Las Entrañables Misericordias y Thomas S. Monson

By Mark D. Ogletree

Las Entrañables Misericordias y T​homas S. Monson

Por: Mark D. Ogletree

Mark D. Ogletree (mark_ogletree@byu.edu) es profesor asociado de Historia y Doctrina de la Iglesia en BYU.

 

Hace varios años, el élder David A. Bednar compartió una experiencia espiritual que ocurrió poco antes de pronunciar su primer discurso como Apóstol.  Justo antes de que el élder Bednar diera su mensaje en el Centro de Conferencias, el coro del Tabernáculo y la congregación se unieron para cantar el himno intermedio “Oh Dios de Israel.”  El élder Bednar explicó:

Ahora bien, la música para las diversas sesiones de la conferencia se había determinado con muchas semanas de anticipación y, obviamente, mucho antes de mi nuevo llamamiento a servir. Sin embargo, si se me hubiese invitado a sugerir un himno intermedio para esa sesión particular de la conferencia—un himno que hubiese sido edificante y espiritualmente tranquilizador, tanto para mí como para la congregación, antes de pronunciar mi primer discurso en este Centro de Conferencias—habría seleccionado mi himno favorito. “Oh Dios de Israel.”  Las ojos se me llenaron de lágrimas al entonar junto con ustedes, ese conmovedor himno de la Restauración. [1]

Entonces relató que su mente se dirigió a un versículo en el primer capítulo del Libro de Mormón: “Pero he aquí, yo Nefi, os mostraré que las entrañables misericordias del Señor se extienden sobre todos aquellos que, a causa de su fe, él ha escogido, para fortalecerlos, sí, hasta tener el poder de librarse” (1 Nefi 1: 20). Explicó además:

De inmediato, mi mente se centró en la frase de Nefi “las entrañables misericordias del Señor,” y en ese preciso instante me di cuenta de que estaba experimentando una de esas entrañables misericordias.  Por medio de un himno que se había seleccionado hacía varias semanas el amoroso Salvador me estaba enviando un mensaje sumamente personal y oportuno de consuelo y tranquilidad.  Para algunos esta experiencia sea simplemente una linda coincidencia, pero yo testifico que las entrañables misericordias del Señor son reales y que no ocurren al azar ni por pura casualidad. Muchas veces, la hora exacta en la que el Señor muestra sus entrañables  misericordias nos ayuda a discernirlas así como a  reconocerlas. [2]

Definición de las ​Entrañables Misericordias

Las entrañables misericordias son mensajes personalizados del Señor para nosotros. Con frecuencia vienen en la forma de “la fortaleza, la protección, la seguridad, la guía, la amorosa bondad, el consuelo, el apoyo y los dones espirituales que recibimos del Señor Jesucristo, por causa de Él y por medio de Él”. [3] Dichas misericordias son evidencia de que el Señor nos conoce y participa íntimamente en los detalles de nuestra vida.

            El élder Gerald N. Lund dio esta explicación adicional de las entrañables misericordias:

Como dice un dicho popular: “La coincidencia es la manera de Dios para seguir en el  anonimato.” Pero de acuerdo a mi experiencia, es precisamente lo contrario. Lo que llamamos coincidencia es la manera en que Dios se da a conocer. . . . A veces, el Señor manda Sus bendiciones de una forma tan poco usual, dramática y tan oportuna, que puede compararse a una “firma divina.” Es como si el Señor firmara personalmente las bendiciones para que podamos saber con certeza que vienen de Él. Al hacerlo así, Dios no solamente nos da las bendiciones sino que también fortalece nuestra fe y profundiza nuestro testimonio de Él. [4]

            Muchos de los eventos de nuestra vida no suceden por casualidad; tal parece que hay un propósito para ese evento y una razón para el tiempo en que suceden. Una persona puede sentir que debe cambiar la ruta de regreso a su casa, y se entera después que hubo un accidente de tráfico exactamente por donde habría conducido.

            A menudo, las entrañables misericordias son evidentes cuando sentimos que debemos hacer algo, pero no sabemos el por qué. Por ejemplo, el Presidente Boyd K. Packer recordó que cuando él era niño, su madre se sintió inspirada a no ir al pueblo ese día con su familia , sino que debía quedarse en casa.  Poco después de que la familia partió, la casa se incendió. Debido a que la madre estaba en la casa, pudo apagar el fuego antes de que destruyera todas sus pertenencias. [5] Muchos han tenido la experiencia de encontrar a un viejo amigo o de conocer a alguien muy especial, como un futuro cónyuge, debido a que salieron cinco minutos antes o después de lo acostumbrado, o que fueron guiados a tomar un camino diferente rumbo a su casa. Algunos han tenido accidentes muy serios en donde ángeles “terrenales” llegaron en el tiempo preciso para ayudar a quienes resultaron seriamente heridos.

            El élder James A. Talmage testificó: “La mano del Señor está en nuestras vidas, si tan solo la buscamos, en la obscuridad, podemos asirnos de ella y ser levantados por ella.” [6]  De igual forma, el Presidente Joseph F. Smith enseñó:

No ha sido por la sabiduría del hombre que este pueblo haya sido dirigido en su curso hasta el día de hoy; ha sido por la sabiduría de aquel que es mayor que el hombre, cuyo conocimiento y cuyo poder son superiores a los del hombre. . . . Tal vez no todos pueden percibir la mano del Señor. Habrá muchos que no pueden discernir la operación de la voluntad de Dios en el progreso y desarrollo de esta gran obra de los postreros días, pero hay quienes ven en toda hora y en todo momento de la existencia de la Iglesia, desde su principio hasta ahora, la mano predominante y omnipotente de Él. [7]

            El propósito de este artículo es el de destacar algunas de las entrañables misericordias en el ministerio del Presidente Thomas S. Monson. Ya que el Presidente Monson ha decidido seguir los susurros del Espíritu Santo, el Señor lo ha utilizado como un instrumento para cumplir Sus propósitos. De igual forma, Dios usará a otros mortales para efectuar Sus propósitos si es que estamos dispuestos a seguir Su Espíritu.

Las Entrañables m​​isericordias en la Vida de Thomas S. Monson

            El Presidente Monson ha pasado toda la vida siguiendo los susurros del Espíritu Santo y, en consecuencia, ha rescatado a quienes lo necesitaban. Cuando se le preguntó cómo es que tiene el tiempo para ayudar a quienes le rodean, dijo: “Soy un hombre muy sencillo. Solamente hago lo que el Señor me dice que haga.” [8] Todos nosotros podríamos ser discípulos más eficaces de Jesucristo si siguiéramos esta fórmula sencilla.

