Calificar con la Curva

POSTED BY: Robert L. Millet

10/25/10


Una vez estaba en una clase de la Escuela Dominical cuando el maestro tocó el tema de compararnos con otros. Nos advirtió de los peligros de hacerlo eso y luego agregó: “Nunca debemos comparar nuestra situación en la vida con otras personas. Si se tiene que comparar a alguien, entonces compárese a Cristo, porque él es nuestro Ejemplo.” Reflexioné en ese comentario por un buen rato ese día y luego me encontré pensando. “Oh, debemos compararnos con Cristo. Bueno, ¡ciertamente eso me hace sentir mejor! De aquí en adelante pondré mis obras y mis endebles ofrendas junto a las de él y entonces realmente voy a estar (y seguiré) deprimido.”

El hecho es, que la comparación no funciona; Punto. Mantendremos un sentimiento constante de insuficiencia o cultivaremos un punto de vista no adecuado de nuestra propia importancia. Ninguno es saludable. Aún algunos de los discípulos escogidos de Jesús fueron tentados para buscar posiciones de prominencia, y el Maestro los reprendió con las palabras, “el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo” (Mateo 20: 26-27; compárese con Marcos 10: 28-41). Jesús mismo fijó la norma y abolió todas las formas de jerarquías espirituales cuando él, el hombre más grandioso que haya cruzado los senderos de la tierra, describió su propio papel como sigue: “yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lucas 20: 27).

Andy Stanley puso todo esto en perspectiva cuando preguntó: “Cuando mueras, ¿te toca ir al cielo si tus buenas obras constituyen el 70 por ciento de todos tus hechos? ¿O el 51 por ciento te concede una calificación aprobatoria? . . . O ¿qué pasa si la santidad y la perfección de Dios sobrepasan a su misericordia y requiere que el 90 por ciento de tus obras sean buenas? ¿Y que tal si Dios califica con la curva y la Madre Teresa torció la curva cósmica, y elevó el nivel para las buenas obras más allá de lo que la mayoría de nosotros somos capaces?” (How Good is Good Enough? páginas 45-46).

Aunque para los Santos de los Últimos Días, la salvación es un asunto familiar, el venir a Cristo por los convenios y cumplir con la voluntad de Dios es una tarea individual. Cuando sea la hora de estar ante el tribunal del juicio, no se va a poner el resumen de nuestras vidas (incluyendo nuestras buenas obras) junto al de alguien más. Somos bautizados uno por uno, confirmados uno por uno, ordenados uno por uno e investidos uno por uno. Y aunque nos arrodillamos en la Casa del Seor frente al amor de nuestra vida en la ordenanza más alta de este lado del cielo, el guardar los convenios del templo, finalmente el asunto de ser conformados a la imagen de Cristo, se efectúa un alma a la vez. Estamos todos juntos en esto. Ninguno de nosotros está exento de los exámenes de la mortalidad o de recibir un adiós en el juego de la vida. Estamos aquí para hacer lo mejor que podamos. La búsqueda de la espiritualidad no quiere decir que debemos ser copiados a la imagen de otro humano, más bien la búsqueda debe ser que Dios, por medio de su Santo Espíritu, nos convierta a usted y a mí en todo lo que él desea que seamos. A través de los aos y después de que el Espíritu Santo haya moldeado nuestros corazones, después de que el Seor haya educado nuestras conciencias, después de que el Espíritu haya madurado nuestro juicio y mejorado nuestra sabiduría, entonces “cuando [Cristo] aparezca, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es” (Moroni 7: 48; compárese con 1 Juan 3: 1-2).


Solamente los Ciegos Ven

POSTED BY: Robert L. Millet

10/18/10


El evangelio de Jesucristo son las grandes nuevas, las alegres nuevas de que si ejercemos nuestra fe en Jesucristo y su Expiación, unida a nuestro arrepentimiento que emana de ella, podemos ser perdonados de nuestros pecados y justificados o hechos rectos con Dios. De ese modo, nuestra posición delante del Todopoderoso ha sido cambiada de una de ira divina a una de favor celestial y aceptación; hemos cruzado el sendero de muerte a vida (ver Romanos 5: 9-10). “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Seor Jesucristo” (Romanos 5: 1). O, como Pedro lo enseó: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte a su debido tiempo, echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5: 6-7; énfasis agregado). Seguramente este es el caso de que podemos poner nuestras cargas sobre el Seor porque él tiene cuidado de nosotros; esto es, porque nos ama. Pero percibo que Pedro intenta algo más en este pasaje. Podemos darle a quien es el Bálsamo de Galaad, nuestras preocupaciones, ansiedades, inquietudes y temores, ya que el nos cuidará, o sea, él se encargará de nosotros. Es como si Pedro nos hubiera aconsejado: “No se preocupen. No estén tan ansiosos. Dejen de estrujarse las manos. Permitan que Jesús lleve la carga y ustedes tengan la paz.” Eso es lo que C. S. Lewis quiso decir cuando sealó que “si usted realmente se ha entregado a Él, lo que sigue es que usted esté tratando de obedecerlo. Pero haciéndolo de una nueva manera, menos preocupada” (Mere Christianity, páginas 130-131; énfasis agregado).

