En la sombra de San Pedro

POSTED BY: holzapfel

07/30/09


Estoy acabando de dirigir el programa de verano de estudio en el extranjero de BYU en Roma este fin de semana, antes de continuar hacia Atenas para terminar la última semana y media del trimestre de verano.

Ha sido un mes caluroso y húmedo al intentar el Dr. Gary Hatch y yo mantenernos un día por delante de los cuarenta alumnos que nos han acompañado. Hemos visto mucho de Roma y de Italia a lo largo del mes.

Roma ha sido nuestra base operativa y, durante este trimestre escolar, hemos vivido en diferentes apartamentos ubicados en las proximidades de la Ciudad del Vaticano, la nación independiente más pequeña del mundo. De hecho, dos apartamentos de estudiantes tienen vistas directas a la Basílica de San Pedro desde las ventanas de los dormitorios.

Por supuesto, al igual que otros viajeros y turistas, visitamos los museos del Vaticano, los jardines del Vaticano, el Scavi (la necrópolis del siglo I debajo de la Basílica de San Pedro), y estuvimos dentro de la misma iglesia. Los alumnos también asistieron a una audiencia papal la primera semana. En otras ocasiones, la magnífica plaza de San Pedro servía como punto de encuentro para el grupo, antes de partir hacia algún destino de la ciudad; sin embargo, parecía que todos los días estábamos a la sombra de San Pedro, estuviéramos donde estuviéramos en la ciudad.

Aun para los que no son católicos, la Basílica de San Pedro es un lugar obligatorio de visita en Roma. La Piedad de Miguel Angel está en la iglesia, y su cúpula se levanta por encima de los demás edificios de Roma, llamando a la gente a reunirse en este singular lugar.

Según una antigua tradición, Pedro fue crucificado en el Circo de Nerón y enterrado cerca, más o menos entre los años 64 y 66. En alguna fecha relativamente temprana, quizás a mediados del siglo II, los cristianos marcaron una tumba que creían que contenía los restos de Pedro.

Posteriormente, Constantino erigió una iglesia en dicho sitio en el siglo IV. Con el tiempo, el Papa Julio II comenzó la construcción de una nueva iglesia, la actual basílica, en 1505. A partir de 1939, el Vaticano patrocinó investigaciones arqueológicas debajo de la Basílica, donde encontraron restos de la primera iglesia y algunas tumbas del siglo I.

En la actualidad, a los visitantes de la Scavi se les muestra una tumba específica, que los católicos creen que es la de San Pedro, directamente debajo del altar alto cubierto por el dosel de Bernini debajo de la magnifica cúpula de Miguel Angel. Aunque muy probablemente no sea la tumba del pescador de Galilea, hay algo especial al visitar un lugar que ha sido el centro de peregrinajes desde hace casi dos mil años; y aunque nunca sepamos exactamente lo que le pasó a Pedro (dónde, cómo y cuándo murió) hay algo que nos hace pensar en él a la sombra de la Basílica que lleva su nombre en esta asombrosa ciudad en el río Tiber.


Recordando y celebrando nuestra historia global

POSTED BY: holzapfel

07/23/09


Blog escrito por Reid L. Neilson, profesor adjunto de Historia de la Iglesia y Doctrina de BYU.

El Día de los Pioneros evoca imágenes de carretas y carretas de mano en el trayecto hacia el oeste, a Utah; sin embargo, una imagen tan miope de la historia de nuestra Iglesia oscurece los esfuerzos pioneros de los Santos de los Últimos Días alrededor del mundo. Menos mal que el historiador Andrew Jenson hizo todo lo posible para ampliar la concienciación histórica de los miembros de la Iglesia – algo que todos debemos recordar durante esta época festiva especial.

Mientras trabajaba para el Departamento Histórico de la Iglesia en Salt Lake City, Jenson fue enviado por la Primera Presidencia para realizar una gira del campo misional fuera de Norteamérica. El intrépido danés partió de Salt Lake City el 11 de mayo de 1895 y no regresó a la ciudad de los Santos hasta el 4 de junio de 1897. En el transcurso de su viaje en solitario de veinticinco meses, Jenson pasó por las siguientes islas, naciones y tierras (en orden cronológico): las Isla Hawaianas, Fiji, Tonga, Samoa, Nueva Zelanda, las Islas Cook, las Isla Sociedad, las Islas Tuamotu, Australia, Ceilán, Egipto, Siria, Palestina, Italia, Francia, Dinamarca, Noruega, Suecia, Prusia, Hannover, Sajonia, Baviera, Suiza, los Países Bajos, Inglaterra, Gales, Irlanda y Escocia. Viajó 53.820 millas [86.596 kilómetros] por agua mediante una variedad de barcos a vapor y barcas; sus viajes por tierra incluyeron trenes, carruajes, jinrikishas, caballos, burros y camellos. Jenson se convirtió en el primer Santo de los Últimos Días en visitar todas las actuales misiones SUD fuera de Norteamérica tras la evangelización de la Cuenca de Pacífico en la década de 1840.