            Por haber tenido la oportunidad de estudiar la vida y las enseñanzas del Presidente Monson, me he sorprendido por la frecuencia con las que éstas entrañables misericordias han ocurrido en su vida y en las vidas de aquellos a quienes ha ministrado. He llegado a la conclusión de que sus iniciales— T. M.—podrían significar “Tierna Merced.” El Presidente Monson ha dicho: “La mejor experiencia que conozco en la vida es el sentir un susurro y actuar de acuerdo a eso y luego saber que fue la respuesta a la oración o la necesidad de alguien. Siempre quiero que el Señor sepa que si necesita que se haga un mandato, Tom Monson lo hará para Él. [9]

El Lugar Correcto, en​​ el Momento Correcto

            Una de las marcas que definen a una “entrañable misericordia” es el momento en que coinciden los eventos con las vidas individuales. Durante su ministerio, el Presidente Monson ha sido guiado y dirigido por el Espíritu para estar exactamente en donde se le necesitaba y en el momento preciso. Nos ha enseñado: “Las oraciones de la gente son siempre contestadas por medio de otras personas.” [10]  Ciertamente el Señor ha usado a Thomas S. Monson como un instrumento para contestar las oraciones de los Santos en todo el mundo.

            Por ejemplo, hace algunos años, Folkman Brown, el de las Relaciones Mormonas con los Boy Scouts of America. se acercó al Presidente Monson. Se había enterado que el Presidente Monson estaba por cumplir una asignación extensa en Nueva Zelanda. El hermano Brown le explicó que a su hermana Belva Jones le habían diagnosticado cáncer terminal. Belva había perdido a su esposo un año antes debido al cáncer, y no estaba segura de como darle la noticia  a Ryan, su hijo, que estaba cumpliendo una misión en Nueva Zelanda, de que ella moriría pronto. Más que nada,  Belva deseaba que su hijo permaneciera en Nueva Zelanda y terminara bien su misión. Pero, ¿cómo podría ella darle el mensaje a su hijo? Folkman le pidió al Presidente Monson, si él podría dar esas trágicas noticias personalmente, ya que estaría en Nueva Zelanda la siguiente semana.

            El Presidente Monson aceptó esa difícil responsabilidad. Poco después de llegar allá habló personalmente con el élder Ryan Jones al término de una reunión misional efectuada en un lugar adyacente al Templo de Nueva Zelanda.  El Presidente Monson explicó delicadamente la trágica noticia. Se derramaron lágrimas tanto por el misionero como por el Presidente Monson, pero entonces, con un apretón de manos consolador, el élder Jones le dijo al Apóstol: “Dígale a mi madre que serviré, oraré y la veré otra vez.”

            Tan pronto como regresó de su asignación en Nueva Zelanda, el Presidente Monson asistió a la conferencia de la estaca Lost River, en Moore, Idaho. El Presidente Monson comentó lo siguiente:

Mientras estaba sentado en el estrado con el presidente de estaca, casi instintivamente fijé mi atención en el banco del frente en uno de los costados de la capilla, donde el sol de la mañana, iluminaba a una hermana que estaba sentada sola. Le dije al presidente de estaca: “¿Quién es la hermana que está sentada al sol? Siento que debo hablar con ella hoy.” Y me contestó: “Se llama Belva Jones. Tiene un hijo misionero en Nueva Zelanda. Está muy enferma y ha pedido una bendición.”

Hasta ese momento, desconocía donde vivía la hermana Jones. Ese fin de semana mi asignación pudo haber sido a cualquiera de otras cincuenta estacas. Sin embargo, el Señor, había contestado a su manera la oración de fe de una madre preocupada. Tuvimos una conversación muy linda, Le conté con lujo de detalles, la reacción de su hijo y la resolución que había tomado. Le di una bendición, y con la oración recibimos la seguridad de que Belva Jones viviría hasta que su hijo terminara la misión. Tuvo ese   privilegio.  Su hijo Ryan volvió de la misión un mes antes de que ella falleciera. [11]

            Algunos dirán que esta experiencia es una casualidad. Sin embargo, como Santos de los Últimos Días entendemos las entrañables misericordias del Señor.  No es de sorprender que el Señor usó al Presidente Monson como instrumento para reunir a una madre con su hijo y prometer la misma bendición que Cristo habría prometido, si hubiera estado allí.

            Consideren otra reunión similar con otra familia misionera. En el otoño de 1970, el Presidente Monson asistió a una conferencia de estaca en Grand Junction, Colorado. Durante el fin de semana de la conferencia, el presidente de estaca le pidió al Presidente Monson si podría reunirse con Hale y Donna Larson con respecto a Marc su hijo misionero. Recientemente, Marc les dijo a sus padres que iba a terminar su misión y volver a casa antes de tiempo. Cuando el Presidente Monson se reunió con los padres apesadumbrados, les preguntó: “¿En donde está sirviendo su hijo? Le contestaron, “en Dusseldorf, Alemania.”

            El Presidente Monson puso sus brazos alrededor de los hermanos Larson y dijo: “Sus oraciones han sido escuchadas y ya están siendo contestadas. Con más de veintiocho conferencias de estaca que el día de hoy están siendo atendidas por las Autoridades Generales, fui asignado a su estaca.” Les dijo que la siguiente semana estaría en Dusseldorf y vería a su hijo allá. Tras reunirse con el Presidente Monson, su hijo, el elder Larson, se  comprometió a terminar su misión. [12]                

            El Presidente Monson, testificó: “De todas las bendiciones que he tenido en mi vida, la mayor bendición que puedo compartirles es ese sentimiento que brinda el Señor cuando saben que Él, el Señor, ha contestado por medio de ustedes  la oración de otra persona. A medida que amen al Señor, y a medida que amen a su prójimo, descubrirán que nuestro Padre Celestial contestará las oraciones de otras personas por medio del ministerio de ustedes.” [13]

Entrañables Misericordias en Alemania

            El Presidente Monson compartió este punto de vista con respecto al servicio: “Durante su vida puede lograr riqueza o fama o posición social. Sin embargo, el verdadero éxito viene del ayudar a los demás. . . . Un sabio dijo hace muchos años: ‘No podemos hacer todo para todos en todas partes, pero podemos hacer algo para alguien en algún lugar’” [14]  Él ha tenido mucho éxito al buscar ser un instrumento para el Señor para extender la buena voluntad y conectar a las personas.

            Hace algunos años en una reunión para los adultos jóvenes del Sistema Educativo de la Iglesia, el Presidente Monson habló brevemente sobre Ted Cannon, un hombre que sirvió como misionero en Alemania a finales de los años 1930. Después de la misión, Ted regresó a casa, se casó, crió a su familia, sirvió en la Iglesia, y dirigió su propio negocio. Cuarenta años después de regresar de su misión, fue a la oficina del Presidente Monson. Ted explicó que había estado viendo sus fotografías de la misión en Alemania y que había varias fotos que no pudo identificar. Sin embargo, cada vez que trataba de deshacerse de las fotos no identificadas, tenía la fuerte impresión de que debía guardarlas.

