Dios ha vuelto

POSTED BY: holzapfel

05/27/09


En los últimos doscientos años, los pensadores europeos como Karl Marx, Emile Durkheim y Max Weber creían que la religión estaba destinada al fracaso y que Dios estaba muerto; sin embargo, la historia siempre parece sorprendernos. Pocos líderes políticos y académicos del pasado habrían imaginado que la gente de fe y sus instituciones jugarían un papel tan importante en el mundo de hoy. Aun los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 demuestran que, sin importar en donde viva uno, es importante entender lo que se enseña en una escuela religiosa de Arabia Saudita. Además, las elecciones presidenciales de Estados Unidos en el 2008, revelaron que las creencias religiosas todavía son importantes, aunque la Constitución Norteamericana no requiere de ninguna prueba religiosa para aquellos que buscan un puesto público (el artículo VI, sección 3, declara, “jamás se requerirá prueba religiosa alguna como requisito para cualquier oficio o puesto público en los Estados Unidos”).
Uno de los últimos esfuerzos por comprender cómo y por qué la fe está rebotando en la cara del laicismo dominante y profundo es la obra de John Micklethwait y Adrian Wooldridge, titulada God is Back: How the Global Revival of Faith Is Changing the World (New York: Penguin, 2009) [Dios ha vuelto: Cómo está cambiando al mundo el resurgimiento global de la fe]. Como algo interesante, los Santos de los Últimos son mencionados en varias ocasiones (véase las Págs. 18, 19, 65, 115, 124, 229, 233, 350, 357, 371).

Los autores describen sus esfuerzos como un “largo viaje” y añaden, “Sin duda, el mensaje general [de este libro] deprimirá a muchos laicistas; en ocasiones nos ha deprimido a nosotros también. Han ocurrido algunas cosas terribles en el nombre de Dios en este siglo. Indudablemente hay más en el camino”. Concluyen, “De forma desigual y gradual, la religión se está convirtiendo en una cuestión de elección – algo en que las personas deciden si creen (o no)” (372). Este modelo, en el que la elección juega un papel fundamental en la decisión de creer o no creer, es cabalmente americano. De ahí que la ola del futuro es el modelo americano, en el que no existe ninguna iglesia establecida del estado y en el que la gente decida por sí misma en lo que van a creer.

El libro ofrece información bastante sorprendente, como:

  • “Para el 2050, China bien podría ser la nación musulmana más grande del mundo, así como la cristiana más grande” (5).
  • “Muchos conflictos antiguos han adquirido un matiz religioso. La perniciosa guerra de sesenta años por Palestina comenzó como un asunto principalmente laico. . . . En la actualidad, en la era de Hamas, colonos judíos y sionistas cristianos, el conflicto israelí-palestino se ha vuelto mucho más sectario y polarizado, con cada vez más gente reclamando que Dios está de su lado” (13).
  • Una encuesta de 2006—quince años después de la caída del régimen soviético—descubrió que el 84 por ciento de la población rusa creía en Dios, mientras que sólo el 16 por ciento se consideraban ateos” (13).
  • La mayoría [de las estadísticas] parecen indicar que la tendencia global hacia el laicismo se ha detenido, y bastantes indican que la religión está al alza. Una estimación sugiere que la proporción de personas ligadas a las cuatro religiones más grandes del mundo – Cristianismo, Islam, Budismo e Hinduismo—aumentaron de un 67 por ciento en 1900 a un 73 por ciento en 2005 y para el año 2050 podrían alcanzar un 80 por ciento” (16). “Se mire como se mire, la fe tiene más probabilidades de afectarle a uno que antes, bien sea porque es parte de su vida o porque es parte de la vida de alguien a su alrededor – sus vecinos, sus compañeros de trabajo, hasta sus gobernantes o la gente que intentan derrocarlos” (24).
  • Un estudio riguroso sobre las creencias religiosas americanas . . . demuestra claramente que el país más poderoso del mundo es uno de los más religiosos. Más de nueve de cada diez americanos (92 por ciento) creen en la existencia de Dios o de un espíritu universal” (131).
  • “Los científicos sociales han producido muchas evidencias de que la religión es buena para uno . . . Daniel Hall, doctor del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh, ha descubierto que la asistencia semanal a la iglesia puede añadirnos de dos a tres años de vida, [resultando en] ‘una expectativa de vida sustancialmente mayor’”(146)
  • “La religión también parece estar relacionada con la felicidad. Uno de los resultados más impactantes del sondeo regular de Pew es que los americanos que asisten a servicios religiosos una o más veces a la semana son más felices (43 por ciento muy felices) que aquellos que asisten mensualmente o menos (31 por ciento) o que rara vez o nunca (26 por ciento)” (147).
  • “La religión puede combatir el mal comportamiento así como promover el bienestar” (147).
  • “La religión parece proporcionar lazos sociales. . . . Las iglesias ofrecen un lugar seguro, en el que la gente puede conocerse y combinar información y experiencia. Ponen en contacto a personas con problemas y a las personas con soluciones” (148—149).