Jenson predicó la importancia de mantener registros en sus muchos sermones y discursos de Conferencias Generales. “Si no hubiese sido por los escritores. . . que pertenecieron a la Iglesia original, ¿qué significarían para nosotros los hechos de Cristo?” Jenson, en una ocasión, les dio a los Santos de los Últimos Días el siguiente desafío: “Y si alguien no hubiera registrado estos y otras hermosas palabras de Cristo y Sus Apóstoles, ¿Qué habríamos sabido del ministerio de Cristo y de Sus Apóstoles? Tendríamos tan sólo unas vagas ideas transferidas por tradición que desorientarían más que orientarían”. En otras palabras, de no ser por los escritores e historiadores de dispensaciones pasadas, no habría historia sagrada en la forma de escritura hebrea y cristiana. Lo mismo sería una realidad en esta dispensación, enseño él a menudo, si los miembros de la Iglesia fracasaran en mantener historias personales y eclesiásticas contemporáneas. Este sentido espiritual del destino, junto con una incomparable ética de trabajo y pasión por la historia, moldeó la vida y la obra de Jenson. Sólo hace falta buscar en el catálogo de la Biblioteca de Historia de la Iglesia para ver los escritos de Jenson a fin de comprender sus obras.

He argumentado en otros lugares que la historia global SUD es la historia de la Iglesia. Los Santos de los Últimos Días deben darse cuenta de que gran parte de nuestra historia más interesante ha ocurrido en el extranjero. Debemos recordar que la “restauración” del Evangelio ocurre cada vez que se dedica un nuevo país para el proselitismo, mediante la autoridad apostólica. En otras palabras, la restauración original de Nueva York de 1830 en muchas maneras fue repetida en Gran Bretaña en 1837, en Japón en 1901, en Brasil en 1935, en Ghana en 1970, en Rusia en 1989 y en Mongolia en 1992. Los historiadores mormones deben reconducir su mirada erudita de Palmyra, Kirtland, Nauvoo y Salt Lake City hacia Tokio, Santiago, Varsovia, Johannesburgo y Nairobi. Estas ciudades internacionales y sus historias serán muy importantes para nuestra historia sagrada. Estas historias no norteamericanas necesitan contarse con mayor frecuencia y con mejor habilidad. En este sentido, Jenson fue un hombre adelantado para su época. En los últimos años del siglo XIX, el inagotable caballo de batalla de la Oficina del Historiador de la Iglesia tenía la visión y la voluntad de dedicar dos años de su vida a documentar la Iglesia global y a sus miembros. Como indica Louis Reinwand, “Jenson desempeñó un papel vital en mantener vivo el ideal de una Iglesia universal. Fue el primero en insistir en que la historia mormona incluyera a alemanes, británicos, escandinavos, tonganos, tahitianos y otros grupos nacionales y étnicos, y en que la historia de los Santos de los Últimos días debiera escribirse en varios idiomas para el beneficio de aquellos que el inglés no era su idioma nativo” (“Andrew Jenson, Latter-day Saint Historian,” BYU Studies 14, no. 1 [Autumn 1973]: 44).


Un mundo antiguo redescubierto

POSTED BY: holzapfel

07/17/09


El Centro de Estudios Religiosos promueve la investigación y la publicación, mediante concesiones y lugares de publicación. Un aspecto de la misión del CER es la de ayudar a reconstruir el mundo de las Escrituras y de la Restauración para brindar un contexto de ayuda.

En la actualidad, estoy dirigiendo un programa de BYU de estudio en el extranjero, para el verano, en Roma y Atenas con Gary Hatch, decano adjunto de Educación General y Honores. Cuarenta alumnos nos han acompañado en esta aventura, y en verdad es una aventura; hace calor, es húmedo y a veces se hace difícil llevar a todos a un museo o yacimiento arqueológico por medio de un congestionado y confuso sistema de autobuses, metros y trenes.

Como uno se podrá imaginar, pasamos una considerable cantidad de tiempo paseando por la antigua Roma. En algunos lugares, hasta habremos caminado por donde caminaron Pedro y Pablo. Esta semana próxima haremos un viaje a un lugar aun más lejano, a la antigua Pompeya, cerca de la actual Nápoles, Italia.

He ido a Pompeya en varias ocasiones desde mi primera visita con un grupo de alumnos de escuela secundaria de York, Maine, en 1972. En cada visita, me voy más melancólico que en la anterior, de manera que no deseo demasiado esta visita. Las imágenes de muerte en la ciudad me atormentan, especialmente los moldes de yeso, ingeniosamente hechos, de los cuerpos de las personas que murieron allí hace tantos años; no obstante, me he estado preparando para la visita con nuestros alumnos leyendo un nuevo libro sobre Pompeya escrito por Mary Beard, The Fires of Vesuvius: Pompeii Lost and Found [Los fuegos del Vesuvio, Pompeya perdida y hallada] (Cambridge, MA: The Belknap Press of Harvard University Press, 2008).

