El Impacto del ‘Centro Escolar Benemérito de las Américas, una Escuela de la Iglesia en México.

By Barbara Morgan Gardner

El Impacto del ‘Centro Escolar Benemérito de las Américas, una Escuela de la Iglesia en México.

Por Bárbara E. Morgan

Bárbara E. Morgan (barbara_morgan@byu.edu) es profesora adjunta de doctrina e historia de la Iglesia en la Universidad Brigham Young.

 

            El 29 de enero de 2013, un grupo de líderes y administradores de la Iglesia llegaron al Benemérito de las Américas, la escuela preparatoria de la Iglesia en la Ciudad de México. Ese grupo lo formaban los élderes Russell M. Nelson y Jeffrey R. Holland del Quórum de los Doce; el élder Paul V. Johnson, el Comisionado del Sistema Educativo de la Iglesia y miembro del Primer Quórum de los Setenta; el Obispo Gerald Caussé, primer consejero del Obispado Presidente y miembro del Comité Ejecutivo Misional; Chad W. Webb, administrador de Seminarios e Institutos; Kelly I. Mills, director de los centros de capacitación misional internacionales; y Carl B. Pratt, el recién llamado presidente de misión del Centro de Capacitación Misional en México; y su esposa Karen.  Allí se reunieron con la Presidencia del Área de México—los élderes  Daniel Johnson, Benjamín de Hoyos, y  José Luis Alonso— junto con Abraham Martínez, el director de área del SEI, y Alfredo Mirón, el director de la escuela, estos cinco son naturales de México.  El personal docente, los padres, más de 2,000 estudiantes en el centro, y miles de ex-alumnos por todo México presenciaron el evento vía satélite. El propósito de esta reunión trascendental era anunciar el cierre de la escuela Benemérito de las Américas como preparatoria al fin del ciclo escolar 2013;  y la transición del campus para la apertura del Centro de Capacitación Misional.

            ¿Cuál fue el resultado?  La mayoría de los miembros de la Iglesia en Estados Unidos y en otras partes del mundo supieron que la Iglesia tenía una escuela preparatoria en México. El Benemérito, que funcionó en la Ciudad de México durante más de cuarenta y nueve años con una inscripción global de cerca de 23,000 alumnos, graduaría a su última generación de mas o menos 650 estudiantes.  Los cerca de 1600 estudiantes que no se graduarían regresarían a sus casas por todo el país, para dejar su lugar, como se los indicó el élder Holland, “para que un misionero pudiera ocuparlo y ayudara en la conversión de miles.” [1]  Este anuncio produjo muchas preguntas. ¿Por qué tenía la Iglesia una escuela en México? ¿Quienes fueron los maestros y los alumnos participantes? ¿Cómo era la vida en el campus? ¿Cuál ha sido el impacto en las personas, en las familias, en la Iglesia y en México?  Una revisión de los documentos históricos y entrevistar a algunos de los participantes ayudarán a contestar estas preguntas.

¿Porqué Esc​uelas de la Iglesia en México?

            Después de la Segunda Guerra Mundial, la Iglesia se expandió de varias maneras importantes. De hecho, del año 1951 a 1970,  los diecinueve años de la presidencia de David O. McKay, la membresía total de la Iglesia creció de 1.1 a 2.9 millones. En 1950, el 87 por ciento de la membresía total de la Iglesia vivía en Norteamérica.  A medida que la Iglesia se expandía mundialmente, las necesidades educativas—especialmente en las áreas internacionales— se hicieron más evidentes. Ningún profeta de esta dispensación, hasta esa época, tenía mayor experiencia en la Iglesia internacional y en la educación que el Presidente McKay. En el año 1921, el élder Mckay efectuó una gira mundial (de un año de duración) de las misiones de la Iglesia, que lo llevó a muchos lugares y lo convirtió en el líder de la Iglesia que más viajes había efectuado hasta esa época. [2]  Profesionalmente, era un educador, y llevó su profesión a sus puestos eclesiásticos, que incluyeron ser el Superintendente de la Escuela Dominical y el Comisionado de Educación para las escuelas de la Iglesia. [3]  Para el Presidente McKay, el crecimiento internacional de la Iglesia significó un enfoque internacional en la educación en la Iglesia.  El crecimiento mundial del programa de seminarios e institutos, que permitió que se llegara a miles de estudiantes principalmente por medio del seminario matutino y los programas de educación en el hogar, fue una de sus mayores prioridades. Además, recibieron mayor atención las áreas con un crecimiento substancial de la Iglesia y donde la educación pública no era adecuada, como las Islas del Pacífico y la América Latina. Al principio de su administración la Iglesia abrió el Colegio de la Iglesia en Hawaii así como varias primarias y secundarias en las islas del Pacífico.  La expansión de las escuelas de la Iglesia en América Latina, principalmente en México, también fue el resultado del crecimiento de la Iglesia y la falta de recursos educativos en el país. [4]

            Durante la administración del Presidente McKay como profeta, la membresía de la Iglesia en México creció de menos de 8,000 en 1950, a más de 60,000 en 1970. [5] Aunque la Iglesia en México se estableció en el año 1885 como un lugar de refugio para que los primeros Santos practicaran el matrimonio plural, fue hasta medio siglo después que la Iglesia comenzó su dramático crecimiento en membresía.  Aunque las colonias mormonas del norte de México tenían un pequeño sistema de escuelas, la primera escuela de la Iglesia para los mexicanos empezó más al sur, en el pueblo de San Marcos, Hidalgo, un poco al norte de la Ciudad de México. [6]   Para el año 1915, los miembros y líderes locales empezaron a pedir a la Iglesia que fundaran escuelas de la Iglesia a fin de satisfacer las necesidades de la creciente membresía. Para los años 1930s los miembros contrataron maestros, fieles SUD, para que enseñaran a sus hijos. En el año 1944, los líderes eclesiásticos mexicanos hicieron una solicitud formal para que la escuela en San Marcos se incorporara al Sistema Educativo de la Iglesia. Para los años 1950s, los estudiantes mexicanos que no podían recibir una educación adecuada en sus lugares natales, eran enviados a las colonias mormonas debido a las oportunidades educativas que existían allí. [7]

            Con el crecimiento de la Iglesia en México y por las continuas solicitudes de parte de los miembros y los líderes en México pidiendo ayuda educativa, el President McKay formó un comité en el año 1957 para que evaluara la situación educativa en México y proporcionara recomendaciones para actuar. Nombró al élder Marion G. Romney, del Quórum de los Doce, como director del comité, y a Joseph T. Bentley, presidente de la Misión Mexicana del Norte, y Claudius Bowman como miembros.[8] Después de dos años de evaluación extensa, el comité reportó que el “gobierno mexicano estaba enfrentando dificultades para proporcionar las instalaciones educativas para el pueblo.” Informaron también, “en el año 1950 algunos nueve millones de mexicanos mayores de la edad de seis años no sabían leer ni escribir.”  Reportaron también que la tasa de analfabetismo estaba aumentando, “debido a que el aumento de la población es mayor que los avances en la educación.” Explicaron además, “el Departamento de Educación Federal ha indicado que tiene una necesidad urgente de mas escuelas, particularmente en las áreas urbanas. Se promueve que haya escuelas particulares, especialmente a nivel primaria.” [9]

