El Heraldo de la Salvación

POSTED BY: Robert L. Millet

03/18/11


La paz, en el sentido del evangelio, es lo importante. Aunque la mayoría de los miembros de la Iglesia saben lo que es la paz, yo creo que aún no se le ha dado a la paz la importancia que merece; probablemente como pueblo no hemos apreciado por completo ¡cuan maravilloso “fruto del espíritu” (Gálatas 5: 22) es la paz y qué es una trascendente manifestación del nuevo nacimiento! La paz es un don invaluable en un mundo que está en guerra consigo mismo. Los discípulos buscan al al que es el Príncipe de Paz para recibir socorro y apoyo. Saben que la paz no es solamente una mercancía apreciada aquí y ahora sino que también es el heraldo de grandes cosas que aún deben suceder. La paz es un signo seguro que viene de Dios de que los cielos están complacidos. Al referirse a una ocasión anterior en que se le había dado el espíritu de testimonio, el Seor le preguntó a Oliver Cowdery: “¿No hablé paz a tu mente. . . . ? ¿Qué mayor testimonio puedes tener que de Dios? ” (DyC 6: 23).

El pecado y el abandono del deber resultan en desunión del alma, en conflictos internos y en confusión. Por otra parte, el arrepentimiento y el perdón y nacer de nuevo traen tranquilidad y paz. Mientras que el pecado termina en desorden, el Espíritu Santo es un principio organizador que trae orden y congruencia. El mundo y lo mundano no pueden traer la paz. No pueden sosegar al alma, “Paz, paz al que está lejos y al que está cerca, dice Jehová; y lo sanaré. Pero los malvados son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz para los malvados, dice mi Dios” (Isaías 57: 19-21).

La esperanza en Cristo, que es el resultado natural de nuestra fe en Cristo que nos salva, viene por el despertar espiritual. Sentimos nuestro lugar en el familia real y somos consolados por la dulce asociación familiar. ¿Y cual es la indicación de que estamos en el curso correcto? ¿Cómo sabemos que estamos en el arnés del evangelio? “En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su espíritu” (1 Juan 4: 13; énfasis agregado). La presencia del Espíritu de Dios es el testimonio, la certeza divina de que estamos en la dirección correcta. Es el sello de Dios, su unción (ver 1 Juan 2: 20) su indicación para nosotros de que nuestras vidas están en orden. John Stott, un querido escritor cristiano ha observado: “Un sello es una marca de propiedad. . . . y el sello de Dios, con el cual nos marca como suyos y que le pertenecemos para siempre, es el Espíritu Santo mismo. El Espíritu Santo es la etiqueta de identificación del cristiano” (Authentic Christianity, página 81).

No necesitamos estar poseídos por un sello impuro o sin templanza a fin de ser salvos; solo necesitamos ser constantes y confiables. Dios es con quien hicimos convenios en el evangelio. Él es el socio que controla. Y nos hace saber, por medio de la influencia del Espíritu, que el convenio sigue intacto y que las promesas celestiales son seguras. El Salvador nos invita a aprender las lecciones eternas y reconfortantes de que “el que hiciere obras justas recibirá su galardón, sí, la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero” (DyC 59: 23). Paz. Esperanza. Certeza. Estas cosas nos llegan por virtud de la sangre expiatoria de Jesucristo y como resultado natural nuestra nueva creación. Nos sirven como un ancla para el alma, un recordatorio sólido y firme de lo que somos y de Quien somos.


Solamente los Ciegos Ven

POSTED BY: Robert L. Millet

10/18/10


El evangelio de Jesucristo son las grandes nuevas, las alegres nuevas de que si ejercemos nuestra fe en Jesucristo y su Expiación, unida a nuestro arrepentimiento que emana de ella, podemos ser perdonados de nuestros pecados y justificados o hechos rectos con Dios. De ese modo, nuestra posición delante del Todopoderoso ha sido cambiada de una de ira divina a una de favor celestial y aceptación; hemos cruzado el sendero de muerte a vida (ver Romanos 5: 9-10). “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Seor Jesucristo” (Romanos 5: 1). O, como Pedro lo enseó: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte a su debido tiempo, echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5: 6-7; énfasis agregado). Seguramente este es el caso de que podemos poner nuestras cargas sobre el Seor porque él tiene cuidado de nosotros; esto es, porque nos ama. Pero percibo que Pedro intenta algo más en este pasaje. Podemos darle a quien es el Bálsamo de Galaad, nuestras preocupaciones, ansiedades, inquietudes y temores, ya que el nos cuidará, o sea, él se encargará de nosotros. Es como si Pedro nos hubiera aconsejado: “No se preocupen. No estén tan ansiosos. Dejen de estrujarse las manos. Permitan que Jesús lleve la carga y ustedes tengan la paz.” Eso es lo que C. S. Lewis quiso decir cuando sealó que “si usted realmente se ha entregado a Él, lo que sigue es que usted esté tratando de obedecerlo. Pero haciéndolo de una nueva manera, menos preocupada” (Mere Christianity, páginas 130-131; énfasis agregado).

