DAVID O. Mc​KAY: UN PADRE Y ABUELO CREATIVO

By Mark D. Ogletree

EL RINCÓN DEL HISTORIADOR

 

DAVID O. Mc​KAY: UN PADRE Y ABUELO CREATIVO

Por Mark D. Ogletree

Mark D. Ogletree (mark_ogletree@byu.edu) es profesor asociado de Historia de la Iglesia en BYU.

            Ciertamente, hay una escasez de modelos de paternidad en nuestro país. Hasta no hace mucho tiempo, los hombres no tenían que buscar muy lejos los ejemplos de paternidad. Los modelos se podían encontrar en el hogar, en la comunidad y en los medios de comunicación. Sin embargo, han pasado décadas desde que un modelo de paternidad sólido y firme se nos presentó en el horario estelar en la televisión.

            En vez de eso, durante los últimos veintitantos años, en los medios de comunicación, entre los grupos de intereses  especiales, y en la televisión, se ha presentado a los padres, como no aptos e inadecuados, y eso siendo muy optimistas. La forma de pensar predominante acerca de la paternidad es: un rol social que los hombres, si bien les va, desarrollan torpemente. Por ejemplo, la televisión contemporánea presenta en el horario estelar a estos “padres ineptos” como conflictivos, perturbados, regordetes, generalmente incompetentes y no muy brillantes. [1]

            ¿En dónde pueden buscar los modelos de paternidad los hombres modernos? Con tan pocos modelos de paternidad en nuestra cultura, parece ser que los hombres tienen cada vez menos lugares a donde acudir. En una encuesta llamada “Father Attitudes Survey” [Encuesta sobre las Actitudes de los Padres], el 74 por ciento de quienes respondieron indicó que buscaban en otros hombres o padres los ejemplos y los recursos para mejorar su propia paternidad. Irónicamente, solo el 62 por ciento buscó esos ejemplos paternales en sus propios padres. [2] El Presidente Spencer W. Kimball ayudó a los padres Santo de los Últimos Días a saber en donde buscar esos ejemplos paternales. El Presidente Kimball explicó que además de los propios padres y parientes cercanos, “todos necesitamos héroes para honrar y admirar; necesitamos personas a quienes podamos usar como modelos para nuestra vida. Para nosotros, Cristo es el principal. . . . Cristo es nuestro modelo, nuestro prototipo, nuestra guía y nuestro amigo. Tratamos de ser como Él a fin de poder estar siempre con Él. En menor grado, los apóstoles y profetas que han vivido como Cristo lo hizo, también pueden ser ejemplos para nosotros.” [3] Uno de tales héroes o modelos como hombre, padre y profeta fue David Oman McKay. Este artículo tratará de demostrar la forma en que David O. McKay se conectó con sus hijos, al cuidarlos, amarlos y disciplinarlos.

            El Presidente McKay habló acerca del matrimonio y la familia más que cualquier otro líder de la Iglesia de esta época. Él creía activa y profundamente en la familia y vivió de acuerdo con sus enseñanzas sobre la vida familiar. David O. McKay se casó con Emma Ray Riggs, y juntos tuvieron siete hijos. Durante las décadas de 1950 y 1960, la mayoría de los miembros de la Iglesia vieron al Presidente y a la Hermana McKay como modelos para la  felicidad en la vida familiar. Hoy en día, el Presidente McKay aún permanece como un sano y digno ejemplo de paternidad. Si los hombres quieren tener éxito como padres, deben estudiar la vida del Presidente McKay.

            Al igual que los padres contemporáneos que trabajan largas horas y viajan extensamente en sus empleos, David O. McKay estuvo ocupado, aún más ocupado que la mayoría de los hombres de esta generación. Por ejemplo, a diferencia de la mayoría de los hombres que son llamados al Quórum de los Doce, David O. McKay no fue llamado en el ocaso de su vida, sino que tenía hijos pequeños en su hogar durante su servicio en el Quórum de los Doce y la Primera Presidencia.

            He tenido el privilegio, como escritor e investigador, de leer los diarios y las cartas personales del Presidente McKay. He descubierto que fue un padre asombroso, a pesar del hecho de que viajó extensamente cuando sus hijos eran pequeños y de que a una edad relativamente joven se impuso sobre sus hombros una gran responsabilidad en la Iglesia.