Después de sanar a un ciego, Jesús les habló muy claramente a los fariseos que eran rectos en su propia opinión: “Yo, para juicio he venido a este mundo, para que los que no ven, vean, y los ven, sean cegados” ¡Qué declaración tan singular! Pero va al centro de lo que hemos estado comentando — la necesidad de que reconozcamos nuestra necesidad.— Quienes han aceptado a Cristo y su evangelio salvador llegan a ver las cosas tal como son. Una vez eran ciegos, pero ahora ven. Quienes deciden permanecer en su estado engreído de auto-seguridad, creyendo que ven claramente todo, estos son los que continúan caminando en la obscuridad. Por lo tanto, Jesús concluyó: “Si fuerais ciegos, no tendrías pecado; pero ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece” (Juan 9: 39, 41).

Fue Jacob, el hijo de Lehi, quien escribió que los “que se inflan a causa de su conocimiento y su sabiduría y sus riquezas, sí, éstos son los que él [El Santo de Israel] desprecia; y a menos que desechen estas cosas, y se consideren insensatos ante Dios y desciendan a las profundidades de la humildad, él no les abrirá” (2 Nefi 9: 42; compárese con 1 Corintios 3: 18; 4: 10; y 8: 2). Por otra parte, “los pobres en espíritu” quienes se consideran en la bancarrota espiritual si no tienen la ayuda celestial y el favor divino, esos son los que vienen a Cristo y aceptan su ofrenda sagrada, son quienes heredan el reino de los cielos (véase Mateo 5: 3 y 3 Nefi 12: 3).

Seamos sabios y honestos: No podemos hacerlo por nosotros mismos. No podemos levantarnos con nuestros propios esfuerzos espirituales. No somos lo suficientemente brillantes o poderosos para llevar a cabo el gran cambio que se necesita para ver y entrar en el reino de Dios. No podemos realizar la cirugía de nuestro propio ojo. No podemos forzar nuestra entrada por las puertas de la Jerusalén celestial. No podemos hacernos felices a nosotros mismos ni lograr nuestra satisfacción. Pero sí podemos “buscar a este Jesús de quien han escrito los profetas y apóstoles, a fin de que la gracia de Dios el Padre, y también del Seor Jesucristo, y del Espíritu Santo, que da testimonio de ellos, esté y permanezca en [nosotros] para siempre jamás” (Eter 12: 41). Entonces todas estas cosas nos serán aadidas (ver Mateo 6: 33). Esa es la promesa, y yo afirmo que es verdadera.


Los Rollos del Mar Muerto

POSTED BY: holzapfel

02/08/10


El mes pasado, Andrew Lawler, publicó un ensayo acerca de los Rollos del Mar Muerto en la revista Smithsonian (“¿Quién Escribió los Rollos del Mar Muerto?” [Enero 2010]: páginas 40-47). A los medios les gusta la controversia, y Lawler la resalta en este interesante ensayo.

Desde los primeros descubrimientos en 1947, los Rollos del Mar Muerto han atraído la imaginación del público, incluyendo a los Santos de los Últimos Días. La importancia del descubrimiento de estos textos en las márgenes noroccidentales del Mar Muerto no puede ser sobre estimada; ya que abren una importante ventana al pasado, particularmente para la época en que la insuficiencia de fuentes hizo que los eruditos se frustraran al tratar de reconstruir el mundo judío del período entre los dos testamentos. También iluminan el mundo de Juan el Bautista y de Jesús de Nazaret, aunque esté en duda que alguno de ellos haya pasado algo de tiempo en el lugar donde se copiaron los rollos.

Al final, se encontraron algunos 800 manuscritos en once cuevas cerca de la margen noroeste del Mar Muerto. Entre ellos estaban las copias más antiguas del Antiguo Testamento, con la excepción del libro de Esther. Además, se hallaron en ese lugar muchos textos desconocidos, lo que aumenta nuestro aprecio por el complejo e interesante mundo del judaísmo durante el período del Segundo Templo. La mayor parte de los manuscritos están escritos en caracteres angulares hebreos (escritura aramea o asiria), pero unos cuantos muestran lo que los eruditos llaman la escritura paleo-hebrea. Las fechas de los manuscritos van desde el ao 300 a. C. hasta justo antes de que los romanos destruyeran el lugar en el ao 68 d. C.

Desde el principio, muchos eruditos creyeron que quienes reunieron, copiaron y escondieron esa biblioteca masiva fueron los esenios, una secta judía del primer siglo, que era conocida, hasta el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto, solamente por lo que otros pueblos habían escrito de ellos. Los eruditos nunca aceptaron de forma unánime esa identificación, aunque la mayoría la ha aceptado razonando que esa es la mejor explicación aplicable al lugar y a los documentos.

En la última parte del debate, se ha alcanzado un consenso. Hay un acuerdo casi universal de que muchos de los rollos encontrados en el Mar Muerto no fueron producidos en ese lugar. Una de las teorías actuales, destacada en el artículo de Lawler, es que los judíos que huían de los avances del ejército romano durante la Guerra Judía, se reunieron en la fortaleza de Qumram, y trajeron con ellos los escritos que creyeron que eran importantes y sagrados. Esta propuesta sugiere que “los rollos muestran no solo los puntos de vista de un solo grupo disidente [los esenios]. . . . sino un panorama más amplio del pensamiento judío” (página 44).