            Dichas fotos en particular, fueron tomadas por el élder Cannon cuando sirvió en Stettin, Alemania, y eran de una familia; la madre, el padre, una niña y un niño. Ted sabía que su apellido era Berndt pero no se acordaba de nada más sobre ellos. Le dijo al Presidente Monson que sabía que había un hermano Berndt que era líder de la Iglesia en Alemania y creía, aunque era muy remota la posibilidad, que este Berndt pudiera tener alguna conexión con los Berndt que estaban en la foto y habían vivido en Stettin.  Sabiendo que el Presidente Monson era un visitante frecuente a Alemania, pensó que debía hablar con él antes de deshacerse de las fotos.

            El Presidente Monson le indicó que iría a Berlín muy pronto, y que esperaba ver a Dieter Berndt, el líder de la Iglesia, y que podría mostrarle las fotos para ver si podía identificarlas. El Presidente Monson dijo después:

El Señor no me permitió siquiera llegar a Berlín antes de que Sus propósitos se cumplieran. Estaba en Zurich, Suiza, con el propósito de abordar el vuelo para Berlín, cuando Dieter Berndt también abordó ese vuelo. Se sentó junto a mí y le dije que tenía algunas fotos de unas personas de apellido Berndt de Stettin.  Se las mostré y le pregunté si podía identificar a quienes estaban en las fotos. Al verlas detenidamente, él empezó a llorar y dijo: “Mi familia vivió en Stettin durante la guerra. Mi padre fue muerto cuando una bomba de los aliados cayó en la fábrica donde trabajaba. No mucho tiempo después los rusos invadieron Polonia y el área de Stettin. Mi madre nos tomó a mi hermana y a mí y huimos antes de que llegara el enemigo. Tuvimos que dejar todo, incluyendo las fotos que teníamos. Hermano Monson, yo soy el niño que aparece en estas fotografías, la niña es mi hermana. El hombre y la mujer son mis queridos padres. Hasta hoy, no tenía ninguna fotografía de nuestra niñez en Stettin o de mi padre.”

Limpiando mis propias lágrimas, le dije al hermano Berndt que las fotos eran suyas. Él las guardó amorosa y cuidadosamente en su portafolio. [15]

            Como consecuencia, cuando Dieter Brendt visitó Salt Lake City por motivo de la siguiente Conferencia General, visitó a Edwin Cannon jr, y a su esposa para expresarles de forma personal su gratitud por la inspiración que recibió el hermano Cannon para conservar esas preciosas fotografías y por el hecho de que siguió la inspiración de conservalas durante 40 años.

            El Presidente Monson ha enseñado: “El espíritu y el sentimiento más dulces en toda la mortalidad es cuando hemos tenido la oportunidad de estar en el mandato del Señor y saber que Él ha guiado nuestros pasos.” [16] El Presidente Monson supo que el Señor había guiado sus pasos para poder eslabonar las vidas de Ted Cannon y Dieter Brendt.  El Presidente Monson ha tenido muchas experiencias similares debido a su disposición de escuchar al Señor y de seguir Sus instrucciones.

El Poder de ​​la Influencia

El ejemplo de amor y bondad del Presidente Monson ha inspirado a la acción a muchas personas. Su preocupación y cariño por los demás son muy inspiradores, y nos elevan a niveles más altos. Nos ha animado a todos a que irradiemos el mensaje del evangelio en donde quiera que estemos: “No tenemos por que esperar hasta que haya un acontecimiento desastroso o un terrible suceso en el mundo en que vivimos, ni tampoco a recibir una invitación particular, para ser ejemplos, para establecer un modelo que otros puedan imitar. La oportunidad esta frente a nosotros en este momento; pero es perecedera. Es seguro que se halla en nuestro hogar y en las acciones cotidianas de nuestra vida.” [17] Todos podemos ser ejemplo para los que nos rodean e irradiar el amor y la bondad del Salvador.

            Hace muchos años el Presidente Monson estaba viajando en avión por Australia con Horace D. Ensign el presidente de la misión. Su avión se detuvo en Mount Isa para abastecerse de combustible. Mientras tanto, Judith Louden, residente local y miembro de la Iglesia, decidió llevar al aeropuerto a sus dos hijos para aprovechar la rara oportunidad de conocer a un Apóstol. Cuando la hermana Louden se acercó al Presidente Monson le dijo: “ Me llamo Judith Louden; soy miembro de la Iglesia y estos son mis hijos. Como supusimos que ustedes vendrían en este vuelo, hemos venido a verlos durante su breve escala”. Nos explicó que su marido no era miembro de la Iglesia y que ella y sus hijos eran en realidad los únicos miembros de toda la región.

            Pasó la hora, y al prepararnos para subir de nuevo al avión, la hermana Louden se veía tan triste y tan sola. Nos dijo: “No se vayan todavía; he echado tanto de menos  la Iglesia”.  De pronto, avisaron por el parlante que el avión saldría treinta minutos más tarde a causa de un desperfecto mecánico. La hermana Louden susurró: “Mi oración ha sido contestada”. Entonces la hermana Louden le pudo hacer al Presidente Monson la pregunta que no había podido hacer antes. “Nos preguntó qué podría hacer para interesar a su marido en el Evangelio”. El Presidente Monson le aconsejó “que le hiciera participar en la lección semanal de la Primaria de hogar y que fuese para él un testimonio viviente del Evangelio”.  El Presidente Monson explicó después: “Le dije que le enviaríamos una suscripción a la revista de la Iglesia para los niños y otras ayudas para enseñar a la familia. La instamos a que nunca se diera por vencida de convertir a su esposo. Partimos de Mount Isa, una ciudad a la que no he vuelto nunca más. Sin embargo, conservaré siempre en la memoria el grato recuerdo de aquella encantadora madre y aquellos lindos niños que se despidieron de nosotros con los ojos llenos de lágrimas y de gratitud”. [18]

            Años después, el Presidente Monson estaba hablando en una reunión de capacitación del sacerdocio en Brisbane, Australia. En sus comentarios, enfatizó la importancia del estudio del evangelio en el hogar y de la importancia de vivir el evangelio y ser ejemplos de la verdad. Entonces mencionó la historia de la mujer que había conocido en Australia varios años antes; la hermana Judith Louden. Les contó a los líderes del sacerdocio sobre la fidelidad y dedicación de ella.

Al terminar, dije: “Supongo que nunca llegaré a saber si el esposo de la hermana Louden se ha unido a la Iglesia, pero él no hubiera podido hallar un mejor ejemplo que seguir, que el de su esposa.”