Después de sanar a un ciego, Jesús les habló muy claramente a los fariseos que eran rectos en su propia opinión: “Yo, para juicio he venido a este mundo, para que los que no ven, vean, y los ven, sean cegados” ¡Qué declaración tan singular! Pero va al centro de lo que hemos estado comentando — la necesidad de que reconozcamos nuestra necesidad.— Quienes han aceptado a Cristo y su evangelio salvador llegan a ver las cosas tal como son. Una vez eran ciegos, pero ahora ven. Quienes deciden permanecer en su estado engreído de auto-seguridad, creyendo que ven claramente todo, estos son los que continúan caminando en la obscuridad. Por lo tanto, Jesús concluyó: “Si fuerais ciegos, no tendrías pecado; pero ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece” (Juan 9: 39, 41).

Fue Jacob, el hijo de Lehi, quien escribió que los “que se inflan a causa de su conocimiento y su sabiduría y sus riquezas, sí, éstos son los que él [El Santo de Israel] desprecia; y a menos que desechen estas cosas, y se consideren insensatos ante Dios y desciendan a las profundidades de la humildad, él no les abrirá” (2 Nefi 9: 42; compárese con 1 Corintios 3: 18; 4: 10; y 8: 2). Por otra parte, “los pobres en espíritu” quienes se consideran en la bancarrota espiritual si no tienen la ayuda celestial y el favor divino, esos son los que vienen a Cristo y aceptan su ofrenda sagrada, son quienes heredan el reino de los cielos (véase Mateo 5: 3 y 3 Nefi 12: 3).

Seamos sabios y honestos: No podemos hacerlo por nosotros mismos. No podemos levantarnos con nuestros propios esfuerzos espirituales. No somos lo suficientemente brillantes o poderosos para llevar a cabo el gran cambio que se necesita para ver y entrar en el reino de Dios. No podemos realizar la cirugía de nuestro propio ojo. No podemos forzar nuestra entrada por las puertas de la Jerusalén celestial. No podemos hacernos felices a nosotros mismos ni lograr nuestra satisfacción. Pero sí podemos “buscar a este Jesús de quien han escrito los profetas y apóstoles, a fin de que la gracia de Dios el Padre, y también del Seor Jesucristo, y del Espíritu Santo, que da testimonio de ellos, esté y permanezca en [nosotros] para siempre jamás” (Eter 12: 41). Entonces todas estas cosas nos serán aadidas (ver Mateo 6: 33). Esa es la promesa, y yo afirmo que es verdadera.


¿ En Quién Confiamos?

POSTED BY: holzapfel

10/05/10


Hace unos años, un colega mío y yo almorzamos con dos teólogos prominentes. Esa no fue nuestra primera reunión ya que nos habíamos reunido dos años antes y tuvimos una plática deleitable acerca de Jesucristo, de la centralidad de su Expiación, de los poderes edificantes y liberadores de su gracia y de la forma en que nuestro discipulado se debe vivir a diario. En esa reunión inicial no hubo defensas, ni pretensiones, ningún esfuerzo por derrotar al otro o probar que se está equivocado. En lugar de eso, hubo un simple intercambio de puntos de vista, se reconocieron nuestras diferencias y un espíritu de regocijo al hablar de las características de la doctrina de Cristo en las cuales estábamos de acuerdo; un aleccionador espíritu de gratitud por las bendiciones incomparables que fluyen de la vida y la muerte del Redentor y por su poder transformador.

Ahora, dos años después, comenzamos donde habíamos terminado antes, casi como si no hubiera pasado el tiempo. Se mencionaron muchas cosas, se hicieron diagramas en las servilletas, y se efectuó un libre intercambio de ideas. Hacia el fin de la reunión, uno de nuestros amigos se dirigió a mí y dijo: “Muy bien, Bob, hay algo que te quiero preguntar a fin de poder determinar en qué crees realmente.” Y continuó: “Estás delante del tribunal del Todopoderoso y Dios te pregunta: ‘Robert Millet, ¿qué derechos tienes para entrar al cielo? ¿por qué te debo dejar entrar?’” Ese no era el tipo de pregunta que esperaba. (Yo había asumido que preguntaría algo más teórico. Esa pregunta era conmovedora, práctica, penetrante y personal.) Durante treinta segundos, hice lo posible por imaginarme la escena, revisé mi alma y traté de ser tan claro y sincero como fuera posible. Pero, antes de que indique lo que exactamente dije, quisiera que nos adelantáramos veinticuatro horas en el tiempo.

Al día siguiente hablé a un grupo de adultos solteros Santos de los Últimos Días que procedían de toda Nueva Inglaterra y que se reunieron para una conferencia en el MIT en Boston. Mi tema era “La Esperanza en Cristo.” Cuando iba como a dos tercios de mi discurso, sentí que sería apropiado compartir nuestra experiencia del día anterior. Les planteé a los jóvenes la misma pregunta que se me había hecho. Hubo un silencio notable en la sala, como evidencia de una tranquila meditación en una pregunta singularmente significativa. Les permití que pensaran un minuto y luego me dirigí a una señorita de la primera fila y dije: “Hablemos ahora de la forma en que responderíamos. Quizás le podría decir a Dios lo siguiente: ‘Bueno, debo entrar al cielo porque fui bautizado en la Iglesia, hice una misión de tiempo completo, me casé en el templo, asisto regularmente a los servicios de adoración, leo las escrituras a diario, hago oración en las mañanas y en las noches. . . .’” En ese punto la joven me interrumpió con estas palabras: ” Espere. . . Espere. . . no me siento bien con su respuesta. Suena como si estuviera leyéndole su curriculum vitae a Dios.”

