Calificar con la Curva

POSTED BY: Robert L. Millet

10/25/10


Una vez estaba en una clase de la Escuela Dominical cuando el maestro tocó el tema de compararnos con otros. Nos advirtió de los peligros de hacerlo eso y luego agregó: “Nunca debemos comparar nuestra situación en la vida con otras personas. Si se tiene que comparar a alguien, entonces compárese a Cristo, porque él es nuestro Ejemplo.” Reflexioné en ese comentario por un buen rato ese día y luego me encontré pensando. “Oh, debemos compararnos con Cristo. Bueno, ¡ciertamente eso me hace sentir mejor! De aquí en adelante pondré mis obras y mis endebles ofrendas junto a las de él y entonces realmente voy a estar (y seguiré) deprimido.”

El hecho es, que la comparación no funciona; Punto. Mantendremos un sentimiento constante de insuficiencia o cultivaremos un punto de vista no adecuado de nuestra propia importancia. Ninguno es saludable. Aún algunos de los discípulos escogidos de Jesús fueron tentados para buscar posiciones de prominencia, y el Maestro los reprendió con las palabras, “el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (Mateo 20: 26-27; compárese con Marcos 10: 28-41). Jesús mismo fijó la norma y abolió todas las formas de jerarquías espirituales cuando él, el hombre más grandioso que haya cruzado los senderos de la tierra, describió su propio papel como sigue: “yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lucas 20: 27).

Andy Stanley puso todo esto en perspectiva cuando preguntó: “Cuando mueras, ¿te toca ir al cielo si tus buenas obras constituyen el 70 por ciento de todos tus hechos? ¿O el 51 por ciento te concede una calificación aprobatoria? . . . O ¿qué pasa si la santidad y la perfección de Dios sobrepasan a su misericordia y requiere que el 90 por ciento de tus obras sean buenas? ¿Y que tal si Dios califica con la curva y la Madre Teresa torció la curva cósmica, y elevó el nivel para las buenas obras más allá de lo que la mayoría de nosotros somos capaces?” (How Good is Good Enough? páginas 45-46).

Aunque para los Santos de los Últimos Días, la salvación es un asunto familiar, el venir a Cristo por los convenios y cumplir con la voluntad de Dios es una tarea individual. Cuando sea la hora de estar ante el tribunal del juicio, no se va a poner el resumen de nuestras vidas (incluyendo nuestras buenas obras) junto al de alguien más. Somos bautizados uno por uno, confirmados uno por uno, ordenados uno por uno e investidos uno por uno. Y aunque nos arrodillamos en la Casa del Seor frente al amor de nuestra vida en la ordenanza más alta de este lado del cielo, el guardar los convenios del templo, finalmente el asunto de ser conformados a la imagen de Cristo, se efectúa un alma a la vez. Estamos todos juntos en esto. Ninguno de nosotros está exento de los exámenes de la mortalidad o de recibir un adiós en el juego de la vida. Estamos aquí para hacer lo mejor que podamos. La búsqueda de la espiritualidad no quiere decir que debemos ser copiados a la imagen de otro humano, más bien la búsqueda debe ser que Dios, por medio de su Santo Espíritu, nos convierta a usted y a mí en todo lo que él desea que seamos. A través de los aos y después de que el Espíritu Santo haya moldeado nuestros corazones, después de que el Seor haya educado nuestras conciencias, después de que el Espíritu haya madurado nuestro juicio y mejorado nuestra sabiduría, entonces “cuando [Cristo] aparezca, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es” (Moroni 7: 48; compárese con 1 Juan 3: 1-2).


Un mundo antiguo redescubierto

POSTED BY: holzapfel

07/17/09


El Centro de Estudios Religiosos promueve la investigación y la publicación, mediante concesiones y lugares de publicación. Un aspecto de la misión del CER es la de ayudar a reconstruir el mundo de las Escrituras y de la Restauración para brindar un contexto de ayuda.

En la actualidad, estoy dirigiendo un programa de BYU de estudio en el extranjero, para el verano, en Roma y Atenas con Gary Hatch, decano adjunto de Educación General y Honores. Cuarenta alumnos nos han acompañado en esta aventura, y en verdad es una aventura; hace calor, es húmedo y a veces se hace difícil llevar a todos a un museo o yacimiento arqueológico por medio de un congestionado y confuso sistema de autobuses, metros y trenes.