Entonces, uno de los líderes, levantó la mano y, poniéndose de pie, dijo:  “Hermano Monson, yo soy Richard Louden. La mujer que usted acaba de mencionar es mi esposa. Aquellos niños [se le quebró la voz] son nuestros hijos. Ahora somos una familia eterna, gracias en parte a la perseverancia y a la paciencia de mi amada esposa. Todo es obra de ella”. Nadie dijo palabra. Rompían el silencio sólo los sollozos ahogados de los presentes y había lágrimas en los ojos de todos. [19]

            El Señor en Su bondad y misericordia, permitió que el Presidente Monson hiciera esta visita de seguimiento a Australia a fin de que pudiera atestiguar que la semilla que había plantado se había convertido en un gran árbol. ¡Qué gran recompensa para un Apóstol! Él nunca planificó el ministrar a un miembro de la Iglesia en Mount Isa, Australia. Su avión solamente hizo una escala para cargar combustible mientras volaba por todo el país.  Además él no se imaginaba antes de que aterrizara el avión que ministraría a una mujer santa allí, y subsecuentemente    cambiar para siempre y permanentemente, su vida y la de toda su familia. Sin embargo, él era digno de recibir el flujo constante de la revelación que llega a quienes están preparados y son obedientes a los mandamientos. Al mismo tiempo, la hermana Louden estaba dispuesta a aceptar el consejo del Apóstol y a vivir el Evangelio en su hogar. Por medio del ejemplo de ella y sus enseñanzas del Evangelio, su esposo no pudo resisitirse más al Evangelio de Jesucristo. Se convirtió en un gran líder de la Iglesia en aquel país. El Presidente Monson dijo: “ No hay forma de saber cuando tendremos el privilegio de tender la mano a alguien que necesite ayuda. El camino a Jericó por el que cada uno viaja, carece de nombre, y el viajero cansado que necesita nuestra ayuda puede ser alguien desconocido”. [20]

Recordar y Honrar a los Anci​​anos

            El Presidente Packer dijo: “Pocas personas lo saben, pero el Hermano Monson es el capellán auto asignado de varios hogares de ancianos en la ciudad. . . . Los visita cada vez que su apretada agenda se lo permite y otras aún si no se lo permite.” [21] Durante todo su ministerio, el Presidente Monson ha tenido un lugar especial en su corazón para los ancianos. Cuando fue obispo, ministró a las ochenta y cinco viudas en su barrio. Después de su relevo, siguió con esa ministración. Se las arregló, aún ya siendo un Apóstol, para hablar en cada uno de sus funerales. Cada año tomaba una semana libre de su trabajo para visitar a estas mujeres y llevarles regalos mientras vivieron. Una persona bien intencionada le dijo una vez al Presidente Monson que era una pérdida de tiempo el visitar a esas ancianas. Esa persona mencionó que el Presidente Monson les hablaba a estas ancianas pero que ellas no podían contestarle. Esa persona lo reprendió: “Ahórrese el esfuerzo elder Monson, ellas no saben quien es usted.” El Presidente Monson respondió: “No importa si me conocen o no. Les hablo no porque me conozcan sino porque yo las conozco.” [22]

            En el año 1975, el Presidente Monson presidió en una conferencia de estaca en Modesto, California. Al sentarse en el estrado, recordó que diez años antes él había asistido a una conferencia de estaca en esta área y recordó también que Clifton Rooker era el presidente de la estaca. El Presidente Monson se inclinó hacia el presidente de estaca actual y le preguntó si esa era la estaca en que Clifton Rooker había sido el presidente de la estaca. El actual presidente dijo, “Sí, el fue nuestro presidente de estaca”.

            Confiadamente, el Presidente Monson se puso de pié en el estrado, antes de que comenzara la reunión y, dirigiéndose a la congregación, preguntó si Clifton Rooker estaba presente. Una vez que identificaron al hermano Rooker que estaba sentado en la parte trasera del edificio, el Presidento Monson lo invitó a que hiciera el largo viaje hasta el frente de la capilla y se sentara junto con él. Este anciano caballero estaba muy feliz por reunirse con su viejo amigo, el Presidente Monson, y por poder ver a la estaca que una vez presidió.

            En esta conferencia en particular, se dividió la estaca y fueron llamadas dos nuevas presidencias. Hacia el final de la reunión el Presidente Monson sintió la inspiración de invitar al hermano Rooker para que expresara su testimonio a la congregación. Entre otras cosas el hermano Rooker pudo expresar su amor a los miembros de la estaca. También les testificó que él había sido el beneficiario real del servicio que había prestado a favor de ellos.

            Al terminar la reunión el Presidente Monson invitó al hermano Rooker a que se uniera a él al apartar a las dos nuevas presidencias de estaca. El hermano Rooker respondió diciendo que:  “eso sería lo mejor de mi vida.” El Presidente Monson y su antiguo amigo colocaron sus manos sobre la cabeza de cada miembro de la presidencia de estaca, los apartaron, y los bendijeron para que pudieran cumplir la maravillosa y desafiante tarea que les esperaba. Al terminar el trabajo, los dos amigos se abrazaron.

A la mañana siguiente el élder Monson recibió una llamada telefónica del hijo del hermano Rooker, que le dijo: “Hermano Monson, Me gustaría hablarle  acerca de mi papá. Falleció esta mañana; pero antes de eso, dijo que ayer había sido el día más feliz de toda su vida.” El élder Monson recordó: “Le agradecí a mi Dios por la inspiración que me llegó en un abrir y cerrar de ojos de invitar a este buen hombre para que viniera y recibiera los aplausos, mientras aún estaba vivo y pudiera disfrutarlos, de los miembros de su estaca a quienes había servido.” [23]

            Obviamente, el Presidente Monson no tenía idea de que Clifton Rooker moriría el día depués de la conferencia de estaca, pero el Señor lo sabía y usó al Apóstol para que hiciera otro mandato. El Presidente Monson tiene un amor especial para los Santos ancianos y parece tener presente sus necesidades.  Declaró: “Tomen en cuenta. . . . a los ancianos, a los viudos, a los enfermos. Con cuanta frecuencia se hallan en ese reseco desierto del aislamiento llamado soledad. Cuando la juventud se va, cuando declina la salud, cuando decae el vigor y cuando la luz de la esperanza parpadea levemente, los miembros de estos ‘batallones perdidos’ pueden ser rescatados por la mano que ayuda y el corazón que conoce la compasión.” [24]

Campeón de l​​a Niñez y de la Juventud

De la forma en que el Presidente Monson ha sido un fuerte defensor de los ancianos, también ha pasado toda su vida enseñando y ministrando a la juventud de la Iglesia. Muchos estarían de acuerdo en que el Profeta es joven de corazón. Se sabe que con los jóvenes hace los “dame cinco” y que se arrodilla frente a los niños de edad de la Primaria para hablarles a su nivel. Hablando a la juventud, el Presidente Monson ha dicho: “Aunque siempre ha habido desafíos en el mundo, muchos de los que ustedes afrontan son exclusivos de esta época; pero ustedes son algunas de las hijas más fuertes de nuestro Padre Celestial, y Él las ha reservado para venir a la tierra  “para esta hora” (Ester 4: 14)  Con la ayuda de Él, tendrán el valor de afrontar lo que venga. Aunque en ocasiones el mundo parezca obscuro, ustedes tienen la luz del evangelio que será como un faro para guiar su camino.” [25]

