Un mundo antiguo redescubierto

POSTED BY: holzapfel

07/17/09


El Centro de Estudios Religiosos promueve la investigación y la publicación, mediante concesiones y lugares de publicación. Un aspecto de la misión del CER es la de ayudar a reconstruir el mundo de las Escrituras y de la Restauración para brindar un contexto de ayuda.

En la actualidad, estoy dirigiendo un programa de BYU de estudio en el extranjero, para el verano, en Roma y Atenas con Gary Hatch, decano adjunto de Educación General y Honores. Cuarenta alumnos nos han acompañado en esta aventura, y en verdad es una aventura; hace calor, es húmedo y a veces se hace difícil llevar a todos a un museo o yacimiento arqueológico por medio de un congestionado y confuso sistema de autobuses, metros y trenes.

Como uno se podrá imaginar, pasamos una considerable cantidad de tiempo paseando por la antigua Roma. En algunos lugares, hasta habremos caminado por donde caminaron Pedro y Pablo. Esta semana próxima haremos un viaje a un lugar aun más lejano, a la antigua Pompeya, cerca de la actual Nápoles, Italia.

He ido a Pompeya en varias ocasiones desde mi primera visita con un grupo de alumnos de escuela secundaria de York, Maine, en 1972. En cada visita, me voy más melancólico que en la anterior, de manera que no deseo demasiado esta visita. Las imágenes de muerte en la ciudad me atormentan, especialmente los moldes de yeso, ingeniosamente hechos, de los cuerpos de las personas que murieron allí hace tantos años; no obstante, me he estado preparando para la visita con nuestros alumnos leyendo un nuevo libro sobre Pompeya escrito por Mary Beard, The Fires of Vesuvius: Pompeii Lost and Found [Los fuegos del Vesuvio, Pompeya perdida y hallada] (Cambridge, MA: The Belknap Press of Harvard University Press, 2008).

El libro de Beard me recuerda que el pasado es mucho más complejo de lo que a veces imaginamos. Este es un libro importante para cualquiera que sueñe con ir a Pompeya, o para cualquiera que quiera comprender la complejidad de la historia. Primero, la autora nos dice que Pompeya es más que una ciudad “simplemente congelada a medio flujo” (9). Capítulo tras capítulo, la autora nos dice, “Nada es como pudiera parecer a primera vista” (13). Hubo destrucción antes de la famosa erupción en el año AD 79 (ella argumenta en contra de la fecha del 25 de agosto), y hubo pillaje casi inmediatamente después de la tragedia. Luego en 1943, las bombas aliadas causaron incluso más destrucción ¡En verdad es una historia muy complicada! No obstante, Beard indica que “es verdad que la ciudad nos ofrece más imágenes de gente real y sus vidas reales que cualquier otro lugar del mundo romano” (15); sin embargo, “el panorama más completo y muchas de las preguntas más básicas sobre la ciudad permanecen muy turbias” (16).

Beard nos brinda imágenes habladas que nos ayudan a ver más allá de la moderna reconstrucción de la ciudad y de nuestra imaginación “Hollywoodense” de cómo podría haber sido, a una historia compleja y matizada que en realidad es cómo es la vida misma. La próxima vez que lean la segunda parte del Nuevo Testamento, consideren rellenar las brechas culturales e históricas que se encuentran en el libro de los Hechos; revelará un interesante y complejo mundo, dando contexto a los escritos de Pablo, Lucas, Pedro y otros.


“E depois nos dirigimos a Roma”

POSTED BY: holzapfel

07/07/09


Lucas preparó una obra de dos partes conocida como el Evangelio de Lucas y el libro de los Hechos, hace casi dos mil años, pero los relatos siguen tan frescos y excitantes como cualquier relato moderno. Puede que dé lo mejor de sí como narrador en los dos últimos capítulos de los Hechos, que contienen una de las mejores narrativas sobre viajes marítimos del siglo I que han sobrevivido del pasado (véase Hechos 27-28). Pablo había estado en prisión dos años en la capital provincial de Judea cuando Lucas comienza esta parte bien conocida del relato: “Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta” (Hechos 27:1).

