Siervos Inútiles

POSTED BY: Robert L. Millet

10/11/10


Durante muchos años he tenido dificultad para aceptar los elogios. Desconozco cuantos cientos de discursos o lecciones he dado durante los últimos treinta años, pero han sido muchos. Y en más de una vez las personas han venido al frente del salón, después de la reunión, para agradecerme. Dichos elogios han sido tan distintos como las personalidades de la gente. Algunos simplemente dicen: “Buen trabajo” o “Muy buen discurso” o “Disfruté su mensaje.” Los cumplidos más elaborados tienen la forma de preguntas de seguimiento, o piden aclaraciones, o el deseo de obtener una referencia o la fuente de un pensamiento o cita. Como orador o maestro, aprecio el hecho de que ellos hagan el esfuerzo de hacer algún comentario.

Sin embargo, la mayoría de las veces, no manejé tales elogios adecuadamente. Frecuentemente decía algo como: “Bueno, realmente no; creía que había sido mediocre” o “Gracias, pero solamente usé la mitad de mi material.” Mi esposa, Shauna, se dio cuenta de mi incomodidad y me sugirió que podría tomar un enfoque diferente: Podría tratar de decir, “Gracias.” Y en realidad funciona muy bien.

En años recientes, he descubierto otro modo de manejar los elogios, incluyendo los muy efusivos en que me dicen cuan maravilloso e inspirador soy. Les digo cosas como, “Gracias, fue una buena velada ¿verdad? El Señor fue bueno con nosotros.” o “Se sintió muy buen espíritu, estoy agradecido por haber estado aquí.” Esas no son lisonjas para mí ni tampoco carecen de sinceridad. Mientras más vivo y tengo más experiencia, más claramente percibo las obras del Señor: si tenemos juntos una experiencia inspiradora, toda la gloria y la honra deben ser para Dios.

Aún puedo recordar muy claramente las palabras del Presidente José Fielding Smith en la conferencia de abril de 1970, en la cual fue sostenido como el décimo Presidente de la Iglesia. “Quiero decir, que ningún hombre por sí solo puede dirigir esta iglesia,” afirmó el Presidente Smith. “Esta es la Iglesia del Señor Jesucristo; él está a la cabeza. La Iglesia lleva su nombre, posee su sacerdocio, administra su evangelio, predica su doctrina, y realiza su obra.”

Él escoge a los hombres y los llama para ser instrumentos en sus manos para cumplir sus propósitos, y él los guía y dirige en sus labores. Pero los hombres son solamente instrumentos en las manos del Señor, y la gloria y la honra por todo lo que logran sus siervos es y debe ser adscrita a él para siempre” (en Conference Report, abril de 1970, página 113).

Esas palabras deberían crear sentimientos de profunda humildad, sentimientos de gratitud, de reverencia, de alabanzas retumbantes para Él pues sostiene todas las cosas bajo su poder y es la Fuente de nuestra fuerza y de nuestro ser. El élder Gerald L. Lund recalcó que “enfocarnos en la palabra utilidad nos ayudará a entender mejor el concepto de siervos inútiles. La palabra implica una ganancia o beneficio personal. Utilidad quiere decir un aumento en nuestros activos, o beneficios o nuestra posición.”

“Ese es el meollo del concepto de que el hombre es un siervo inútil. Dios es perfecto — en conocimiento, poder, influencia, y atributos— . ¡Él es el Creador de todas las cosas! ¿Qué podría hacer una persona — o toda la gente junta,en este caso— para brindarle utilidad, (o sea, un aumento en sus activos, o en sus beneficios o en su posición) a Dios? . . . “Es innegable que somos sus hijos y que nos ama, y esa situación nos coloca en una posición muy por encima de sus otras creaciones. Pero algunas veces debemos despojarnos de cualquier noción de que podemos, con nuestras acciones, traer una utilidad personal a Dios. Eso haría que Dios estuviera endeudado con los hombres, lo cual es impensable” (Jesus Christ, Key to the Plan of Salvation, páginas 120-121; énfasis agregado).