            Algunas de las entrañables misericordias en la vida del Presidente Monson han sucedido en las vidas de niños y jóvenes. Tal fue la ocasión en la conferencia general de octubre de 1975. Cuando el Presidente Monson comenzó su discurso, descubrió a una niña como de ocho o diez años de edad en el balcón del tabernáculo. Aunque el mensaje del Presidente Monson había sido preparado con meses de anticipación, tuvo la impresión de que debía cambiar su mensaje y hablarle a la niña que estaba en el balcón. Al comenzar su mensaje dijo:  “Me siento particularmente agradecido por los niños que se encuentran aquí. A mi izquierda observo que hay una pequeña de unos diez años de edad. Dulce niñita, no sé de donde has venido ni como te llamas, pero la inocencia de tu sonrisa y la tierna expresión de tu mirada me han persuadido de que debo dejar para otra ocasión el mensaje que había preparado; hoy me siento inspirado a hablarte a tí”. [26]

            Entonces el Presidente Monson cambió todo su discurso. Supongo que los traductores de la conferencia general se esforzaron mucho para ir a la par con él. En su discurso improvisado, él solamente compartió una experiencia que había tenido el año anterior con una niña de Shreveport, Louisiana. La primera entrañable misericordia empezó cuando la asignación original del Presidente Monson era el presidir una conferencia de estaca en El Paso, Texas. Sin embargo, días antes de partir, el Presidente Ezra Taft Benson le preguntó al Presidente Monson si podría cambiar su asignación e ir a Shreveport, Louisiana. Por supuesto, el Presidente Monson estaba feliz de poder ir a donde lo necesitara el Presidente Benson.

            Al mismo tiempo, Christal Methvin, una niña de diez años de Shreveport, Louisiana, había sido diagnosticada con cáncer. Su mayor deseo era recibir una bendición del sacerdocio de parte de una Autoridad General; por lo que la familia de Christal estaba planificando viajar a Salt Lake City a fin de que ella recibiera tal bendición. Puesto que la familia Methvin no conocía personalmente a ninguna de las Autoridades Generales, le presentaron a Christal una gráfica de todas los líderes de la Iglesia. Ella pensó que el Presidente Monson se veía “guapo” y decidió que fuera él quien le diera la bendición. Sin embargo, poco después de que Christal se decidiera por el Presidente Monson, su salud se deterioró rápidamente y no pudo efectuar el largo viaje a Salt Lake City. Ya había perdido una pierna a causa del cáncer y éste ya se había extendido hasta los pulmones. Sin embargo. la fe de Christal era fuerte, y sintió que si ella no podría ir a donde estaba el Presidente Monson, entonces el Señor podría mandar al Presidente Monson a donde ella estaba. Y ciertamente, su asignación se cambió esa misma semana para que fuera a Louisiana.

            Al continuar relatando esta experiencia en la conferencia general, le dijo a la congregación que poco después de haber llegado a Shreveport, el presidente de la estaca, Charles Cagle, con un tono de disculpa le preguntó al Presidente Monson si podría darle una bendición a una niña de diez años enferma de cáncer. Le contestó que estaría encantado de hacerlo y preguntó si la niña vendría a las reuniones de la conferencia o si estaba internada en un hospital de la ciudad. Con mucha pena, el presidente Cagle dijo que Christal no podía salir de su casa que estaba muy lejos de Shreveport.

            Cuando el Presidente Monson revisó el horario de las reuniones, descubrió que no había tiempo que le permitiera viajar muchas millas para otorgar una bendición del Sacerdocio. Propuso una alternativa: Christal sería recordada en las oraciones que se ofrecieran durante la conferencia de estaca. El Presidente Monson aseguró que el Señor entendería y bendeciría a la familia Methvin adecuadamente.  Enseguida llegó la siguiente entrañable misericordia:

Cuando el presidente de estaca le informó a la familia que el Hermano Monson no podría visitar a Christal debido a lo apretado del horario de reuniones, los Methvin se decepcionaron mucho. Se arrodillaron otra vez alrededor de la cama de Christal pidiendo un último favor para ella: que de alguna manera su deseo de recibir una bendición a manos del Hermano Monson se pudiera realizar.

En el momento en que los Methvin se arrodillaron junto a la cama de Chistal, el élder Monson estaba revisando sus notas en preparación para hablar en la parte final de la sesión del sábado por la noche. Sin embargo, cuando empezó a dirigirse al púlpito, una voz le susurró, casi de forma audible, un breve pero conocido mensaje: “Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de Dios.”

Sus notas se le hicieron borrosas. Trató de seguir el tema de la reunión como se había preparado, pero el nombre y la imagen de Christal Methvin no se iban de su mente. Entonces, siempre fiel al don que tiene, respondió al mensaje espiritual. Dio instrucciones de que se cambiara el horario de reuniones, sin tomar en cuenta los problemas de confusión por la interrupción. Entonces, pudo continuar la reunión. [27]

            La familia de Christal se levantó después de pedir que pudieran reunirse con el Presidente Monson. Al terminar su oración, un obispo de su estaca les llamó para informarles que el Presidente Monson había cambiado el horario de la conferencia y que estaría en su casa muy temprano a la mañana siguiente. Las únicas instrucciones del Presidente Monson eran que le gustaría que la familia pudiera unirse a él en ayuno.

            Después del largo viaje matutino, el Presidente Monson llegó a la casa de los Methvin y fue conducido a la habitación de Christal. Él vio a una niña tan enferma que no se podía levantar y tan débil que no podía hablar. El cáncer se había extendido a su cerebro y la había dejado casi ciega. En la habitación de Chistal era tan fuerte el Espíritu que el Presidente Monson instintivamente se arrodilló y dijo: “Christal, aquí estoy.” Con todas las fuerzas que pudo juntar ella le susurró: “hermano Monson, sabía que vendría.”

            El Presidente Monson pronunció una bendición sobre Christal, encomendando su cuerpo a un amoroso Padre Celestial. Christal respondió con un “gracias” apenas perceptible. El jueves siguiente mientras la mencionaban en el círculo de oración de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles. Christal falleció. [28]

            Después, el Presidente Monson compartió otra entrañable misericordia que resultó al  compartir la historia de Christal:

Durante el discurso que pronuncié en la conferencia general de octubrre de 1975, me sentí inspirado a dirigir mis palabras a una niñita de cabello largo y rubio que se hallaba en la galería de este edificio. Dirigí la atención del público a ella y sentí una libertad de expresión que me testificó que aquella pequeña niña necesitaba el mensaje que yo había preparado con respecto a la fe de otra joven.

