Richard Neitzel Holzapfel Blog Posts
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Quienes estén interesados en la Doctrina y Convenios, necesitan subirse las mangas y empezar a sacar el tesoro del más reciente volumen de Los Documentos de José Smith, publicado, hace poco mas de un mes, el 22 de septiembre de 2009. Este imponente volumen de tamaño extra grande: “Manuscript Revelation Books” [Los Manuscritos de los Libros de las Revelaciones] (Salt Lake City: Church Historian Press, 2009), reproduce los manuscritos originales de las revelaciones en su tamaño y color reales. El diseño y la encuadernación son excelentes. El libro es un tesoro en sí mismo, pero el contenido es oro puro.
Los editores de este volumen particular son Robin Scott Jensen, Robert J. Woodford y Steven C. Harper (mi colega en Educación Religiosa). Tan solo los ensayos de introducción valen el precio de cien dólares.
Esta semana, la revista BYU Studies publicó su mas reciente ejemplar (48, núm. 3), que contiene ensayos excelentes de los editores y de Grant Underwood (del Departamento de Historia en BYU) en los que resaltan el descubrimiento del manuscrito de “A Book of Commandments and Revelation” [Un Libro de Mandamientos y Revelación] (págs. 7-17), un repaso de la historia del manuscrito hasta su publicación en el Libro de Mandamientos de 1833, y en la Doctrina y Convenios en 1835, (págs. 18-52), un comentario de la importancia de los manuscritos (págs. 53-66), y un repaso de la forma en que el manuscrito nos puede ayudar a entender el “proceso por el cual José Smith recibió, registró y publicó″ sus revelaciones (págs. 67-84). Agregada a estos cuatro extraordinarios ensayos se encuentra una respuesta de Ron Romig, ex-archivista de la Comunidad de Cristo, (págs. 85-91).
“El Libro de Mandamientos y Revelaciones (LMR) tendrá una enorme influencia en el estudio concienzudo de las primeras revelaciones mormonas” (pág. 53). Y eso definitivamente es verdad. Su trabajo, junto con el de sus co-editores, les proporcionará a los historiadores actuales y futuros una oportunidad de examinar estas importantes fuentes originales sin tener que viajar a Salt Lake City, a Independence, o a Provo. El impacto de esta publicación sobre nuestro comprensión de la carrera profética de José Smith, por ahora, no puede ser apreciado por completo. Sin embargo, BYU Studies ha empezado a analizar seriamente el manuscrito del Libro de Mandamientos y Revelación y los resultados aparecerán durante los próximos años y décadas. Si ya tiene los libros Manuscritos de los Libros de Mandamientos, entonces necesita adquirir el último número de BYU Studies; ya que es una contribución importante y valiosa a nuestra comprensión de los Documentos de José Smith.
Este blog fue escrito por Clyde Williams, profesor de escritura antigua en BYU.
Mis recuerdos de la conferencia general de cuando era un jovencito me remontan al Auditorio George Albert Smith [en BYU] y a las largas filas afuera del Tabernáculo en la Manzana del Templo para entrar a la sesión del sacerdocio. Me acuerdo que en abril de 1965 el anciano Presidente David O.Mckay asistió a una de sus últimas sesiones del sacerdocio. Después de dar un breve saludo y demostrar aprecio por los hermanos del sacerdocio, todos se pusieron de pie en el Auditorio y en el Tabernáculo y cantaron “Te Damos Señor Nuestras Gracias”. Para mí fue como una sensación eléctrica. Llegó un poderoso testimonio a mi corazón de que él era el profeta del Señor en la tierra.
Para mí, el significado personal y la importancia de la conferencia general ha continuado creciendo desde aquellos primeros días. Recuerdo cuando se hicieron anuncios de políticas, procedimientos o cambios administrativos importantes, tales como la inclusión de lo que hoy son las secciones 137 y 138, la nueva edición SUD de la Biblia, la formación de los quórumes de los Setentas, el sub-título para el Libro de Mormón, la Proclamación acerca de la familia, las declaraciones del Presidente Hinckley con respecto a las perforaciones del cuerpo y los tatuajes, y la posición en cuanto al matrimonio entre personas del mismo sexo.
¿Cómo respondemos cuando se dan recordatorios de principios y prácticas o cuando se anuncian nuevas políticas? Nuestra respuesta inicial puede que nos cause algún efecto o que sea informativa. Cuando estamos a tono espiritual, podemos, como el pueblo del rey Benjamín, ser bendecidos con “las manifestaciones de su Espíritu” y por tanto, tener “grandes visiones de aquello que está por venir” (Mosíah 5: 3). Sentiremos que hay necesidad de que se diga algo sobre un tema, y cuando se menciona nos encontramos en armonía.