Lucas brinda una narración dramática de una tormenta, una advertencia y luego un naufragio. Pablo, que ha sido retratado como un incansable misionero dispuesto a salvar al mundo, de hecho salva a la tripulación, los soldados y a los prisioneros. Se encuentran a salvo en una isla, muy probablemente Malta y, después de tres meses, embarcan en una nave granero de Alejandría, Egipto, rumbo a Roma.

Lucas continúa, “Y llegados a Siracusa [en la actual Sicilia], estuvimos allí tres días. De allí, costeando alrededor, llegamos a Regio [en Calabria, Italia]; y otro día después, soplando el viento sur, llegamos al segundo día a Puteoli [la actual Pozzuoli, justo al norte de Nápoles]” (Hechos 28: 12-13).

He estudiado los viajes de Pablo desde hace quince años. Éste ha sido no sólo un proyecto profesional (enseño el Nuevo Testamento), sino también una búsqueda personal; Pablo me ha tenido embelesado desde hace algun tiempo. Este domingo pasado, por fin he podido visitar un lugar que he deseado ver desde hace mucho tiempo, Pozzuoli. Con un antiguo compañero misionero, Steve Smoot, dirigiendo el camino, llegamos a este pequeño pueblo costero italiano.

Pozzuoli ha estado en las noticias últimamente. Sólo la semana pasada, unos arqueólogos descubrieron una cabeza de mármol del emperador romano Tito, quien destruyó Jerusalén y el templo en el año 70 de la era cristiana.

En este punto, Lucas hace una transición narrativa de los viajes marítimos a los viajes terrestres con cinco palabras emotivas: “y luego fuimos a Roma” (Hechos 28:14). Por supuesto, Roma fue el destino final del viaje, pero más importante aún, el clímax de su relato en los Hechos – Pablo anunciará las “buenas nuevas” en Roma, el corazón del mismo imperio.

Lo mejor de visitar lugares históricos es que desde ese día en adelante sentiré algo diferente cuando enseñe acerca de un determinado relato. Al igual que Lucas, podré ofrecer un relato más descriptivo a mis alumnos. En este caso, visualizaré el Mar Mediterráneo, la costa con sus barcas, redes, aves y la Colinas que rodean a Pozzuoli en el horizonte. En mi mente, podré imaginar a Pablo subiendo por los acantilados que separan el pueblo del altiplano para comenzar su viaje hacia Roma. Me acordaré del calor y la humedad, el olor del agua marina y los peces. Mis alumnos viajarán conmigo, al hacer todos el viaje con Lucas y Pablo a Pozzuoli, mientras leemos el relato del viaje a Roma.


Viernes Santo

POSTED BY: holzapfel

04/10/09


Harry Anderson, “La Crucifixión”

El blog de esta semana fue elaborado por el escritor invitado Eric D. Huntsman, profesor asociado de escritura antigua.

El presidente Uchtdorf, en su discurso de la conferencia el 5 de abril de 2009, se refirió a ese domingo como el Domingo de Ramos. Anticipando la Pascua, animó a los miembros de la Iglesia a centrar más plenamente sus mentes en el gran sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo. El presidente Uchtdorf dijo, “Lo adecuado es que durante esta semana, desde el domingo de Ramos hasta la mañana de Pascua de Resurrección, dirijamos nuestros pensamientos hacia Jesucristo, la fuente de luz, vida y amor. Quizá la multitud de Jerusalén lo haya visto como un gran rey que los salvaría de la opresión política. Pero, en realidad, Él nos dio mucho más que eso. Nos dio Su Evangelio, una perla de precio incalculable, la gran clave de conocimiento que, si la comprendemos y usamos, nos abre la puerta hacia una vida de felicidad, paz y satisfacción”. El Élder Holland, en su discurso, también se refirió a la última semana del Salvador: “A medida que se acerca esta Semana Santa – el Jueves de Pascua con su Cordero Pascual, el Viernes Expiatorio con su cruz, el Domingo de Resurrección con su sepulcro vacío – ruego que declaremos que somos plenos discípulos del Señor Jesucristo”.