Al terminar la sesión, regresé a mi oficina y me encontré a una niña, de nombre Misti White, esperándome, junto con sus abuelos y una tía. Al saludarlos reconocí a Misti, era la niña de la galería a la que había dirigido mis palabras. Supe entonces que se acercaba su octavo cumpleaños y que tenía dudas en cuanto a si debía o no bautizarse. Ella sentía que quería hacerlo, y también lo deseaban sus abuelos, con quienes vivía, pero la madre, que era menos activa, le sugirió que esperara hasta tener 18 años para tomar la decisión. Misti les había dicho a sus abuelos: “Si vamos a la conferencia en Salt Lake City, tal vez  el Padre Celestial me haga saber lo que debo hacer.”

Misti, sus abuelos y la tía, habían viajado de California a Salt Lake City para la conferencia y pudieron conseguir asientos en el Tabernáculo para la sesión del sábado por la tarde, donde se hallaban sentados cuando Misti cautivó mi atención y decidí dirigirle e ella mis palabras.

Mientras conversábamos, después de la sesión, su abuela me dijo: “Creo que a Misti le gustaría decirle algo”. La dulce niñita me dijo: “ Hermano Monson, cuando usted habló en la conferencia, contestó mi pregunta; ¡Quiero bautizarme!

La familia regresó a California, y Misti se bautizó y la confirmaron miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Desde entonces y a través de los años se ha mantenido leal y fiel al evangelio de Jesucristo. Hace catorce años, tuve el privilegio de efectuar su casamiento en el templo a un joven excelente, y juntos están criando a cinco niños hermosos, con otro en camino. [29]

            Esta historia de Christal Methvin y Misti White tiene un tesoro de entrañables misericordias. Las lecciones de la vida de Christal no se perdieron. En Su plan, el Señor pudo usar la experiencia de una niña para bendecir de forma permanente la vida de otra. Estas experiencias han bendecido la vida de muchas personas, incluyendo la del Presidente Monson.

            Hablando del Buen Samaritano y del camino a Jericó, el Presidente Monson preguntó: “¿seré yo quien no vea al caído entre ladrones que necesita mi ayuda?” ¿O vosotros? ¿Seré yo quien vea al lastimado y oiga su súplica y aún así pase de largo? ¿Seréis vosotros? ¿Seré yo el que vea, oiga, se detenga y ayude? ¿O lo seréis vosotros?”. [30]  Yo creo que es clara la forma en que el Presidente Thomas S. Monson reaccionará cuando haya quienes esten golpeados y heridos y caídos en el camino a Jericó. Sin embargo, el juicio aún está pendiente en nosotros sobre la forma en que responderemos a tales necesidades.

            Una asignación en el año 1965, llevó al Presidente Monson a la escuela Sauniatu en Upolu, Samoa. Mientras les hablaba a los estudiantes, tuvo el impulso de que debía invitar a los doscientos estudiantes a que se acercaran para poder estrechar sus manos. Sin embargo, mientras el joven Apóstol luchaba en su mente con esa idea, reconocía que el horario estaba muy ajustado, y se preguntaba como podría cumplir esa tarea. Mientras razonaba que eso sería improbable, el impulso volvió. Siguiendo al Espíritu, el Presidente Monson le preguntó al administrador de la escuela si sería posible que él pudiera saludar de mano a todos los estudiantes. El administrador respondió con una exclamación de júbilo y explicó:  “Nuestras oraciones han sido contestadas. Les dije a los alumnos que si tenían fe y si todos oraban, que el apóstol del Señor los saludaría personalmente a todos ellos cuando visitara Sauniatu.” [31]

            Otra vez, el Presidente Monson fue usado por el Señor para efectuar su obra y para hacer exactamente lo que Él habría hecho si hubiera estado allí. La oración ha dirigido la vida de nuestro profeta y la ha dado la inspiración para bendecir y fortalecer a Su pueblo.

            En otra ocasión, en junio de 2008 el Presidente Monson estuvo en Curitiba, Brasil, para la dedicación del templo. Durante la ceremonia de la piedra angular en la cual el Presidente Monson estaba aplicando mortero entre las lozas de mármol, vio a a un niño parado muy cerca de allí y que traía puesta una boina. Nuestro profeta dijo: “Hay un niño ahí. Se ve que tiene frío. Que suba aquí.”  Un fotógrafo que estaba tomando fotos del evento sugirió que le quitaran la boina al niño para poder fotografiar bien su cara. Cuando alguien le quitó la boina, el momento se hizo un poco tenso porque el niño estaba calvo.

            De inmediato, el élder Russell M. Nelson, que estaba de pie junto al Presidente Monson, comprendió quién era ese niño. Antes de la dedicación, los líderes en Brasil se habían comunicado con el élder Nelson con respecto a un niño de nombre Lincoln Viera Cordeiro, que tenía cáncer y que estaba recibiendo tratamientos de quimioterapia. Puesto que la pronóstico era muy bajo, los líderes locales del sacerdocio le pidieron al élder Nelson si podría darle una bendición al niño cuando viniera a Brasil.

            El niño se puso la boina, recogió la cuchara que le dio el Presidente Monson y puso mezcla en la pared del templo. Cuando el niño regreso a sentarse con los otros niños, el élder Nelson le recordó al Presidente Monson que era hora de volver al templo a fin de seguir el horario de la dedicación:

El Presidente negó con la cabeza y dijo: “No, quiero llamar a alguien más.”  Volteó hacia la multitud, miró y miró y finalmente vio a una mujer en la parte trasera, y haciéndole señas al cruzarse sus miradas, dijo: “¿Podría subir aquí? Deseo que coloque un poco de mezcla.”

Fue hasta el día siguiente que el élder Nelson supo que esa mujer, Odilene Cordeiro, era la madre de Lincoln.

“Ese es el Presidente Monson,” declara el élder Nelson con convicción. “Él sabe como recibir revelación  del Dios Todopoderoso a fin de bendecir la vida de otra persona.” El niño murió poco tiempo después, “pero ustedes pueden imaginarse lo que significó para la madre de esa familia. Esa fue la manera del Señor de decir: ‘Te conozco, estoy preocupado por tí y quiero ayudarte.’  Esa es la clase de hombre que tenemos como el profeta de Dios.”

