de que pudiera apreciar el presente.

Primero, la creación de la “tarde libre del sábado” en Inglaterra fue el comienzo del “fin de semana”. Muchos “países adoptaron tanto el término como la práctica [inglesa] del “fin de semana” tras la Primera Guerra Mundial (217). Esta reconstrucción de la semana, de una semana laboral de seis días, brindó oportunidades adicionales para descansar y realizar actividades de ocio. Algunos reclamaban que el propósito de tener libre la tarde del sábado, era permitir a las personas hacer lo que necesitaran hacer el sábado, dejando el domingo para adorar y meditar tranquilamente, el tradicional “domingo tranquilo” inglés (218). Por otra parte, “aquellos que deseaban ampliar el domingo inglés sostenían que, a pesar del aumento de tiempo libre, las nuevas oportunidades y las instalaciones para el ocio no bastaban para acoger a todos los que querían aprovecharlas, a menos que también estuvieran disponibles el domingo” (218).

Segundo, para algunos, la práctica de deportes los domingos surgió de una noble idea de que el deporte “podía ser el portador de virtudes morales”, tales como “el espíritu de equipo, la disciplina, la generosidad, etc.” (261). En un sentido, el participar (no mirar) en “buenos juegos” era mejor que jugar a las cartas o malgastar el tiempo en el “Bar”, como lo argumentó un inglés, “Nuestros juegos nos mantienen saludables, y esto supone abstenerse de la bebida habitual, horas tardías, etc.” Sin embargo, que algunos participaran en deportes los domingos, “significó más trabajo para otros” (261). Esto era específicamente verdad tras la transición de participar en deportes a ver deportes en domingo.

Harline demuestra que las prácticas del día de reposo siguen cambiando con el tiempo, y agrega , “se puede decir con seguridad que este proceso seguirá: el domingo cambiará a medida que cambie el mundo a su alrededor”. No obstante, él opina que “también se puede afirmar que, sean cuales sean los cambios, el domingo retendrá su carácter extraordinario, se entienda cómo se quiera entender” (381).

He aprendido mucho de mi colega y utilizaré algunas de las convincentes perspectivas en mi clase del Nuevo Testamento para alumnos avanzados, cuando enseñe las controversias del día de reposo entre Jesús y los fariseos, según están registradas en los Evangelios y cuando enseñe la revelación moderna (sección 59) sobre el día santo del Señor, en mi clase de Doctrina y Convenios para alumnos avanzados este próximo semestre de otoño en BYU.


Cristianos en la Tierra Santa

POSTED BY: holzapfel

06/01/09


Durante el mes del Ramadán, los musulmanes ayunan todos los días desde el amanecer hasta el atardecer y luego lo celebran con la familia cada noche en la cena. Hace varios años, durante este tiempo especial, yo dirigía un grupo de estudiantes de BYU en Jerusalén, en una excursión a la Franja Occidental (conocida hoy como los Territorios Palestinos, o simplemente Palestina). Nablus, la antigua Siquem, se estaba convirtiendo en uno de los puntos difíciles del conflicto israelí-palestino, por eso, uno de los guardias de seguridad palestinos en BYU (los cuales todos eran muy queridos por los estudiantes) nos acompañaba como medida de seguridad adicional en nuestro viaje a esta zona palestina. De regreso a Jerusalén, los alumnos se sorprendieron al ver que él sacó un sándwich y empezó a comerlo. Al ver a los asombrados estudiantes, les dijo, con el sándwich en lo mano, “¡Eh, soy cristiano!” No se habían percatado de que alguno de los guardias de seguridad pudiera ser cristiano; simplemente se supuso que eran musulmanes.

Mi experiencia como director de giras a la Tierra Santa es que la mayoría de los turistas norteamericanos dan por hecho que todos los palestinos, o los árabe-israelíes son musulmanes. Verdaderamente, los árabes cristianos son “los fieles olvidados” (véase “The Forgotten Faithful: Arab Christians,” [Los fieles olvidados: Los árabes cristianos] National Geographic, June 2009, 78–97). Sorprendentemente, en 1914, más de un 26 por ciento de la población eran cristianos , en lo que hoy se conoce como Israel, Jordania, Líbano, los Territorios Palestinos y Siria(87). No hace mucho, los palestinos cristianos constituían la mayoría en Belén, con un 80 por ciento de la población. En la actualidad constituyen un 10 por ciento de lo que hoy es definitivamente una ciudad musulmana. Este descenso en Belén, así como en Nazaret, es similar a lo que ha ocurrido en toda la región, donde los cristianos son ahora menos de un 9 por ciento de la población total. Irónicamente, en la actualidad, la mayoría de occidente ve a estos cristianos con recelo, y a la vez , sus vecinos musulmanes los están marginando más y más e incluso los obligan a convertirse o a huir. Se encuentran, como dice el refrán, entre la espada y la pared.