Se alzaron varias manos. Uno de los jóvenes exclamó: “¿Cómo respondió usted la pregunta? ¡Díganos lo que usted dijo!” Me acordé de lo que pasó el día anterior y recordé los sentimientos que bullían en mi corazón y les dije a los adultos solteros lo que contesté: Miré a los ojos a mi amigo y le respondí: “Le diría a Dios: Reclamo el derecho de entrar al cielo por mi total confianza y dependencia en los méritos y en la misericordia y en la gracia del Señor Jesucristo.” El interrogador me contempló como por diez segundos, sonrió gentilmente y dijo: “Bob, esa es la respuesta correcta a la pregunta.”

Obviamente, son necesarias las buenas obras de una persona en el sentido de que muestran en qué nos estamos convirtiendo mediante los poderes del evangelio de Jesucristo; manifiestan qué y quienes somos. Pero también reconozco que nunca habrá de mi parte, las suficientes buenas obras —oraciones, himnos, actos caritativos, contribuciones financieras, o miles de horas de servicio en la Iglesia— para salvarme. La obra de la salvación requiere el trabajo de un Dios. Un hombre sin ayuda está y estará para siempre perdido, caído, y sin salvar. Es solamente mediante la fuerza del Señor que podemos encarar los desafíos de la vida, manejar los dilemas de la vida, enfrentar las contradicciones de la vida, soportar las pruebas de la vida y eventualmente, vencer al enemigo de la vida; la muerte.


La Temporada del Adviento

POSTED BY: holzapfel

12/07/09


Blog invitado escrito por Eric D. Huntsman, profesor asociado de escrituras antiguas en BYU
La palabra Adviento se deriva del latín Adventus, que significa “llegada” o “aparecerse en persona”. Comenzando el primer domingo de los cuatro que preceden a la Navidad, el Adviento ayuda a los cristianos no solamente a celebrar la Primera Venida de Jesucristo, sino que también a ver hacia el futuro a Su gloriosa Segunda Venida. Aunque las costumbres del Adviento sean desconocidas para muchas personas, al igual que muchas otras tradiciones de ésta época son una manera magnífica de volver nuestra atención más completamente al verdadero significado de la Navidad.

Muchas de las tradiciones del Adviento vienen de Alemania, en donde Martín Lutero alentó su observancia continua como una mejor manera de enseñar a los niños y a las familias acerca de la importancia de la venida de Jesucristo. Se observó allí tanto por los católicos romanos como por los luteranos y se ha vuelto una celebración común en muchas comunidades cristianas por todo el mundo.

Una de las costumbres más conocidas del Adviento es la del encendido de las velas de la corona de Adviento, o sea una corona de hojas perennes adornada con cuatro velas alrededor y una vela blanca en el centro. La corona misma representa el “círculo que no tiene fin” del amor de Dios, que Él es el mismo para siempre en cuanto a Su amor por Su pueblo. El verde de la corona, como en el árbol de Navidad, representa la esperanza de la vida eterna que viene por medio de Cristo y nos recuerda la frescura del amor de Dios y Sus promesas. La luz de las velas nos recuerda que Jesús es la Luz del Mundo, que Su nacimiento representó la llegada de la luz entre las tinieblas, y que se nos ha pedido que esa luz se refleje en nuestra vidas.

Las velas exteriores son de color púrpura, o sea el color de la realeza, aunque por costumbre la tercera es de color rosa. Las tradiciones difieren en cuanto al simbolismo de las velas. Una es que representan la esperanza, el amor, el gozo y la paz que vienen por medio de Jesucristo. Cada domingo previo a la Navidad se enciende una vela adicional, y eso crea un hermoso efecto escalonado ya que las velas de la semana anterior se han consumido más. Como parte del encendido se pueden leer las escrituras y cantar villancicos; nosotros lo hacemos antes de la oración familiar. Las cuatro velas también pueden representar los diferentes convenios del Antiguo Testamento que Dios hizo con sus siervos, empezando con Noé y siguiendo con Abraham, Moisés y David. La vela blanca del centro se conoce como la vela de Cristo. Se enciende en la Nochebuena y en la Navidad y representa el nuevo convenio que es posible a través de Cristo.

Aunque observar el Adviento no es parte formal de la tradición SUD, las personas y las familias las pueden adaptar y usar esas tradiciones para su propio uso. En un reciente programa de Navidad de la Primera Presidencia, el Presidente Dieter F. Uchtdorf habló positivamente de las tradiciones del Adviento con las que creció en Alemania, y lo mismo han hecho otros conversos a la Iglesia. Al principio de nuestro matrimonio, mientras mi esposa y yo estábamos desarrollando nuestras propias tradiciones familiares, la observancia del Adviento mejoró nuestra temporada navideña, y en años recientes hemos visto que es una gran manera de enseñar a nuestros hijos, de compartir experiencias espirituales con ellos, y mantenerlos enfocados en el verdadero significado de la Navidad.