En el avión en que viajaban a Brasilia para reunirse con el vice-presidente de la nación, el élder Nelson le dijo al Presidente Monson acerca de la madre y el hijo a quienes había llamado a participar en la ceremonia de la piedra angular. “Presidente, ¿cómo supo que eran parientes?” le preguntó el élder Nelson. El Presidente Monson respondió: “Yo no lo sabía, pero el Señor sí lo sabía. He aprendido a responder a Sus susurros.” [32]

            El presidente Monson explicó: “Siempre he necesitado la ayuda del Señor, y siempre se la he pedido. Solamente pongo mi fe y confianza en Él y sigo día a día y semana por semana. [33]

Ve y Haz Tu lo ​Mismo

El ministerio del Presidente Monson ha estado lleno de muchas entrañables misericordias del Señor. Es muy claro que el Señor ha usado a nuestro Profeta para bendecir, sanar y fortalecer a los Santos que necesitaban ayuda en todo el mundo. En muchas ocasiones, ha estado en el lugar y en el momento exactos para ministrar a quienes necesitaban su ayuda. El Presidente Spencer W. Kimball declaró: “Dios nos tiene en cuenta y vela por nosotros; pero por lo general, es por medio de otra persona que atiende a nuestras necesidades. Por lo tanto, es vital que nos prestemos servicio unos a otros en el reino.” [34]  Es evidente que en la vida de muchos Santos de los Últimos Días, el Presidente Monson ha sido un Enviado de Dios para las personas que han estado orando pidiendo ayuda, o guía o que les fuera aligerada una carga. Él ciertamente ha sido guiado por el Señor para satisfacer las necesidades de quienes han necesitado su ayuda.

            Todos podemos gozar del privilegio de servir y ayudar a nuestros prójimos. Si dejamos que el Señor sepa que estamos dispuestos a hacer Su obra, el nos indicará el camino hacia quienes nos necesitan. El Presidente David O. Mckay enseñó: “ El objetivo más noble en esta vida es esforzarse por vivir para mejorar la vida y hacer más felices a los demás.” [35] Todos podemos procurar vivir de forma que el Señor nos pueda usar para cumplir Su obra al hacer que la vida de los demás sea “mejor y más feliz.”

            Durante las primera horas de la mañana del 10 de abril de 2013, iba conduciendo mi auto colina abajo de donde vivo pues iba rumbo al gimnasio en donde hago ejercicio. Al acercarme a la parte baja de la colina, vi a una mujer sentada en la hierba que hacía señas con el brazo para llamar mi atención. Al acercarme a ella, pude ver que era una corredora basado en la ropa que llevaba. Bajé la ventanilla del auto y pregunté si estaba bien.

            Ella me contestó: “No, creo que me fracturé una pierna.”

            Aunque no soy doctor, vi la posición poco confortable de su pierna doblada y dije: “Creo que tiene razón; esa pierna está fracturada”

            Entonces me preguntó si podía usar mi teléfono celular para llamar a su esposo.

            Le dije que no llevaba mi teléfono, pero que con gusto la llevaría a su casa. Le ayudé a que se subiera a mi auto, y comenzamos el trayecto rumbo a su casa. Me enteré de que se estaba preparando para correr un maratón. También supe que la causa de su accidente fue que se resbaló en una parte congelada de la banqueta. Me asombré por lo fuerte que era esta mujer. Era obvio que su pierna estaba fracturada, pero en lugar de estar en ‘shock’ estábamos teniendo una grata conversación. Me di cuenta que tenía un dolor atroz pero lo disimulaba bien. Le dije que me llamaba Mark, y me dijo que ella era Rebecca. Me dijo que se sentía preocupada porque yo llegaría tarde al trabajo y le dije que era maestro en BYU y que si llegaba un poco tarde por estar ayudando a que una mujer llegara al hospital, mi jefe lo comprendería. Ella me dijo que su esposo se llamaba Dan y que enseñaba en el departamento de negocios también en BYU.

            Para entonces, ya habíamos llegado a su casa, y tuve que tocar muy fuerte la puerta a fin de despertar a su esposo. En uno o dos minutos, él vino a la puerta, perplejo de que yo estuviera en su porche delantero.

            Dije: “Dan, soy Mark, y lamento levantarle tan temprano en la mañana, pero su esposa se fracturó una pierna mientras corría y está aquí en mi auto.” ¡Vaya forma de despertar rápido a alguien!

            Dan corrió hacia su esposa para atenderla. Hallamos la forma de pasarla de mi auto al de Dan para que pudiera llevarla de inmediato a la sala de emergencias.

            Cuando estaba por irme, le dije: “Dan, si necesitan algo, permítanme ayudar. Yo también enseño en BYU, así que estamos juntos en esto.”

            Dan me dijo, “¿Como se llama?”

            Le dije: “Mark Ogletree.”

            Al instante, Rebecca comenzó a llorar y dijo: “Santo cielo, ¿usted es Mark Ogletree?”  Le dije “Sí” y me abrazó como si en ello le fuera la vida. Me dijo: “Soy Rebecca Shahan, estuve en su clase durante dos años en el Seminario Mountain View en Mesa, Arizona.”

            Le contesté: “Wow, Rebecca, No lo puedo creer.” Nos reímos y lloramos.

            Más de veinte años antes le había enseñado a Rebecca. No solamente la recordaba porque fue una alumna maravillosa, sino también porque vivíamos en el mismo barrio y era muy buen amigo de sus padres.

            Ella dijo: “Después de que me lastimé la pierna y me caí al suelo, traté de detener a varias personas, pero no se detuvieron. No puedo creer que la persona que se detuvo y me ayudó fue mi maestro de seminario de ¡hace más de veinte años!” Yo tampoco lo podía creer. Cuando empecé a enseñarle a Rebecca era una adolescente llena de vida y con mucha energía, y yo apenas rebasaba los treinta años, casado y con varios niños pequeños. Ahora, Rebecca tenía sus propios hijos adolescentes y yo ya era abuelo. No hace falta decir, que ambos nos veíamos un poco diferentes de como eramos veinte años antes.

                        Estoy seguro que si yo no hubiese ayudado a Rebecca, alguien más lo hubiera hecho. Pero estoy muy agradecido porque el Señor me ayudó para que estuviera en el lugar y el momento correctos. Si hubiera salido de casa diez minutos antes, o después, me habría perdido esta experiencia maravillosa. A causa de ese accidente, nuestras familias se han reunido y disfrutado de la compañía mutua. Rebecca tuvo una operación en su pierna y pasarán varios meses para que se recupere,  pero estoy seguro que algún día correrá otro maratón.

            No puedo dejar de pensar que esta experiencia es una entrañable misericordia, tanto en la vida de Rebecca como en la mía propia. Al partir de su casa esa mañana, sentí muy fuerte el espíritu, sentí amor, y sentí paz. Pensé que el Presidente Monson tiene tales experiencias con mucha frecuencia; si no a diario, cuando menos cada semana. Me preguntaba como podría ser yo mejor al servir, al amar y al ayudar a quienes me rodean. Sé que si buscamos hacer los mandatos  del Señor, Él nos guiará hacia quienes necesiten nuestra ayuda, tal como lo ha hecho con el Presidente Monson.