Si alguien ha querido entrar al mundo académico para ver la forma en que los eruditos enfrentan los temas controversiales, este ensayo le sorprenderá y le deprimirá ya que destaca las intrigas de tal debate. Finalmente, el debate respecto a quién escribió los Rollos del Mar Muerto continuará atrayendo la atención, pero posiblemente nunca se resolverá, lo que nos permite considerar todas las posibilidades.


La Jánuca (Hanukkah) y la Navidad

POSTED BY: holzapfel

12/10/09


Este es un blog invitado escrito por Jeffrey R. Chadwick, quien es profesor de Arqueología y Estudios del Cercano Oriente en el Centro de Estudios en Jerusalén. (BYU).

Jánuca,(Hanukkah) la festividad judía de la Dedicación, empieza este viernes al atardecer. La palabra hebrea Jánuca significa realmente “dedicación.” Este año 2009, el festival se celebrará desde el sábado 12 de diciembre hasta el sábado 19 de diciembre. Para los judíos de todo el mundo, este es un período festivo de considerable significado tanto religioso como histórico. Pero también debe ser de importancia para los cristianos, incluyendo a los Santos de los Últimos Días, porque sin los eventos que se celebran en Jánuca no habría Navidad. He aquí la historia: El antiguo pueblo judío de la tierra de Israel enfrentó una grave amenaza cuando Antioco IV, el déspota greco-sirio se convirtió en rey del Imperio Seléucida en el año 175 a.C. En ese tiempo Siria controlaba a Judea, pero los judíos habían sido tratados con tolerancia por los anteriores gobernantes sirios. Sin embargo, Antioco IV se consideraba como una deidad griega en forma humana (inclusive adoptó el nombre de Epífanes), y se fijó la meta de convertir a todos los pueblos de su reino a la adoración de todos los dioses griegos.

Buscando imponer esta meta entre los judíos, Antioco hizo que sus tropas ocuparan Jerusalén y el templo judío, reemplazando las ceremonias que honraban al Dios de Israel con ritos paganos, y convirtiendo el edificio en un lugar sagrado para Zeus. El templo fue profanado. Se sacrificaron cerdos en su altar por sacerdotes falsos como muestras de desprecio a la ley de Moisés y a los valores judíos.

La religión judía en general fue proscrita. Se confiscaron las escrituras (los libros de lo que ahora llamamos el Antiguo Testamento) y fueron quemadas. Las ordenanzas y prácticas judías, como la circunsición y las oraciones al Señor, se convirtieron en crímenes capitales. El libro histórico de 1 Macabeos reporta que “bajo el decreto, los sirios ejecutaban a las mujeres que habían circuncidado a sus hijos, colgando a sus hijos alrededor de sus cuellos y destruyendo a sus familias y a los hombres que habían efectuado la circuncisión.” (1 Macabeos 1: 60) De no haber sucedido algo que cambiara el curso del programa de genocidio cultural de Antioco contra los judíos, su religión y su identidad habrían sido arrasadas en unas pocas generaciones.

Pero algo sucedió. En el año 167 a.C. Inspirados por una familia de sacerdotes de Aarón conocidos como los asmoneos, el pueblo de Judea se rebeló contra los ocupantes sirios. La guerra de independencia fue dirigida por un sacerdote asmoneo conocido como Judas Macabeo. La insurrección, conocida como la Revolución Asmonea o como la Revolución Macabea, cobró fuerza y tuvo éxito al rechazar a las fuerzas sirias. Para el mes invernal de Kislev (alrededor de nuestro diciembre) en el año 164 a.C., los revolucionarios judíos habían recuperado el monte del templo en Jerusalén y lo liberaron de los sirios paganos. Al continuar la guerra, las fuerzas macabeas expulsaron a los sirios de la tierra de Israel.

Habiendo liberado a Jerusalén, los judíos se dedicaron a limpiar y volver a dedicar su santo templo. De acuerdo con la tradición de los rabinos que está registrada en el Talmud (TB Shabbat 21:b) cuando los sacerdotes asmoneos entraron al templo solamente encontraron una jarra de aceite de oliva consagrado para encender durante un solo día la lámpara de siete brazos (el menorah) en el lugar santísimo del templo. Pero ansioso por volver a dedicar el edificio, el sumo sacerdote vació el aceite en las siete tazas de los brazos del menorah y las encendió. El aceite que era suficiente para un día ardió durante ocho días completos, tiempo suficiente para fabricar y consagrar nuevo aceite. Esto fue visto como un milagro y una señal de que Dios había estado con los judíos al establecer su libertad y al salvar su religión y su identidad. El período de dedicación de ocho días se ha celebrado por los judíos en Israel, y eventualmente en todo el mundo, desde ese mismo año hasta la actualidad, empezando el día 25 de Kislev, siempre se le ha conocido como el festival de Jánuca, la “fiesta de dedicación”.