Para las familias SUD, se puede adaptar el Adviento al leer no solamente del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento sino también del Libro de Mormón y de la Perla de Gran Precio (vea nuestra selección en mi página de Internet). No todas las familias desearán observar las costumbres del Adviento, pero disfrutar de buena música y de la lectura de las escrituras en los domingos del Adviento puede ser edificante y brindar reflexiones significativas en esta temporada.


Un mundo antiguo redescubierto

POSTED BY: holzapfel

07/17/09


El Centro de Estudios Religiosos promueve la investigación y la publicación, mediante concesiones y lugares de publicación. Un aspecto de la misión del CER es la de ayudar a reconstruir el mundo de las Escrituras y de la Restauración para brindar un contexto de ayuda.

En la actualidad, estoy dirigiendo un programa de BYU de estudio en el extranjero, para el verano, en Roma y Atenas con Gary Hatch, decano adjunto de Educación General y Honores. Cuarenta alumnos nos han acompañado en esta aventura, y en verdad es una aventura; hace calor, es húmedo y a veces se hace difícil llevar a todos a un museo o yacimiento arqueológico por medio de un congestionado y confuso sistema de autobuses, metros y trenes.

Como uno se podrá imaginar, pasamos una considerable cantidad de tiempo paseando por la antigua Roma. En algunos lugares, hasta habremos caminado por donde caminaron Pedro y Pablo. Esta semana próxima haremos un viaje a un lugar aun más lejano, a la antigua Pompeya, cerca de la actual Nápoles, Italia.

He ido a Pompeya en varias ocasiones desde mi primera visita con un grupo de alumnos de escuela secundaria de York, Maine, en 1972. En cada visita, me voy más melancólico que en la anterior, de manera que no deseo demasiado esta visita. Las imágenes de muerte en la ciudad me atormentan, especialmente los moldes de yeso, ingeniosamente hechos, de los cuerpos de las personas que murieron allí hace tantos años; no obstante, me he estado preparando para la visita con nuestros alumnos leyendo un nuevo libro sobre Pompeya escrito por Mary Beard, The Fires of Vesuvius: Pompeii Lost and Found [Los fuegos del Vesuvio, Pompeya perdida y hallada] (Cambridge, MA: The Belknap Press of Harvard University Press, 2008).

El libro de Beard me recuerda que el pasado es mucho más complejo de lo que a veces imaginamos. Este es un libro importante para cualquiera que sueñe con ir a Pompeya, o para cualquiera que quiera comprender la complejidad de la historia. Primero, la autora nos dice que Pompeya es más que una ciudad “simplemente congelada a medio flujo” (9). Capítulo tras capítulo, la autora nos dice, “Nada es como pudiera parecer a primera vista” (13). Hubo destrucción antes de la famosa erupción en el año AD 79 (ella argumenta en contra de la fecha del 25 de agosto), y hubo pillaje casi inmediatamente después de la tragedia. Luego en 1943, las bombas aliadas causaron incluso más destrucción ¡En verdad es una historia muy complicada! No obstante, Beard indica que “es verdad que la ciudad nos ofrece más imágenes de gente real y sus vidas reales que cualquier otro lugar del mundo romano” (15); sin embargo, “el panorama más completo y muchas de las preguntas más básicas sobre la ciudad permanecen muy turbias” (16).

Beard nos brinda imágenes habladas que nos ayudan a ver más allá de la moderna reconstrucción de la ciudad y de nuestra imaginación “Hollywoodense” de cómo podría haber sido, a una historia compleja y matizada que en realidad es cómo es la vida misma. La próxima vez que lean la segunda parte del Nuevo Testamento, consideren rellenar las brechas culturales e históricas que se encuentran en el libro de los Hechos; revelará un interesante y complejo mundo, dando contexto a los escritos de Pablo, Lucas, Pedro y otros.


El sueño de un patriota

POSTED BY: holzapfel

07/02/09


Blog escrito por Robert C Freeman, profesor de Historia de la Iglesia y Doctrina en BYU.

Que toque la banda, que se prepare la parrilla para la barbacoa y vayamos a nuestro espectáculo favorito de fuegos artificiales. Este mes, los Santos de los Últimos Días en Estados Unidos se unirán al resto del país en la celebración del nacimiento de la nación. Desde hace quince años, he colaborado en recolectar relatos de miembros de la Iglesia que han servido en las fuerzas armadas (www.saintsatwar.org).

Los Santos de los Últimos Días tienen una larga historia de patriotismo en sus respectivos países, incluyendo los Estados Unidos. Los sentimientos de lealtad a los principios de la Constitución de Estados Unidos fueron apoyados por el mismo José Smith. Él dijo, “Soy el mayor defensor de la Constitución de los Estados Unidos en toda la tierra. En mis sentimientos existe la disposición de estar siempre listo para morir en defensa de los justos derechos del débil y del oprimido. El único defecto que hallo en la Constitución es que carece de la amplitud suficiente para abarcar todo el terreno” (Enseñanzas del Profeta José Smith, comp. Joseph Fielding Smith [SLC: Deseret Book, 1976], 402, 403). La percepción del Profeta sobre la necesidad de la Constitución de ser más amplia es interesante, cuando uno considera que él murió mucho antes de que se añadieran aditamentos constitucionales tan cruciales como las enmiendas sobre los derechos civiles (trece, catorce y quince) y la enmienda número diecinueve, que otorga el derecho de voto a las mujeres.