Hoy es Viernes Santo (en inglés, Viernes Bueno, traducido literalmente), observado por muchos en el mundo cristiano como un día de gran solemnidad y santidad. Cuando era joven, sabiendo de dicho día, gracias a mis muchos amigos y vecinos católicos romanos o protestantes, pensé que el término inglés “Viernes Bueno” era un oxímoron. ¿Qué tenía de bueno el día que murió Jesús? Sólo a medida que maduré en el Evangelio llegué a comprender que la muerte de Jesús era santa, un acto sagrado que sellaba el trayecto expiatorio que había comenzado la noche anterior cuando Él tomó sobre sí nuestros pecados y pesares y entonces, como victima expiatoria, llevó esa carga al altar – en este caso una cruz- donde pagó el precio máximo. Más adelante llegué a comprender otro matiz lingüístico. Muchos ven el uso de “good” en “Good Friday” (Viernes Santo) como uso arcaico, a semejanza de “good-bye” (adios). Aquí podría ser un sinónimo de “God” (Dios), en cuyo caso sería “God´s Friday” (Viernes de Dios), ese día de significado cósmico cuando el Padre reconcilió el mundo para Sí: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Romanos 5: 8-11). 

Como Santo de los Últimos Días, mucho de lo que se conmemora en Viernes Santo en otros tiempos me parecía incomodo. “Adoramos a un Cristo viviente, no a un Cristo muerto”, era la frase común con la que me crié. Era más fácil reconocer que Jesús de algún modo tomó sobre Sí la carga de nuestros pecados y pesares en Getsemaní para luego pasar lo más rápido posible por lo desagradable del juicio, el abuso y la crucifixión, al gozo de la mañana de la Pascua de Resurrección. La cruz me era particularmente extraña, si no es que incomoda. La Iglesia no cuenta con imágenes en nuestras iglesias y templos, aunque sí abundan otras clases de simbolismos. Al no entender los detalles teológicos de la misa como un “verdadero sacrificio” en la tradición católica romana, no capté por qué el crucifijo era tan importante para mis amigos. Sin molestarme en preguntar a mis amigos protestantes lo que significaba la cruz para ellos, hasta que no fui adulto ignoré el hecho de que para ellos la cruz no era sólo un símbolo de Su muerte por nosotros, ya que para ellos también era un símbolo de su resurrección, ¡porque la cruz estaba vacía!

Sin embargo, un estudio más detallado ha aportado una nueva conciencia de la riqueza simbólica de las escrituras y de las imágenes de la muerte de Jesús sobre la cruz. Aquí, no es la cruz en sí misma, ya fuera un palo vertical o un simple andamiaje sobre el cual se ataba o clavaba la viga de la victima. Ni tampoco es la iconografía religiosa de una cruz latina o griega. En cambio, para mí, el significado de la crucifixión yace en la imagen de Cristo “siendo levantado”, con la cruz como madero y en las marcas o señas duraderas que dejó Su sacrificio.

En el Evangelio de Juan, Jesús dice tres veces que Él debe ser levantado como parte de su regreso al Padre y de atraer a todos los hombres para Sí (véase Juan 3:14, 8:28, 12:32-33) y en la última ocasión deja claro que ésta era una referencia de cómo moriría. La crucifixión era una forma de ejecución muy humillante pero sobre todo muy pública, pero lo que aquí parece ser significativo es que el sacrificio de Jesús está allí para que todos lo vean, en toda época y lugar. Juan 3:14 lo conecta directamente con levantar la serpiente sobre una asta en el desierto (véase Números 21:9), una imagen que los autores del Libro de Mormón reconocieron y ampliaron (véase 2 Nefi 25:20; Alma 33:19; Helamán 8: 14-16). Por lo tanto, la crucifixión ilustra que la muerte salvadora de Jesús brinda curación y vida a todos los que simplemente miren hacia Él.