Un pasaje me impresionó como muy profundo, si se aplica a la conferencia general:
Y tú, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo se mofan de ti junto a las paredes y a las puertas de las casas, y habla el uno con el otro, cada uno con su hermano, diciendo: Venid ahora, y oíd qué palabra viene de Jehová.
Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia.
Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra. (Ezequiel 33: 30-32).
Claramente, Ezequiel describe aquí a un pueblo que piensa bien de un profeta viviente pero que no escucha sus palabras. Es como si la gente hablara muy bien del Presidente Thomas S. Monson y de lo bueno que son sus discursos pero aún así, cuando se trata de aplicarlos, no siguen sus consejos.
Otra trampa en la uno puede caer es pensar que la conferencia general es como la mesa de un buffet. Al comentar sobre este peligro latente, el élder Neal A. Maxwell explicó: “Nuestra relación con los profetas vivientes no es una en la que sus instrucciones son una gran variedad de comida de la cual podamos tomar solamente lo que nos agrade. Debemos participar de todo lo que se sirva delante de nosotros, incluyendo las espinacas, y ¡dejar un plato limpio!” (Things As They Really Are [Las Cosas Como Son Realmente] (Salt Lake City: Deseret Book, 1978), pág.74)
En la conferencia de octubre de 1975, el Presidente Kimball estaba terminando la conferencia y habló de los muchos discursos inspirados y edificantes que se habían dado. Me quedé aturdido y pensativo por lo que dijo en seguida: “Al estar sentado aquí decidí que cuando vaya a casa esta noche después de esta conferencia, hay muchos, muchos aspectos de mi vida que puedo perfeccionar. He preparado una lista mental de ellos, y espero empezar a trabajar en ellos tan pronto como acabemos la conferencia” (Conference Report, octubre 1975, pág. 164) ¿Quién de entre los Santos no sintió que había muchas cosas en las que teníamos que trabajar? Se me vinieron las lágrimas al pensar en este humilde profeta que había dado tanto de su vida y todavía daría más mientras procuraba cumplir la voluntad del Señor.
La seriedad con la que el Presidente Kimball consideraba la conferencia general era evidente. También enfatizó al clausurar la conferencia esa tarde de octubre, la manera en que todos los demás debemos considerar los procedimientos de la conferencia:
Ahora bien, hermanos y hermanas, este es el evangelio de Jesucristo, y para todos los que han estado escuchando, no estamos bromeando. Lo que les hemos dicho en estos tres días es verdad, una verdad categórica, y tiene una relación directa con la salvación y exaltación de cada alma que pudo oír y escuchar.
Al oír su voz, pudimos sentir el poder afirmante y sincero por el cual se dijeron esas palabras. Yo creo que son aplicables para cada conferencia. Estoy verdaderamente agradecido por el impacto profundo que la conferencia general ha tenido y sigue teniendo en mi vida.
Este blog fue escrito por David Rolph Seely; profesor de escritura antigua en BYU.
El Día de Expiación — Yom Kippur en hebreo— es el día mas santo y solemne del calendario israelita. Cae en el décimo día del séptimo mes, y este año, (2009) empezará al ocultarse el sol el 27 de septiembre. Los antiguos israelitas se preparaban para ese día, dejando de trabajar al igual que en el Día de Reposo, arrepintiéndose de sus pecados y ayunando. El propósito de este día se describe en Levítico: “Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová” (Levítico 16: 30). El sumo sacerdote realizaba una serie de rituales, que incluía el lavarse a sí mismo, ofrecer sacrificios, y llevar sangre que rociaba sobre el Asiento de la Misericordia en el Arca del Convenio en el Lugar Santísimo del templo [atrás del velo]. Se representaba el poder del Señor para limpiar a su pueblo cuando el sumo sacerdote echaba suertes sobre dos machos cabríos. Uno de ellos era designado para Jehová y el sumo sacerdote lo sacrificaba. El sumo sacerdote, tomaba el otro macho cabrío y transfería todos los pecados del pueblo sobre él imponiéndole las manos sobre la cabeza. El segundo macho cabrío, llamado en inglés “scapegoat” [chivo expiatorio] era llevado al desierto como símbolo de la purificación del pueblo de las manchas de la impureza ritual y el pecado.
El Nuevo Testamento en el libro de Hebreos enseña la doctrina de la Expiación de Cristo por medio del simbolismo del Día de la Expiación. Los cristianos creen que Jesús se ofreció a sí mismo como sacrificio para limpiar a su pueblo de sus pecados. De la misma manera en que el sumo sacerdote en el Día de la Expiación, Jesús “por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención [para nosotros]” (Hebreos 9: 12). A causa de que los Santos de los Últimos Días entendemos que el Día de la Expiación era parte de la ley de Moisés, que se cumplió en Cristo, no celebramos formalmente esta fecha, pero sí tomamos con regularidad los emblemas del sacramento como símbolos del poder de la redención de Cristo para limpiarnos de nuestros pecados y transgresiones.