En la actualidad, los Santos de los Últimos Días estadounidenses son más patriotas que nunca. La ciudad de Provo, Utah, donde se encuentra la Universidad Brigham Young, hace alarde de una de las celebraciones del Cuatro de Julio más importantes del país, The Freedom Festival, [El Festival de la Libertad]. Claro está que la influencia de la Iglesia abarca toda la tierra, lo cual nos induce a considerar algunas preguntas importantes, como por ejemplo, ¿qué significa patriotismo en vista de la globalidad de la Iglesia? Ciertamente tenemos la obligación de mantener una perspectiva adecuada sobre el patriotismo. Festejamos estas celebraciones porque ésta es la tierra de nuestros padres y la tierra para nuestros hijos. Abrazamos todo aquello que es bueno de nuestro país y esperamos marcar una diferencia en asuntos de libertad, tanto a nivel nacional como en el extranjero. Apoyamos los principios de libertad e igualdad donde sea que estén siendo atacados.

Hace unas décadas, durante el bicentenario de la fundación de los Estados Unidos, el presidente Spencer W. Kimball habló de las tendencias militares de la humanidad moderna: “Somos un pueblo guerrero que fácilmente se distrae de su asignación de prepararse para la venida del Señor. Cuando tenemos que enfrentarnos a un enemigo, dedicamos vastos recursos a la fabricación de los dioses de piedra y acero; barcos, aeroplanos, cohetes, fortificaciones; y de todas estas cosas dependemos para nuestra protección y liberación. Cuando nos sentimos amenazados, formamos un frente común en contra del enemigo en lugar de alinearnos en batalla en el reino de Dios. Entrenamos a un hombre en el arte de la guerra y lo tildamos de patriota, falsificando así el verdadero patriotismo al estilo de Satán, y pervirtiendo las enseñanzas del Salvador” (“Dioses falsos”, Liahona, agosto de 1977, pág. 4)

El élder Dallin H. Oaks también advirtió de otros riesgos de patriotas demasiado fanáticos cuando dijo, “El amor a la patria es ciertamente un punto fuerte, pero cuando es desmedido, puede convertirse en la causa de la ruina espiritual. Hay algunos ciudadanos cuyo patriotismo es tan intenso y excesivo que parece opacar cualquier otra responsabilidad, incluso la de la familia y la Iglesia” (“Nuestros puntos fuertes se pueden convertir en nuestra ruina”, Liahona, mayo de 1995, pág. 20).

Tales enseñanzas nos recuerdan la necesidad de refinar nuestro patriotismo para asegurarnos de que es genuino y de que se encuentra dentro de los límites del Señor. El verdadero patriotismo trae honor a cualquier nación que abrace la libertad. Esas libertades hacen falta a fin de que el reino de Dios florezca entre el pueblo del Señor. Hay mucho que celebrar por nuestro bendito país y por los otros países que luchan por la libertad. ¡Que comiencen los fuegos artificiales!



Blog escrito por Kent P. Jackson, profesor de escrituras antiguas.

Este mes celebramos el 179 aniversario de algo que la mayor a de los Santos de los Últimos Días dan por hecho. Fue en junio de 1830, sólo dos meses después de que se organizara la Iglesia, que el Profeta José Smith comenzó a trabajar en su traducción de la Biblia. En la actualidad se le llama la Traducción de José Smith – utilizando las siglas TJS – pero el Profeta mismo la llamó la Nueva Traducción. Las primeras diecinueve páginas, reveladas entre junio de 1830 y finales de dicho año, contienen su revisión de los primeros capítulos de Génesis. Cuando la Perla de Gran Precio se creó en 1851, se incluyeron en ella esos capítulos de Génesis, y todavía permanecen allí en la actualidad. Es el libro de Moisés.

¿Hay algo nuevo en la Nueva Traducción? Veamos tan sólo un capítulo, el primero de la traducción, revelado en junio de 1830.

Lo que ahora llamamos Moisés, capítulo 1, es el texto de una visión que tuvo Moisés antes de que el Señor le revelara la historia de la creación, por lo que es el prefacio del libro de Génesis. Éste es uno de los capítulos más notables de las escrituras, lleno de doctrinas que distinguen a los Santos de los Últimos Días de los demás creyentes de la Biblia. Aunque la visión de Moisés es un evento bíblico y toma lugar en un contexto bíblico, no existe registro de ello en el Antiguo Testamento. No tiene ningún equivalente bíblico. Pero es una de las grandes joyas de la Restauración – una verdadera perla de gran precio.

En este capítulo aprendemos mucho.