Como uno se podrá imaginar, pasamos una considerable cantidad de tiempo paseando por la antigua Roma. En algunos lugares, hasta habremos caminado por donde caminaron Pedro y Pablo. Esta semana próxima haremos un viaje a un lugar aun más lejano, a la antigua Pompeya, cerca de la actual Nápoles, Italia.

He ido a Pompeya en varias ocasiones desde mi primera visita con un grupo de alumnos de escuela secundaria de York, Maine, en 1972. En cada visita, me voy más melancólico que en la anterior, de manera que no deseo demasiado esta visita. Las imágenes de muerte en la ciudad me atormentan, especialmente los moldes de yeso, ingeniosamente hechos, de los cuerpos de las personas que murieron allí hace tantos años; no obstante, me he estado preparando para la visita con nuestros alumnos leyendo un nuevo libro sobre Pompeya escrito por Mary Beard, The Fires of Vesuvius: Pompeii Lost and Found [Los fuegos del Vesuvio, Pompeya perdida y hallada] (Cambridge, MA: The Belknap Press of Harvard University Press, 2008).

El libro de Beard me recuerda que el pasado es mucho más complejo de lo que a veces imaginamos. Este es un libro importante para cualquiera que sueñe con ir a Pompeya, o para cualquiera que quiera comprender la complejidad de la historia. Primero, la autora nos dice que Pompeya es más que una ciudad “simplemente congelada a medio flujo” (9). Capítulo tras capítulo, la autora nos dice, “Nada es como pudiera parecer a primera vista” (13). Hubo destrucción antes de la famosa erupción en el año AD 79 (ella argumenta en contra de la fecha del 25 de agosto), y hubo pillaje casi inmediatamente después de la tragedia. Luego en 1943, las bombas aliadas causaron incluso más destrucción ¡En verdad es una historia muy complicada! No obstante, Beard indica que “es verdad que la ciudad nos ofrece más imágenes de gente real y sus vidas reales que cualquier otro lugar del mundo romano” (15); sin embargo, “el panorama más completo y muchas de las preguntas más básicas sobre la ciudad permanecen muy turbias” (16).

Beard nos brinda imágenes habladas que nos ayudan a ver más allá de la moderna reconstrucción de la ciudad y de nuestra imaginación “Hollywoodense” de cómo podría haber sido, a una historia compleja y matizada que en realidad es cómo es la vida misma. La próxima vez que lean la segunda parte del Nuevo Testamento, consideren rellenar las brechas culturales e históricas que se encuentran en el libro de los Hechos; revelará un interesante y complejo mundo, dando contexto a los escritos de Pablo, Lucas, Pedro y otros.


“E depois nos dirigimos a Roma”

POSTED BY: holzapfel

07/07/09


Lucas preparó una obra de dos partes conocida como el Evangelio de Lucas y el libro de los Hechos, hace casi dos mil años, pero los relatos siguen tan frescos y excitantes como cualquier relato moderno. Puede que dé lo mejor de sí como narrador en los dos últimos capítulos de los Hechos, que contienen una de las mejores narrativas sobre viajes marítimos del siglo I que han sobrevivido del pasado (véase Hechos 27-28). Pablo había estado en prisión dos años en la capital provincial de Judea cuando Lucas comienza esta parte bien conocida del relato: “Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta” (Hechos 27:1).

Lucas brinda una narración dramática de una tormenta, una advertencia y luego un naufragio. Pablo, que ha sido retratado como un incansable misionero dispuesto a salvar al mundo, de hecho salva a la tripulación, los soldados y a los prisioneros. Se encuentran a salvo en una isla, muy probablemente Malta y, después de tres meses, embarcan en una nave granero de Alejandría, Egipto, rumbo a Roma.

Lucas continúa, “Y llegados a Siracusa [en la actual Sicilia], estuvimos allí tres días. De allí, costeando alrededor, llegamos a Regio [en Calabria, Italia]; y otro día después, soplando el viento sur, llegamos al segundo día a Puteoli [la actual Pozzuoli, justo al norte de Nápoles]” (Hechos 28: 12-13).

He estudiado los viajes de Pablo desde hace quince años. Éste ha sido no sólo un proyecto profesional (enseño el Nuevo Testamento), sino también una búsqueda personal; Pablo me ha tenido embelesado desde hace algun tiempo. Este domingo pasado, por fin he podido visitar un lugar que he deseado ver desde hace mucho tiempo, Pozzuoli. Con un antiguo compañero misionero, Steve Smoot, dirigiendo el camino, llegamos a este pequeño pueblo costero italiano.