Después de la destrucción del templo en el año 70 dC, los judíos ya no pudieron ofrecer sacrificio allí, y la celebración del Yom Kippur se cambió del templo a la sinagoga. Hoy en día los judíos celebran el Yom Kippur como la culminación del proceso de arrepentimiento que empieza con el Rosh Hashannah, el primer día del séptimo mes. Durante nueve días los judíos hacen introspección y arrepentimiento, se acercan a quienes les rodean para confesar sus pecados y buscar su perdón. En el décimo día, Yom Kippur, cada persona se presenta ante Dios en la sinagoga en ayuno y oración buscando el perdón divino para sus pecados y defectos. A falta del templo, el Talmud prescribe que en el Yom Kippur se estudie y se recite el ritual bíblico descrito en Levítico 16. El significado del Yom Kippur se expresa elocuentemente en el Cantar de Rabbah 6: 11: “Así como una nuez cae en tierra y puedes tomarla, sacudirla y lavarla y enjuagarla para que sea restaurada a su condición anterior y sea apta para consumirla, asi mismo no obstante cuan profanado esté Israel con las iniquidades durante todo el resto del año, cuando llega el Día de Expiación hace expiación por ellos, según está escrito, ‘Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios.’”
Un año, mi familia y yo experimentamos el Yom Kippur en Jerusalén. Hubo silencio absoluto en la calles durante todo el día ya que todas las actividades diarias se suspendieron por completo. Fue un recordatorio vívido de la necesidad de tomar tiempo, aunque sea una vez al año, o una vez a la semana, para detenerse y hacer un inventario de nuestra condición delante de Dios y con los demás, y para buscar el llegar a ser “uno con el Señor” mediante el arrepentimiento y el perdón divino.
Este blog fue escrito por Jeffrey R. Chadwick, quien es profesor de Arqueología y estudios del Cercano Oriente en el Centro de Jerusalem, y profesor asociado de la historia y la doctrina de la Iglesia en BYU.\
Rosh Hashannah, es el día festivo anual que marca el Año Nuevo Judío. El término hebreo en realidad significa “el principio del año”. El festival empieza el primer día del primer mes lunar de la temporada de otoño. En el 2009, el año nuevo judío empezará la noche del viernes 18 de septiembre, y se celebrará el sábado 19 de septiembre durante todo el día. En muchas comunidades judías, se celebrará un segundo día de Rosh Hashannah el domingo 20 de septiembre.
Rosh Hashannah es una de las más festivas de todas las celebraciones judías, Rosh Hashannah, es uno de los dos días más sagrados en el judaísmo, siendo el otro el solemne día de ayuno conocido como el Yom Kuppur (el Día de la Expiación) que viene diez días después. El período entre estos dos “Días Santísimos” es conocido como los “Días de Asombro” un período en el cual los judíos fieles piensan en sus errores, personales y nacionales, reflexionan en la necesidad de arrepentirse, y consideran su futuro. Es muy significativo que ese período se comience con un festival tan alegre, lleno de esperanza y con ilusiones para el futuro, como lo es el Rosh Hashannah.
Existen varias maneras de celebrarlo. Por supuesto, muchos judíos asistirán a los servicios especiales por el año nuevo que se efectuarán en su sinagoga local. Un acto significativo, establecido como mandamiento en Levítico 23: 24, consiste en tocar durante el día del festival el shofar (término hebreo para “el cuerno de carnero” traducido como “trompeta” en la Biblia de Reina-Valera) . Una combinación de toques coen el shofar cortos, medianos y largos se hará hasta cien veces durante el día. Otra
práctica consiste en comer las frutas de otoño, granadas, uvas, y rebanadas de manzana sumergidas en miel, y regalar manzanas y miel a los familiares y amigos. Las manzanas y la miel han llegado a ser símbolos del Rosh Hashannah, que son reconocidos como emblemas del festival por los judíos en todas partes.
Los judíos saludan a sus familiares y amigos y les desean Shannah Tovah (”un buen año”) y Ktivah Vehatimah Tovah (”que seas inscrito y sellado para bien”), refiréndose a ser inscrito en los metafóricos libros de la vida. El Talmud enseña que en el Rosh Hashannah “se abren tres libros de la vida (en el cielo): el libro de la vida de los inicuos, el libro de la vida de los justos, y el libro de la vida de los que están en medio” (Talmud Babilonio, Rosh Hashannah 16.b). Este pasaje se hace más interesante a la luz de las referencias en el Nuevo Testamento a los libros por los cuales seremos juzgados (véase Apocalipsis 20: 12) y a la resurrección a diferentes glorias (véase Juan 5: 28-29). El Talmud, a su manera, parece referirse a tres grados de juicio y recompensa post mortal.