            Como resultado, el comité recomendó que se construyeran de doce a quince escuelas primarias, con maestros miembros de la Iglesia, y que se estableciera un centro escolar y cultural en el norte de la Ciudad de México que incluiría una primaria, una secundaria, una preparatoria, y una normal. Indicaron que “esto bien podría formar el núcleo de un centro no solo para México sino para todas las misiones en América Latina.”  Continuaron: “Tenemos una gran obra por hacer en estas tierras. . . . desarrollar programas en base a las culturas locales. Los relatos y las ilustraciones para México deberían sacarse de la historia mexicana y de las vidas de los héroes mexicanos tales como Benito Juárez y Miguel Hidalgo. En nuestras actividades de la Mutual (Asociación de Mejoramiento Mutuo) deben presentarse las danzas y la música indígenas y mexicanas.” [10]

            Al año siguiente del reporte, la Iglesia  abrió trece escuelas primarias, con otras catorce en la etapa de planificación. Para el año 1962, a medida que estos estudiantes llegaban a la edad de graduarse, se hizo evidente la necesidad de escuelas secundarias. No solamente faltaban escuelas secundarias en el Sistema Educativo de la Iglesia, aunque se pensaba en tres y solamente había una en las colonias, sino que todo el país había una gran escasez de escuelas secundarias. De hecho, el 1 de septiembre de 1962, Adolfo López Mateos, el presidente de México, señaló en su Informe Presidencial la necesidad de escuelas secundarias y convocó a todos los que pudieran ofrecer una solución que ayudara:  “El esfuerzo educativo no descansa exclusivamente en el Estado,” enfatizó en su mensaje a la nación. “Dentro de los límites de sus posibilidades, el patriotismo de todos los ciudadanos debe tomar parte en esta gran obra.” [11] Usando la declaración del presidente de México junto con la evaluación de sus necesidades, Daniel Taylor, el superintendente de la Educación de la Iglesia en México, pidió la inmediata construcción de escuelas secundarias en México. [12]

El In​icio de la Nueva Escuela: La Contratación de Maestros y la Inscripción de Estudiantes

            En menos de un año después de esta solicitud, los líderes de la Iglesia crearon un plan maestro de construcción que se basaba en una proyección de 3,000 alumnos en cuatro escuelas diferentes: una escuela primaria para alumnos que vivieran cerca, con escuelas secundaria, preparatoria y normal con instalaciones para alojar a los estudiantes que vivieran lejos de la escuela. Para agosto de 1963, se encontró y se compró un terreno de 247 acres conocido como “El Arbolillo” e inmediatamente se designaron 60 acres para las instalaciones educativas. En octubre de ese mismo año se efectuó la ceremonia de rompimiento de tierra. Durante la ceremonia se anunció que el nombre de la escuela sería “Benemérito de las Américas” [13] con el cual se le rendiría homenaje a Benito Juárez, (el Abraham Lincoln de la América Latina). En su discurso. el élder Romney enfatizó el amor que sentía por México, su tierra natal, y profetizó que la escuela. llegaría a ser un “gran centro cultural de habla hispana”. Y agregó: “Su influencia llegará mucho más lejos que el Valle de México. . . . Se sentirá en toda la América Latina, incluyendo a América del Sur. Cientos de miles de personas vendrán acá.” Y también profetizó: “Al salir de aquí, ayudarán a que la nación mejore su educación, su cultura y su espiritualidad. Esta escuela preparará personas para un mejor futuro aquí en la tierra, y para una vida eterna en el mundo por venir,” [14]

            Con solo cuatro meses entre el rompimiento de tierra y el comienzo de la escuela, se necesitaba hacer mucho trabajo. Debían construirse los edificios, se debían elaborar los cursos de estudio, había que invitar a los alumnos y, de mucha urgencia, debían contratarse a los maestros. Durante la planificación de las escuelas, se le preguntó al Presidente McKay en donde iba a conseguir la cantidad suficiente de maestros calificados. Después de una breve pausa contestó: “Sigan adelante y organicen las escuelas, y el Señor proveerá los maestros.” [15]

            Más o menos en esa época, Efraín Villalobos, un estudiante de agronomía en la Universidad Brigham Young, regresó a su casa en San Marcos para las vacaciones de navidad.  Se enteró de que se estaba construyendo la escuela como a media hora de su casa y, por curiosidad, fue con su hermano a ver lo que se hacía.  Después de un rato de andar por allí, se empezaron a retirar cuando un hombre les hizo señas y le dijo a Efraín que el profesor Wagner, el director de la escuela y a quien había conocido unos años antes en las colonias, necesitaba verlo con urgencia. Sin vacilación el profesor Wagner le dijo: “Efraín, quiero que seas el encargado de la educación de los maestros en esta secundaria. Empezamos las clases este febrero [1964].” Esto sorprendió por completo a Efraín. “No, hermano Wagner,” contestó, “no me pida este favor. Hay tres cosas que nunca quiero ser en mi vida: cocinero, presidente de estaca, y maestro de escuela.”

Con un rostro de preocupación, Kenyon Wagner respondió con firmeza: “Tengo un problema serio. No he podido conseguir los maestros necesarios para que la escuela funcione. Es una bendición el que hayas aceptado venir a mi casa hoy. Mira Efraín” continuó, “tienes la oportunidad excepcional de servir a la juventud de la Iglesia, te invito a ser parte de esta gran experiencia.”

            Por unos momentos Efraín no pudo hablar. Cuando le preguntó al director cuando necesitaba la respuesta, Wagner respondió: “Ahora mismo.” Efraín contestó que solamente se podía comprometer por un año. Wagner le dijo que estaba bien, y que esperarían su regreso. [16]  En febrero, Efraín regresó a la Ciudad de México e inmediatamente fue asignado, junto con su esposa, Olivia, como los “primeros supervisores de casa,” y como el primer maestro de agronomía de la escuela, y fue nombrado asistente administrativo a cargo del desarrollo de los maestros. Efraín permaneció en la escuela por más de cuatro décadas.

            Otro posible maestro, Jorge Rojas, un buen amigo de Kenyon Wagner desde las colonias mormonas, estaba estudiando en la Universidad del estado de Nuevo México cuando recibió una llamada telefónica. “Jorge,” dijo Wagner, “la Iglesia está abriendo una nueva escuela en la Ciudad de México, y necesito tu ayuda para que enseñes inglés y educación física.” Jorge contestó que le encantaría hacerlo cuando terminara su último año de universidad y sirviera una misión. Wagner respondió de inmediato: “Quédate donde estás, y en quince minutos te volveré a llamar.”  Esta vez el presidente Ara Call, el presidente de la Misión Mexicana del Norte, fue quien le  llamó quince minutos después: “Estoy llamándote a una misión para la Iglesia en el Benemérito,” le dijo. “Abrirá en seis meses, y esa es la fecha en que empezará tu misión.” Jorge terminó el semestre y en febrero empezó a enseñar inglés y a ser el entrenador de basketball apartado como misionero de tiempo completo.