Pozzuoli ha estado en las noticias últimamente. Sólo la semana pasada, unos arqueólogos descubrieron una cabeza de mármol del emperador romano Tito, quien destruyó Jerusalén y el templo en el año 70 de la era cristiana.

En este punto, Lucas hace una transición narrativa de los viajes marítimos a los viajes terrestres con cinco palabras emotivas: “y luego fuimos a Roma” (Hechos 28:14). Por supuesto, Roma fue el destino final del viaje, pero más importante aún, el clímax de su relato en los Hechos – Pablo anunciará las “buenas nuevas” en Roma, el corazón del mismo imperio.

Lo mejor de visitar lugares históricos es que desde ese día en adelante sentiré algo diferente cuando enseñe acerca de un determinado relato. Al igual que Lucas, podré ofrecer un relato más descriptivo a mis alumnos. En este caso, visualizaré el Mar Mediterráneo, la costa con sus barcas, redes, aves y la Colinas que rodean a Pozzuoli en el horizonte. En mi mente, podré imaginar a Pablo subiendo por los acantilados que separan el pueblo del altiplano para comenzar su viaje hacia Roma. Me acordaré del calor y la humedad, el olor del agua marina y los peces. Mis alumnos viajarán conmigo, al hacer todos el viaje con Lucas y Pablo a Pozzuoli, mientras leemos el relato del viaje a Roma.


“Las piedras clamarían”

POSTED BY: holzapfel

05/07/09


Cuando Jesús vino a Jerusalén, en lo que sería su última visita, caminó desde el Monte de los Olivos hasta la ciudad Santa. Al hacerlo: “toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto” (Lucas 19:37). Lucas añade: “Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él [Jesús], respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían” (Lucas 19: 39-40).

Hay piedras por doquier en esta tierra áspera. No sólo la gente las ve por todas partes, sino que caminan encima de ellas y visitan lugares hechos de piedra, tales como la Tumba del Huerto, o la tumba labrada en la peña en la Iglesia del Santo Sepulcro; la roca donde Abrahán ofreció a Isaac, cubierta ahora por la Cúpula de la Roca, la roca donde Jesús oró en Getsemaní (parte del altar en la Iglesia de Todas las Naciones); y el enorme muro de contención herodiano del Monte del Templo. La semana pasada regresé de visitar Jerusalén. A veces las campanas de las iglesias, la llamada del muecín, y la sirena del día de reposo Judío captan nuestra atención con sonidos que compiten flotando en el aire. Pero la verdadera historia se encuentra en las piedras.

En el vuelo a Jerusalén, leí el último libro de Simón Goldhill, Jerusalem: City of Longing [Jerusalén, Ciudad de Añoranza](Cambridge: The Belknap Press of Harvard University Press, 2008). Me ayudó en mi visita, pues me proporcionó unos elementos de comprensión que me permitieron enlazar mucha información con años de experiencia en Jerusalén. Al pensar en la gente que conocí, (guías, turistas, taxistas, y otras personas) me di cuenta de la frecuencia con que la mayoría de nosotros queremos ver los relatos de Jerusalén en “blanco y negro”. Pero, como Goldhill demuestra en esta narración bien elaborada, “para ser apreciada la ciudad tiene que ser vista desde múltiples perspectivas ” (viii), y los relatos son “mucho más complicados y mucho más interesantes que los estereotipos” (ix).

En lugar de producir un guión cronológico, el autor proporciona un panorama de diferentes lugares (en su mayoría asociados con rocas o piedras) relacionados con puntos importantes de la historia de Jerusalén. Al contar su relato, Goldhill proporciona algunas de las “narrativas opuestas” (judía, musulmana, y cristiana; ortodoxa, católica y protestante) proporcionando sus propias versiones “blanquinegras” de los eventos (282). Concluye habilmente, “Las tensiones entre las tres religiones abrahámicas [Judaísmo, Cristianismo e Islam] apuntan intencionadamente a los santos lugares, a sus posesiones, su tutela legal, su valor simbólico” (47). En un sentido muy real, la tutela legal de cada lugar permite a cada grupo compartir su propia narrativa que le otorga validez.
Goldhill concluye diciendo, “Jerusalén tiene una extraña relación con las piedras”. Indica que incluso “los arqueólogos procuran hacerlas hablar”. No obstante, reconoce que existe la inevitable desilusión del pasado perdido, fragmentado, desconocido y quebrantado”, cuando nos apoyamos en la arqueología (225).