En las escrituras judías conocidas como la Biblia Hebrea (los cristianos lo llaman el Antiguo Testamento), se encuentra que este festival empieza el primer día del “séptimo mes” (Levítico 23: 24) pero no se le asigna un nombre. El mandamiento de guardar ese festival solamente indica que se debe considerar como un día de reposo y una santa convocación y manda que se haga el “toque de trompetas”. En los primeros días del tiempo del Antiguo Testamento antes de la cautividad de Babilonia, el festival no era considerado como el primer día del año nuevo. Así que, ¿como surgió esa designación?
Mientras estaban en Babilonia, los judíos antiguos estuvieron expuestos a un conteo anual que empezaba con un año nuevo otoñal, y se les hizo conveniente adoptar ese ciclo para sus prácticas de recuerdos anuales. Así que, para ellos, el contar el año a partir del primer mes del otoño llegó a convertirse en algo así como un segundo calendario secular. Aunque no se olvidaron del año nuevo bíblico de la primavera, con el tiempo el año nuevo otoñal llegó a ser observado mas ampliamente. Y a causa de que ese día caía en el mismo día que el festival de las trompetas que se menciona en Levítico 23, la práctica de llamarle “el principio del año” (Rosh Hashannah) comenzó; todo eso fue antes del tiempo de Jesús. Y un hecho mas interesante: es muy probable que la “fiesta de los judíos” que se menciona en Juan 5: 1 no fuera la Pascua (como se indica en algunas notas al pie de página) ¡sino que en realidad era el Rosh Hashannah!
Así que, ¡Shannah Tova! (Un buen año) para todos!
La revista National Geographic de este més presenta un artículo fascinante escrito por Peter Miller (”Antes de Nueva York: Redescubriendo la Tierra Virgen de 1609,” págs. 122-137). El artículo abre una ventana al pasado; cuando los primeros colonizadores europeos empezaron a explorar y poblar la isla de Manhattan. Robert Clark presenta unas fotografías impresionantes, y Markley Boyer y Philip Staub agregan unas ilustraciones importantes para recrear el paisaje natural de Manhattan antes de que cambiara para siempre. Ciertamente los pueblos nativos dejaron sus huellas en la tierra al interactuar con la flora y la fauna, pero los colonos europeos impactaron la tierra de maneras profundas.
Para mi próxima visita a la Gran Manzana, voy a poner este artículo en mi mochila para poder sacarlo mientras camino por la ciudad a fin de ver mas allá del concreto y el asfalto, hacia un mundo que alguna vez existió en ese mismo punto geográfico. Voy a imaginarme a Nueva York como era antes de que Henry Hudson llegara en 1609 , para buscar indicios de ese tiempo y lugar.
La colonización de gran parte del Estado de Nueva York fue una época fundamental en la historia de los Estados Unidos; pues fue testigo de la formación de una nueva nación (1776-1786), de los resurgimientos religiosos conocidos como El Segundo Gran Despertar (1816-1826), y de la restauración de la Iglesia de Jesucristo (1820-1830).
El fin de semana pasado invité a un pequeño grupo de BYU, a visitar el estado de Nueva York para revivir un punto específico en la historia de la Iglesia: la mañana de la primavera de 1820 cuando José Smith vio al Padre y al Hijo en la Arboleda Sagrada. En compañia de Kent P. Jackson, el decano asociado de Educación Religiosa, y de Brent Nordgren, el gerente de producción del Centro de Estudios Religiosos, invitamos a Larry C. Porter, profesor emérito de la Historia de la Iglesia; a Donald L.. Enders, el conservador principal de los sitios históricos ; y a Robert F. Parrot, el gerente de la Arboleda Sagrada, a que comentáramos la historia y el significado de la Arboleda Sagrada. Durante nuestro viaje de dos días, nos imaginamos esa importante mañana cuando José Smith caminó desde la casa de troncos de su familia hacia un lugar en los bosques cercanos para orar. A diferencia de la ciudad de Nueva York, la Arboleda Sagrada se encuentra más cerca a las condiciones en que estaba cuando José Smith se arrodilló a orar. El relato de los esfuerzos para conservar la arboleda se darán a conocer en un artículo del Educador Religioso en base a las entrevistas efectuadas este fin de semana pasado.
Aunque se desconoce el sitio exacto donde José se arrodilló a orar, los bosques cercanos a la casa de los Smith nos recuerdan ese acontecimiento y nos permiten conectarnos al pasado. Los visitantes a la arboleda, caminan por donde el joven José trabajó y oró. Tales exploraciones nos ayudan a colocar los diarios, las cartas, y las historias del pasado en un contexto del mundo real, permitiéndonos apreciar el relato de manera mas completa.