Al grado que comprendamos quienes somos, de Quién somos, lo que podemos hacer, y lo que nunca podemos lograr por nosotros mismos, nuestro Padre Celestial y su Amado Hijo harán todo lo que esté bajo su poder para perdonarnos, prepararnos, autorizarnos, transformarnos, y finalmente glorificarnos. Puede ser que no hayamos “llegado” todavía, pero estamos bien encaminados al empezar a reconocer nuestras limitaciones, al confesar su bondad, misericordia y fuerza, y al aprender a desarrollar una actitud de gratitud. En el lenguaje de la revelación, debemos “dar las gracias al Señor [nuestro] Dios en todas las cosas” (DyC 59: 7; véase también el versículo 21). Hay fuerza en la debilidad (véase 2 Corintios 12: 9-10; y Eter 12: 27). En la sumisión y en la entrega, hay poder y victoria. Las gracias sean dadas a Dios, que nos concede esa victoria por la mediación de Su Hijo, el Señor Jesucristo (véase 1 Corintios 15: 57).


¡Oh! ¡Diez años!

POSTED BY: holzapfel

03/20/09


Estamos ahora en nuestro décimo año de publicar El Educador Religioso (TRE, por sus siglas en inglés). Cuando Robert L. Millet (en aquel entonces Decano de Educación Religiosa en BYU) me pidió que dirigiera esta nueva empresa, me obligó a pensar en el hueco que TRE podría llenar. A lo largo de los años, comprendí que sería importante reclutar autores específicos para que prepararan contribuciones literarias que realzaran las entregas regulares.

El año pasado, al acercarnos a nuestro décimo año de publicación, decidí que sería bueno identificar algunos de los mejores artículos en el TRE y volver a publicarlos en un volumen rústico. Primero, serviría para presentar el TRE a un público nuevo y segundo, permitiría que los artículos más solicitados pudieran leerse sin que la gente tuviera que pagar mucho dinero para adquirir números atrasados del TRE que ya están agotados.

Al final, opté por dos volúmenes distintos, el primero (Enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría: Selecciones del Educador Religioso; publicado en febrero de 2009) que se centra en artículos de devocionales y enseñanza y, el segundo, (Tanto por el estudio como por la fe: Selecciones del Educador Religioso; publicado en marzo de 2009), siendo su contenido doctrinal, histórico y de las escrituras.

Este segundo volumen salió a la venta esta semana pasada. Tal y como es mi costumbre, le di un ojeada y cuando acabé una hora después, dije en voz alta, “¡Oh! éste es un gran volumen!”. Me quedé sorprendido por la calidad así como por la cantidad de artículos excelentes que habían aparecido en el TRE durante estos años. Algunos de ellos se han convertido en clásicos, y otros serán destacados en esta nueva publicación.

Los élders David A. Bednar, D. Todd Christofferson, Jay E. Jensen, y Neil A. Maxwell nos h n dado algunas cosas para considerer. Mis colegas Richard E. Bennett, Paul Y. Hoskisson, Kent P. Jackson, Frank F. Judd Jr., Joseph Fielding McConkie, Robert L. Millet, Kerry Muhlestein, Paul H. Peterson, Dana M. Pike, David R. Seely y Thomas A. Wayment nos han dado temas en que pensar, los que ciertamente ampliarán nuestro entendimiento de las cosas de Dios.

Yo voy a usar algunos de estos artículos en mis clases. Por ejemplo, Kent P. Jackson, Frank E. Judd Jr. y David R. Seely nos han proporcionado un maravilloso recurso que todos los que leen la Biblia del “Rey Santiago” (KJV, versión inglesa), van a querer leer: “Capítulos, Versículos, Puntuación, Ortografía y Cursivas en la versión del rey Santiago” (203-230). Ésta podría ser una de las ayudas más importantes que cualquiera de los estudiosos de la KJV pudieran leer para ayudarles a entender la palabra impresa. El entrar en un dialogo con estos autores consecuentemente puede ayudarnos a apreciar las Escrituras y la Restauración en formas nuevas y, más importante, inspirarnos a ser mejores discípulos.