Los judíos modernos hacen varias cosas en sus celebraciones de Jánuca. La primera, y la más importante, es el encendido de las luces de Jánuca. Un menorah de Jánuca (candelabro de nueve brazos conocido en hebreo como Hanukiah) es el principal instrumento de la ceremonia. Se colocan velas pequeñas o frasquitos con aceite de oliva en los brazos del menorah, uno de los cuales es más alto que los demás. La primera noche de Jánuca, se enciende la vela elevada (conocida como Shamash) junto con otra vela que representa el primer día de Jánuca. La segunda noche se encienden el Shamash y dos velas, el tercero se encienden tres y así sucesivamente hasta que que en la octava noche de Jánuca se han encendido el Shamash y las ocho velas. El Hanukiah encendido se coloca todas las noches en una ventana para que toda la comunidad puedan ver que la familia judía está celebrando el festival.

Otras actividades de Jánuca incluyen la preparación y el consumo de alimentos fritos en aceite, como las ‘latkes’de papas (tortas de papa fritas y condimentadas) y unas donas conocidas como ‘sufganiot’. El freír en aceite es un recordatorio del milagro del aceite. La antigua práctica de dar monedas a los niños para que las gasten en Jánuca ha evolucionado para convertirse en una tradición de dar regalos durante la temporada festiva. Los niños juegan con un trompo pequeño de cuatro lados llamado ‘dreidel’. Algunas veces a Jánuca se le considera un festival menor, pero eso se debe solamente porque no está incluído en el Torá (la ley de Moisés de las escrituras). En la práctica, es una festividad judía muy querida y celebrada ampliamente.

Para quienes celebran la Navidad cada diciembre les puede resultar de interés saber que Jesús, que era un judío genuino, viajó a Jerusalén para celebrar la Jánuca. En el evangelio de Juan dice “Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.” (Juan 10: 22-23). Jesús honró la fiesta de Jánuca de la misma forma en que honró la Pascua y otras festividades: le enseñó al pueblo acerca de Su propia identidad y misión divinas.

Los cristianos también deben tomar en cuenta lo siguiente: Si no hubiera habido una revolución asmonea, y si Jerusalén y el templo no hubieran sido liberados y vueltos a dedicar — o sea, si Antioco y los sirios hubieran tenido éxito en arrasar la religion y la identidad judías— entonces no hubiera habido una aldea llamada Nazaret, ni una ciudad de David llamada Belén. No habría una nación judía que esperara la venida de ese Redentor. ¡No hubiera existido el escenario para el nacimiento y la vida de Jesús de Nazaret!

Pero, gracias sean dadas al cielo, hubo una revolución, y la nación judía no solo sobrevivió sino que prosperó. Y como consecuencia de dichos eventos, se preparó el camino para la primera Navidad. Parece ser apropiado que en esta temporada nos unamos en desearnos mutuamente “Felices Fiestas” Feliz Jánuca” y “Feliz Navidad” para todos.


La Temporada del Adviento

POSTED BY: holzapfel

12/07/09


Blog invitado escrito por Eric D. Huntsman, profesor asociado de escrituras antiguas en BYU
La palabra Adviento se deriva del latín Adventus, que significa “llegada” o “aparecerse en persona”. Comenzando el primer domingo de los cuatro que preceden a la Navidad, el Adviento ayuda a los cristianos no solamente a celebrar la Primera Venida de Jesucristo, sino que también a ver hacia el futuro a Su gloriosa Segunda Venida. Aunque las costumbres del Adviento sean desconocidas para muchas personas, al igual que muchas otras tradiciones de ésta época son una manera magnífica de volver nuestra atención más completamente al verdadero significado de la Navidad.

Muchas de las tradiciones del Adviento vienen de Alemania, en donde Martín Lutero alentó su observancia continua como una mejor manera de enseñar a los niños y a las familias acerca de la importancia de la venida de Jesucristo. Se observó allí tanto por los católicos romanos como por los luteranos y se ha vuelto una celebración común en muchas comunidades cristianas por todo el mundo.

Una de las costumbres más conocidas del Adviento es la del encendido de las velas de la corona de Adviento, o sea una corona de hojas perennes adornada con cuatro velas alrededor y una vela blanca en el centro. La corona misma representa el “círculo que no tiene fin” del amor de Dios, que Él es el mismo para siempre en cuanto a Su amor por Su pueblo. El verde de la corona, como en el árbol de Navidad, representa la esperanza de la vida eterna que viene por medio de Cristo y nos recuerda la frescura del amor de Dios y Sus promesas. La luz de las velas nos recuerda que Jesús es la Luz del Mundo, que Su nacimiento representó la llegada de la luz entre las tinieblas, y que se nos ha pedido que esa luz se refleje en nuestra vidas.

Las velas exteriores son de color púrpura, o sea el color de la realeza, aunque por costumbre la tercera es de color rosa. Las tradiciones difieren en cuanto al simbolismo de las velas. Una es que representan la esperanza, el amor, el gozo y la paz que vienen por medio de Jesucristo. Cada domingo previo a la Navidad se enciende una vela adicional, y eso crea un hermoso efecto escalonado ya que las velas de la semana anterior se han consumido más. Como parte del encendido se pueden leer las escrituras y cantar villancicos; nosotros lo hacemos antes de la oración familiar. Las cuatro velas también pueden representar los diferentes convenios del Antiguo Testamento que Dios hizo con sus siervos, empezando con Noé y siguiendo con Abraham, Moisés y David. La vela blanca del centro se conoce como la vela de Cristo. Se enciende en la Nochebuena y en la Navidad y representa el nuevo convenio que es posible a través de Cristo.