            Irma Soto estaba estudiando biología en una universidad local cuando conoció a los misioneros mormones y se convirtió. Como sabía que sus padres eran católicos firmes, decidió esperar hasta ser bautizada para decirselo a sus padres. Al saber que Irma había sido bautizada, su madre, enfurecida, tomó un cubo con desperdicios para los cerdos y lo vació sobre ella y gritó: “No solamente has sido bautizada por los mormones, sino por tu propia madre,” y le exigió que saliera de su casa. Pocos días después, y a semanas de haber sido bautizada, Kenyon Wagner invitó a Irma para que fuera la primera maestra de biología en el Benemérito, un puesto que ella aceptó muy agradecida.

            Las experiencias de Efraín, Jorge e Irma son similares a las de muchos de los maestros, empleados y estudiantes que asistieron al Benemérito. Con respecto a esas primeras personas, Kenyon Wagner, el primer director de la escuela, en su diario personal los comparó a los primeros pioneros de la Iglesia: “Tengo la firme convicción de que Dios escogió esta primera generación de maestros, empleados y estudiantes, para que tengan un papel integral en los inicios de esta escuela. Por medio de la fortaleza de cada uno,” continuó, “superaremos y podremos resolver los problemas. La fe que he visto entre ellos es muy impresionante.” [17]  Durante los siguiente años, se enfrentaron y resolvieron problemas serios, entre ellos, la primera muerte de un estudiante, el recibir permisos del gobierno, algo sin precedentes, para operar una escuela normal y, después de mucha oración y ayuno, conseguir los derechos de agua para el campus.

            Antes de que empezara la escuela, Efraín, Jorge e Irma y otros doce maestros que tenían poca o nula experiencia en la psicología o la pedagogía de los adolescentes, y varios de ellos se habían unido recientemente a la iglesia, recibieron la primera capacitación como maestros. Daniel Taylor, el superintendente de las Escuelas de la iglesia en México, mencionó las metas de la escuela. Expresó su deseo de que el Benemérito les diera a los estudiantes mejor educación que cualquier otra escuela, que los estudiantes consideraran la oportunidad de trabajar como un privilegio para aprender, que todos los estudiantes fueran iguales, que los maestros y los supervisores de casas consideraran a los estudiantes como hermanos menores, que tanto la educación escolar como la religiosa eran importantes y que se debía dedicar tiempo y esfuerzo para cada una, y finalmente, que todos los que estudiaran y trabajaran aquí “deberían vivir todo el  tiempo como miembros fieles de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.” [18] Aunque estaban tratando de llegar a ser expertos en sus respectivos campos, estos maestros entendieron que “el área de competencia más importante era el ser un auténtico discípulo de Jesucristo.”  Efraín comprendió muy pronto que “en el proceso de tratar de alcanzar yo mismo esta meta, pude inspirar a mis estudiantes tanto en lo académico como en lo espiritual.” [19]

            Habiendo sido contratada la primera generación de maestros y empleados, el 17 de febrero de 1964 los líderes y los maestros le dieron la bienvenida a los primeros 125 estudiantes de secundaria que venían de todo México. Un salón grande se usó con el doble propósito de ser aula de clase para todos los alumnos y el dormitorio para los varones. Durante la primera semana las jóvenes compartieron una casa, y se construyó una casa por semana durante las siguientes siete. Aunque las condiciones de vida eran espartanas, sin agua corriente, eran mejores que lo que la mayoría de los estudiantes habían tenido hasta ese punto en sus vidas. Wagner estimó que “el noventa por ciento de los estudiantes venían de familias pobres y solo el diez por ciento eran de hogares que pudieran ser considerados como clase media.” [20] Muchos de los estudiantes que vinieron a la escuela nunca antes habían dormido en una cama, o habían tenido un par de pijamas  y algunos daban muestras de mala nutrición.

            Por ejemplo, Abraham Martínez que había sido abandonado por su madre, pensaba salirse de la escuela y trabajar al terminar la primaria ya que en su pueblo no había una escuela secundaria a la cual poder asistir. “Afortunadamente, mi abuela, que fue la que me crió, hizo muchos sacrificios y me ayudó a prepararme para asistir al Benemérito.” Abraham vivió en el campus, en donde por primera vez, “todos los días se bañaba en regadera y comía tres veces al día.” [21]  Otro estudiante, cuya ropa estaba tan hecha girones que se podía ver la piel, al llegar a la escuela no tenía ropa interior y tampoco una segunda muda de ropa. [22] Miguel Velez Adame, otro estudiante, reconoció que él y sus amigos “se bautizaron para aprovechar la única oportunidad de recibir educación.” [23] Alfredo Mirón, uno de los primeros alumnos en inscribirse, había visto que su padre se emborrachaba y abusaba de su madre y de sus hermanos y se crió en absoluta pobreza durante años. Decidió que criaría una familia muy diferente a la propia. Después de conocer a los misioneros mormones, se unió a la Iglesia, y junto con su madre, hizo un viaje nocturno en autobús rumbo al Benemérito. Después de dormir allí una noche, su madre lo despertó y le dijo al partir: “Hijo, aquí te vas a quedar. Todo tu futuro depende de tí.” Durante los tres años siguientes Alfredo trabajó en distintos empleos en la escuela, y regresaba a su casa una vez al año para visitar a su familia. [24]                                             

La Vida Estud​​iantil

            Al comienzo de la escuela, los líderes de la Iglesia estaban ansiosos por educar a esos jóvenes. la mayoría miembros pobres, pero no querían repartir un subsidio, para que no dependieran de la Iglesia. “Creemos firmemente,” declararon, “que estos jóvenes y señoritas deben pagar por sí mismos tanto como sea posible para que no crean que se les debe dar todo.” [25] De hecho, uno de los factores principales en la compra del terreno para la escuela fue el hecho de que la propiedad era un rancho. En su propuesta para la compra del terreno, Daniel Taylor escribió al Consejo de Educación de la Iglesia: “Mi atracción se basa principalmente en la certeza de que nuestros miembros son muy pobres.” Y continuó: “Si van a asistir a nuestra secundaria y preparatoria deberán tener proyectos en los cuales puedan trabajar a fin de que se ganen la vida. A la vez, abastecerá a los dormitorios con mucho de lo que necesitarán para poder alimentar a los estudiantes.” [26] Cuando empezó el Benemérito, se requirió que todos los estudiantes trabajaran y se les dio una variedad de asignaciones. Dichos estudiantes trabajaron en el rancho, en el taller de mantenimiento, en la cafetería y en conserjería. Trabajaron como secretarios, jardineros, telefonistas, ayudantes de los entrenadores, y en una variedad de otros trabajos. Para la mayoría de los estudiantes el trabajo era necesario a fin de poder pagar su educación. Estos empleos dieron a los estudiantes una gran ética del trabajo y les dieron habilidades que podrían usar para poder  llegar a ser auto suficientes más adelante en sus vidas.

