Para aprender y enseñar más eficazmente

By Richard G. Scott

Richard G. Scott, "Para aprender y enseñar más eficazmente," en Buscad Diligentemente​, ed. Richard Neitzel Holzapfel y Kent P. Jackson, trad. Nefi Treviño y Fernando Dealba (Provo, UT: Religious Studies Center, 2010), 16–29.

Para aprender y enseñar más eficazmente

Élder Richard G. Scott

 

El Élder Richard G. Scott es miembro del Quórum de los Doce Apóstoles.

 

Este discurso fue dado durante la Semana de la Educación de la Universidad de Brigham Young, el 21 de agosto de 2007.

 

Al comenzar esta Semana de la Educación número ochenta y cinco, de la Universidad de Brigham Young, al igual que tú me siento muy emocionado esperando grandes momentos de inspiración. Te felicito por tu decisión de participar en esta actividad extraordinaria con el fin de aprender y perfeccionarte por medio de las experiencias que se compartirán. En todo el mundo no hay nada comparable en alcance y calidad. Comparto también contigo la sed constante y continua de mejorar y progresar a través de todos los medios de instrucción que el Señor nos ha dado.

Al viajar por todo el mundo es evidente que el conocimiento significa poder. Algunos lo utilizan para su propio beneficio, mientras que otros lo emplean de una manera incorrecta, limitando en gran manera a otras personas el uso de su albedrío. Pero hay también quienes usan su conocimiento, experiencia y talentos para elevar, animar, motivar y bendecir a los demás. Tengo confianza en que tú pertenezcas a este grupo, y que no sólo recibas beneficios por el tiempo y el esfuerzo que inviertas aquí, sino que otras personas reciban también ayuda gracias a la forma en que apliques y compartas lo que hayas aprendido. Sigues la admonición del Señor: “Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (DyC 88:118).

El tema de este año, “Ya rompe el alba”, es en verdad muy apropiado, ya que resalta la maravillosa Restauración del Evangelio en esta dispensación. Cualquier estudiante de historia sabe que la Restauración de la Iglesia, con su doctrina pura, la autoridad del sacerdocio y la guía divina, inició una avalancha de descubrimientos, albor e invenciones que siguen engrandeciendo poderosamente a la humanidad. ¡Cuán agradecido estoy con nuestro Santo Padre por la restauración de la verdad que recibimos por medio del profeta José Smith para beneficiar a la humanidad. José Smith es el ejemplo inspirador de una persona que durante su breve vida buscó continuamente el conocimiento y, de buena voluntad, lo compartió con los demás, aun cuando ello finalmente le costara la vida.

Mi intención aquí es la de compartir algunos pensamientos acerca de cómo aprender y enseñar más eficazmente.

Cómo aprender más eficazmente

Hay una gran cantidad de medios disponibles por los que podemos aprender y ser perfeccionados. Algunos de ellos incluyen el estudio formal, la meditación, el análisis, la experiencia personal, la observación cuidadosa, la guía de los demás, la observación de ejemplos de personas que admiramos, el servicio de buena voluntad y el aprender lecciones por medio de nuestros propios errores. No sería posible identificar, aún en forma básica, la enorme cantidad de modos por los cuales se obtiene información y se logra experiencia. Por esta razón yo he decidido hablar acerca de lo que para mí es el camino más eficaz hacia la verdad y hacia la fuente inagotable de la guía y la inspiración de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Amado. Ese medio es la guía espiritual que recibimos mediante la inspiración del Espíritu Santo. Juntos colocaremos el cimiento para comprender la guía espiritual y para hablar sobre la manera de obtenerla y compartirla. Mi deseo sincero es motivarte a expandir tu capacidad para ganar conocimiento para tu beneficio eterno y la bendición de aquellos con quienes lo compartas.

También mencionaré algunas de las verdades importantes que he aprendido al buscar la guía del Espíritu Santo. Y como reconozco que muchos están aquí por el deseo de ayudar a otros a aprender y a vivir la verdad, voy a sugerir algunas maneras de enseñar esas verdades. Sería mucho más fácil para mí si pudiéramos tener una conversación personal, frente a frente. Por suerte, casi siempre vas a tener el privilegio de promover la interacción con aquellos a quienes enseñes, aunque sea uno a uno, con algún miembro de la familia. Tus instrucciones serán de más beneficio y duraderas si promueves la participación.

