Acuérdate del día de reposo

POSTED BY: holzapfel

06/08/09


El libro de Éxodo conserva los Diez Mandamientos, incluyendo “Acuérdate del día de reposo, para santificarlo” (Éxodo 20:8). Desde épocas tempranas, se ha discutido y debatido el significado del cuarto mandamiento. Afortunadamente Craig Harline, profesor de historia en BYU, ha escrito una historia sobre los esfuerzos por apartar un día especial cada semana. El libro se titula Sunday: A History of the First Day from Babylonia to the Super Bowl [El Domingo: Un relato del Primer Día desde Babilonia hasta el Super Bowl] (New York: Doubleday, 2007).

El relato de Harline comienza un domingo de “Super Bowl” [la final del campeonato de fútbol americano en EE. UU.], centrándose en la reacción de su abuela de noventa años ante el evento televisado, cuando se reunió la familia para verlo. Ella finalmente abandonó la habitación preguntándose cómo había llegado la sociedad a este punto. Harline también declara su preocupación, pero por otra razón. Él también indica que le “chocó la parte de domingo del ‘Domingo de Super Bowl .’ ¿Cómo ocurrió eso?” (viii). El libro contesta esa pregunta.

El autor es un escritor excelente y un observador muy intuitivo de la gente y los lugares, incluyendo textos, tanto antiguos como modernos. No sólo cuenta el relato y la historia de palabras importantes como Sabbath (Sábado o Día de reposo Judío) y Domingo sino que también se adentra en las experiencias de la vida de personas reales que han intentado dar sentido a un tiempo especial – días festivos y días santos. Proporciona imágenes habladas de la vida en la antigua cuenca del Mediterráneo; de la Europa medieval y moderna; y de Inglaterra y Estados Unidos de los Siglos XIX y XX.

Entre los cientos de datos de información, a continuación se dan dos que me ayudaron a reconstruir el pasado, a fin de que pudiera apreciar el presente.

Primero, la creación de la “tarde libre del sábado” en Inglaterra fue el comienzo del “fin de semana”. Muchos “países adoptaron tanto el término como la práctica [inglesa] del “fin de semana” tras la Primera Guerra Mundial (217). Esta reconstrucción de la semana, de una semana laboral de seis días, brindó oportunidades adicionales para descansar y realizar actividades de ocio. Algunos reclamaban que el propósito de tener libre la tarde del sábado, era permitir a las personas hacer lo que necesitaran hacer el sábado, dejando el domingo para adorar y meditar tranquilamente, el tradicional “domingo tranquilo” inglés (218). Por otra parte, “aquellos que deseaban ampliar el domingo inglés sostenían que, a pesar del aumento de tiempo libre, las nuevas oportunidades y las instalaciones para el ocio no bastaban para acoger a todos los que querían aprovecharlas, a menos que también estuvieran disponibles el domingo” (218).

Segundo, para algunos, la práctica de deportes los domingos surgió de una noble idea de que el deporte “podía ser el portador de virtudes morales”, tales como “el espíritu de equipo, la disciplina, la generosidad, etc.” (261). En un sentido, el participar (no mirar) en “buenos juegos” era mejor que jugar a las cartas o malgastar el tiempo en el “Bar”, como lo argumentó un inglés, “Nuestros juegos nos mantienen saludables, y esto supone abstenerse de la bebida habitual, horas tardías, etc.” Sin embargo, que algunos participaran en deportes los domingos, “significó más trabajo para otros” (261). Esto era específicamente verdad tras la transición de participar en deportes a ver deportes en domingo.

Harline demuestra que las prácticas del día de reposo siguen cambiando con el tiempo, y agrega , “se puede decir con seguridad que este proceso seguirá: el domingo cambiará a medida que cambie el mundo a su alrededor”. No obstante, él opina que “también se puede afirmar que, sean cuales sean los cambios, el domingo retendrá su carácter extraordinario, se entienda cómo se quiera entender” (381).

He aprendido mucho de mi colega y utilizaré algunas de las convincentes perspectivas en mi clase del Nuevo Testamento para alumnos avanzados, cuando enseñe las controversias del día de reposo entre Jesús y los fariseos, según están registradas en los Evangelios y cuando enseñe la revelación moderna (sección 59) sobre el día santo del Señor, en mi clase de Doctrina y Convenios para alumnos avanzados este próximo semestre de otoño en BYU.