Pero quizá el respaldo más importante de “levantar” imágenes vino del mismo Jesús, que les dijo a los nefitas: “Y mi Padre me envió para que fuese levantado sobre la cruz; y que después de ser levantado sobre la cruz, pudiese atraer a mí mismo a todos los hombres, para que así como he sido levantado por los hombres, así también los hombres sean levantados por el Padre, para comparecer ante mí, para ser juzgados por sus obras, ya fueren buenas o malas; y por esta razón he sido levantado; por consiguiente, de acuerdo con el poder del Padre, atraeré a mí mismo a todos los hombres, para que sean juzgados según sus obras” (3 Nefi 27:14-15).

El reconocer que la crucifixión era equivalente a “ser colgado en un madero” añade otro nivel de simbolismo. Bajo la ley de Moisés, era maldito el que fuera colgado en un madero (véase Deuteronomio 21:22-23), explicando quizá una de las razones de por qué los opositores de Jesús estaban ansiosos de que los romanos lo crucificaran. Aunque no está totalmente claro qué derechos de pena capital habrían tenido las autoridades judías (la prohibición de ejecutar hombre alguno en Juan 18:31 podría haberse referido a la ley judaica, ya que no podían ejecutar durante Pascua), hacer que los romanos mataran a Jesús no hizo más que transferir la culpa. La ejecución judía por blasfemia habría sido la lapidación, mientras que la ejecución romana por traición y rebelión era la crucifixión. El sumo sacerdote le había preguntado a Jesús la noche anterior, “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?” (Marcos 14:61) y nada podía haber probado que Jesús era justo lo contrario, maldito de Dios, que haberle colgado en un madero. No obstante, esta “maldición” era parte de que el Salvador descendiera “debajo de todo”. Ciertamente, Pablo escribió, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).  

Lo asombroso, sin embargo, era que la cruz, el madero de la maldición, se convirtió para nosotros, en efecto, en un árbol de la vida. Después de que Jesús expiró, “uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua” (Juan 19:34). Pensando en lo que Jesús le dijo a la mujer samaritana sobre el agua viva, en Juan 4, o en Su discurso en Juan 7 sobre el Espíritu que da vida, en el cual de Él corren ríos de agua viva, esta señal sugiere que la muerte de Jesús produjo vida. De hecho, en la iconografía medieval se extendió la imagen de la “cruz verde”, que a menudo se retrataba con brotes de hojas y frutos.

Finalmente, la crucifixión dejó señales duraderas del acto salvador del Señor, marcas que se usaron para impartir un testimonio seguro de que Él era el Señor y Dios de aquellos a quienes Él salvó. Aunque la experiencia de Tomás, después de la resurrección, sugiere que debemos ser creyentes antes de recibir tal seguridad (véase Juan 20:24-29), el que Jesús mostrara las marcas en sus manos, pies y costado adquirió un significado casi ritual, cuando se les apareció a los nefitas en el templo de Abundancia: “Levantaos y venid a mí, para que metáis vuestras manos en mi costado, y para que también palpéis las marcas de los clavos en mis manos y en mis pies, a fin de que sepáis que soy el Dios de Israel, y el Dios de toda la tierra, y que he sido muerto por los pecados del mundo” (3 Nefi 11:14).