            Los padres modernos, a pesar de sus horarios ocupados, pueden sacar fuerzas y obtener conocimiento del ejemplo del Presidente McKay acerca de cómo conectarse con sus hijos. El Presidente McKay comprendió que el tiempo es un recurso valioso, y puesto que tenía muy poco, necesitó preparar las oportunidades para hacer buen uso del tiempo cuando estaba en su casa. Por tanto, creó experiencias para su familia en las cuales pudieran divertirse, relajarse, y disfrutar la compañía de unos y otros. Por ejemplo, una de las actividades favoritas del Presidente McKay era pasear en trineo. En todas las vacaciones de Navidad, llevó a sus hijos y nietos a pasear en trineo aunque él ya tenía más de ochenta años. Su hijo Lawrence relató que era muy divertido ver a su padre paseando a sus hijos y nietos, “usando guantes y un abrigo grueso y largo de mapache y sonriendo de oreja a oreja.” [4]  En el año 1939, mientras Thomas, el hermano de David, estaba sirviendo como presidente de misión en Europa, David le escribió: “¿Te contó alguien del paseo en trineo que hicimos con nuestros nietos, incluyendo a sus padres, Lawrence, Mildred y Llewelyn? Fue algo glorioso, ¡otra vez disfrutamos la alegría de nuestra juventud!” [5] Eso debió ser importante para el Presidente McKay para que lo haya mencionado en una carta. Además, el Presidente McKay también organizaba otras actividades con sus hijos y nietos, tales como: juegos de baseball o de croquet, a fin de crear más oportunidades de estar más tiempo juntos.

            Los padres y abuelos fuertes usualmente están dispuestos a crear un ambiente que fomente los recuerdos familiares y la diversión familiar. En la actualidad, muchos abuelos contemporáneos se mudan a departamentos pequeños, o a condominios o a centros de vida asistida. Uno de los beneficios importantes de esta “reducción” es que no tienen que trabajar en el jardín ni en el mantenimiento de la propiedad. Sin embargo, esas viviendas no son precisamente “adecuadas para los niños” debido a que raramente tienen cosas que hacer en el “condo” de los abuelos. David O. McKay y Emma Ray resolvieron ese problema de otra manera.

            Después de vivir durante muchos años en un departamento en Salt Lake City, decidieron comprar una casa en esa misma zona. Por tanto, compraron una casa de dos pisos hecha con ladrillo rojo en el número 1037 oriente de la calle South Temple. La casa tenía un patio “en donde los nietos exuberantes podían agotar las energías reprimidas, a la vez que estaban cerca de la supervisión—y la alegría—de los abuelos.[6]        

            Aquí vemos a un patriarca creando el ambiente en su casa para que todos puedan reír y pasar un rato agradable. [7] Siempre estuvo dispuesto a crear oportunidades espirituales, intelectuales, de entretenimiento y deportivas para su familia. Como resultado, estos legados han pasado por las generaciones. Los recuerdos creados por el Presidente McKay continúan uniendo a la familia en la actualidad. El Presidente McKay comprendió que la familia era su prioridad más importante. Aunque era muy ocupado, al estar con su familia, creó las oportunidades, los recuerdos, y fortaleció las relaciones.

Notas


[1]. - J Warren, “Media and the State of Fatherhood,” en Father Facts, 5ª edición (National Fatherhood Initiative 2007), página 11.

[2]. - Fathering Attitudes Survey (National Fatherhood Initiative, 2006), página 24.

[3]. - Spencer W. Kimball, “Preparing for Service in the Church,” Ensign, mayo 1979 página 47.

[4]. - Spencer W. Kimball, “Preparing for Service in the Church,” página 70.

[5]. - Thomas E. McKay Papers, cartas enviadas y recibidas por Thomas E. McKay y su hermano David O. McKay, MSS 1442, caja I, folder 3, en la biblioteca Harold B. Lee de la Universidad Brigham Young.

[6]. - Francis Gibbons, Apostle to the World, Prophet of God (Salt Lake City: Deseret Book, 1986), página 188.

[7]. - David y Emma Ray también fueron excelentes abuelos. En su hogar en Salt Lake City estaban frecuentemente sus nietos. Para la Cena de Navidad, usualmente los adultos se sentaban alrededor de la mesa grande y los niños comían los alimentos en varias mesas de juego. En una Navidad, los adultos estaban riendo alegremente mientras los nietos, sentados en sus mesas de juego, se preguntaban a qué se debía el alboroto. Una nieta preguntó el porqué se reían ya que ellos no podían oir. De inmediato, el Presidente David O. McKay cambió la tradición familiar, pues dijo: “La Navidad es para los niños.” De ahí en adelante, los niños se sentaron a la mesa grande, y los adultos en las mesas de juego, que ahora ya estaban más cerca de la mesa principal. ¡Ahora todos podían reirse juntos! David Lawrence McKay, entrevista hecha por Gordon Irving, en el Programa de Historia Verbal de James Moyle, Salt Lake City: enero—mayo de 1984. MS 200 734, 132. Biblioteca de Historia de la Iglesia en Salt Lake City.