Viernes Santo

POSTED BY: holzapfel

04/10/09


Harry Anderson, “La Crucifixión”

El blog de esta semana fue elaborado por el escritor invitado Eric D. Huntsman, profesor asociado de escritura antigua.

El presidente Uchtdorf, en su discurso de la conferencia el 5 de abril de 2009, se refirió a ese domingo como el Domingo de Ramos. Anticipando la Pascua, animó a los miembros de la Iglesia a centrar más plenamente sus mentes en el gran sacrificio expiatorio del Señor Jesucristo. El presidente Uchtdorf dijo, “Lo adecuado es que durante esta semana, desde el domingo de Ramos hasta la mañana de Pascua de Resurrección, dirijamos nuestros pensamientos hacia Jesucristo, la fuente de luz, vida y amor. Quizá la multitud de Jerusalén lo haya visto como un gran rey que los salvaría de la opresión política. Pero, en realidad, Él nos dio mucho más que eso. Nos dio Su Evangelio, una perla de precio incalculable, la gran clave de conocimiento que, si la comprendemos y usamos, nos abre la puerta hacia una vida de felicidad, paz y satisfacción”. El Élder Holland, en su discurso, también se refirió a la última semana del Salvador: “A medida que se acerca esta Semana Santa – el Jueves de Pascua con su Cordero Pascual, el Viernes Expiatorio con su cruz, el Domingo de Resurrección con su sepulcro vacío – ruego que declaremos que somos plenos discípulos del Señor Jesucristo”.

Hoy es Viernes Santo (en inglés, Viernes Bueno, traducido literalmente), observado por muchos en el mundo cristiano como un día de gran solemnidad y santidad. Cuando era joven, sabiendo de dicho día, gracias a mis muchos amigos y vecinos católicos romanos o protestantes, pensé que el término inglés “Viernes Bueno” era un oxímoron. ¿Qué tenía de bueno el día que murió Jesús? Sólo a medida que maduré en el Evangelio llegué a comprender que la muerte de Jesús era santa, un acto sagrado que sellaba el trayecto expiatorio que había comenzado la noche anterior cuando Él tomó sobre sí nuestros pecados y pesares y entonces, como victima expiatoria, llevó esa carga al altar – en este caso una cruz- donde pagó el precio máximo. Más adelante llegué a comprender otro matiz lingüístico. Muchos ven el uso de “good” en “Good Friday” (Viernes Santo) como uso arcaico, a semejanza de “good-bye” (adios). Aquí podría ser un sinónimo de “God” (Dios), en cuyo caso sería “God´s Friday” (Viernes de Dios), ese día de significado cósmico cuando el Padre reconcilió el mundo para Sí: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Romanos 5: 8-11). 

Como Santo de los Últimos Días, mucho de lo que se conmemora en Viernes Santo en otros tiempos me parecía incomodo. “Adoramos a un Cristo viviente, no a un Cristo muerto”, era la frase común con la que me crié. Era más fácil reconocer que Jesús de algún modo tomó sobre Sí la carga de nuestros pecados y pesares en Getsemaní para luego pasar lo más rápido posible por lo desagradable del juicio, el abuso y la crucifixión, al gozo de la mañana de la Pascua de Resurrección. La cruz me era particularmente extraña, si no es que incomoda. La Iglesia no cuenta con imágenes en nuestras iglesias y templos, aunque sí abundan otras clases de simbolismos. Al no entender los detalles teológicos de la misa como un “verdadero sacrificio” en la tradición católica romana, no capté por qué el crucifijo era tan importante para mis amigos. Sin molestarme en preguntar a mis amigos protestantes lo que significaba la cruz para ellos, hasta que no fui adulto ignoré el hecho de que para ellos la cruz no era sólo un símbolo de Su muerte por nosotros, ya que para ellos también era un símbolo de su resurrección, ¡porque la cruz estaba vacía!

Sin embargo, un estudio más detallado ha aportado una nueva conciencia de la riqueza simbólica de las escrituras y de las imágenes de la muerte de Jesús sobre la cruz. Aquí, no es la cruz en sí misma, ya fuera un palo vertical o un simple andamiaje sobre el cual se ataba o clavaba la viga de la victima. Ni tampoco es la iconografía religiosa de una cruz latina o griega. En cambio, para mí, el significado de la crucifixión yace en la imagen de Cristo “siendo levantado”, con la cruz como madero y en las marcas o señas duraderas que dejó Su sacrificio.