La foto de la Arboleda Sagrada fue tomada por Brent Nordgren
La revista del Smithsonian presentó el mes pasado un artículo muy interesante acerca del Rey Herodes, escrito por Bárbara Kreiger (véase “Se Encontró la Tumba de Herodes” [Agosto 2009] págs. 36-43. El año pasado, el famoso arqueólogo israelí Ehud Netzer, anunció que había encontrado la tumba de Herodes (véase el blog del CER publicado el 12 diciembre 2008); una noticia inesperada que captó la atención de los eruditos y de los medios de comunicación populares.
Los arqueólogos habían estado buscando esta tumba durante mucho tiempo. En el último reporte actualizado de su descubrimiento, Kreiger proporciona un excelente retrato hablado del Herodium (el palacio- fortaleza de Herodes en el desierto de Judea unos once kilómetros al sur de Jerusalén) y algunas fotografías impresionantes entre las que se incluye una del sarcófago real reconstruido que encontró Neutzer (ver la pág. 39).
Además de contarnos un relato atractivo, el artículo nos brinda una vista del mausoleo original que fue reconstruido por el mismo Neutzer (págs. 41-42). El calcula que era un edificio de siete pisos de altura que se localizaba a mitad del camino cuesta arriba en la montaña artificial que Herodes construyó para su aún mayor palacio-fortaleza. Tan dominante era ese sitio en la antiguedad que los habitantes de Jerusalén lo podían ver. ¡Esto es simplemente emocionante!.
Cuando yo viví en Jerusalén (1997-1998) aproximadamente 250,000 personas visitaban cada año el Herodium. Llevábamos allí cada semestre a los estudiantes de BYU. Mientras leía el artículo me sentí como si yo mismo estuviera subiendo la colina. Kreiger no solo toma a los laicos de la mano en su ensayo muy bien escrito, sino que también refleja las tensiones que existen hoy en ese lugar: “Veo aldeas árabes y colonias israelíes en tres direcciones” (pág. 39) El conflicto entre los aldeanos árabes y los colonos israelíes, ha detenido virtualmente todo el turismo a esa zona en la actualidad. “Pero hacia el este” nos sigue diciendo, “los cultivos terminan abruptamente a medida que el desierto impone su autoridad, cayendo hacia el Mar Muerto, y luego subiendo otra vez como las montañas de Jordania” (pág. 39). El conflicto entre el desierto y la civilización es tan real como el conflicto entre los dos pueblos que reclaman la propiedad de la tierra. Estar de pie en el Herodium y contemplar la escena, hace que aumente nuestro asombro por lo que logró Herodes al edificar su fortaleza-palacio y luego construir su mausoleo.
Al final, sin importar lo que uno piense de Herodes, seguramente debemos admitir que él fue uno de los grandes constructores de la antiguedad. Su tumba y su fortaleza-palacio en el desierto de Judea lo demuestran. La obra de Ehud Netzer nos brinda otra ventana al mundo del primer siglo — un mundo dominado por reinos y gobernantes— con una visión muy distinta a la de Jesús de Nazaret.
Blog escrito por Brent L. Top, profesor de historia de la Iglesia y doctrina en BYU.
Cada mes de agosto en Provo ocurre un milagro. Lo he visto con mis propios ojos. De hecho, no sólo he sido observador, sino también participante. Ese milagro es la Semana Educativa del Campus. La Universidad Brigham Young se transforma de la noche a la mañana. Cada año, durante una semana, aulas normalmente llenas de jóvenes adultos se llenan de canosos abuelitos y abuelitas, mamás agotadas entusiasmadas de tener un poco de tiempo para ellas, ansiosos adolescentes deseando conocer nuevas amistades, y papás con billeteras llenas de dinero y tarjetas para asegurarse de que todos se lo pasen bien. Las autocaravanas o casas rodantes llenan los estacionamientos, y los hoteles de la zona están repletos de familias que están de vacaciones, asistiendo a clases, conciertos, obras de teatro y actividades. Las ofertas de clases son tan variadas como los grupos de edad, cuerpos y circunstancias de la vida. Para cada alumno, bien sea un joven de catorce años que nunca ha estado en un campus universitario, o uno de noventa que jamás se ha perdido una Semana Educativa (y que, normalmente, ni siquiera se toma un descanso para almorzar), hay algo que puede ensanchar el intelecto, fortalecer el espíritu y consolar el alma.