Para comenzar voy a compartir una verdad del Evangelio que, si se comunica eficazmente y se utiliza en forma constante, hará que valgan la pena todo el sacrificio que hayas hecho para asistir a la Semana de Educación Aunque sea lo único que aprendas aquí, te ayudará a obtener mayor beneficio durante esta hora que pasaremos juntos, debido a lo que hayas logrado durante tu participación aquí o en otros eventos importantes a lo largo de tu vida. Noto que muchos han venido preparados para tomar apuntes sobre lo que van a escuchar, y aunque eso les será de gran beneficio, compartiré un patrón que les dará aún más acceso a la verdad. El principio se resume en esta declaración:

Durante el resto de mi vida, me esforzaré para aprender por medio de lo que escuche, vea y sienta. Escribiré las cosas importantes que aprenda y las pondré en práctica.

Te sugiero que escribas esto. Si terminara ahora este mensaje ya habrías aprendido uno de los modos de aprendizaje más significativos que yo podría impartirte. Si el principio que acabo de compartir no te parece importante, piénsalo otra vez. Muchas de las lecciones que he aprendido y atesorado las he aprendido al seguirlo cuidadosamente.

Cómo responder a las impresiones espirituales

Tú puedes aprender cosas de vital importancia por lo que escuchas y ves y, aún más, por lo que sientes al recibir la inspiración del Espíritu Santo. Muchas personas limitan su aprendizaje principalmente a lo que escuchan o leen. Sé más sabio. Cultiva la habilidad de aprender por medio de lo que ves y especialmente por lo que el Espíritu Santo te haga sentir. Esfuérzate consciente y continuamente por aprender de acuerdo con lo que sientas. Tu capacidad para hacerlo aumentará a medida que lo practiques. Se requiere mucha fe y voluntad para aprender por medio de lo que sientes por el Espíritu. Pide con fe esa ayuda y vive para ser digno de recibir esa guía.

Escribe en un lugar seguro las cosas importantes que aprendes por medio del Espíritu. Verás que al escribir una impresión preciada para ti, a menudo recibirás otras más que de ninguna otra manera hubieras recibido, y a la vez, el conocimiento espiritual que hayas obtenido estará a tu disposición durante el resto de tu vida. Hazlo día y noche; dondequiera que estés, sin importar lo que estés haciendo, esfuérzate siempre por reconocer y responder a la dirección del Espíritu. Ten disponible un trozo de papel o una tarjeta para anotar la guía que recibas.

Expresa gratitud al Señor por esa guía espiritual y obedécela. Esa práctica reforzará tu capacidad para aprender por medio del Espíritu y servirá para aumentar la guía del Señor en tu vida. Aprenderás más al actuar sobre el conocimiento, la experiencia y la inspiración que se te comunica por medio del Espíritu Santo.

La guía espiritual es la dirección, la iluminación, el conocimiento y la motivación que recibes de Jesucristo por medio del Espíritu Santo. Es la instrucción personalizada adaptada a tus necesidades individuales por Alguien que las comprende perfectamente. La guía espiritual es un don de valor incomparable otorgado a quien lo busca, y se mantenga digno de recibirlo y exprese gratitud por él.

Las Escrituras definen cómo podemos ser dignos de recibir guía espiritual. El élder Bruce R. McConkie ha aconsejado con sabiduría: “Sin importar con cuánto talento cuenten algunas personas en asuntos administrativos, lo elocuentes que sean para expresar sus puntos de vista o lo eruditos que sean en las cosas del mundo, se les negarán los dulces susurros del Espíritu, que podrían haber sido suyos, a menos que paguen el precio de estudiar, meditar y orar acerca de las Escrituras”. [1]Durante mucho tiempo, por medio de la oración y la meditación de los pasajes de las Escrituras pertinentes, he encontrado el siguiente patrón para obtener valiosa dirección espiritual.

Para obtener la guía espiritual y obedecerla con sabiduría, se debe hacer lo siguiente:

• Buscar la luz divina con humildad.

• Ejercer fe, especialmente en Jesucristo.

• Esforzarse diligentemente por guardar Sus mandamientos.

• Arrepentirse constantemente.

• Orar continuamente.

•Dar oído a la guía espiritual.

•               Expresar gratitud por la guía recibida. 