En el Evangelio de Juan, Jesús dice tres veces que Él debe ser levantado como parte de su regreso al Padre y de atraer a todos los hombres para Sí (véase Juan 3:14, 8:28, 12:32-33) y en la última ocasión deja claro que ésta era una referencia de cómo moriría. La crucifixión era una forma de ejecución muy humillante pero sobre todo muy pública, pero lo que aquí parece ser significativo es que el sacrificio de Jesús está allí para que todos lo vean, en toda época y lugar. Juan 3:14 lo conecta directamente con levantar la serpiente sobre una asta en el desierto (véase Números 21:9), una imagen que los autores del Libro de Mormón reconocieron y ampliaron (véase 2 Nefi 25:20; Alma 33:19; Helamán 8: 14-16). Por lo tanto, la crucifixión ilustra que la muerte salvadora de Jesús brinda curación y vida a todos los que simplemente miren hacia Él.

Pero quizá el respaldo más importante de “levantar” imágenes vino del mismo Jesús, que les dijo a los nefitas: “Y mi Padre me envió para que fuese levantado sobre la cruz; y que después de ser levantado sobre la cruz, pudiese atraer a mí mismo a todos los hombres, para que así como he sido levantado por los hombres, así también los hombres sean levantados por el Padre, para comparecer ante mí, para ser juzgados por sus obras, ya fueren buenas o malas; y por esta razón he sido levantado; por consiguiente, de acuerdo con el poder del Padre, atraeré a mí mismo a todos los hombres, para que sean juzgados según sus obras” (3 Nefi 27:14-15).

El reconocer que la crucifixión era equivalente a “ser colgado en un madero” añade otro nivel de simbolismo. Bajo la ley de Moisés, era maldito el que fuera colgado en un madero (véase Deuteronomio 21:22-23), explicando quizá una de las razones de por qué los opositores de Jesús estaban ansiosos de que los romanos lo crucificaran. Aunque no está totalmente claro qué derechos de pena capital habrían tenido las autoridades judías (la prohibición de ejecutar hombre alguno en Juan 18:31 podría haberse referido a la ley judaica, ya que no podían ejecutar durante Pascua), hacer que los romanos mataran a Jesús no hizo más que transferir la culpa. La ejecución judía por blasfemia habría sido la lapidación, mientras que la ejecución romana por traición y rebelión era la crucifixión. El sumo sacerdote le había preguntado a Jesús la noche anterior, “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?” (Marcos 14:61) y nada podía haber probado que Jesús era justo lo contrario, maldito de Dios, que haberle colgado en un madero. No obstante, esta “maldición” era parte de que el Salvador descendiera “debajo de todo”. Ciertamente, Pablo escribió, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).  

Lo asombroso, sin embargo, era que la cruz, el madero de la maldición, se convirtió para nosotros, en efecto, en un árbol de la vida. Después de que Jesús expiró, “uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua” (Juan 19:34). Pensando en lo que Jesús le dijo a la mujer samaritana sobre el agua viva, en Juan 4, o en Su discurso en Juan 7 sobre el Espíritu que da vida, en el cual de Él corren ríos de agua viva, esta señal sugiere que la muerte de Jesús produjo vida. De hecho, en la iconografía medieval se extendió la imagen de la “cruz verde”, que a menudo se retrataba con brotes de hojas y frutos.

Finalmente, la crucifixión dejó señales duraderas del acto salvador del Señor, marcas que se usaron para impartir un testimonio seguro de que Él era el Señor y Dios de aquellos a quienes Él salvó. Aunque la experiencia de Tomás, después de la resurrección, sugiere que debemos ser creyentes antes de recibir tal seguridad (véase Juan 20:24-29), el que Jesús mostrara las marcas en sus manos, pies y costado adquirió un significado casi ritual, cuando se les apareció a los nefitas en el templo de Abundancia: “Levantaos y venid a mí, para que metáis vuestras manos en mi costado, y para que también palpéis las marcas de los clavos en mis manos y en mis pies, a fin de que sepáis que soy el Dios de Israel, y el Dios de toda la tierra, y que he sido muerto por los pecados del mundo” (3 Nefi 11:14).

Por estas razones, al leer, repasar y meditar los últimos actos del Salvador en ese día, ya no me asustan las imágenes que en otros tiempos me eran extrañas. En cambio, me regocijo en lo que Jesús hizo por mí y lo veo como un precursor necesario, no sólo para la mañana de la Pascua, sino para el gran don de la vida eterna, el precioso fruto del árbol, el cual “es el más grande de todos los dones de Dios” (1 Nefi 15:36; véase también D. y C. 14:7)