Por estas razones, al leer, repasar y meditar los últimos actos del Salvador en ese día, ya no me asustan las imágenes que en otros tiempos me eran extrañas. En cambio, me regocijo en lo que Jesús hizo por mí y lo veo como un precursor necesario, no sólo para la mañana de la Pascua, sino para el gran don de la vida eterna, el precioso fruto del árbol, el cual “es el más grande de todos los dones de Dios” (1 Nefi 15:36; véase también D. y C. 14:7)


Manuscritos del Nuevo Testamento

POSTED BY: holzapfel

02/05/09


El Nuevo Testamento es una asombrosa   colección de varios tipos de documentos, que incluyen  cartas,  bibliografías  antiguas, sermones   y narraciones   históricas. Los  estudios   sobre  el Nuevo Testamento nos han ayudado a reconstruir el mundo de Jesús y sus discípulos al proporcionar perspectivas  históricas, culturales y lingüísticas; además, el estudio de los  textos nos ha ayudado a apreciar el interesante y complejo relato de la transmisión del Nuevo Testamento desde  la antigüedad  hasta el presente.

      

En la actualidad, no parece que se haya preservado ningún manuscrito o escritos  originales del Nuevo Testamento. En otras  palabras, no podemos visitar ningún museo  o biblioteca para ver el libro original de Mateo, o la epístola original que Pablo escribió a los Romanos. De hecho, los manuscritos más antiguos que han sobrevivido los estragos del tiempo ni siquiera son copias de los originales, ni copias de las copias. El texto más  antiguo del Nuevo Testamento que se conoce, es un manuscrito de papiro más bien pequeño   (véase la imagen) con Juan 18:37-38 en un lado (anverso) y Juan 18: 31-33 en el otro (reverso). Su pequeño tamaño minimiza su gran importancia. Producido aproximadamente en el año 125 de la era cristiana, sugiere una fecha del Evangelio de Juan anterior a la que tradicionalmente se le ha asignado (muchos eruditos asumen que el Evangelio de Juan fue escrito en los años 90 de la era cristiana). Además, el manuscrito fue descubierto en Egipto, lo que sugiere una rápida dispersión del Evangelio.

 

Las copias más antiguas de un libro individual del Nuevo Testamento datan del año 200 de la  era cristiana. En las décadas y siglos siguientes, los escribas continuaron haciendo  copias del Nuevo Testamento. Aún existen  unos 5.700 manuscritos en griego de principios  del siglo II hasta el siglo XVI. No es de sorprender que estos manuscritos contengan numerosas diferencias porque  fueron copiados a mano a lo largo de los años.  De hecho, existen unas 30.000 variantes de lectura. La mayoría de estas variantes de  lectura no son teológicamente significativas, y probablemente fueron el resultado de errores   humanos (cambios no intencionales hechos al  texto durante el proceso  de su copiado).  Sin embargo,  existen cambios bastante significativos, que muy probablemente fueron      intencionales. Estos cambios se realizaron por   una variedad de razones, que incluyen: (1) promover opiniones teológicas, (2) corregir errores que un escriba creía que existían en el texto, (3) concordar el texto a fin de que fuera igual a lo que estaba registrado en otro pasaje  y (4) clarificar ciertos pasajes que pudieran ser confusos o mal entendidos.

 

La versión inglesa del Rey Santiago (KJV) de 1 Juan 5: 7 conserva un cambio significativo: “porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno”. Los traductores de la KJV utilizaron los mejores manuscritos disponibles en esa época. Desde 1611, nuevos hallazgos han dado a conocer manuscritos antiguos que los eruditos creen que nos acercan mucho más al texto original. Este versículo en particular, que apoya una interpretación trinitaria de la Deidad, no se encuentra en los manuscritos más antiguos de 1 Juan, lo que sugiere que un escriba lo añadió por cuestiones teológicas.

 

La manera en que entendamos el Nuevo Testamento dependerá de qué variante de lectura aceptemos como la más cercana a la original. En este caso, algunos eruditos argumentan que el Nuevo Testamento no nos enseña explícitamente la doctrina de la Trinidad, porque esta singular e importantísima referencia  no se encuentra en   ningún manuscrito griego (manuscritos que abarcan más de mil años de transmisión del Nuevo Testamento). Debido a que no aparece antes del siglo XIV, algunas traducciones y versiones modernas de la Biblia no incluyen este versículo.