El libro de Beard me recuerda que el pasado es mucho más complejo de lo que a veces imaginamos. Este es un libro importante para cualquiera que sueñe con ir a Pompeya, o para cualquiera que quiera comprender la complejidad de la historia. Primero, la autora nos dice que Pompeya es más que una ciudad “simplemente congelada a medio flujo” (9). Capítulo tras capítulo, la autora nos dice, “Nada es como pudiera parecer a primera vista” (13). Hubo destrucción antes de la famosa erupción en el año AD 79 (ella argumenta en contra de la fecha del 25 de agosto), y hubo pillaje casi inmediatamente después de la tragedia. Luego en 1943, las bombas aliadas causaron incluso más destrucción ¡En verdad es una historia muy complicada! No obstante, Beard indica que “es verdad que la ciudad nos ofrece más imágenes de gente real y sus vidas reales que cualquier otro lugar del mundo romano” (15); sin embargo, “el panorama más completo y muchas de las preguntas más básicas sobre la ciudad permanecen muy turbias” (16).

Beard nos brinda imágenes habladas que nos ayudan a ver más allá de la moderna reconstrucción de la ciudad y de nuestra imaginación “Hollywoodense” de cómo podría haber sido, a una historia compleja y matizada que en realidad es cómo es la vida misma. La próxima vez que lean la segunda parte del Nuevo Testamento, consideren rellenar las brechas culturales e históricas que se encuentran en el libro de los Hechos; revelará un interesante y complejo mundo, dando contexto a los escritos de Pablo, Lucas, Pedro y otros.


“E depois nos dirigimos a Roma”

POSTED BY: holzapfel

07/07/09


Lucas preparó una obra de dos partes conocida como el Evangelio de Lucas y el libro de los Hechos, hace casi dos mil años, pero los relatos siguen tan frescos y excitantes como cualquier relato moderno. Puede que dé lo mejor de sí como narrador en los dos últimos capítulos de los Hechos, que contienen una de las mejores narrativas sobre viajes marítimos del siglo I que han sobrevivido del pasado (véase Hechos 27-28). Pablo había estado en prisión dos años en la capital provincial de Judea cuando Lucas comienza esta parte bien conocida del relato: “Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta” (Hechos 27:1).

Lucas brinda una narración dramática de una tormenta, una advertencia y luego un naufragio. Pablo, que ha sido retratado como un incansable misionero dispuesto a salvar al mundo, de hecho salva a la tripulación, los soldados y a los prisioneros. Se encuentran a salvo en una isla, muy probablemente Malta y, después de tres meses, embarcan en una nave granero de Alejandría, Egipto, rumbo a Roma.

Lucas continúa, “Y llegados a Siracusa [en la actual Sicilia], estuvimos allí tres días. De allí, costeando alrededor, llegamos a Regio [en Calabria, Italia]; y otro día después, soplando el viento sur, llegamos al segundo día a Puteoli [la actual Pozzuoli, justo al norte de Nápoles]” (Hechos 28: 12-13).

He estudiado los viajes de Pablo desde hace quince años. Éste ha sido no sólo un proyecto profesional (enseño el Nuevo Testamento), sino también una búsqueda personal; Pablo me ha tenido embelesado desde hace algun tiempo. Este domingo pasado, por fin he podido visitar un lugar que he deseado ver desde hace mucho tiempo, Pozzuoli. Con un antiguo compañero misionero, Steve Smoot, dirigiendo el camino, llegamos a este pequeño pueblo costero italiano.

Pozzuoli ha estado en las noticias últimamente. Sólo la semana pasada, unos arqueólogos descubrieron una cabeza de mármol del emperador romano Tito, quien destruyó Jerusalén y el templo en el año 70 de la era cristiana.

En este punto, Lucas hace una transición narrativa de los viajes marítimos a los viajes terrestres con cinco palabras emotivas: “y luego fuimos a Roma” (Hechos 28:14). Por supuesto, Roma fue el destino final del viaje, pero más importante aún, el clímax de su relato en los Hechos – Pablo anunciará las “buenas nuevas” en Roma, el corazón del mismo imperio.

Lo mejor de visitar lugares históricos es que desde ese día en adelante sentiré algo diferente cuando enseñe acerca de un determinado relato. Al igual que Lucas, podré ofrecer un relato más descriptivo a mis alumnos. En este caso, visualizaré el Mar Mediterráneo, la costa con sus barcas, redes, aves y la Colinas que rodean a Pozzuoli en el horizonte. En mi mente, podré imaginar a Pablo subiendo por los acantilados que separan el pueblo del altiplano para comenzar su viaje hacia Roma. Me acordaré del calor y la humedad, el olor del agua marina y los peces. Mis alumnos viajarán conmigo, al hacer todos el viaje con Lucas y Pablo a Pozzuoli, mientras leemos el relato del viaje a Roma.