Espero que esta sugerencia te sea de beneficio en la búsqueda de guía espiritual.

Cómo enseñar a los demás a aprender por medio del Espíritu

Ahora repasaremos cómo se podría enseñar a los demás el principio de la enseñanza que mencioné anteriormente. Primero, recomendaría que cada persona que reciba esta enseñanza escriba el principio: Durante el resto de mi vida, me esforzaré para aprender por medio de lo que escuche, vea y sienta. Escribiré las cosas importantes que aprenda y las pondré en práctica.

Después, explicaría cómo utilizar cada una de las tres vías de comunicación: escuchar, ver y sentir. Además, comprometería a cada uno a vivir el principio, pues cada estudiante que lo haga será bendecido con una mayor dirección inspirada.

Luego ilustraría con la siguiente serie de presentaciones gráficas cómo mejorar el aprendizaje.

Estoy convencido de que no hay ninguna fórmula ni técnica sencilla que yo podría dar o que se le podría dar a los alumnos para facilitarles inmediatamente la habilidad de dejarse guiar por el Espíritu Santo. Tampoco creo que el Señor permitiría que alguien concibiera un patrón que invariable e inmediatamente abriera las vías de comunicación espiritual. Nosotros progresamos cuando nos esforzamos por reconocer la guía del Espíritu Santo al tratar de todo corazón comunicar nuestras necesidades a nuestro Padre Celestial en los momentos de dificultad o de rebosante gratitud. Cada vez que lo hacemos, damos otro paso para cumplir con el propósito de estar aquí en la tierra.

Nuestro Padre espera que aprendamos a obtener esa ayuda divina al ejercer nuestra fe en Él y en Su Santo Hijo. Si nosotros recibiéramos la guía inspirada con tan solo pedirla, llegaríamos a ser débiles y más dependientes de Él; que sabe que el esencial progreso personal se obtiene al esforzarse por aprender la forma de dejarnos guiar por el Espíritu. Ese esfuerzo forja nuestro carácter inmortal al perfeccionar nuestra capacidad para conocer Su voluntad por medio de los susurros del Espíritu Santo. Lo que a simple vista parece una tarea desalentadora llegará a ser más fácil con el tiempo si tratamos reconocer constantemente los sentimientos que despierta el Espíritu. También se fortalecerá nuestra confianza de la dirección que recibamos por medio del Espíritu Santo.

1. Mi intención es mostrarte algunas maneras en las que puedes ayudar a los demás a ser merecedores de recibir la guía del Espíritu y a darse cuenta de que cuando se recibe una dirección, se debe anotar y obedecer.

2. Aquellos a quienes enseñas viven en un mundo sujeto a desafíos y tentaciones. Estoy convencido de que sin la ayuda del Espíritu las personas tendrá dificultad para evitar transgredir en el mundo de hoy. Si toman decisiones incorrectas, serán esclavizado por el pecado.

3. Puedes animar a un estudiante a vivir de manera que el Espíritu influya en él y a reconocer Su guía para que sea bendecido por medio de la obediencia a Su dirección. En ese proceso, puedes tener una función realmente importante.

Al enseñar la doctrina apropiada y explicar cómo el Señor se comunica por medio del Espíritu, los estudiantes experimentarán la guía del Espíritu. Ellos aprenderán los principios sobre los cuales se basa dicha comunicación, y al aplicar esos principios, tomarán entonces decisiones correctas.

4. Con demasiada frecuencia la relación del maestro con el alumno se limita a dar consejo con poca o ninguna interacción. A menudo, no se explican las razones por las cuales hay mandamientos, reglas y normas. El maestro llega a ser como un presentador de noticias, recitando información sin tomar en cuenta a los oyentes.

La mayor parte de la enseñanza en el mundo se basa en uno de los cinco sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, pero en el aula, se puede enseñar por el poder del Espíritu.

5. Esa comunicación comienza cuando se anima a cada una de las personas a las que se enseña a participar en lugar de que sean oyentes pasivos. De esa manera se puede medir la comprensión de lo que se enseña, crear un sentimiento de propiedad y también aprender de ellos. Y aún más importante, es la decisión de participar, la cual es un ejercicio del albedrío que permite que el Espíritu Santo comunique un mensaje personalizado para cada necesidad individual. El crear un ambiente de participación aumenta la probabilidad de que el Espíritu enseñe lecciones más importantes que cualquiera otra cosa.