Aunque observar el Adviento no es parte formal de la tradición SUD, las personas y las familias las pueden adaptar y usar esas tradiciones para su propio uso. En un reciente programa de Navidad de la Primera Presidencia, el Presidente Dieter F. Uchtdorf habló positivamente de las tradiciones del Adviento con las que creció en Alemania, y lo mismo han hecho otros conversos a la Iglesia. Al principio de nuestro matrimonio, mientras mi esposa y yo estábamos desarrollando nuestras propias tradiciones familiares, la observancia del Adviento mejoró nuestra temporada navideña, y en años recientes hemos visto que es una gran manera de enseñar a nuestros hijos, de compartir experiencias espirituales con ellos, y mantenerlos enfocados en el verdadero significado de la Navidad.

Para las familias SUD, se puede adaptar el Adviento al leer no solamente del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento sino también del Libro de Mormón y de la Perla de Gran Precio (vea nuestra selección en mi página de Internet). No todas las familias desearán observar las costumbres del Adviento, pero disfrutar de buena música y de la lectura de las escrituras en los domingos del Adviento puede ser edificante y brindar reflexiones significativas en esta temporada.


Yom Kippur: Día de la Expiación

POSTED BY: holzapfel

09/25/09


Este blog fue escrito por David Rolph Seely; profesor de escritura antigua en BYU.

El Día de Expiación — Yom Kippur en hebreo— es el día mas santo y solemne del calendario israelita. Cae en el décimo día del séptimo mes, y este año, (2009) empezará al ocultarse el sol el 27 de septiembre. Los antiguos israelitas se preparaban para ese día, dejando de trabajar al igual que en el Día de Reposo, arrepintiéndose de sus pecados y ayunando. El propósito de este día se describe en Levítico: “Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová” (Levítico 16: 30). El sumo sacerdote realizaba una serie de rituales, que incluía el lavarse a sí mismo, ofrecer sacrificios, y llevar sangre que rociaba sobre el Asiento de la Misericordia en el Arca del Convenio en el Lugar Santísimo del templo [atrás del velo]. Se representaba el poder del Señor para limpiar a su pueblo cuando el sumo sacerdote echaba suertes sobre dos machos cabríos. Uno de ellos era designado para Jehová y el sumo sacerdote lo sacrificaba. El sumo sacerdote, tomaba el otro macho cabrío y transfería todos los pecados del pueblo sobre él imponiéndole las manos sobre la cabeza. El segundo macho cabrío, llamado en inglés “scapegoat” [chivo expiatorio] era llevado al desierto como símbolo de la purificación del pueblo de las manchas de la impureza ritual y el pecado.

El Nuevo Testamento en el libro de Hebreos enseña la doctrina de la Expiación de Cristo por medio del simbolismo del Día de la Expiación. Los cristianos creen que Jesús se ofreció a sí mismo como sacrificio para limpiar a su pueblo de sus pecados. De la misma manera en que el sumo sacerdote en el Día de la Expiación, Jesús “por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención [para nosotros]” (Hebreos 9: 12). A causa de que los Santos de los Últimos Días entendemos que el Día de la Expiación era parte de la ley de Moisés, que se cumplió en Cristo, no celebramos formalmente esta fecha, pero sí tomamos con regularidad los emblemas del sacramento como símbolos del poder de la redención de Cristo para limpiarnos de nuestros pecados y transgresiones.

Después de la destrucción del templo en el año 70 dC, los judíos ya no pudieron ofrecer sacrificio allí, y la celebración del Yom Kippur se cambió del templo a la sinagoga. Hoy en día los judíos celebran el Yom Kippur como la culminación del proceso de arrepentimiento que empieza con el Rosh Hashannah, el primer día del séptimo mes. Durante nueve días los judíos hacen introspección y arrepentimiento, se acercan a quienes les rodean para confesar sus pecados y buscar su perdón. En el décimo día, Yom Kippur, cada persona se presenta ante Dios en la sinagoga en ayuno y oración buscando el perdón divino para sus pecados y defectos. A falta del templo, el Talmud prescribe que en el Yom Kippur se estudie y se recite el ritual bíblico descrito en Levítico 16. El significado del Yom Kippur se expresa elocuentemente en el Cantar de Rabbah 6: 11: “Así como una nuez cae en tierra y puedes tomarla, sacudirla y lavarla y enjuagarla para que sea restaurada a su condición anterior y sea apta para consumirla, asi mismo no obstante cuan profanado esté Israel con las iniquidades durante todo el resto del año, cuando llega el Día de Expiación hace expiación por ellos, según está escrito, ‘Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios.’”

