Una Voz de Amonestación

POSTED BY: holzapfel

02/28/09


El mormonismo comenzó con un libro, el Libro de Mormón (publicado en marzo de 1830). En la siguiente década se escribieron y publicaron muchos libros, tanto por miembros como o miembros, para explicar, comprender o atacar la nueva fe. Uno de los primeros conversos al mormonismo fue Parley Parker Pratt (1807-1857). Él leyó el Libro de Mormón y después de unos días deseó bautizarse. Esto inició una larga trayectoria con los Santos que acabó trágicamente en Arkansas, cuando Pratt fue asesinado. Durante la época entre su bautismo y su muerte, viajó extensamente como misionero en los Estados Unidos, Canadá y Las Islas Británicas. Además de predicar el Evangelio, Pratt escribió importantes folletos misionales. Uno de sus libros, “Una voz de amonestación e instrucción a todas las personas, que contiene una declaración de la fe y doctrina de La Iglesia de los Santos de los Últimos Días, comúnmente llamados los mormones“, muchos historiadores creen que es el libro más importante del mormonismo del siglo XIX, con excepción de las escrituras.

Aunque “Una voz de amonestación” no fue el primer libro en explicar las creencias de los Santos, sí fue el primero en comparar y contrastar las creencias mormonas con el cristianismo convencional. En los siguientes 50 años, se publicaron unas 30 ediciones en inglés. Además, durante ese período, el libro también se publicó en varios idiomas, incluyendo los siguientes: alemán, danés, español, francés, holandés y sueco. Para muchos investigadores y primeros conversos, “Una voz de amonestación” fue el primer Libro que leyeron.

En el año 2004, la editorial neoyorquina Barnes & Noble estableció una nueva serie de libros en edición rústica: “La biblioteca Barnes & Noble de Lecturas Esenciales“. Su página Web indica que la serie se había realizado “para proporcionar acceso a libros de valor literario, académico e histórico (obras de escritores conocidos, así como de los ya olvidados). Seleccionados y presentados por eruditos y especialistas con un profundo conocimiento de las obras que tratan, estos tomos presentan textos completos con un tipo de letra fácil de leer, dándole la bienvenida a una nueva generación, a libros del pasado importantes e influyentes”. Con más de 250 títulos, la serie incluye: Juicio y Muerte de Sócrates, Memorias Personales de Ulises S. Grant, La Ciudad de Dios de San Agustín y Democracia en América de Alexis de Tocqueville.

A finales de 2008 Barnes & Noble publicó una nueva edición de Una Voz de Amonestación de Pratt. Mi colega de BYU, Kent P. Jackson, preparó una introducción seria para este nuevo tomo basado en la edición de 1854 del libro (la última de Pratt antes de ser asesinado). Al leer las 137 páginas de este tomo bien diseñado, nos recuerda la pasión y el entusiasmo que existía durante la primera época de la Restauración. Pratt es un buen escritor. Es claro y directo. Su prosa canta, y sus argumentos suenan potentes y claros. El libro bien merece ser leído, especialmente por alguien interesado en escuchar una conversación acerca de este período crítico de la historia de la Iglesia. ¡Felicitaciones a Kent Jackson y a Barnes & Noble!


¿Sudó sangre Jesús?

POSTED BY: holzapfel

02/12/09


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Con respecto a un famoso pasaje que se encuentra en Lucas 22, Bart D. Ehrman, autor de El Nuevo Testamento: Una introducción histórica a los primeros escritos cristianos (The New Testament: A Historical Introduction to the Early Christian Writings (New York: Oxford University Press, 2008), argumenta que los escribas añadieron el detalle de que “era su sudor como grandes gotas de sangre” (Lucas 22:44). Ehrman declara, “esta imagen de Jesús “sudando sangre”… puede encontrarse solamente en un pasaje del Nuevo Testamento, en Lucas 22:43-44. Este pasaje no está presente en nuestros más antiguos y mejores manuscritos del evangelio de Lucas”. Ehrman continúa, “de hecho, tal parece que los escribas que querían dar énfasis en toda la humanidad de Jesús y su gran sufrimiento humano, lo añadieron al relato de Lucas. Para estos escribas, Jesús no era tan sólo un ser divino que podía elevarse por encima de la pruebas y tribulaciones de esta vida. Él era humano en todos los aspectos y sufrió la clase de agonía que cualquiera de nosotros sufriría, si supiéramos que pronto íbamos a someternos a una muerte por crucifixión humillante y atroz. Mientras esta parece haber sido la visión del sufrido Jesús que tenían los escribas, no es la de Lucas” (491). Ehrman y otros eruditos especulan que este versículo fue introducido en el Nuevo Testamento alrededor del siglo V de la era cristiana.

 

Los Santos de los Últimos días, al igual que muchos otros lectores conservadores del Nuevo Testamento, siguen aceptando el conmovedor relato de Lucas sobre el sufrimiento en Getsemaní y no han estado dispuestos a eliminar este material de sus lecturas de las últimas 24 horas de Jesús.