6. Esa participación traerá la dirección del Espíritu a tu vida. Cuando animas a los alumnos a levantar la mano para responder a una pregunta, ellos demuestran al Espíritu Santo su voluntad de aprender aunque no se den cuenta de ello. Este uso del albedrío moral permitirá que el Espíritu los motive con el fin de brindarles una guía más poderosa durante la clase. La participación permite que ellos experimenten qué significa dejarse guiar por el Espíritu. Ellos aprenden a reconocer y a sentir lo que es la guía espiritual. Es por medio del proceso repetido de sentir impresiones, escribirlas y obedecerlas que se aprende a depender de la dirección del Espíritu más que de la comunicación que brindan los otros cinco sentidos.

7. La dirección que se recibe del Espíritu Santo aumenta la capacidad para enseñar. Dicho de modo sencillo, la verdad que se presenta en un ambiente lleno de amor y confianza permite recibir el testimonio confirmador del Espíritu Santo.

8. Si no logras nada más en la relación que tienes con tus alumnos que ayudarles a reconocer y a seguir las impresiones del Espíritu, igual los bendecirás de una manera inmensurable y eterna. Para alcanzarlo, se debe buscar constantemente la guía del Espíritu para saber lo que decir y cómo decirlo. Lo fácil nunca produce mucho fruto beneficioso. Ni nuestro Padre Celestial ni Su Santo Hijo se deleitan al verte luchando para vencer los obstáculos, resolver preguntas o encontrar soluciones a problemas complejos y desafiantes. No obstante, ellos sí se regocijan cuando tú reconoces voluntariamente que esos pasos son los que conducen al progreso espiritual, que lleva a los hechos que forjan el carácter.

Cómo atesorar las impresiones sagradas

¿Has aprendido el valor duradero de escribir en un diario personal las experiencias espirituales importantes o las impresiones sagradas que el Señor te ha comunicado? No llevo un diario detallado de todo lo que me sucede cada día, pero sí trato de escribir un registro de algunos asuntos realmente importantes. Los asuntos sagrados están en un diario al que nadie puede tener acceso porque está protegido por una clave. Cuando me siento autorizado por el Espíritu Santo, tomo algunas de las verdades que he aprendido para ponerlas en mi diario familiar o para compartirlas en un mensaje público. Esto va de acuerdo con un principio que las Escrituras confirman como verdadero. Algunos asuntos son para nuestra guía y edificación personal, para ayudarnos a progresar y a mejorar nuestro carácter, nuestra devoción y nuestro testimonio. No son para compartir con los demás. Así como una bendición patriarcal se adapta a la persona destinada, esos asuntos deben guardarse y protegerse con reverencia por causa de su naturaleza sagrada. El Señor puede comunicarse directamente con nosotros por medio del Espíritu si somos dignos y estamos en armonía con Él.

Para demostrar que lo que he dicho no es sólo una teoría, quiero mencionar algunas de las verdades de gran valor que he aprendido durante muchos años por medio de la guía espiritual.

Las Escrituras enseñan algo que se me ha confirmado: que el Espíritu Santo nunca nos inspirará a hacer algo que no podamos llevarlo a cabo. Puede ser que se requiera un esfuerzo extraordinario y mucho tiempo, paciencia, oraciones y obediencia, pero sí podremos hacerlo.

Repetidas veces he tenido la impresión de que para aprender a alcanzar una meta jamás antes lograda hay que hacer cosas que jamás hemos hecho.

Se me ha enseñado que podemos tomar muchas decisiones en la vida, pero no podemos prescribir nuestro destino final. Nuestros hechos son los que lo determina. En ocasiones, parece que controlamos los resultados de nuestra vida, pero no es así. La dignidad, la rectitud, la fe en Jesucristo y el plan de nuestro Padre aseguran un futuro productivo y placentero, mientras que el engaño o la violación a las leyes de la pureza personal aseguran una vida de sufrimiento aquí en la tierra y más allá del velo a menos que tenga lugar el arrepentimiento requerido.

Es importante que no juzguemos las cosas por lo que pensemos que es nuestro potencial. Debemos confiar en el Señor y en lo que Él puede hacer con nuestro corazón dedicado y nuestra mente bien dispuesta (DyC 64:34).