            Por ejemplo, Jesús Flores, era el mayor de cinco hermanos. Debido a la pobreza de su familia, ir a la escuela no estaba en las posibilidades de Jesús sino hasta que supo del Benemérito. Sin más dinero que el pasaje del autobús, cuando tenía doce años, Jesús dejó a su familia y se inscribió en el Benemérito. Muy emocionado explicó: “Aquí aprendí a usar un tenedor, dormí en una cama por primera vez, y supe como usar un retrete.” A Jesús se le brindó un trabajo inmediatamente. “Trabajé todo el año durante seis años, en los jardines, en las aulas de clases, pero principalmente en el rancho. Con el dinero que gané pagué mis estudios, compré mi propia ropa y pude ahorrar para poder ir a casa (solo) durante las vacaciones grandes.” En muchas ocasiones mientras que otras estudiantes regresaban a sus casas, Jesús se quedaba a trabajar, “Esto me ayudó a ahorrar lo suficiente para traer a mi hermana para que asistiera a la escuela y trabajara.” Antes de salir para su misión, Jesús pudo traer al Benemérito a todos sus hermanos. “La iglesia nunca me dio dinero; la Iglesia me brindó oportunidad,” dijo reflexivamente. “La Iglesia no solamente nos ayudó; hizo algo mucho mejor; nos dio la oportunidad de ayudarnos a nosotros mismos; nos dio la oportunidad de trabajar y de ser auto suficientes.” [27]

            Con el paso del tiempo, se redujeron las oportunidades de trabajar en el Benemérito. Cuando empezó la escuela, a todos los estudiantes se les requería que trabajaran el el campus y había suficiente trabajo ya que los estudiantes ayudaban en la construcción de nuevos edificios, trabajaban en el rancho, plantando árboles y cosas así.  Con menos necesidades y con empleados que hacían la mayoría del trabajo en el campus, en los últimos años solamente se podía emplear al 25 por ciento de los estudiantes. Por tanto, a diferencia de los primeros años, algunos estudiantes no pudieron asistir al Benemérito porque no había suficientes empleos que les permitieran pagar sus propios gastos.

            Aunque menos estudiantes estaban trabajando en el campus, se involucraron en otras maneras. El gobierno mexicano requería que los estudiantes participaran en algún tipo de actividad extracurricular, así que al correr de los años se pusieron a disposición de los alumnos. [28] Algunos de estos clubs y actividades eran: el drama, la carpintería, el grabado en vidrio, algunas reparaciones eléctricas, lecciones de manejo, manufactura de juguetes rellenos o eléctricos, grabado en madera, inglés conversacional, bordado y crochet, arte, coro, danza, periodismo, piano, orquesta, banda, así como equipos deportivos que incluían el basketball, el futbol americano, el futbol soccer y el atletismo. El Benemérito también tuvo otras actividades tales como el pintar la B cada año en un cerro cercano, los bailes, los programas de aniversario, emular a las Naciones Unidas, la semana misional, la semana cultural, el liderazgo estudiantil, las actividades del seminario y la graduación. El grupo de danza y los equipos deportivos del Benemérito se conocieron por todo el país y fueron reconocidos por otras escuelas del gobierno y privadas por sus talentos y habilidades. De hecho, otras escuelas decidieron no jugar en domingos a fin de que el Benemérito pudiera participar, ya que consideraban que era esencial para elevar la calidad de sus ligas. [29]

            El participar en actividades extracurriculares fue una nueva experiencia para muchos de estos estudiantes, especialmente para quienes se habían criado en la pobreza ya que los deportes y la cultura eran lujos que no se podían permitir. “Debido a que no tuve tiempo cuando era niño para participar en las actividades” dijo un estudiante, “cuando llegué a la escuela no sabía jugar ningún deporte.” Al hablar de la influencia de su entrenador dijo: “aprendí mucho acerca del futbol, pero aprendí más acerca de la vida.” [30]

            Una jovencita, Marcela Burgos, habló sobre lo que ganó con su participación en los deportes. “Tuvimos un buen entrenador que nos despertaba y nos ponía a practicar para las 6:00 am. . . Aprendí que el éxito no es gratuito sino que viene después de mucho sacrificio. Se requería  disciplina en todo. La puntualidad era muy importante, necesitábamos practicar con toda nuestra fuerza, y nunca aceptar la mediocridad.”  Estas actividades extracurriculares no fueron solamente benéficas para las personas, continuó, sino que ganaron gran “fama, respeto y confianza para la Iglesia.” [31]

            Quizás una de las actividades extracurriculares conocida mas ampliamente desde que comenzó oficialmente en el año 1972 fue el grupo de danza folclórica, que se presentó por México y los Estados Unidos, convirtiéndose en embajadores tanto de la escuela como de la Iglesia.  Al terminar cada programa, cantaban “Soy un Hijo de Dios” y “Llevaremos al Mundo Su Verdad,” los espectadores sentían un espíritu especial y hacían preguntas acerca de la escuela y de la Iglesia que la patrocinaba. “Los jóvenes entendían que eran misioneros,” explicó Guadalupe López Durán, que enseñó danza en el Benemérito por casi cuarenta años. “Llevan un mensaje por medio de la danza, el arte y la música. Con nuestras interpretaciones testificamos de la Iglesia.” [32]  Al paso de las décadas se ha hecho más común que las escuelas en México brinden mejores y más amplias actividades extracurriculares. Sin embargo, el Benemérito es recordado por sus extensas y excelentes actividades extracurriculares. De hecho, en el caso de muchos alumnos, la participación en estas actividades fue lo que los atrajo del Benemérito.

            La escuela cumplió con los requisitos académicos exigidos por el gobierno mexicano. Para el nivel de secundaria, a todos los estudiantes se les requería tomar español, matemáticas, física, química, inglés, geografía, historia universal, historia de México y biología durante los tres años. Además, en ciertas etapas de su educación, se les requería tomar arte, educación física, tecnología, e historia contemporánea. En el Benemérito también se requería un curso adicional: el seminario. Estas dos entidades con sus correspondientes cursos de estudio formaban la visión declarada de la escuela: “Ser un modelo de fuerza espiritual y de excelencia educativa.” [33] Desde que comenzó la escuela era obligatorio  asistir al seminario y a la Iglesia. Dos años después de que empezara la escuela, se construyeron una capilla y un edificio para el seminario. Debido a las leyes mexicanas, que prohibían “tener clases de religión o actividades religiosas de cualquier tipo, en edificios usados para propósitos escolares,” una pared de concreto separó al edificio de seminario del resto del campus. Sin embargo, debido a la mayor flexibilidad de las leyes mexicanas, esta pared fue removida recientemente. [34]

            A medida que aumentaban los estudiantes, se organizaron barrios estudiantiles bajo la dirección de obispos locales, muchos de los cuales eran maestros, “supervisores de casa” o empleados del Benemérito. Eventualmente, se formó en el Benemérito la Estaca Zarahemla. Los líderes de las organizaciones auxiliares también salieron de entre los empleados del Benemérito, pero los estudiantes mismos ocupaban la mayoría de los llamamientos, efectuaban las ordenanzas, daban los discursos, hacían las oraciones y enseñaban las clases. Esta estaca y estos barrios eran únicos en la Iglesia porque servían a estudiantes de preparatoria en vez de a alumnos universitarios.