            Muchos hemos tenido entrañables misericordias en nuestra vida y en la vida de quienes están más cerca de nosotros. ¿Se han registrados tales eventos? Hace algunos años, una de nuestras hijas estuvo cerca de la muerte en un trágico accidente, pero fue salvada milagrosamente. Al regresar del hospital, mi suegro me pregunto: “¿Ya escribiste esta experiencia?” Le contesté que no lo había hecho, pero que sus palabras me inspiraron a registrar detalladamente ese evento y que lo compartiría con la familia.  En la vida del Presidente Monson, estas experiencias se han registrado en sus diarios personales, así como en los libros y revistas de la Iglesia. Nosotros debemos seguir el ejemplo de nuestro profeta y registrar estas experiencias y, francamente, cualquier experiencia que tengamos con el Espíritu Santo.

            El élder Richard G. Scott enseñó: “ Anota las cosas importantes que aprendas del Espíritu y guarda esas anotaciones en un lugar seguro. Descubrirás que al anotar tus preciosas impresiones, a menudo te ocurrirán más. Además el conocimiento que obtengas estará a tu disposición por el resto de tu vida. Siempre, de día o de noche, en donde quiera que estés, sin importar lo que estés haciendo, trata de reconocer y responder a las instrucciones del Espíritu.” [36]

            El élder Henry B. Eyring enseñó un principio semejante:

Cuando nuestros hijos eran muy pequeños, comencé a apuntar algunas cosas que ocurrían diariamente . . . . Por años escribí diariamente varias líneas.  Nunca dejé pasar un día por más cansado que estuviera o por cuán temprano tuviera que levantarme al otro día.  Antes de escribir meditaba en esta pregunta: “¿Hoy he visto la mano de Dios bendecirnos a nosotros, a nuestros hijos o a nuestra familia?” Al seguirlo haciendo, algo comenzó   a suceder. Al repasar mentalmente el día, me percataba de lo que Dios había hecho por alguno de nosotros y no lo había reconocido en los momentos del día en los que estaba ocupado..” [37

            Si se registran estas experiencias, bendecirán nuestra vida y la vida de nuestros hijos en los años futuros. Las entrañables misericordias son un recordatorio de que Dios participa en los detalles de nuestra vida y que está ansioso de rescatarnos y viene en nuestro auxilio en tiempos de necesidad. Nos incluye—como sus hijos— en ese proceso para que más de una persona se pueda beneficiar con sus intervenciones maravillosas.

Notas


[1]. - David A. Bednar, “Las Entrañables Misericordias del Señor,”  Liahona, mayo de 2005.   El élder Bednar enseñó además: “Todos nosotros podemos tener ojos para ver claramente y oídos para escuchar con claridad las entrañables misericordias del Señor cuando nos fortalecen y ayudan en estos últimos días.”  Citado en Divine Signatures por Gerald N. Lund.

[2]. - Bednar, “Las Entrañables Misericordias del Señor”. 

[3]. - Bednar, “Las Entrañables Misericordias del Señor”. 

[4]. - Lund, Divine Signatures, páginas 20-21.

[5]. - En Boyd K. Packer: A Watchman in the Tower por Lucille Tate (Salt Lake City: Bookcraft, 1995), páginas 13-14.

[6]. - James E. Talmage, en Conference Report, octubre de 1914, página 101.

[7]. - Joseph F. Smith, en Conference Report, abril de 1904, página 2. También se encuentra en Doctrina del Evangelio, por Joseph F. Smith (Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1978), página 50.

[8]. - Thomas S. Monson, citado en To the Rescue: The Biography of Thomas S. Monson por Heidi S. Swinton (Salt Lake City: Deseret Book, 2010), página 4.

[9]. - Thomas S. Monson, en “The Example of a Prophet—Thomas S. Monson,” por William R. Walker, Brigham Young University-Idaho Devotional, 10 de mayo de 2010; http://www2byui.edu/Presentations/Transcripts/Devotionals/2010_05_11_Wal....

[10]. - Thomas S. Monson, “”Se Ejemplo de los Creyentes, Liahona, noviembre de 1996.

[11]. - Thomas S. Monson, “La Navegación por los Mares de la Vida” Liahona, julio de 1982, página 119.

[12]. - Monson, citado por Swinton en To The Rescue, página 297.

[13]. - Teachings of Thomas S. Monson, página 175.

[14]. - Teachings of Thomas S. Monson, páginas 283-284.

[15]. - Thomas S. Monson, Reunión del SEI para Jóvenes Adultos, “Great Expectations.” el 11 de enero de 2009, en la Universidad  Brigham Young.

[16]. - Teachings of Thomas S. Monson, página 146.

[17]. - Thomas S. Monson, “Un Ejemplo de los Creyentes,” Liahona, noviembre de 1992.

[18]. - Thomas S. Monson, “Si estáis preparados, no temeréis” Liahona, noviembre de 2004. 

[19]. - Thomas S. Monson, “Si estáis preparados, no temeréis”

[20]. - Thomas S. Monson, “El Don de la Compasión”,Liahona, marzo de 2007, página 5

[21]. - Citado en “President Thomas S. Monson: Man of Action, Man of Faith, Always on the Lord’s Errand” por Jeffrey R. Holland Ensign, febrero de 1986, página 12.

[22]. - Citado en “President Thomas S. Monson,” por Holland, páginas 12-13.

[23]. - Monson, citado por Swinton en To The Rescue, páginas 384-385.

[24]. - The Teachings of Thomas S. Monson, página 65.

[25]. - Thomas S. Monson, “Tengan Valor”, Liahona, mayo de 2009.

[26]. - Thomas S. Monson, “La Fe de un Niño” Liahona,, febrero de1976, página 11.

[27]. -  Citado en “President Thomas S. Monson: Man of Action, Man of Faith, Always on the Lord’s Errand” por Jeffrey R. Holland Ensign, febrero de 1986, página 16.

[28]. - Holland, “President Thomas S. Monson,” Ensign, febrero de 1986, página 16.

[29]. - Thomas S. Monson, “Recuerdos del Tabernáculo,” Liahona,, mayo de 2007.

[30]. - Thomas S. Monson, “El Camino a Jericó, Liahona, octubre de 1977, página 59.

[31]. - Citado por Swinton, To The Rescue, página 265.

[32]. - Citado por Swinton, To The Rescue, página 521.

[33]. - Citado por Swinton, To The Rescue, página 518.

[34]. - Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball (Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2006), página 92.

[35]. - David O. McKay, “Two Contending Forces,” Brigham Young University Speeches, 18 de mayo de 1960, página 7.

[36]. - Richard G. Scott, “Como Adqurir Conocimiento y la Entereza de Utilizarlo Con Sabiduría” Liahona, agosto de 2002.

[37]. - Henry B. Eyring, “¡Oh, Recordad, Recordad,” Liahona, noviembre de 2007.