Al final, los autores nos recuerdan lo equivocados que han estado los expertos del pasado acerca de Dios y la religión, incluyendo a Peter Berger, quien aseguró al New York Times en 1968 que para “el siglo XXI, los creyentes religiosos se encontrarán probablemente en pequeñas sectas, agrupados para resistir una cultura laica mundial” (52).


Paz y Tranquilidad

POSTED BY: holzapfel

05/18/09


Recientemente, visité la librería “Powell’s City of Books” en el centro de Portland, Oregon. Powell’s es una de las librerías independientes de Estados Unidos, considerado el mayor vendedor de libros nuevos y usados, que ocupa una manzana completa de la ciudad, y que ofrece más un millón de títulos.

Al recorrer este famoso lugar, me fijé, en la sección de obras autografiadas , en la de Gordon Hempton ” One Square Inch of Silence: One Man’s Search for Natural Silence in a Noisy World [Una pulgada cuadrada de silencio: Un hombre en búsqueda del silencio natural en un mundo ruidoso] (New York: Free Press, 2009). Me intrigó el título por el interés que tengo en el tema (véase mi blog del 3 de noviembre de 2008 titulado “Solitude, Silence, and Darkness” [Soledad, Silencio y Oscuridad]; lo añadí rápidamente al grupo de libros que ya tenía. Hempton es un grabador de sonidos premiados que vive en Port Angeles, Washington, cerca del Parque Nacional Olympic, el lugar de “una pulgada cuadrada” cuyos sonidos y silencios ha grabado.

Este libro cuenta la historia de su épico viaje por Estados Unidos para grabar el paisaje natural estadounidense. Cargó su furgoneta Volkswagen del ´64 con un medidor de decibelios y equipos de grabación y emprendió su viaje rumbo a la costa del este. Según demuestra Hempton, es difícil escapar de los ruidos del mundo moderno. Incluso en algunos de los lugares más tranquilos de Estados Unidos –nuestros parques nacionales – los aviones o los equipos modernos que reducen el trabajo utilizados por los mismos empleados de los parques, rompen el silencio y a veces molestan tanto a los humanos como a los animales ahí presentes.

Cuando por fin llegó a Washington DC, en donde se reunió con funcionarios federales para promover una legislación que conservara el silencio natural en los parques nacionales, había grabado los sonidos, las imágenes y las descripciones de algunos lugares asombrosos, incluyendo algunos en el interior de Utah (121-156) El libro contiene un CD con estos sonidos.

Ciertamente, en la actualidad nos enfrentamos a la contaminación acústica. Si queremos un poco de paz y tranquilidad, tenemos que apagar la televisión, la radio, el iPod . Como comenta Hempton, “Las palabras paz y tranquilidad son practicamente sinónimos, las cuales muy a menudo se pronuncian en la misma frase” (12).

Hempton indica los beneficios de un lugar tranquilo y natural. Sugiere que “lo bueno surge en un lugar tranquilo: el estudio, la oración, la música, la transformación, la adoración, la comunión” (12). Argumenta que “si damos oídos sordos al tema de la tranquilidad natural que se desvanece”, perdemos algo precioso, algo irremplazable (3). Y añade, “Tenemos el derecho nato de escuchar, tranquilamente y sin interrupción, los sonidos del medio ambiente natural” (2).