Este milagro es un reflejo del profundo compromiso que los Santos de los Últimos Días tienen con la educación continua, compromiso fundado en las revelaciones de la Restauración y las enseñanzas de los profetas de los últimos días. La educación continua tiene beneficios tanto temporales como espirituales, beneficios que enriquecen nuestra vida en la tierra y nos bendicen por toda la eternidad. Se nos manda que “[busquemos] diligentemente y [nos enseñemos] el uno al otro palabras de sabiduría” (D. y C. 88:118) y que busquemos conocimiento “en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios” (D. y C. 88:78). Además, hemos de aprender “de cosas tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra; cosas que han sido, que son y que pronto han de acontecer; cosas que existen en el país, cosas que existen en el extranjero; las guerras y perplejidades de las naciones. . .; y también el conocimiento de los países y de los reinos” (D. y C. 88:79). Nuestra educación continua debe ser tanto una búsqueda espiritual como lo es una intelectual o vocacional. El Señor nos ha enseñado que el aprendizaje o conocimiento, nos preparará en todas las cosas para magnificar nuestros llamamientos preordenados (véase D. y C. 88:80) y se levantará con nosotros en la resurrección y será para nuestra ventaja en los mundos eternos (véase D. y C. 130:18—19).
A la luz de estas escrituras, no es de extrañar que la educación, tanto la formal como la informal, desempeñe un papel tan importante en las vidas de los Santos de los Últimos Días. Nuestra fe debe propulsarnos hacia delante en la búsqueda de la verdad y el conocimiento de Dios. “Después de todo, todos somos alumnos”, enseñó el presidente Gordon B. Hinckley. “Si llega el día en que paramos de aprender, cuidado. Nos atrofiaremos y moriremos”.
Hay un gran potencial dentro de cada uno de nosotros de continuar aprendiendo. Sin importar nuestra edad, a menos que sea por una enfermedad grave, podemos leer, estudiar y disfrutar de los escritos de maravillosos hombres y mujeres. . . .
Debemos seguir creciendo. Debemos aprender continuamente. Es un mandato divino de que sigamos añadiendo a nuestro conocimiento.
Tenemos acceso a clases de instituto, cursos a distancia, semanas educativas y muchas otras oportunidades en las que, al estudiar y combinar nuestras mentes con las de otros, descubriremos una tremenda reserva de capacidad dentro de nosotros. (Teachings of Gordon B. Hinckley [Salt Lake City: Deseret Book, 1997], 302–3.)
En los últimos veinte años, he sido uno de los muchos maestros en la Semana Educativa del Campus. Siempre es un privilegio participar en ella, porque siempre gano más de lo que doy. Hace que quiera ser mejor. Mi fe en el Señor y mi amor por el Evangelio se fortalecen siempre, al contemplar el milagro de agosto donde miles y miles de Santos de todas las partes del mundo, literalmente “entran para aprender” y luego “prosiguen para servir” [como indica el lema de BYU] en calidad de mejores esposos, esposas, padres, madres, abuelos, hijos e hijas, y consiervos en el reino de Dios. Debido a que sus vidas han sido enriquecidas, son más capaces de servir a los que los rodean en las siguientes semanas, y los siguientes años. Eso es en verdad un milagro.
Estoy acabando de dirigir el programa de verano de estudio en el extranjero de BYU en Roma este fin de semana, antes de continuar hacia Atenas para terminar la última semana y media del trimestre de verano.
Ha sido un mes caluroso y húmedo al intentar el Dr. Gary Hatch y yo mantenernos un día por delante de los cuarenta alumnos que nos han acompañado. Hemos visto mucho de Roma y de Italia a lo largo del mes.
Roma ha sido nuestra base operativa y, durante este trimestre escolar, hemos vivido en diferentes apartamentos ubicados en las proximidades de la Ciudad del Vaticano, la nación independiente más pequeña del mundo. De hecho, dos apartamentos de estudiantes tienen vistas directas a la Basílica de San Pedro desde las ventanas de los dormitorios.
Por supuesto, al igual que otros viajeros y turistas, visitamos los museos del Vaticano, los jardines del Vaticano, el Scavi (la necrópolis del siglo I debajo de la Basílica de San Pedro), y estuvimos dentro de la misma iglesia. Los alumnos también asistieron a una audiencia papal la primera semana. En otras ocasiones, la magnífica plaza de San Pedro servía como punto de encuentro para el grupo, antes de partir hacia algún destino de la ciudad; sin embargo, parecía que todos los días estábamos a la sombra de San Pedro, estuviéramos donde estuviéramos en la ciudad.
Aun para los que no son católicos, la Basílica de San Pedro es un lugar obligatorio de visita en Roma. La Piedad de Miguel Angel está en la iglesia, y su cúpula se levanta por encima de los demás edificios de Roma, llamando a la gente a reunirse en este singular lugar.
Según una antigua tradición, Pedro fue crucificado en el Circo de Nerón y enterrado cerca, más o menos entre los años 64 y 66. En alguna fecha relativamente temprana, quizás a mediados del siglo II, los cristianos marcaron una tumba que creían que contenía los restos de Pedro.