            Muchas estudiantes consideran que el seminario y la actividad en la Iglesia fueron las experiencias más benéficas durante sus años en la escuela. Miguel Velez Adame, el estudiante mencionado antes y que se unió a la Iglesia para tener la oportunidad de recibir educación dijo: “Cuando salí de mi casa estaba temeroso, tenía muchas dudas y tenía mucha nostalgia. Nunca había salido de mi pueblo. No se que tan frecuentemente lloré ni cuantas lágrimas derramé al empezar este gran cambio en mi vida.” Su conversión espiritual comenzó cuando encontró en el campus un nuevo hogar espiritual. “Nunca olvidaré la paz que sentí cuando, al entrar en la reunión sacramental, la congregación estaba cantando ‘Oh hablemos con tiernos acentos.’ En ese momento sentí una paz indescriptible. Luego cantaron ‘Asombro me Da,’ tuve una sensación en mi pecho que es muy difícil de explicar. Al día siguiente me levanté para la oración familiar y la lectura de las escrituras, asistí al seminario, y esa noche tuvimos la noche de hogar.”  Continuó, “recuerdo las lecciones de mis maestros de seminario, pero fueron más importantes su ejemplo, su espiritualidad y sus testimonios. [35]       

            Además de la influencia del seminario y de los líderes eclesiásticos, muchos estudiantes del Benemérito atribuyen su crecimiento espiritual a sus “padres y familias substitutos.” A causa de la edad tan jóven e impresionable y las circunstancias de estos alumnos, los administradores de la escuela de la Iglesia sugirieron la construcción de casas, en las cuales los estudiantes vivieran en un ambiente familiar en donde los “padres substitutos” los cuidaran,  los entrenaran y les dieran ejemplo de una forma de vida propia de los SUD. [36]  Para muchos, el Benemérito fue mas que un internado; fue su casa ya que literalmente les ofreció la única familia que tuvieron. De hecho, el director reportó que de la primera generación de estudiantes, el 60 por ciento habían “sido abandonado por uno o ambos padres; o venían de un hogar roto por el divorcio.” [37]           

            Habiendo quedado huérfano de madre y abandonado por su padre, Jesús Gordillo se convirtió en el proveedor de su familia a la edad de once años. Un día mientras caminaba en las calles de la Ciudad de México “como vagabundo,” pasó por allí un autobús con el letrero “Sociedad Educativa y Cultural.” “Vi a los estudiantes y noté que estaban muy limpios. No me imaginé siquiera tener la oportunidad de ir allí.” Eventualmente, Jesús y sus hermanos terminaron en un orfanato en donde se le invitó a quedarse hasta que cumpliera los quince años.  Poco antes de su decimoquinto cumpleaños, la directora del orfanato le presentó a la familia López. Le explicó que esta familia tenía interés en llevarlo a su casa y darle educación. . No teniendo otra familia ni otros planes, Jesús aceptó esa invitación y fue llevado a la casa en donde ellos eran “padres substitutos”. Allí viviría hasta graduarse de preparatoria. “En el himno de la escuela hay un renglón que dice: ‘en la escuela un hogar encontré.’ Parecía que ese renglón se escribió justo para mí.” [38]

            El impacto del Benemérito en las futuras familias es un tema común. Vieron la vida familiar ideal en sus supervisores de casas, se les enseño la importancia de crear familias eternas, y muchos de ellos hasta conocieron a sus futuros cónyuges en el campus.  Kenyon Wagner le preguntó a Arturo Limón, mientras este jugaba futbol soccer en un campo cerca del Benemérito, a qué escuela iba. Cuando Arturo contestó que no iba la escuela, Kenyon le dijo que tenía la escuela perfecta para él, y que si Arturo quería, él le ayudaría a entrar. Pocos años después de asistir al Benemérito, Arturo se bautizó. “Se me introdujo a un nuevo estilo de vida, tuve una nueva identidad. Se me enseñó a ser líder y aprendí cómo debía ser una familia.” La futura esposa de Arturo también asistió al Benemérito. Después que ambos regresaron de sus misiones, empezaron a salir en serio, y viajaron a Provo, Utah en donde se casaron en el templo. “Ahora tenemos cuatro hijos, dos de los cuales han servido misiones,” comentó con entusiasmo. “Pudimos enseñarles a nuestros hijos, como padres a quienes se había enseñado en el Benemérito. Es una gran secuencia. Lo que aprendimos en el Benemérito lo usamos para criar a nuestra propia familia como ¡pioneros en México!” [39]  Kenyon Wagner, hablando de la primera generación de estudiantes y maestros, simplemente escribió en su diario: “Han llegado a ser miembros de mi propia familia y los amo como a tales.” [40]

            Cuando comenzó la escuela,  aproximadamente el 25 por ciento de los alumnos no eran Santos de los Últimos Días. A medida que la escuela ganó prestigio en lo académico y por sus actividades extracurriculares, muchos oficiales del gobierno empezaron a mandar allí a sus hijos. Al aumentar las alabanzas para la escuela, vino una propaganda positiva para la Iglesia. Una de los graduadas, originaria de un pueblo cerca de la Ciudad de México dijo: “Los misioneros fueron muy importantes en Chalco mi pueblo natal, pero la mejor herramienta misional fue el Benemérito. La gente supo de esta gran escuela, con jóvenes limpios y buenos maestros.” Y continuó: “Cuando era niña, en mi pueblo había una rama solamente. Ahora ese mismo pueblo tiene tres estacas. Entre nosotros se entiende comúnmente que esto sucedió debido a la influencia del Benemérito.” [41]

            Leona Wagner, la esposa del director, conocía la importancia de compartir el evangelio y tuvo muchas charlas misionales en su casa. Muchos estudiantes comentaron que si no eran miembros fieles de la Iglesia, ella trabajó con ellos hasta que lo fueron. Este énfasis en la obra misional se extendió por todo el campus. Por medio del programa de seminario, cada año, los estudiantes participaban en la semana misional, durante la cual se vestían y actuaban como los misioneros de tiempo completo. Durante esa semana recibían capacitación misional, y practicaban el rol de misioneros al dar las charlas misionales a otros estudiantes, y asistían a charlas especiales dirigidas por un presidente de estaca o por los líderes de área.

            Una práctica común durante la graduación es que la autoridad presidente haga que levanten la mano los estudiantes a fin de indicar quienes han enviado su recomendación misional o han recibido su llamamiento misional. La respuesta de los estudiantes es emocionante pues muchos ya recibieron sus llamamientos y hay muchos mas que los esperan muy pronto. En enero de 1999, los líderes de la Iglesia aprobaron que los jóvenes de 18 años, que ya habían terminado la preparatoria en México, podrían ser llamados como misioneros de tiempo completo. Desde entonces, cada año han sido llamados más de 500 jóvenes mexicanos de 18 años . [42]  Durante los últimos diez años, aproximadamente el 85 porciento de los varones graduados en el Benemérito han cumplido misiones de tiempo completo. [43] Elder Nelson que preside tanto el Consejo de Educación como el Comité Ejecutivo Misional, reconoció que fue el éxito de estos jóvenes misioneros mexicanos lo que llevó a la disminución de la edad misional para los élderes y las hermanas de toda la Iglesia. “Gracias a estos jóvenes élderes mexicanos, ellos ayudaron a iniciar este cambio de edad.” [44]

Por ​​Sus Frutos: El Impacto

            El élder Romney les dijo a la primera generación de graduados que ellos serían los grandes pioneros de un gran movimiento, “no solamente en la educación secular, sino para traer la luz del evangelio a la gente de este gran país.” Les animó a esforzarse por las cumbres más altas y les prometió las bendiciones del Señor mientras lucharan por sus metas. Los invitó a dar servicio a sí mismos, a sus familias y su país, y especialmente a Dios. [45] Les amonestó a “Que sean una fuerza maravillosa para esta nación: doctores, abogados, maestros, hombres de negocios, líderes en el gobierno. ¡Levántense y que brille vuestra luz! Sean Santos de los Últimos Días.  Usen su tiempo haciendo las cosas que el Señor ha dicho que son las de mayor valor que una persona puede hacer: ayudar a traer almas a Cristo. . . . Veo a esta institución de aprendizaje que la Iglesia ha edificado en este nación como uno de los grandes movimientos del mundo para llevar a cabo la salvación de la gente de esta nación. Es imposible medir la contribución que cada uno de ustedes hará.” [46]