 

Además, las escrituras de la Restauración confirman el relato de Lucas, proporcionándoles razones adicionales para retener este relato (véase Mosíah 3:7; Doctrina y Convenios 19:18).

Recientemente, un brillante y elocuente erudito del Nuevo Testamento ha planteado preguntas sobre las afirmaciones de Ehrman. Thomas A. Wayment, colega mío de BYU, publicó un innovador estudio, en una de las revistas especializadas en el Nuevo Testamento más importantes del mundo, acerca de un fragmento de papiro del siglo III  (P69). Dice, “El fragmento fue sometido a correcciones subsiguientes de los escribas en al menos dos casos” (“A New Transcription of P. Oxy. 2383 (P69),” Novum Testamentum 50 [2008], 351).

Usando imágenes de multiespectro (una tecnología desarrollada por la NASA y aplicada por primera vez a manuscritos antiguos en BYU) descubrió que un escriba del siglo III al copiar de otro manuscrito, comenzó a escribir el relato del sufrimiento de Jesús según Lucas 22, pero luego se corrigió a sí mismo. Esto implica que el relato del sufrimiento de Jesús era conocido en épocas tan tempranas como el siglo III. Como resultado del  trabajo cuidadoso de Wayment, ahora debemos reevaluar la propuesta de que un escriba del siglo V añadió estos versículos por razones teológicas.

 

Este artículo es significativo. Primero, señala un nuevo día en el entorno erudito de los Santos de los Últimos Días. Con eruditos mormones bien capacitados en el Nuevo Testamento, como Wayment, ahora podemos entablar diálogos de erudición más amplios sobre el Nuevo Testamento. En segundo lugar, este artículo resalta la importancia de la tecnología de imágenes de multiespectro en estudios sobre el Nuevo Testamento. Finalmente, plantea una seria pregunta  sobre las afirmaciones dogmáticas de algunos eruditos sobre cómo estaba escrito el texto original del Nuevo Testamento. Por supuesto, los descubrimientos y los estudios en curso de los manuscritos y fragmentos griegos del Nuevo Testamento pueden añadir más perspectivas al relato de Jesús en Getsemaní.


Manuscritos del Nuevo Testamento

POSTED BY: holzapfel

02/05/09


El Nuevo Testamento es una asombrosa   colección de varios tipos de documentos, que incluyen  cartas,  bibliografías  antiguas, sermones   y narraciones   históricas. Los  estudios   sobre  el Nuevo Testamento nos han ayudado a reconstruir el mundo de Jesús y sus discípulos al proporcionar perspectivas  históricas, culturales y lingüísticas; además, el estudio de los  textos nos ha ayudado a apreciar el interesante y complejo relato de la transmisión del Nuevo Testamento desde  la antigüedad  hasta el presente.

      

En la actualidad, no parece que se haya preservado ningún manuscrito o escritos  originales del Nuevo Testamento. En otras  palabras, no podemos visitar ningún museo  o biblioteca para ver el libro original de Mateo, o la epístola original que Pablo escribió a los Romanos. De hecho, los manuscritos más antiguos que han sobrevivido los estragos del tiempo ni siquiera son copias de los originales, ni copias de las copias. El texto más  antiguo del Nuevo Testamento que se conoce, es un manuscrito de papiro más bien pequeño   (véase la imagen) con Juan 18:37-38 en un lado (anverso) y Juan 18: 31-33 en el otro (reverso). Su pequeño tamaño minimiza su gran importancia. Producido aproximadamente en el año 125 de la era cristiana, sugiere una fecha del Evangelio de Juan anterior a la que tradicionalmente se le ha asignado (muchos eruditos asumen que el Evangelio de Juan fue escrito en los años 90 de la era cristiana). Además, el manuscrito fue descubierto en Egipto, lo que sugiere una rápida dispersión del Evangelio.

 

Las copias más antiguas de un libro individual del Nuevo Testamento datan del año 200 de la  era cristiana. En las décadas y siglos siguientes, los escribas continuaron haciendo  copias del Nuevo Testamento. Aún existen  unos 5.700 manuscritos en griego de principios  del siglo II hasta el siglo XVI. No es de sorprender que estos manuscritos contengan numerosas diferencias porque  fueron copiados a mano a lo largo de los años.  De hecho, existen unas 30.000 variantes de lectura. La mayoría de estas variantes de  lectura no son teológicamente significativas, y probablemente fueron el resultado de errores   humanos (cambios no intencionales hechos al  texto durante el proceso  de su copiado).  Sin embargo,  existen cambios bastante significativos, que muy probablemente fueron      intencionales. Estos cambios se realizaron por   una variedad de razones, que incluyen: (1) promover opiniones teológicas, (2) corregir errores que un escriba creía que existían en el texto, (3) concordar el texto a fin de que fuera igual a lo que estaba registrado en otro pasaje  y (4) clarificar ciertos pasajes que pudieran ser confusos o mal entendidos.