El Espíritu Santo y las observaciones de varias personas me han enseñado que los conceptos como la fe, la oración, el amor y la humildad no tienen ninguna importancia ni producen milagros hasta que no llegan a ser, con la ayuda de la tierna inspiración del Espíritu, una parte viva de la persona por medio de su propia experiencia.

Todos sufriremos adversidad; es parte de la vida. Todos la experimentaremos porque la necesitamos para progresar y para moldear nuestro carácter. Yo he aprendido que el Señor tiene la capacidad suprema de juzgar nuestras intenciones. Él se preocupa por lo que llegamos a ser por medio de las decisiones que tomemos. Tiene un plan individual para cada uno de nosotros. Este concepto brinda un gran consuelo cuando tratamos de comprender situaciones difíciles como lo son la muerte prematura de alguien cuya presencia aparentemente se requiere aquí en la tierra. Ese conocimiento ayuda mucho cuando luchamos con una enfermedad o con una discapacidad severa o al tratar de comprender el suicidio trágico de otra persona.

Por medio de la experiencia personal he podido comprender una verdad importante. Sé que Satanás no tiene absolutamente ningún poder para forzar a nadie que sea digno, a que el Señor protege a esas personas. Satanás puede tentarnos; puede amenazarnos; puede aparentar tener ese poder; pero no lo posee.

He aprendido que nuestra mente puede fortalecer una impresión recibida del Espíritu Santo o, desgraciadamente, puede destruirla al rechazarla como algo sin importancia o como el producto de nuestra imaginación. Cuando recibimos guía espiritual, es bueno recordar este comentario del profeta José Smith: “Dios juzga a los hombres de acuerdo con la manera en que emplean la luz que Él les da”.” [2]

Afrontar la adversidad nos lleva a hacer muchas preguntas; algunas tienen un propósito útil, mientras otras no. Hacer preguntas que reflejen una oposición a la voluntad de Dios no vale la pena en realidad. Es muy difícil lograr un sacrificio voluntario de nuestros deseos personales y profundos a favor de la voluntad de Dios. Mas cuando lo logramos, nos encontramos en una posición mucho mejor para recibir la máxima ayuda de nuestro amoroso Padre Celestial. El aceptar Su voluntad, aun cuando no se comprenda completamente, es lo que nos brinda una gran paz y, a lo largo del tiempo, una mayor comprensión.

A veces es muy difícil discernir una respuesta a una oración por un asunto por el cual tenemos sentimientos personales y profundos, o algo que despierta emociones fuertes en nosotros. Por eso es importante recibir un consejo válido e inspirado al encontrarnos en tales circunstancias.

Durante un momento tranquilo de meditación, aprendí que existe una relación entre la fe y el buen carácter. Mientras más grande es nuestra fe en Jesucristo, mejor será nuestro carácter, y el buen carácter aumenta nuestra capacidad para ejercer una fe aún más grande.

El Espíritu ha enseñado que Satanás no necesita tentarnos con cosas malas. Él puede lograr mucho más su objetivo distrayéndonos con cosas apropiadas para prevenir que llevemos a cabo las cosas esenciales. Debemos eliminar estas distracciones, determinando qué es de importancia fundamental en nuestra vida. Tenemos que poner nuestro mayor esfuerzo con el fin de lograrlo. Si existe falta de tiempo o de recursos, ese patrón exige que aun las buenas actividades se dejen a un lado.

De vez en cuando el Señor nos dará una guía espiritual de gran importancia al inspirar a otros a compartir lo que hayan aprendido. Esos mentores pueden enriquecer enormemente nuestra vida por medio de una buena comunicación de su conocimiento y experiencia. También podemos encontrar mentores vivos o difuntos por medio del estudio cuidadoso y de la emulación de sus vidas productivas. Tengo la certeza de que el fallecimiento reciente del presidente James E. Faust ha inspirado gratitud en la mente de las miles de personas que él ha influido personalmente. Él tenía la capacidad excepcional de elevar y edificar a los demás. Él escogió razones válidas para felicitar a otros al hablar acerca de ellos con sinceridad e integridad. El efecto fue de edificar, elevar y ayudar a explorar un curso de vida que le traería a cada uno mayor éxito y felicidad. Su estímulo a menudo era breve y conciso, pero eficaz y duradero.