Moisés habla con Dios “cara a cara” en términos que claramente indican que Dios en verdad tiene rostro. Aprendemos acerca del Hijo Unigénito del Padre. Al hablar el Padre con Moisés y al enseñarle acerca de Jesucristo, se nos recuerda, en claros términos canónicos, que el Padre y el Hijo son seres divinos diferentes. También aprendemos algo acerca de nosotros mismos, que nosotros – dejados a nuestra propia suerte – no somos “nada”; sin embargo, somos hijos e hijas de Dios, creados a imagen de Su Unigénito, investidos con un enorme potencial.

Aprendemos de la gloria de Dios, el poder celestial que emana de Él y que lo rodea. Los humanos deben ser transfigurados para soportar la gloria de Dios, pero Satanás sólo puede fingir tenerla y no posee ninguna parte de ella por sí mismo. Vemos a Dios y a Satanás yuxtapuestos en un fuerte contraste y aprendemos que Satanás tiene una necesidad patológica de ser adorado y sólo busca su propio interés personal.

Aprendemos algo acerca del poder de Dios y de la majestuosidad de sus creaciones. Moisés, envuelto en la gloria de Dios, pudo ver cada partícula de esta tierra y a cada alma sobre ella. Incluso se le mostraron otros mundos habitados – incontables mundos. Aprendió que Cristo es el Creador de todos estos mundos, y aprendió que la obra y la gloria de Dios es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de sus hijos que en ellos moran.

Ni que decir tiene que nada de esto era lo típico del cristianismo tradicional en junio de 1830, cuando el Señor reveló estas cosas a José Smith. En verdad, sí hay mucho nuevo en la Nueva Traducción; y eso era sólo el primer capítulo.


Acuérdate del día de reposo

POSTED BY: holzapfel

06/08/09


El libro de Éxodo conserva los Diez Mandamientos, incluyendo “Acuérdate del día de reposo, para santificarlo” (Éxodo 20:8). Desde épocas tempranas, se ha discutido y debatido el significado del cuarto mandamiento. Afortunadamente Craig Harline, profesor de historia en BYU, ha escrito una historia sobre los esfuerzos por apartar un día especial cada semana. El libro se titula Sunday: A History of the First Day from Babylonia to the Super Bowl [El Domingo: Un relato del Primer Día desde Babilonia hasta el Super Bowl] (New York: Doubleday, 2007).

El relato de Harline comienza un domingo de “Super Bowl” [la final del campeonato de fútbol americano en EE. UU.], centrándose en la reacción de su abuela de noventa años ante el evento televisado, cuando se reunió la familia para verlo. Ella finalmente abandonó la habitación preguntándose cómo había llegado la sociedad a este punto. Harline también declara su preocupación, pero por otra razón. Él también indica que le “chocó la parte de domingo del ‘Domingo de Super Bowl .’ ¿Cómo ocurrió eso?” (viii). El libro contesta esa pregunta.

El autor es un escritor excelente y un observador muy intuitivo de la gente y los lugares, incluyendo textos, tanto antiguos como modernos. No sólo cuenta el relato y la historia de palabras importantes como Sabbath (Sábado o Día de reposo Judío) y Domingo sino que también se adentra en las experiencias de la vida de personas reales que han intentado dar sentido a un tiempo especial – días festivos y días santos. Proporciona imágenes habladas de la vida en la antigua cuenca del Mediterráneo; de la Europa medieval y moderna; y de Inglaterra y Estados Unidos de los Siglos XIX y XX.

Entre los cientos de datos de información, a continuación se dan dos que me ayudaron a reconstruir el pasado, a fin de que pudiera apreciar el presente.

Primero, la creación de la “tarde libre del sábado” en Inglaterra fue el comienzo del “fin de semana”. Muchos “países adoptaron tanto el término como la práctica [inglesa] del “fin de semana” tras la Primera Guerra Mundial (217). Esta reconstrucción de la semana, de una semana laboral de seis días, brindó oportunidades adicionales para descansar y realizar actividades de ocio. Algunos reclamaban que el propósito de tener libre la tarde del sábado, era permitir a las personas hacer lo que necesitaran hacer el sábado, dejando el domingo para adorar y meditar tranquilamente, el tradicional “domingo tranquilo” inglés (218). Por otra parte, “aquellos que deseaban ampliar el domingo inglés sostenían que, a pesar del aumento de tiempo libre, las nuevas oportunidades y las instalaciones para el ocio no bastaban para acoger a todos los que querían aprovecharlas, a menos que también estuvieran disponibles el domingo” (218).

Segundo, para algunos, la práctica de deportes los domingos surgió de una noble idea de que el deporte “podía ser el portador de virtudes morales”, tales como “el espíritu de equipo, la disciplina, la generosidad, etc.” (261). En un sentido, el participar (no mirar) en “buenos juegos” era mejor que jugar a las cartas o malgastar el tiempo en el “Bar”, como lo argumentó un inglés, “Nuestros juegos nos mantienen saludables, y esto supone abstenerse de la bebida habitual, horas tardías, etc.” Sin embargo, que algunos participaran en deportes los domingos, “significó más trabajo para otros” (261). Esto era específicamente verdad tras la transición de participar en deportes a ver deportes en domingo.