 

La versión inglesa del Rey Santiago (KJV) de 1 Juan 5: 7 conserva un cambio significativo: “porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno”. Los traductores de la KJV utilizaron los mejores manuscritos disponibles en esa época. Desde 1611, nuevos hallazgos han dado a conocer manuscritos antiguos que los eruditos creen que nos acercan mucho más al texto original. Este versículo en particular, que apoya una interpretación trinitaria de la Deidad, no se encuentra en los manuscritos más antiguos de 1 Juan, lo que sugiere que un escriba lo añadió por cuestiones teológicas.

 

La manera en que entendamos el Nuevo Testamento dependerá de qué variante de lectura aceptemos como la más cercana a la original. En este caso, algunos eruditos argumentan que el Nuevo Testamento no nos enseña explícitamente la doctrina de la Trinidad, porque esta singular e importantísima referencia  no se encuentra en   ningún manuscrito griego (manuscritos que abarcan más de mil años de transmisión del Nuevo Testamento). Debido a que no aparece antes del siglo XIV, algunas traducciones y versiones modernas de la Biblia no incluyen este versículo.

 

En la actualidad, vivimos en una época asombrosa en la que el trabajo sobre el Nuevo Testamento ofrece grandes perspectivas y nos permite acercarnos a los textos según fueron preparados originalmente en el siglo I.


José Smith: Un Testigo moderno de Jesucristo

POSTED BY: holzapfel

02/03/09


Durante el mes de diciembre, nuestros pensamientos quizás pudieran evocar un día de invierno en una pequeña granja en el estado de Vermont, donde José Smith dio su primer aliento de vida en 1805. También  podríamos meditar sobre una calurosa tarde de jueves en junio de 1844, cuando el profeta dio su último respiro. 

 

Durante su vida, José Smith fue muchas cosas: un hijo obediente, un padre amoroso, un vecino amable, un líder de la comunidad con visión. Además fue un profeta de Dios.

 

Desde el principio, los profetas han tenido deberes específicos. Noé construyó un arca. Moisés sacó al pueblo de Israel del cautiverio. Josué condujo a Israel hacia la tierra prometida. Lehi y Jeremías  advirtieron a los habitantes de Jerusalén sobre un inminente exilio. Pedro y Pablo llevaron el evangelio a las naciones de la tierra.  Tengan la asignación específica que tengan, todos los profetas son testigos del Señor.

 

José Smith no fue diferente. Él recibió numerosas asignaciones del Señor. Sin embargo, su papel más grande e importante como profeta fue el de ser un testigo moderno de Jesucristo. En 1820, José Smith registró: “No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado. Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo! (José Smith—Historia 1:17).

 

En 1832, José Smith y Sidney Rigdon testificaron: “Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre (Doctrina y Convenios 76:23).

 

En 1836, José Smith y Oliver Cowdery testificaron:

“Vimos al Señor sobre el barandal del púlpito, delante de nosotros; y debajo de sus pies había un pavimento de oro puro del color del ámbar. Sus ojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol; y su voz era como el estruendo de muchas aguas, sí, la voz de Jehová” (Doctrina y Convenios 110:2-3).

 

El ministerio profético de José Smith se puede dividir fácilmente en dos deberes distintos y, a la vez, relacionados.

 

Primero, el Profeta fue llamado para testificar de Jesús como Salvador y Redentor. Esto lo logró principalmente al sacar a luz el Libro de Mormón y al establecer la Iglesia de Jesucristo. El Libro de Mormón y la Iglesia se centran en la Expiación de Cristo, el arrepentimiento, la salvación y la vida eterna. La primera asignación se culminó con la restauración de los primeros principios y ordenanzas del evangelio, los cuales nos permiten entrar en el Reino Celestial. A esto se le llama la “plenitud del evangelio de Jesucristo”

 

Segundo, el Profeta fue llamado para testificar de Jesús como el “autor  y consumador de nuestra fe”. Esto lo logró principalmente por medio de las revelaciones que recibió, comenzando en 1832, con respecto a la exaltación y la vida eterna (véase Doctrina y Convenios 76, 84, 88 y 93) Esta última asignación se culminó en el templo, en el que los Santos de los Últimos Días reciben las ordenanzas de la Iglesia del Primogénito que les permiten entrar en la presencia de Elohim.

 

Todas las bendiciones y promesas que anunciamos a los habitantes de la tierra vienen mediante y por Jesucristo, el mismo Hijo de Dios. Ciertamente  son “buenas nuevas”. Sin Jesucristo, no tenemos nada. José Smith dijo el 12 de mayo de 1844, pocas semanas antes de que fuera asesinado: “El Salvador tiene las palabras de vida eterna, ninguna otra cosa nos puede beneficiar”  (Andrew F. Ehat and Lyndon W. Cook, eds., Words of Joseph Smith [Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1980], 365).

 

Al escuchar el testimonio de José acerca de Jesucristo, es como si oyéramos la voz de Jesús porque José Smith “fue ordenado por Cristo Jesús”  (William W. Phelps, “Loor al Profeta,” Himnos [Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1992), no. 15).