Un año, mi familia y yo experimentamos el Yom Kippur en Jerusalén. Hubo silencio absoluto en la calles durante todo el día ya que todas las actividades diarias se suspendieron por completo. Fue un recordatorio vívido de la necesidad de tomar tiempo, aunque sea una vez al año, o una vez a la semana, para detenerse y hacer un inventario de nuestra condición delante de Dios y con los demás, y para buscar el llegar a ser “uno con el Señor” mediante el arrepentimiento y el perdón divino.


Se Encontró la Tumba de Herodes

POSTED BY: holzapfel

09/09/09


La revista del Smithsonian presentó el mes pasado un artículo muy interesante acerca del Rey Herodes, escrito por Bárbara Kreiger (véase “Se Encontró la Tumba de Herodes” [Agosto 2009] págs. 36-43. El año pasado, el famoso arqueólogo israelí Ehud Netzer, anunció que había encontrado la tumba de Herodes (véase el blog del CER publicado el 12 diciembre 2008); una noticia inesperada que captó la atención de los eruditos y de los medios de comunicación populares.

Los arqueólogos habían estado buscando esta tumba durante mucho tiempo. En el último reporte actualizado de su descubrimiento, Kreiger proporciona un excelente retrato hablado del Herodium (el palacio- fortaleza de Herodes en el desierto de Judea unos once kilómetros al sur de Jerusalén) y algunas fotografías impresionantes entre las que se incluye una del sarcófago real reconstruido que encontró Neutzer (ver la pág. 39).

Además de contarnos un relato atractivo, el artículo nos brinda una vista del mausoleo original que fue reconstruido por el mismo Neutzer (págs. 41-42). El calcula que era un edificio de siete pisos de altura que se localizaba a mitad del camino cuesta arriba en la montaña artificial que Herodes construyó para su aún mayor palacio-fortaleza. Tan dominante era ese sitio en la antiguedad que los habitantes de Jerusalén lo podían ver. ¡Esto es simplemente emocionante!.

Cuando yo viví en Jerusalén (1997-1998) aproximadamente 250,000 personas visitaban cada año el Herodium. Llevábamos allí cada semestre a los estudiantes de BYU. Mientras leía el artículo me sentí como si yo mismo estuviera subiendo la colina. Kreiger no solo toma a los laicos de la mano en su ensayo muy bien escrito, sino que también refleja las tensiones que existen hoy en ese lugar: “Veo aldeas árabes y colonias israelíes en tres direcciones” (pág. 39) El conflicto entre los aldeanos árabes y los colonos israelíes, ha detenido virtualmente todo el turismo a esa zona en la actualidad. “Pero hacia el este” nos sigue diciendo, “los cultivos terminan abruptamente a medida que el desierto impone su autoridad, cayendo hacia el Mar Muerto, y luego subiendo otra vez como las montañas de Jordania” (pág. 39). El conflicto entre el desierto y la civilización es tan real como el conflicto entre los dos pueblos que reclaman la propiedad de la tierra. Estar de pie en el Herodium y contemplar la escena, hace que aumente nuestro asombro por lo que logró Herodes al edificar su fortaleza-palacio y luego construir su mausoleo.

Al final, sin importar lo que uno piense de Herodes, seguramente debemos admitir que él fue uno de los grandes constructores de la antiguedad. Su tumba y su fortaleza-palacio en el desierto de Judea lo demuestran. La obra de Ehud Netzer nos brinda otra ventana al mundo del primer siglo — un mundo dominado por reinos y gobernantes— con una visión muy distinta a la de Jesús de Nazaret.


Acuérdate del día de reposo

POSTED BY: holzapfel

06/08/09


El libro de Éxodo conserva los Diez Mandamientos, incluyendo “Acuérdate del día de reposo, para santificarlo” (Éxodo 20:8). Desde épocas tempranas, se ha discutido y debatido el significado del cuarto mandamiento. Afortunadamente Craig Harline, profesor de historia en BYU, ha escrito una historia sobre los esfuerzos por apartar un día especial cada semana. El libro se titula Sunday: A History of the First Day from Babylonia to the Super Bowl [El Domingo: Un relato del Primer Día desde Babilonia hasta el Super Bowl] (New York: Doubleday, 2007).

El relato de Harline comienza un domingo de “Super Bowl” [la final del campeonato de fútbol americano en EE. UU.], centrándose en la reacción de su abuela de noventa años ante el evento televisado, cuando se reunió la familia para verlo. Ella finalmente abandonó la habitación preguntándose cómo había llegado la sociedad a este punto. Harline también declara su preocupación, pero por otra razón. Él también indica que le “chocó la parte de domingo del ‘Domingo de Super Bowl .’ ¿Cómo ocurrió eso?” (viii). El libro contesta esa pregunta.

El autor es un escritor excelente y un observador muy intuitivo de la gente y los lugares, incluyendo textos, tanto antiguos como modernos. No sólo cuenta el relato y la historia de palabras importantes como Sabbath (Sábado o Día de reposo Judío) y Domingo sino que también se adentra en las experiencias de la vida de personas reales que han intentado dar sentido a un tiempo especial – días festivos y días santos. Proporciona imágenes habladas de la vida en la antigua cuenca del Mediterráneo; de la Europa medieval y moderna; y de Inglaterra y Estados Unidos de los Siglos XIX y XX.

Entre los cientos de datos de información, a continuación se dan dos que me ayudaron a reconstruir el pasado, a fin de que pudiera apreciar el presente.