Harline demuestra que las prácticas del día de reposo siguen cambiando con el tiempo, y agrega , “se puede decir con seguridad que este proceso seguirá: el domingo cambiará a medida que cambie el mundo a su alrededor”. No obstante, él opina que “también se puede afirmar que, sean cuales sean los cambios, el domingo retendrá su carácter extraordinario, se entienda cómo se quiera entender” (381).

He aprendido mucho de mi colega y utilizaré algunas de las convincentes perspectivas en mi clase del Nuevo Testamento para alumnos avanzados, cuando enseñe las controversias del día de reposo entre Jesús y los fariseos, según están registradas en los Evangelios y cuando enseñe la revelación moderna (sección 59) sobre el día santo del Señor, en mi clase de Doctrina y Convenios para alumnos avanzados este próximo semestre de otoño en BYU.


Dios ha vuelto

POSTED BY: holzapfel

05/27/09


En los últimos doscientos años, los pensadores europeos como Karl Marx, Emile Durkheim y Max Weber creían que la religión estaba destinada al fracaso y que Dios estaba muerto; sin embargo, la historia siempre parece sorprendernos. Pocos líderes políticos y académicos del pasado habrían imaginado que la gente de fe y sus instituciones jugarían un papel tan importante en el mundo de hoy. Aun los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 demuestran que, sin importar en donde viva uno, es importante entender lo que se enseña en una escuela religiosa de Arabia Saudita. Además, las elecciones presidenciales de Estados Unidos en el 2008, revelaron que las creencias religiosas todavía son importantes, aunque la Constitución Norteamericana no requiere de ninguna prueba religiosa para aquellos que buscan un puesto público (el artículo VI, sección 3, declara, “jamás se requerirá prueba religiosa alguna como requisito para cualquier oficio o puesto público en los Estados Unidos”).
Uno de los últimos esfuerzos por comprender cómo y por qué la fe está rebotando en la cara del laicismo dominante y profundo es la obra de John Micklethwait y Adrian Wooldridge, titulada God is Back: How the Global Revival of Faith Is Changing the World (New York: Penguin, 2009) [Dios ha vuelto: Cómo está cambiando al mundo el resurgimiento global de la fe]. Como algo interesante, los Santos de los Últimos son mencionados en varias ocasiones (véase las Págs. 18, 19, 65, 115, 124, 229, 233, 350, 357, 371).

Los autores describen sus esfuerzos como un “largo viaje” y añaden, “Sin duda, el mensaje general [de este libro] deprimirá a muchos laicistas; en ocasiones nos ha deprimido a nosotros también. Han ocurrido algunas cosas terribles en el nombre de Dios en este siglo. Indudablemente hay más en el camino”. Concluyen, “De forma desigual y gradual, la religión se está convirtiendo en una cuestión de elección – algo en que las personas deciden si creen (o no)” (372). Este modelo, en el que la elección juega un papel fundamental en la decisión de creer o no creer, es cabalmente americano. De ahí que la ola del futuro es el modelo americano, en el que no existe ninguna iglesia establecida del estado y en el que la gente decida por sí misma en lo que van a creer.

El libro ofrece información bastante sorprendente, como:

  • “Para el 2050, China bien podría ser la nación musulmana más grande del mundo, así como la cristiana más grande” (5).
  • “Muchos conflictos antiguos han adquirido un matiz religioso. La perniciosa guerra de sesenta años por Palestina comenzó como un asunto principalmente laico. . . . En la actualidad, en la era de Hamas, colonos judíos y sionistas cristianos, el conflicto israelí-palestino se ha vuelto mucho más sectario y polarizado, con cada vez más gente reclamando que Dios está de su lado” (13).
  • Una encuesta de 2006—quince años después de la caída del régimen soviético—descubrió que el 84 por ciento de la población rusa creía en Dios, mientras que sólo el 16 por ciento se consideraban ateos” (13).
  • La mayoría [de las estadísticas] parecen indicar que la tendencia global hacia el laicismo se ha detenido, y bastantes indican que la religión está al alza. Una estimación sugiere que la proporción de personas ligadas a las cuatro religiones más grandes del mundo – Cristianismo, Islam, Budismo e Hinduismo—aumentaron de un 67 por ciento en 1900 a un 73 por ciento en 2005 y para el año 2050 podrían alcanzar un 80 por ciento” (16). “Se mire como se mire, la fe tiene más probabilidades de afectarle a uno que antes, bien sea porque es parte de su vida o porque es parte de la vida de alguien a su alrededor – sus vecinos, sus compañeros de trabajo, hasta sus gobernantes o la gente que intentan derrocarlos” (24).
  • Un estudio riguroso sobre las creencias religiosas americanas . . . demuestra claramente que el país más poderoso del mundo es uno de los más religiosos. Más de nueve de cada diez americanos (92 por ciento) creen en la existencia de Dios o de un espíritu universal” (131).
  • “Los científicos sociales han producido muchas evidencias de que la religión es buena para uno . . . Daniel Hall, doctor del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh, ha descubierto que la asistencia semanal a la iglesia puede añadirnos de dos a tres años de vida, [resultando en] ‘una expectativa de vida sustancialmente mayor’”(146)
  • “La religión también parece estar relacionada con la felicidad. Uno de los resultados más impactantes del sondeo regular de Pew es que los americanos que asisten a servicios religiosos una o más veces a la semana son más felices (43 por ciento muy felices) que aquellos que asisten mensualmente o menos (31 por ciento) o que rara vez o nunca (26 por ciento)” (147).
  • “La religión puede combatir el mal comportamiento así como promover el bienestar” (147).
  • “La religión parece proporcionar lazos sociales. . . . Las iglesias ofrecen un lugar seguro, en el que la gente puede conocerse y combinar información y experiencia. Ponen en contacto a personas con problemas y a las personas con soluciones” (148—149).