            Aunque quizás sea imposible medir el impacto de estos ex-alumnos y maestros del Benemérito, un poco de estadísticas y algunas experiencias personales nos muestran un panorama más vívido.  Aunque hay otros factores que influyen en el crecimiento de la Iglesia en México, hemos dicho que al comienzo de la escuela había más o menos ocho mil miembros de la Iglesia en México y que muchos de ellos vivían en las Colonias Mormonas. Hoy hay más de un millón, lo que lo convierte en el país con mayor membresía de la Iglesia fuera de los Estados Unidos. Alrededor de veinticinco mil de ellos se han graduado del Benemérito y han producido una gran posteridad plantada en el evangelio de Jesucristo. Un reporte de los alumnos graduados en la primera década del Benemérito enlista a: una Autoridad General, cuatro Setentas de Área, doce representantes regionales, veintiséis presidentes de misión y cuarenta y tres presidentes de estaca. [47] Según un estudio reciente, de los Presidentes de Estaca que sirven actualmente en México, el veinticinco porciento son ex-alumnos del Benemérito. [48]                                                                            

            Efraín Villalobos, el primer maestro que mencionamos, fue uno que contribuyó. Aunque declaró que no quería ser cocinero, presidente de estaca o maestro, resulta que preparó y sirvió la comida para los estudiantes que vivieron en su casa, para sus propios hijos y para los misioneros que estuvieron bajo su dirección como presidente de Misión. [49]

            Magdalena Soto, que vio cuando su madre bañó con comida para puercos a Irma, su hermana mayor, también contribuyó. Después de graduarse del Benemérito, se graduó en biología y psicología y se unió a su hermana mayor como maestra en el Benemérito. Posteriormente se casó, y cuando tenía veinticuatro años, llegó a ser la esposa de un presidente de estaca. Criaron siete hijos activos. Todos, menos una hija, han servido misiones de tiempo completo, y todos están sellados en el templo. Una de sus hijas se graduó de la Escuela de Leyes J. Reuben Clark en BYU y ejerce abogacía en cuestiones de inmigración en Utah.  Su madre, se unió a la Iglesia un poco antes de su muerte. [50]

            Abraham Martínez, cuya abuela hizo muchos sacrificios para ayudarle a que asistiera al Benemérito, en donde por primera vez en su vida tuvo tres comidas al día y se baño en regadera por primera vez, explicó que hizo una misión después de graduarse de secundaria y de la escuela normal en el Benemérito. A su regreso de la misión fue maestro en el Sistema Educativo de la Iglesia en las escuelas primarias, como maestro de seminario e instituto, como director de instituto, como coordinador de área y recientemente, como el Director de Área del SEI en México. Además ha sido obispo, presidente de estaca y presidente de misión y actualmente sirve como Setenta de Área. Después de su relevo como presidente de misión, Martínez regresó a su empleo en el Benemérito. Escogiendo una casa de jóvenes varones cada semana, Martínez efectuó capacitación misional todos los días a las cinco y media de la mañana. Uno de los grandes momentos de su vida fue cuando recibió una carta de un misionero declarando que habían encontrado a la mamá de Abraham Martínez y la habían bautizado. “El impacto del Benemérito en mi vida es grande,” recordó,. “Ya sea como estudiante o como líder he vivido en este campus por más de veinte años. Aquí encontré a mi compañera eterna, y mis tres hijos nacieron aquí. Los jóvenes a quienes enseñé aquí bautizaron a mi madre. No existen palabras para expresar la gratitud que tengo para la escuela.” [51]

            Sin embargo, el impacto del Benemérito se extiende más allá de la familia y se extiende por la Iglesia y por México. “Muchos de los ex-alumos son presidentes de estaca, son dueños de empresas, son doctores y abogados. Cualquiera que sea su ocupación, utilizan los principios del evangelio que aprendieron como estudiantes aquí en el Benemérito.” nos dijo Martínez. Hablando sobre el impacto en la comunidad y el país Martínez explicó que muchos ex-alumnos se han dedicado a la política, incluso algunos han sido miembros del Senado mexicano, uno llegó a ser el Secretario de Salud en su estado. Al preguntarle al jefe de la policía como se comparaban los estudiantes del Benemérito con otros estudiantes en la Ciudad de México, respondió: “Si todos los estudiantes fueran como los que han asistido y están asistiendo al Benemérito, esta ciudad sería un lugar diferente. No habría crimen o sería muy poco. habría un mayor nivel de honradez y respeto. Sería un lugar mejor y más seguro para vivir. Nunca tenemos problemas con los estudiantes de esta escuela.” [52]  Al preguntarle que pensaba acerca del cierre del Benemérito, César, el director de relaciones públicas y reclutamiento de la Universidad del Valle de México, una de las universidades más grandes de México, contestó: “Yo creo que es horrible, México necesita más escuelas como el Benemérito, no menos. Los estudiantes que se gradúan de aquí tienen un nivel moral más elevado, Necesitamos más escuelas como esta no menos.” [53] Al preguntarle cómo se compara el Benemérito con otras escuelas, contestó: “Personalmente superviso a cerca de doscientas escuelas preparatorias. No existe otra escuela como el Benemérito. El Benemérito se enfoca en toda la persona. Reciben estudiantes de todo México, ricos y pobres, y se enfocan en ayudarles a que aprendan principios y vivan los valores de una buena persona de acuerdo a los lineamientos de la Iglesia mormona. . . . Los estudiantes del Benemérito sobresalen. Son confiables y capaces. En lugar de centrarse en sí mismos, han alcanzado un nivel en el que desean y pueden enfocarse a edificar a otros.”

            Alfredo Mirón, cuando se le preguntó la manera en que la escuela había afectado su vida, respondió: “El Benemérito me dio la visión para cambiar mi vida. Me casé en el templo y tengo cuatro hijos—tres de ellos asistieron al Benemérito— que tienen profesiones y se esfuerzan por ser buenos miembros de la iglesia.” Trabajé por años en el Sistema Educativo de la Iglesia, he sido obispo, presidente de estaca y presidente de misión y el director del Benemérito. Todo esto ha sido posible debido al Benemérito.” [54] Alfredo Mirón fue sostenido como Setenta de Área en la conferencia general de abril de 2013. Las experiencias fundamentales que adquirió como estudiante han impactado, y continuarán haciéndolo, a generaciones de personas dentro y fuera de la Iglesia, especialmente en México.                                                                            