Con una perspectiva interesante, Hempton observa, “la fauna silvestre depende de su sentido del oído para detectar la llegada de depredadores y no permanecerá mucho tiempo en lugares donde se le dificulte oír” (20). Interesantemente, opina: “Sólo el oído puede controlar todas las direcciones a la vez, y aún predecir lo que podría encontrarse a la vuelta de la esquina” (56). No pude evitar preguntarme si los humanos tienen dificultad para oír la voz del Espíritu, la cual podría avisarles de los peligros no vistos o de lo que puede encontrarse a la vuelta de la esquina, debido a los crecientes niveles de ruido que tan a menudo buscan distraernos de los pensamientos y acciones mas elevados y nobles. Tal vez no disfrutemos lo suficiente de tales experiencias; el silencio y los sonidos naturales que se requieren para afinar nuestros oídos a fin de escuchar una voz celestial. De manera creciente, voces y sonidos rivales procuran llenar nuestros oídos con consejos y sonidos que nos alejan de las cosas del Espíritu. Estas voces y estos sonidos no sólo procuran captar nuestra atención, sino que también desean captar nuestro corazón.

El salmista dijo, “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Salmos 46:10). Una verdad eterna del pasado; fue un buen consejo entonces y es un buen consejo en la actualidad.


“Las piedras clamarían”

POSTED BY: holzapfel

05/07/09


Cuando Jesús vino a Jerusalén, en lo que sería su última visita, caminó desde el Monte de los Olivos hasta la ciudad Santa. Al hacerlo: “toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto” (Lucas 19:37). Lucas añade: “Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él [Jesús], respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían” (Lucas 19: 39-40).

Hay piedras por doquier en esta tierra áspera. No sólo la gente las ve por todas partes, sino que caminan encima de ellas y visitan lugares hechos de piedra, tales como la Tumba del Huerto, o la tumba labrada en la peña en la Iglesia del Santo Sepulcro; la roca donde Abrahán ofreció a Isaac, cubierta ahora por la Cúpula de la Roca, la roca donde Jesús oró en Getsemaní (parte del altar en la Iglesia de Todas las Naciones); y el enorme muro de contención herodiano del Monte del Templo. La semana pasada regresé de visitar Jerusalén. A veces las campanas de las iglesias, la llamada del muecín, y la sirena del día de reposo Judío captan nuestra atención con sonidos que compiten flotando en el aire. Pero la verdadera historia se encuentra en las piedras.

En el vuelo a Jerusalén, leí el último libro de Simón Goldhill, Jerusalem: City of Longing [Jerusalén, Ciudad de Añoranza](Cambridge: The Belknap Press of Harvard University Press, 2008). Me ayudó en mi visita, pues me proporcionó unos elementos de comprensión que me permitieron enlazar mucha información con años de experiencia en Jerusalén. Al pensar en la gente que conocí, (guías, turistas, taxistas, y otras personas) me di cuenta de la frecuencia con que la mayoría de nosotros queremos ver los relatos de Jerusalén en “blanco y negro”. Pero, como Goldhill demuestra en esta narración bien elaborada, “para ser apreciada la ciudad tiene que ser vista desde múltiples perspectivas ” (viii), y los relatos son “mucho más complicados y mucho más interesantes que los estereotipos” (ix).

En lugar de producir un guión cronológico, el autor proporciona un panorama de diferentes lugares (en su mayoría asociados con rocas o piedras) relacionados con puntos importantes de la historia de Jerusalén. Al contar su relato, Goldhill proporciona algunas de las “narrativas opuestas” (judía, musulmana, y cristiana; ortodoxa, católica y protestante) proporcionando sus propias versiones “blanquinegras” de los eventos (282). Concluye habilmente, “Las tensiones entre las tres religiones abrahámicas [Judaísmo, Cristianismo e Islam] apuntan intencionadamente a los santos lugares, a sus posesiones, su tutela legal, su valor simbólico” (47). En un sentido muy real, la tutela legal de cada lugar permite a cada grupo compartir su propia narrativa que le otorga validez.
Goldhill concluye diciendo, “Jerusalén tiene una extraña relación con las piedras”. Indica que incluso “los arqueólogos procuran hacerlas hablar”. No obstante, reconoce que existe la inevitable desilusión del pasado perdido, fragmentado, desconocido y quebrantado”, cuando nos apoyamos en la arqueología (225).

No todos estarán de acuerdo con los sitios y relatos que Goldhill decidió incluir, pero los lectores descubrirán que él “trató de contar esta historia de la manera más simple y neutral posible” (281). Si han visitado Jerusalén, si tienen planes de visitar Jerusalén, o si sólo están interesados en la ciudad, este libro bien merece una visita, pues nos brinda un enfoque matizado a una ciudad compleja. Concluye diciendo, “estar en Jerusalén es estar en una ciudad de añoranza, al buscar uno su propio lugar en los estratos de la historia, la imaginación, la creencia, el deseo y el conflicto que hacen que Jerusalén sea lo que es” (332).