 

En la actualidad, vivimos en una época asombrosa en la que el trabajo sobre el Nuevo Testamento ofrece grandes perspectivas y nos permite acercarnos a los textos según fueron preparados originalmente en el siglo I.


José Smith: Un Testigo moderno de Jesucristo

POSTED BY: holzapfel

02/03/09


Durante el mes de diciembre, nuestros pensamientos quizás pudieran evocar un día de invierno en una pequeña granja en el estado de Vermont, donde José Smith dio su primer aliento de vida en 1805. También  podríamos meditar sobre una calurosa tarde de jueves en junio de 1844, cuando el profeta dio su último respiro. 

 

Durante su vida, José Smith fue muchas cosas: un hijo obediente, un padre amoroso, un vecino amable, un líder de la comunidad con visión. Además fue un profeta de Dios.

 

Desde el principio, los profetas han tenido deberes específicos. Noé construyó un arca. Moisés sacó al pueblo de Israel del cautiverio. Josué condujo a Israel hacia la tierra prometida. Lehi y Jeremías  advirtieron a los habitantes de Jerusalén sobre un inminente exilio. Pedro y Pablo llevaron el evangelio a las naciones de la tierra.  Tengan la asignación específica que tengan, todos los profetas son testigos del Señor.

 

José Smith no fue diferente. Él recibió numerosas asignaciones del Señor. Sin embargo, su papel más grande e importante como profeta fue el de ser un testigo moderno de Jesucristo. En 1820, José Smith registró: “No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado. Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo! (José Smith—Historia 1:17).

 

En 1832, José Smith y Sidney Rigdon testificaron: “Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre (Doctrina y Convenios 76:23).

 

En 1836, José Smith y Oliver Cowdery testificaron:

“Vimos al Señor sobre el barandal del púlpito, delante de nosotros; y debajo de sus pies había un pavimento de oro puro del color del ámbar. Sus ojos eran como llama de fuego; el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol; y su voz era como el estruendo de muchas aguas, sí, la voz de Jehová” (Doctrina y Convenios 110:2-3).

 

El ministerio profético de José Smith se puede dividir fácilmente en dos deberes distintos y, a la vez, relacionados.

 

Primero, el Profeta fue llamado para testificar de Jesús como Salvador y Redentor. Esto lo logró principalmente al sacar a luz el Libro de Mormón y al establecer la Iglesia de Jesucristo. El Libro de Mormón y la Iglesia se centran en la Expiación de Cristo, el arrepentimiento, la salvación y la vida eterna. La primera asignación se culminó con la restauración de los primeros principios y ordenanzas del evangelio, los cuales nos permiten entrar en el Reino Celestial. A esto se le llama la “plenitud del evangelio de Jesucristo”

 

Segundo, el Profeta fue llamado para testificar de Jesús como el “autor  y consumador de nuestra fe”. Esto lo logró principalmente por medio de las revelaciones que recibió, comenzando en 1832, con respecto a la exaltación y la vida eterna (véase Doctrina y Convenios 76, 84, 88 y 93) Esta última asignación se culminó en el templo, en el que los Santos de los Últimos Días reciben las ordenanzas de la Iglesia del Primogénito que les permiten entrar en la presencia de Elohim.

 

Todas las bendiciones y promesas que anunciamos a los habitantes de la tierra vienen mediante y por Jesucristo, el mismo Hijo de Dios. Ciertamente  son “buenas nuevas”. Sin Jesucristo, no tenemos nada. José Smith dijo el 12 de mayo de 1844, pocas semanas antes de que fuera asesinado: “El Salvador tiene las palabras de vida eterna, ninguna otra cosa nos puede beneficiar”  (Andrew F. Ehat and Lyndon W. Cook, eds., Words of Joseph Smith [Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1980], 365).

 

Al escuchar el testimonio de José acerca de Jesucristo, es como si oyéramos la voz de Jesús porque José Smith “fue ordenado por Cristo Jesús”  (William W. Phelps, “Loor al Profeta,” Himnos [Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1992), no. 15).