Primero, la creación de la “tarde libre del sábado” en Inglaterra fue el comienzo del “fin de semana”. Muchos “países adoptaron tanto el término como la práctica [inglesa] del “fin de semana” tras la Primera Guerra Mundial (217). Esta reconstrucción de la semana, de una semana laboral de seis días, brindó oportunidades adicionales para descansar y realizar actividades de ocio. Algunos reclamaban que el propósito de tener libre la tarde del sábado, era permitir a las personas hacer lo que necesitaran hacer el sábado, dejando el domingo para adorar y meditar tranquilamente, el tradicional “domingo tranquilo” inglés (218). Por otra parte, “aquellos que deseaban ampliar el domingo inglés sostenían que, a pesar del aumento de tiempo libre, las nuevas oportunidades y las instalaciones para el ocio no bastaban para acoger a todos los que querían aprovecharlas, a menos que también estuvieran disponibles el domingo” (218).

Segundo, para algunos, la práctica de deportes los domingos surgió de una noble idea de que el deporte “podía ser el portador de virtudes morales”, tales como “el espíritu de equipo, la disciplina, la generosidad, etc.” (261). En un sentido, el participar (no mirar) en “buenos juegos” era mejor que jugar a las cartas o malgastar el tiempo en el “Bar”, como lo argumentó un inglés, “Nuestros juegos nos mantienen saludables, y esto supone abstenerse de la bebida habitual, horas tardías, etc.” Sin embargo, que algunos participaran en deportes los domingos, “significó más trabajo para otros” (261). Esto era específicamente verdad tras la transición de participar en deportes a ver deportes en domingo.

Harline demuestra que las prácticas del día de reposo siguen cambiando con el tiempo, y agrega , “se puede decir con seguridad que este proceso seguirá: el domingo cambiará a medida que cambie el mundo a su alrededor”. No obstante, él opina que “también se puede afirmar que, sean cuales sean los cambios, el domingo retendrá su carácter extraordinario, se entienda cómo se quiera entender” (381).

He aprendido mucho de mi colega y utilizaré algunas de las convincentes perspectivas en mi clase del Nuevo Testamento para alumnos avanzados, cuando enseñe las controversias del día de reposo entre Jesús y los fariseos, según están registradas en los Evangelios y cuando enseñe la revelación moderna (sección 59) sobre el día santo del Señor, en mi clase de Doctrina y Convenios para alumnos avanzados este próximo semestre de otoño en BYU.


“Las piedras clamarían”

POSTED BY: holzapfel

05/07/09


Cuando Jesús vino a Jerusalén, en lo que sería su última visita, caminó desde el Monte de los Olivos hasta la ciudad Santa. Al hacerlo: “toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto” (Lucas 19:37). Lucas añade: “Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él [Jesús], respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían” (Lucas 19: 39-40).

Hay piedras por doquier en esta tierra áspera. No sólo la gente las ve por todas partes, sino que caminan encima de ellas y visitan lugares hechos de piedra, tales como la Tumba del Huerto, o la tumba labrada en la peña en la Iglesia del Santo Sepulcro; la roca donde Abrahán ofreció a Isaac, cubierta ahora por la Cúpula de la Roca, la roca donde Jesús oró en Getsemaní (parte del altar en la Iglesia de Todas las Naciones); y el enorme muro de contención herodiano del Monte del Templo. La semana pasada regresé de visitar Jerusalén. A veces las campanas de las iglesias, la llamada del muecín, y la sirena del día de reposo Judío captan nuestra atención con sonidos que compiten flotando en el aire. Pero la verdadera historia se encuentra en las piedras.

En el vuelo a Jerusalén, leí el último libro de Simón Goldhill, Jerusalem: City of Longing [Jerusalén, Ciudad de Añoranza](Cambridge: The Belknap Press of Harvard University Press, 2008). Me ayudó en mi visita, pues me proporcionó unos elementos de comprensión que me permitieron enlazar mucha información con años de experiencia en Jerusalén. Al pensar en la gente que conocí, (guías, turistas, taxistas, y otras personas) me di cuenta de la frecuencia con que la mayoría de nosotros queremos ver los relatos de Jerusalén en “blanco y negro”. Pero, como Goldhill demuestra en esta narración bien elaborada, “para ser apreciada la ciudad tiene que ser vista desde múltiples perspectivas ” (viii), y los relatos son “mucho más complicados y mucho más interesantes que los estereotipos” (ix).

En lugar de producir un guión cronológico, el autor proporciona un panorama de diferentes lugares (en su mayoría asociados con rocas o piedras) relacionados con puntos importantes de la historia de Jerusalén. Al contar su relato, Goldhill proporciona algunas de las “narrativas opuestas” (judía, musulmana, y cristiana; ortodoxa, católica y protestante) proporcionando sus propias versiones “blanquinegras” de los eventos (282). Concluye habilmente, “Las tensiones entre las tres religiones abrahámicas [Judaísmo, Cristianismo e Islam] apuntan intencionadamente a los santos lugares, a sus posesiones, su tutela legal, su valor simbólico” (47). En un sentido muy real, la tutela legal de cada lugar permite a cada grupo compartir su propia narrativa que le otorga validez.
Goldhill concluye diciendo, “Jerusalén tiene una extraña relación con las piedras”. Indica que incluso “los arqueólogos procuran hacerlas hablar”. No obstante, reconoce que existe la inevitable desilusión del pasado perdido, fragmentado, desconocido y quebrantado”, cuando nos apoyamos en la arqueología (225).