            Jesús Flores, que trabajó en el Benemérito para pagar su propia educación y que pudo ahorrar suficiente dinero para traer a todos sus hermanos a la escuela, también fue impactado por el Benemérito. Como resultado de su gran trabajo, se le ofreció una beca para BYU en donde estudió inglés. Al terminar en BYU, regresó a México, en donde consiguió trabajo enseñando inglés como segundo idioma en el gobierno. En dicha posición ha sido muy influyente en las políticas educativas por todo México. “Debido a que la Iglesia me dio oportunidades increíbles,” declaró, “no solo pude pagar entonces por mí y mis hermanos, sino que pude elevar mi nivel de vida y pude proveer para mi propia familia y educar a mis propios hijos, y ojalá pueda hacer una pequeña diferencia en el mundo.” [55]

            Marcela Burgos, la jugadora de basketball y estudiante de la escuela normal, conoció a Jorge Rojas, quien sirvió como maestro y entrenador de basketball siendo misionero de tiempo completo. Con el permiso de sus padres, y con la aprobación sin precedentes del director Wagner, se casaron al día siguiente de la graduación. “No me quise casar con él antes de graduarme,” admitió. “Así que me vestí para la graduación y me gradué una noche, y al día siguiente usé ese mismo vestido y me casé con Jorge.” Juntos, han criado una familia magnífica y han sido de gran beneficio para la Iglesia en el mundo. Con el apoyo de su esposa, el hermano Rojas ha tenido muchos llamamientos, entre ellos ser el presidente de la misión México Guadalajara, dos veces ha sido presidente de estaca, y dos veces ha sido representante regional. Fue miembro del Segundo Quórum de los Setenta en el año1991. En el 2004, fue llamado como Setenta de Área y mas recientemente fue llamado como el presidente del templo en Guayaquil, Ecuador. “El Benemérito ha sido la oportunidad principal para miles de jóvenes como yo.” Declaró Rojas. [56]

            Después de salir de su pueblo natal por primera vez y habiendo sido influenciado por los himnos en la reunión sacramental, Miguel Velez Adame continuó su educación hasta la escuela normal en el Benemérito, en donde conoció a su futura esposa y con quien se casó en el templo de Mesa, Arizona. Usaron sus conocimientos al enseñar en las escuelas de la Iglesia y, con el tiempo,  abrieron su propia escuela primaria en su pueblo natal, “aplicando todo lo que que se les enseño en el Benemérito.” Al pensar en su experiencia de joven, él dijo: “Si tuviera que vivir mi vida otra vez, sin pensarlo, volvería al Benemérito.” [57]

Conclusión

           El 13 de noviembre de 1947, el élder Spencer W. Kimball, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, describió su visión de lo que este pueblo podría llegar a ser. “Tuve un sueño sobre su progreso y desarrollo”, declaró.

“Los vi como propietarios de muchos ranchos y huertos. . . . Los vi como el empleador, el dueño de bancos y negocios, . . . . como ingenieros y constructores. . . . Los vi en grandes puestos públicos y funcionar como los administradores de la tierra. Los vi como los jefes de gobierno. . . . y en puestos legislativos. . . . Vi a muchos de sus hijos llegar a ser abogados. Vi doctores. . . . dueños de industrias y fábricas. Los vi como propietarios de periódicos con gran influencia en los asuntos públicos. Entre ustedes vi a grandes artistas. . . . A muchos de ustedes los vi escribiendo libros y revistas y artículos y que tenían una influencia poderosa en la forma de pensar de la gente del país. . . . Vi a la Iglesia crecer a grandes pasos y vi barrios y estacas organizados. . . Vi un templo. . . . vi a sus hijos y algunas de sus hijas en misiones, no solamente por cientos sino por millares.” [58]

            Sin duda, el Benemérito de las Américas ha jugado un papel clave al ver los frutos de la visión del élder Kimball. Sin excepción, todos los elementos han sido cumplidos por los ex alumnos de esta escuela.

            Un mes después del anuncio, más de quince mil ex alumnos, de todo México y otras partes del mundo, se reunieron en el campus del Benemérito para saludarse y expresar agradecimiento por la oportunidad que se les brindó de asistir a tal escuela. Los sentimientos de gozo, humildad, fe y gratitud se expresaron libremente en los cantos, en la danza, en las charlas fogoneras, en las pláticas y en las reuniones. Aunque fue muy difícil y emotivo para muchos de ellos al ver que esta época llegaba a su fin, expresaron gratitud por la confianza que el Señor tuvo en el pueblo de México al abrir un nuevo centro de capacitación misional.  Cuando se le preguntó a Alfredo Mirón, el último director de la escuela, cuales eran los frutos del Benemérito, hizo un ademán con sus brazos para abarcar a toda la multitud allí reunida, y contestó simplemente. “Véalos.”

N​​otas


[1].- Jeffrey R. Holland, comentarios durante el anuncio de la transición del Benemérito a un Centro de Capacitación Misional, 29 enero de 2013, la transcripción está en poder de la autora; énfasis agregado.

https://www.youtube.com/wqtch?v=a047a5arSW8.

[2].- Richard O. Cowan, The Latter-day Saints Century (Salt Lake City: Bookcraft, 1999), páginas 160-161.

[3].- Cowan, Latter-day Century, páginas 160-161.

[4].- Cassey P. Griffiths, “The Globalization of Latter-day Saint Eudcation” (PhD. Diss. Brigham Young University, 2012), página 86.

[5].- Harvey L. Taylor, “The Story of L.D.S. Church Schools: (Salt Lake City: The Church of Jesus Christ os Latter-day Saints, 1971), 2:6.

[6].- Véase de LaMond Tullis, “Mormons in Mexico”, 1987, para estudios más comprehensivos de la historia de la Iglesia en México.

[7].- Griffiths, “Globalization of Latter-day Saint Education.” páginas 105-197.

[8].- Marion G. Romney and Joseph T. Bentley a la Primera Presidencia, 9 de diciembre de 1959, Joseph T. Bentley papers, container 3, file 5; L. Tom Perry Special Collections, Brigham Young University.

“Con fecha 11 de octubre de 1957, escribieron una carta para nosotros y el extinto Presidente Claudius Bowman de la Misión Mexicana en la cual nos dijeron: ‘Durante algún tiempo hemos estado considerando la posibilidad de establecer una escuela en México para acomodar a nuestra juventud en esa área. Hasta ahora, no se tomado una decisión con respecto a donde debe estar, que tipo de escuela sería quienes podrían asistir a ella. Nos gustaría hermanos que ustedes formaran un comité, presidido por el Hermano Romney, para investigar y estudiar esa situación con mucho cuidado y mandarnos sus recomendaciones al respecto.’” Antes y después de su llamamiento, Joseph T. Bentley era el contralor del Sistema de Escuelas Unificadas de la Iglesia.

[9].- Taylor, “Story of L.D.S. Church Schools.” 2:8.

[10].- Del élder Marion G. Romney y Joseph T. Bentley para la Primera Presidencia, agosto de 1959, el presidente Claudius Bowman también había sido nombrado miembro de este comité pero falleció en un accidente automovilístico con anterioridad a esta carta.

[11].- Memorándum de Daniel Taylor en 1962; Bentley Papers, L. Tom Perry Special Collections.

[12].- Para una comprensión más amplia acerca de la fundación del Benemérito de las Américas véase de Bárbara E. Morgan. “Benemérito de las Américas: El Comienzo de una Escuela Única en México,” BYU Studies Quarterly 52, num.4 (2013): páginas 89-116.