Cabe destacar que ha habido muchos cristianos del Medio Oriente que son bien conocidos. Por ejemplo , Abdalá Jaime Bucaram Ortiz, un católico libanés, presidente de Ecuador (1996–1997); John Sununu, cristiano ortodoxo griego de origen palestino-libanés, es un líder político estadounidense; Carlos Ghosn, presidente (CEO) de la Nissan y la Renault es cristiano maronita libanés; Hanan Ashrawi, activista palestino y portavoz de laAutoridad Palestina es anglicano; Paul Anka, cantante norteamericano de música pop es cristiano sirio; Salma Hayek, actriz libanés-mexicana es católica-romana; Azmi Bishara, miembro del Knéset (parlamento) israelí es ortodoxo griego árabe-israeli; y Tony Shalhoub, estrella de la televisión ganador del premio Emmy por la serie Monk, es cristiano maronita libanés.

Algunas otras experiencias en el Medio Oriente revelan la situación singular en la que se encuentran en la actualidad.los cristianos del Medio Oriente.

En una conversación privada hace unos años con un amigo cristiano palestino, él me dijo que no le gustaba vivir bajo la ocupación israelí, pero temía que si los palestinos establecían su propia nación sería un estado religioso islámico. En lo que yo solamente puedo describir como una total y a la vez serena desesperación, él añadió, “tal vez no haya futuro para mí y mi familia en esta tierra”; una tierra donde nació el cristianismo y una tierra donde su familia llevaba viviendo más de quinientos años como cristianos.

Durante una gira por la Tierra Santa, hace unos cinco o seis años, varios participantes hablaron con un palestino durante una de nuestras paradas para descansar. Aparentemente la breve conversación comenzó con unas preguntas inofensivas sobre su opinión sobre el conflicto israelí-palestino; sin embargo, al conversar con él, se hizo evidente que ellos apoyaban las políticas actuales del Estado político de Israel, incluyendo la expansión de los asentamientos judíos en las tierras palestinas de la Franja Occidental (Gaza). Al acercarme yo, le preguntaron, “¿por qué no se mudan los palestinos a Jordania y permiten que los israelíes tengan su propio país?” aparentemente supusieron que los palestinos no tenían la misma clase de conexiones históricas o los reclamos sobre la tierra que tenían los judíos; que los palestinos, como musulmanes, eran extranjeros y forasteros en la Tierra Santa.

Estos turistas se sorprendieron cuando él les respondió, “¿por qué ustedes los americanos no piensan o se preocupan, por nosotros sus hermanos cristianos? ¿No somos seguidores de Jesús como ustedes? ¿No son Belén, Nazaret, Capernaúm y Jerusalén sagradas para nosotros también? Entonces se declaró cristiano palestino, no musulmán palestino. Simplemente dieron por hecho, al igual que mis alumnos de BYU, que todos los árabes o palestinos eran musulmanes. En la conversación, descubrieron que la familia de él había vivido en esa tierra por siglos y que eran cristianos desde hacía mucho más tiempo que sus propias familias, que muy probablemente eran campesinos paganos viviendo en las aguas estancadas de Europa, cuando los progenitores de él aceptaron el cristianismo en la Tierra Santa hace casi dos mil años. De alguna forma, ahora les parecía incorrecto que los cristianos creyentes que habían vivido en esa tierra tanto tiempfo ueran perseguidos, echados y marginados por las ideologías rivales políticas, económicas y religiosas de la región.

El artículo de este mes de la revista National Geographic sobre los cristianos del Medio Oriente, es una gran introducción a su historia, resaltando una importante visión hacia el conflicto que tal vez no nos sea tan familiar como lo debiera ser. Al final, es más complejo de lo que suponemos generalmente.