No todos estarán de acuerdo con los sitios y relatos que Goldhill decidió incluir, pero los lectores descubrirán que él “trató de contar esta historia de la manera más simple y neutral posible” (281). Si han visitado Jerusalén, si tienen planes de visitar Jerusalén, o si sólo están interesados en la ciudad, este libro bien merece una visita, pues nos brinda un enfoque matizado a una ciudad compleja. Concluye diciendo, “estar en Jerusalén es estar en una ciudad de añoranza, al buscar uno su propio lugar en los estratos de la historia, la imaginación, la creencia, el deseo y el conflicto que hacen que Jerusalén sea lo que es” (332).


¿Cuales son las probabilidades?

POSTED BY: holzapfel

04/16/09


Hace unos años, un antiguo alumno me escribió expresando su preocupación sobre nuestra enseñanza doctrinal de que la Iglesia de Jesucristo era “la única iglesia verdadera y viviente” (véase doctrina y Convenios 1:30). Él había llegado a creer que tal posición era arrogante y orgullosa. Además, cuestionaba la idea de que pudiera ser tan afortunado de estar en la iglesia correcta, cuando tantas otras personas no lo estaban. Pensó que estadísticamente era tan poco probable que era ilógico creerlo.
Reconozco, desde luego, que como todas las nacionalidades, etnias, géneros y cualquier otro grupo formal o informal, la Iglesia de Jesucristo tiene miembros buenos así como malos; algunos que intentan vivir cerca de los ideales del Evangelio y otros que no. Sin embargo, he llegado a rechazar categóricamente las grandes generalizaciones acerca de cualquier grupo – sean musulmanes, budistas, agnósticos- o los liberales o conservadores políticamente. En mi estudio y experiencia, he descubierto que ningún grupo, denominación, familia o nación puede ser definido tan fácilmente mediante tales estereotipos.

En los años que han pasado desde este intercambio, a menudo he pensado sobre la noción de mi ex alumno de que es ilógico que una persona crea que ha nacido en la única Iglesia verdadera, porque es improbable estadísticamente que hubiera sido uno de los pocos afortunados, dado los millones y millones de personas que han vivido y que vivirán sobre la tierra. Consideren la lógica de su planteamiento. Como les dije a los alumnos de una clase que enseño de la historia del mundo: “Ningún monarca o gobernante antiguo vivió tan bien como ustedes; ustedes tienen agua potable limpia, abundantes alimentos (tanto en términos de calidad, como en cantidad y variedad), servicios médicos y dentales, opciones educativas, recreativas y de entretenimiento y, finalmente, libertades económicas y políticas que van más allá de lo que pudieran haberse imaginado la gente que vivió en el pasado”. Si mi ex alumno tuviese razón, sería ilógico aceptar que fuésemos tan favorecidos por vivir en una época de opulencia, conveniencia y comodidades que son disfrutadas por tan sólo una pequeña fracción de los habitantes de la tierra.

He reflexionado a menudo sobre la idea de que creer que pertenecemos a la única Iglesia verdadera, necesariamente haría a una persona arrogante y orgullosa. Ciertamente hay muchas personas privilegiadas que son arrogantes y orgullosas por su buena fortuna. Pero hay muchos, muchos otros que viven en sociedades modernas, pluralistas, democráticas y prósperas que, en cambio, sienten que sus muchas bendiciones colocan grandes responsabilidades sociales sobre sus hombros. Se sienten con el deber de dar de su tiempo, sus recursos y energías para ayudar a otros menos afortunados. Y esa es precisamente la respuesta a mi ex alumno. En la Iglesia hay algunos, quizás muchos, que en verdad son arrogantes y orgullosos, pero hay muchos otros que comprenden que los privilegios de ser miembro también nos requieren dar todo lo que tenemos para ayudar a los demás a obtener las mismas ventajas que nosotros disfrutamos. Donde mucho se da, mucho se requiere.

Yo no sé por qué nací en el Occidente, en una época de oportunidades sin precedente, con todos los inventos milagrosos, los avances técnicos y médicos para salvar vidas, y tan amplias libertades disponibles. Pero sí sé que ahora vivimos un estilo de vida que la mayoría de la gente en la historia de la tierra no se podrían haber imaginado. Tal conocimiento me ha hecho sentir humilde y me ha compelido a ser sensible hacia el resto del mundo, al aprender sobre los desafíos que la gente afronta y haciendo algo al respecto, al ayudar, apoyar y donar a otras causas dignas que ayudan a las personas a tener alimento, techo, ropa, atención médica y oportunidades educativas; además de contribuir al fondo humanitario de la Iglesia.

¿Cuáles son las probabilidades de ser tan bendecidos? No lo sé, pero me doy cuenta que tengo una oportunidad de hacer algo con lo que se me ha dado.

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