[13].- El Consejo de Educación de la Iglesia en México había acordado que la escuela llevara el nombre de “servidores civiles extraordinarios sin tomar en cuenta la influencia religiosa.” El consejo sugirió el nombre de Benito Juárez, uno de los grandes revolucionarios mexicanos, como el nombre del principal centro educativo de la Iglesia, pero dicho nombre ya se había usado para la escuela primaria en Ciudad Juárez, y en muchas escuelas por todo el país. Benemérito de las Américas (Benefactor de las Américas) fue un título honorario que el gobierno de la República de Colombia le concedió a Juárez el 1 de mayo de 1865. Véase “Matías Romero: Mexican Minister to the United States during the Juarez-Maximilian Era” por Robert Ryal Miller, Hispanic American Historical Review 45, num. 2 (mayo de 1965): páginas 228-245; y el título fue aceptado en toda Latino América como un honor que le debían al indio presidente de México que había instituido una constitución muy parecida a la Constitución de los Estados Unidos. El nombrar así a la escuela la distinguiría de las demás y no solamente le mostraría honor a este gran líder mexicano, sino que incluiría los sentimientos de toda Latino América, y la separaría de las escuelas católicas. Para mayor información acerca de Benito Juárez, véase A Life of Benito Juarez: Constitutional President of México de Ulick Ralph Burke, (London: Remington, 1894.)

[14].- Marion G. Romney, discurso en la ceremonia de rompimiento de tierra, 4 de noviembre de 1963, Church History Library, Salt Lake City.

[15].- Taylor, “Story of L.D.S. Church Schools.” 2:12.

[16].- Efraín Villalobos, historia verbal, entrevista efectuada por Bárbara Morgan el 20 de febrero de 2013 en la Ciudad de México, la entrevista está en poder de la autora.

[17].- A. Kenyon Wagner y Leona F. Wagner, Historia del Centro Escolar Benemérito de las Américas (no publicada, México,. D. F.), página 15.

[18].- Taylor, “Story of L.D.S. Schools,” 2: 18.

[19].- G. Arturo Limón D., La Gratitud Es (n.p.nd), página 91.

[20].- Wagner y Wagner, Historia, página 25.

[21].- Abraham Martínez, historia verbal, entrevista efectuada por Bárbara Morgan el 22 de febrero de 2013, en la Ciudad de México.

[22].- Clark V. Johnson, “Mormon Education in Mexico: The Raise of the Sociedad Educativa y Cultural” (PhD Diss, Brigham Young University, 1976), página 166.

[23].- Limón, La Gratitud Es, página 145.

[24].- Alfredo Mirón M., Autobiografía (n.p. n.d.), en poder de la autora.

[25].- Memorándum de Harvey L. Taylor y Joseph T. Bentley a Ernest L. Wilkinson, el 30 de diciembre, Joseph T. Bentley papers, L. Tom Perry Special Collections, C-5, F-3 Johnson 124.

[26].- De Daniel P. Taylor a Joseph T. Bentley, 20 de septiembre de 1960, Joseph T. Bentley papers, L. Tom Perry Special Collections, C-5, F-3.

[27].- Jesús Flores, historia verbal, entrevista hecha por Bárbara Morgan el 18 de febrero de 2013, Ciudad de México; la entrevista está en poder de la autora.

[28].- Taylor, “Story of L.D.S.Schools,” 2:36.

[29].- Para una mayor comprensión contextual de la educación en México, véase de Lucrecia Santibañez, Georges Vernez y Paula Razquin, Education in Mexico: Challenges and Opportunities (Santa Monica, CA: Rand, 2005).

[30].- Limón, La Gratitud Es, páginas 143-150.

[31]. Limón, La Gratitud Es, página 123.

[32].- Guadalupe López Durán, historia verbal, entrevista efectuada por Bárbara Morgan el 20 de febrero de 2013, Ciudad de México, la transcripción en poder de la autora.

[33].- Carlos Zepeda, “Plan Estratégico B. de A. 2003–2008", en poder de la autora.

[34].- Véase de Taylor, “Story of L.D.S. Schools”y de Johnson, “Mormon Education in Mexico.” página 183. La pared ya no existe y los estudiantes pueden caminar libremente entre los edificios del campus.

[35].- Limón, La Gratitud Es, páginas 143-150.

[36].- Taylor, “Story of L.D.S. Church Schools,” 2: 18.

[37].- Taylor, “Story of L.D.S. Church Schools,” 2: 30.

[38].- Limón, La Gratitud Es, páginas 137-142.

[39].- Arturo Limón, entrevista efectuada por Bárbara Morgan en la Ciudad de México el 17 de febrero de 2013. La transcripción está en poder de la autora.

[40].- Wagner y Wagner, Historia, página 15.

[41].- Una mujer de Chalco, historia verbal, entrevista efectuada por Bárbara Morgan en la Ciudad de México el 13 de febrero de 2013; en poder de la autora.

[42].- Russell M. Nelson, discurso en el Benemérito de las Américas, 29 de enero de 2013, la transcripción está en poder de la autora. https://www.youtube.com/watch?v=a047a5arSW8.

[43].- Abraham Lozano, un reporte estadístico del Benemérito, 21 de febrero de 2013, en poder de la autora.

[44].- Russell M. Nelson, discurso en el Benemérito de las Américas, 29 de enero de 2013, la transcripción está en poder de la autora.

[45].- Élder Marion G. Romney, Antorcha del Chiquihuite, 1964-1966 , ceremonia de graduación, 26 de octubre de 1966.

[46].- Élder Marion G. Romney, Antorcha del Chiquihuite,  ceremonia de graduación, 26 de octubre de 1966.

[47].- Wagner y Wagner, Historia, páginas 143-145.

[48].- Mensaje electrónico enviado por Abraham López (asistente al director del Benemérito, del 2012 al 213), a Bárbara E. Morgan, el 20 de febrero de 2013.

[49].- Efraín Villalobos, entrevista efectuada por Bárbara Morgan.

[50].- Magdalena Soto, historia verbal, entrevista efectuada por Bárbara Morgan el 6 de junio de 2013, Provo, UT.

[51].- Abraham Martínez, historia verbal, entrevista efectuada por Bárbara Morgan el 12 de junio de 2013, Ciudad de México, la transcripción en poder de la autora.

[52].- Jefe de la Policía, Ciudad de México, entrevista efectuada por Bárbara Morgan, 21 de febrero de 2013, la transcripción está en poder de la autora.

[53]. César Muñoz Vega, historia verbal, entrevista efectuada por Bárbara Morgan, 20 de junio de 2013, Ciudad de México, la transcripción está en poder de la autora.

[54].- Alfredo Mirón, entrevista con Bárbara Morgan, 18 de febrero de 2013, la transcripción está en poder de la autora.

[55].- Jesús Flores, entrevista por Bárbara Morgan.

[56].- Jorge y Marcela Rojas, historia verbal, entrevista por Bárbara Morgan, 12 de junio de 2013, Ciudad de México, la entrevista está en poder de la autora.

[57].- Limón, La Gratitud Es. página 151.

[58].- Dell Van Orden, “Emotional Farewell in Mexico,” Church News, 19 de febrero de 1977, página 3. Véase también de Eduardo Balderas, “Great Hopes for Future Held Out to Lamanites in Third Conference,” Church News, 15 de noviembre de 1947, páginas 1, 12.