Posteriormente, Constantino erigió una iglesia en dicho sitio en el siglo IV. Con el tiempo, el Papa Julio II comenzó la construcción de una nueva iglesia, la actual basílica, en 1505. A partir de 1939, el Vaticano patrocinó investigaciones arqueológicas debajo de la Basílica, donde encontraron restos de la primera iglesia y algunas tumbas del siglo I.
En la actualidad, a los visitantes de la Scavi se les muestra una tumba específica, que los católicos creen que es la de San Pedro, directamente debajo del altar alto cubierto por el dosel de Bernini debajo de la magnifica cúpula de Miguel Angel. Aunque muy probablemente no sea la tumba del pescador de Galilea, hay algo especial al visitar un lugar que ha sido el centro de peregrinajes desde hace casi dos mil años; y aunque nunca sepamos exactamente lo que le pasó a Pedro (dónde, cómo y cuándo murió) hay algo que nos hace pensar en él a la sombra de la Basílica que lleva su nombre en esta asombrosa ciudad en el río Tiber.
Blog escrito por Reid L. Neilson, profesor adjunto de Historia de la Iglesia y Doctrina de BYU.
El Día de los Pioneros evoca imágenes de carretas y carretas de mano en el trayecto hacia el oeste, a Utah; sin embargo, una imagen tan miope de la historia de nuestra Iglesia oscurece los esfuerzos pioneros de los Santos de los Últimos Días alrededor del mundo. Menos mal que el historiador Andrew Jenson hizo todo lo posible para ampliar la concienciación histórica de los miembros de la Iglesia – algo que todos debemos recordar durante esta época festiva especial.
Mientras trabajaba para el Departamento Histórico de la Iglesia en Salt Lake City, Jenson fue enviado por la Primera Presidencia para realizar una gira del campo misional fuera de Norteamérica. El intrépido danés partió de Salt Lake City el 11 de mayo de 1895 y no regresó a la ciudad de los Santos hasta el 4 de junio de 1897. En el transcurso de su viaje en solitario de veinticinco meses, Jenson pasó por las siguientes islas, naciones y tierras (en orden cronológico): las Isla Hawaianas, Fiji, Tonga, Samoa, Nueva Zelanda, las Islas Cook, las Isla Sociedad, las Islas Tuamotu, Australia, Ceilán, Egipto, Siria, Palestina, Italia, Francia, Dinamarca, Noruega, Suecia, Prusia, Hannover, Sajonia, Baviera, Suiza, los Países Bajos, Inglaterra, Gales, Irlanda y Escocia. Viajó 53.820 millas [86.596 kilómetros] por agua mediante una variedad de barcos a vapor y barcas; sus viajes por tierra incluyeron trenes, carruajes, jinrikishas, caballos, burros y camellos. Jenson se convirtió en el primer Santo de los Últimos Días en visitar todas las actuales misiones SUD fuera de Norteamérica tras la evangelización de la Cuenca de Pacífico en la década de 1840.
Jenson predicó la importancia de mantener registros en sus muchos sermones y discursos de Conferencias Generales. “Si no hubiese sido por los escritores. . . que pertenecieron a la Iglesia original, ¿qué significarían para nosotros los hechos de Cristo?” Jenson, en una ocasión, les dio a los Santos de los Últimos Días el siguiente desafío: “Y si alguien no hubiera registrado estos y otras hermosas palabras de Cristo y Sus Apóstoles, ¿Qué habríamos sabido del ministerio de Cristo y de Sus Apóstoles? Tendríamos tan sólo unas vagas ideas transferidas por tradición que desorientarían más que orientarían”. En otras palabras, de no ser por los escritores e historiadores de dispensaciones pasadas, no habría historia sagrada en la forma de escritura hebrea y cristiana. Lo mismo sería una realidad en esta dispensación, enseño él a menudo, si los miembros de la Iglesia fracasaran en mantener historias personales y eclesiásticas contemporáneas. Este sentido espiritual del destino, junto con una incomparable ética de trabajo y pasión por la historia, moldeó la vida y la obra de Jenson. Sólo hace falta buscar en el catálogo de la Biblioteca de Historia de la Iglesia para ver los escritos de Jenson a fin de comprender sus obras.