Al final, los autores nos recuerdan lo equivocados que han estado los expertos del pasado acerca de Dios y la religión, incluyendo a Peter Berger, quien aseguró al New York Times en 1968 que para “el siglo XXI, los creyentes religiosos se encontrarán probablemente en pequeñas sectas, agrupados para resistir una cultura laica mundial” (52).


Paz y Tranquilidad

POSTED BY: holzapfel

05/18/09


Recientemente, visité la librería “Powell’s City of Books” en el centro de Portland, Oregon. Powell’s es una de las librerías independientes de Estados Unidos, considerado el mayor vendedor de libros nuevos y usados, que ocupa una manzana completa de la ciudad, y que ofrece más un millón de títulos.

Al recorrer este famoso lugar, me fijé, en la sección de obras autografiadas , en la de Gordon Hempton ” One Square Inch of Silence: One Man’s Search for Natural Silence in a Noisy World [Una pulgada cuadrada de silencio: Un hombre en búsqueda del silencio natural en un mundo ruidoso] (New York: Free Press, 2009). Me intrigó el título por el interés que tengo en el tema (véase mi blog del 3 de noviembre de 2008 titulado “Solitude, Silence, and Darkness” [Soledad, Silencio y Oscuridad]; lo añadí rápidamente al grupo de libros que ya tenía. Hempton es un grabador de sonidos premiados que vive en Port Angeles, Washington, cerca del Parque Nacional Olympic, el lugar de “una pulgada cuadrada” cuyos sonidos y silencios ha grabado.

Este libro cuenta la historia de su épico viaje por Estados Unidos para grabar el paisaje natural estadounidense. Cargó su furgoneta Volkswagen del ´64 con un medidor de decibelios y equipos de grabación y emprendió su viaje rumbo a la costa del este. Según demuestra Hempton, es difícil escapar de los ruidos del mundo moderno. Incluso en algunos de los lugares más tranquilos de Estados Unidos –nuestros parques nacionales – los aviones o los equipos modernos que reducen el trabajo utilizados por los mismos empleados de los parques, rompen el silencio y a veces molestan tanto a los humanos como a los animales ahí presentes.

Cuando por fin llegó a Washington DC, en donde se reunió con funcionarios federales para promover una legislación que conservara el silencio natural en los parques nacionales, había grabado los sonidos, las imágenes y las descripciones de algunos lugares asombrosos, incluyendo algunos en el interior de Utah (121-156) El libro contiene un CD con estos sonidos.

Ciertamente, en la actualidad nos enfrentamos a la contaminación acústica. Si queremos un poco de paz y tranquilidad, tenemos que apagar la televisión, la radio, el iPod . Como comenta Hempton, “Las palabras paz y tranquilidad son practicamente sinónimos, las cuales muy a menudo se pronuncian en la misma frase” (12).

Hempton indica los beneficios de un lugar tranquilo y natural. Sugiere que “lo bueno surge en un lugar tranquilo: el estudio, la oración, la música, la transformación, la adoración, la comunión” (12). Argumenta que “si damos oídos sordos al tema de la tranquilidad natural que se desvanece”, perdemos algo precioso, algo irremplazable (3). Y añade, “Tenemos el derecho nato de escuchar, tranquilamente y sin interrupción, los sonidos del medio ambiente natural” (2).

Con una perspectiva interesante, Hempton observa, “la fauna silvestre depende de su sentido del oído para detectar la llegada de depredadores y no permanecerá mucho tiempo en lugares donde se le dificulte oír” (20). Interesantemente, opina: “Sólo el oído puede controlar todas las direcciones a la vez, y aún predecir lo que podría encontrarse a la vuelta de la esquina” (56). No pude evitar preguntarme si los humanos tienen dificultad para oír la voz del Espíritu, la cual podría avisarles de los peligros no vistos o de lo que puede encontrarse a la vuelta de la esquina, debido a los crecientes niveles de ruido que tan a menudo buscan distraernos de los pensamientos y acciones mas elevados y nobles. Tal vez no disfrutemos lo suficiente de tales experiencias; el silencio y los sonidos naturales que se requieren para afinar nuestros oídos a fin de escuchar una voz celestial. De manera creciente, voces y sonidos rivales procuran llenar nuestros oídos con consejos y sonidos que nos alejan de las cosas del Espíritu. Estas voces y estos sonidos no sólo procuran captar nuestra atención, sino que también desean captar nuestro corazón.

El salmista dijo, “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Salmos 46:10). Una verdad eterna del pasado; fue un buen consejo entonces y es un buen consejo en la actualidad.

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