No todos estarán de acuerdo con los sitios y relatos que Goldhill decidió incluir, pero los lectores descubrirán que él “trató de contar esta historia de la manera más simple y neutral posible” (281). Si han visitado Jerusalén, si tienen planes de visitar Jerusalén, o si sólo están interesados en la ciudad, este libro bien merece una visita, pues nos brinda un enfoque matizado a una ciudad compleja. Concluye diciendo, “estar en Jerusalén es estar en una ciudad de añoranza, al buscar uno su propio lugar en los estratos de la historia, la imaginación, la creencia, el deseo y el conflicto que hacen que Jerusalén sea lo que es” (332).


¿Sudó sangre Jesús?

POSTED BY: holzapfel

02/12/09


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Con respecto a un famoso pasaje que se encuentra en Lucas 22, Bart D. Ehrman, autor de El Nuevo Testamento: Una introducción histórica a los primeros escritos cristianos (The New Testament: A Historical Introduction to the Early Christian Writings (New York: Oxford University Press, 2008), argumenta que los escribas añadieron el detalle de que “era su sudor como grandes gotas de sangre” (Lucas 22:44). Ehrman declara, “esta imagen de Jesús “sudando sangre”… puede encontrarse solamente en un pasaje del Nuevo Testamento, en Lucas 22:43-44. Este pasaje no está presente en nuestros más antiguos y mejores manuscritos del evangelio de Lucas”. Ehrman continúa, “de hecho, tal parece que los escribas que querían dar énfasis en toda la humanidad de Jesús y su gran sufrimiento humano, lo añadieron al relato de Lucas. Para estos escribas, Jesús no era tan sólo un ser divino que podía elevarse por encima de la pruebas y tribulaciones de esta vida. Él era humano en todos los aspectos y sufrió la clase de agonía que cualquiera de nosotros sufriría, si supiéramos que pronto íbamos a someternos a una muerte por crucifixión humillante y atroz. Mientras esta parece haber sido la visión del sufrido Jesús que tenían los escribas, no es la de Lucas” (491). Ehrman y otros eruditos especulan que este versículo fue introducido en el Nuevo Testamento alrededor del siglo V de la era cristiana.

 

Los Santos de los Últimos días, al igual que muchos otros lectores conservadores del Nuevo Testamento, siguen aceptando el conmovedor relato de Lucas sobre el sufrimiento en Getsemaní y no han estado dispuestos a eliminar este material de sus lecturas de las últimas 24 horas de Jesús.

 

Además, las escrituras de la Restauración confirman el relato de Lucas, proporcionándoles razones adicionales para retener este relato (véase Mosíah 3:7; Doctrina y Convenios 19:18).

Recientemente, un brillante y elocuente erudito del Nuevo Testamento ha planteado preguntas sobre las afirmaciones de Ehrman. Thomas A. Wayment, colega mío de BYU, publicó un innovador estudio, en una de las revistas especializadas en el Nuevo Testamento más importantes del mundo, acerca de un fragmento de papiro del siglo III  (P69). Dice, “El fragmento fue sometido a correcciones subsiguientes de los escribas en al menos dos casos” (“A New Transcription of P. Oxy. 2383 (P69),” Novum Testamentum 50 [2008], 351).

Usando imágenes de multiespectro (una tecnología desarrollada por la NASA y aplicada por primera vez a manuscritos antiguos en BYU) descubrió que un escriba del siglo III al copiar de otro manuscrito, comenzó a escribir el relato del sufrimiento de Jesús según Lucas 22, pero luego se corrigió a sí mismo. Esto implica que el relato del sufrimiento de Jesús era conocido en épocas tan tempranas como el siglo III. Como resultado del  trabajo cuidadoso de Wayment, ahora debemos reevaluar la propuesta de que un escriba del siglo V añadió estos versículos por razones teológicas.

 

Este artículo es significativo. Primero, señala un nuevo día en el entorno erudito de los Santos de los Últimos Días. Con eruditos mormones bien capacitados en el Nuevo Testamento, como Wayment, ahora podemos entablar diálogos de erudición más amplios sobre el Nuevo Testamento. En segundo lugar, este artículo resalta la importancia de la tecnología de imágenes de multiespectro en estudios sobre el Nuevo Testamento. Finalmente, plantea una seria pregunta  sobre las afirmaciones dogmáticas de algunos eruditos sobre cómo estaba escrito el texto original del Nuevo Testamento. Por supuesto, los descubrimientos y los estudios en curso de los manuscritos y fragmentos griegos del Nuevo Testamento pueden añadir más perspectivas al relato de Jesús en Getsemaní.