He argumentado en otros lugares que la historia global SUD es la historia de la Iglesia. Los Santos de los Últimos Días deben darse cuenta de que gran parte de nuestra historia más interesante ha ocurrido en el extranjero. Debemos recordar que la “restauración” del Evangelio ocurre cada vez que se dedica un nuevo país para el proselitismo, mediante la autoridad apostólica. En otras palabras, la restauración original de Nueva York de 1830 en muchas maneras fue repetida en Gran Bretaña en 1837, en Japón en 1901, en Brasil en 1935, en Ghana en 1970, en Rusia en 1989 y en Mongolia en 1992. Los historiadores mormones deben reconducir su mirada erudita de Palmyra, Kirtland, Nauvoo y Salt Lake City hacia Tokio, Santiago, Varsovia, Johannesburgo y Nairobi. Estas ciudades internacionales y sus historias serán muy importantes para nuestra historia sagrada. Estas historias no norteamericanas necesitan contarse con mayor frecuencia y con mejor habilidad. En este sentido, Jenson fue un hombre adelantado para su época. En los últimos años del siglo XIX, el inagotable caballo de batalla de la Oficina del Historiador de la Iglesia tenía la visión y la voluntad de dedicar dos años de su vida a documentar la Iglesia global y a sus miembros. Como indica Louis Reinwand, “Jenson desempeñó un papel vital en mantener vivo el ideal de una Iglesia universal. Fue el primero en insistir en que la historia mormona incluyera a alemanes, británicos, escandinavos, tonganos, tahitianos y otros grupos nacionales y étnicos, y en que la historia de los Santos de los Últimos días debiera escribirse en varios idiomas para el beneficio de aquellos que el inglés no era su idioma nativo” (”Andrew Jenson, Latter-day Saint Historian,” BYU Studies 14, no. 1 [Autumn 1973]: 44).
El Centro de Estudios Religiosos promueve la investigación y la publicación, mediante concesiones y lugares de publicación. Un aspecto de la misión del CER es la de ayudar a reconstruir el mundo de las Escrituras y de la Restauración para brindar un contexto de ayuda.
En la actualidad, estoy dirigiendo un programa de BYU de estudio en el extranjero, para el verano, en Roma y Atenas con Gary Hatch, decano adjunto de Educación General y Honores. Cuarenta alumnos nos han acompañado en esta aventura, y en verdad es una aventura; hace calor, es húmedo y a veces se hace difícil llevar a todos a un museo o yacimiento arqueológico por medio de un congestionado y confuso sistema de autobuses, metros y trenes.
Como uno se podrá imaginar, pasamos una considerable cantidad de tiempo paseando por la antigua Roma. En algunos lugares, hasta habremos caminado por donde caminaron Pedro y Pablo. Esta semana próxima haremos un viaje a un lugar aun más lejano, a la antigua Pompeya, cerca de la actual Nápoles, Italia.
He ido a Pompeya en varias ocasiones desde mi primera visita con un grupo de alumnos de escuela secundaria de York, Maine, en 1972. En cada visita, me voy más melancólico que en la anterior, de manera que no deseo demasiado esta visita. Las imágenes de muerte en la ciudad me atormentan, especialmente los moldes de yeso, ingeniosamente hechos, de los cuerpos de las personas que murieron allí hace tantos años; no obstante, me he estado preparando para la visita con nuestros alumnos leyendo un nuevo libro sobre Pompeya escrito por Mary Beard, The Fires of Vesuvius: Pompeii Lost and Found [Los fuegos del Vesuvio, Pompeya perdida y hallada] (Cambridge, MA: The Belknap Press of Harvard University Press, 2008).
El libro de Beard me recuerda que el pasado es mucho más complejo de lo que a veces imaginamos. Este es un libro importante para cualquiera que sueñe con ir a Pompeya, o para cualquiera que quiera comprender la complejidad de la historia. Primero, la autora nos dice que Pompeya es más que una ciudad “simplemente congelada a medio flujo” (9). Capítulo tras capítulo, la autora nos dice, “Nada es como pudiera parecer a primera vista” (13). Hubo destrucción antes de la famosa erupción en el año AD 79 (ella argumenta en contra de la fecha del 25 de agosto), y hubo pillaje casi inmediatamente después de la tragedia. Luego en 1943, las bombas aliadas causaron incluso más destrucción ¡En verdad es una historia muy complicada! No obstante, Beard indica que “es verdad que la ciudad nos ofrece más imágenes de gente real y sus vidas reales que cualquier otro lugar del mundo romano” (15); sin embargo, “el panorama más completo y muchas de las preguntas más básicas sobre la ciudad permanecen muy turbias” (16).
Beard nos brinda imágenes habladas que nos ayudan a ver más allá de la moderna reconstrucción de la ciudad y de nuestra imaginación “Hollywoodense” de cómo podría haber sido, a una historia compleja y matizada que en realidad es cómo es la vida misma. La próxima vez que lean la segunda parte del Nuevo Testamento, consideren rellenar las brechas culturales e históricas que se encuentran en el libro de los Hechos; revelará un interesante y complejo mundo, dando contexto a los escritos de Pablo, Lucas, Pedro y otros.