Uno de los patrones más memorables y poderosos de la comunicación por el Espíritu es por medio de los sueños. He aprendido que cuando la transición entre estar profundamente dormido y estar completamente despierto es imperceptible, es señal de que el Señor ha enseñado algo muy importante por medio de un sueño. Cuando eso ocurre, reconozco la necesidad de meditar lo que recuerdo del sueño para poder comprenderlo y determinar su aplicación en mi vida. A veces el sueño es simbólico y requiere oración para que por medio del Espíritu Santo, el Señor pueda interpretarlo o aclarar las lecciones para que éstas se puedan entender y aplicar.

 Durante la mayoría de mi vida adolescente y adulta, he apreciado mucho la misericordia. Fue por medio de un sueño vívido que aprendí a valorar la justicia. La justicia proporciona el orden y el control en el plan de la felicidad de nuestro Padre. La justicia asegura que lo que hayamos logrado por medio de un esfuerzo digno sea nuestro para siempre: por ejemplo, el conocimiento, el amor de nuestros seres queridos y los beneficios eternos de las ordenanzas, inclusive las del templo. La justicia asegura que ningún poder puede quitarnos estas cosas tan preciadas. Podríamos perderlas por la desobediencia, ¿pero quién quisiera hacer algo así?

 El mandato del Salvador de “pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá” (3 Nefi 27:29) es un puente a la guía espiritual. Se me ha enseñado que las impresiones suaves nos inspirarán a tomar las decisiones correctas. Cuando se observan con cuidado, estas impresiones suaves que recibimos en el corazón pueden anticipar un consejo específico a la mente. Este consejo nos conduce a saber con mayor precisión lo que debemos hacer. Esa dirección detallada se recibe cuando respondemos de buena voluntad a las primeras impresiones del Espíritu. A veces la guía espiritual puede indicar o implicar eventos que ocurrirán más adelante en nuestra vida. El aceptar esas impresiones y la disposición de obedecerlas no quiere decir que cambiará la voluntad del Señor, ni que el impacto en nuestra vida será diferente. Habrá mejores e importantes consecuencias en virtud de nuestra disposición de obedecer el consejo dado por la guía sagrada del Espíritu Santo.

Por último hay una joya de gran valor acerca de la guía espiritual que quiero compartir. Me llevó mucho tiempo reconocerla. La obediencia forzada no produce ningún fruto duradero. Es por eso que Nuestro Padre Celestial y el Salvador están dispuestos a suplicar, a dar impresiones, a animar y a esperar con paciencia que reconozcamos Su preciada guía espiritual. Una vez me llevó más de diez años descubrir la respuesta a un asunto extremadamente importante por el cual había orado en forma constante y de todo corazón. La respuesta completa la recibí cuando pude ensamblar las diferentes secciones de la solución que se me dieron de varias maneras y en varias ocasiones. No se me dio la respuesta directamente, sino que se me dirigió con paciencia y amor para encontrarla. Termino con mi testimonio. Trataré de seguir el consejo excelente que nos dejó el presidente Spencer W. Kimball. El enseñaba que: “Un testimonio no es una exhortación; un testimonio no es un discurso; . . . no es un diario de viaje . . . Basta que digan lo que sienten en su interior. Eso es el testimonio. En el momento en que comiencen a predicar a los demás, ahí terminó el testimonio. Simplemente dígannos lo que sienten, lo que su mente, su corazón y cada fibra de su ser les comunique”³ [3]

Sé que lo que he compartido es verdadero, puesto que lo he aprendido, y confirmado mediante la suave inspiración del Espíritu Santo. Espero que algo de ello sea de beneficio para ti. Sé sin duda que Jesucristo vive, y como uno de Sus apóstoles doy testimonio solemne de que Él es un Personaje glorificado y resucitado que posee un amor perfecto. Él guía Su Iglesia en la tierra. Él te ama. Durante tu estadía aquí en la tierra, Él te inspirará y, al buscar esas impresiones para determinarlas, Él guiará tu vida. Él es nuestro Maestro, nuestro Redentor, nuestro Salvador. Yo lo amo. Con toda la capacidad que poseo, doy testimonio de que Él vive. En el nombre de Jesucristo, amén.

Notas

[1] Bruce R. McConkie, seminario de representantes regionales, 2 de abril, 1982.

[2] José Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith, comp. Joseph Fielding Smith (Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 1954), 370.

[3] Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball (Salt Lake City: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2006), 86.