Robert L. Millet Blog Posts
Director de Publicaciones del Centro de Estudios Religiosos de BYU

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Este blog fue escrito por Jeffrey R. Chadwick, quien es profesor de Arqueología y estudios del Cercano Oriente en el Centro de Jerusalem, y profesor asociado de la historia y la doctrina de la Iglesia en BYU.\
Rosh Hashannah, es el día festivo anual que marca el Año Nuevo Judío. El término hebreo en realidad significa “el principio del año”. El festival empieza el primer día del primer mes lunar de la temporada de otoño. En el 2009, el año nuevo judío empezará la noche del viernes 18 de septiembre, y se celebrará el sábado 19 de septiembre durante todo el día. En muchas comunidades judías, se celebrará un segundo día de Rosh Hashannah el domingo 20 de septiembre.
Rosh Hashannah es una de las más festivas de todas las celebraciones judías, Rosh Hashannah, es uno de los dos días más sagrados en el judaísmo, siendo el otro el solemne día de ayuno conocido como el Yom Kuppur (el Día de la Expiación) que viene diez días después. El período entre estos dos “Días Santísimos” es conocido como los “Días de Asombro” un período en el cual los judíos fieles piensan en sus errores, personales y nacionales, reflexionan en la necesidad de arrepentirse, y consideran su futuro. Es muy significativo que ese período se comience con un festival tan alegre, lleno de esperanza y con ilusiones para el futuro, como lo es el Rosh Hashannah.
Existen varias maneras de celebrarlo. Por supuesto, muchos judíos asistirán a los servicios especiales por el año nuevo que se efectuarán en su sinagoga local. Un acto significativo, establecido como mandamiento en Levítico 23: 24, consiste en tocar durante el día del festival el shofar (término hebreo para “el cuerno de carnero” traducido como “trompeta” en la Biblia de Reina-Valera) . Una combinación de toques coen el shofar cortos, medianos y largos se hará hasta cien veces durante el día. Otra
práctica consiste en comer las frutas de otoño, granadas, uvas, y rebanadas de manzana sumergidas en miel, y regalar manzanas y miel a los familiares y amigos. Las manzanas y la miel han llegado a ser símbolos del Rosh Hashannah, que son reconocidos como emblemas del festival por los judíos en todas partes.
Los judíos saludan a sus familiares y amigos y les desean Shannah Tovah (“un buen año”) y Ktivah Vehatimah Tovah (“que seas inscrito y sellado para bien”), refiréndose a ser inscrito en los metafóricos libros de la vida. El Talmud enseña que en el Rosh Hashannah “se abren tres libros de la vida (en el cielo): el libro de la vida de los inicuos, el libro de la vida de los justos, y el libro de la vida de los que están en medio” (Talmud Babilonio, Rosh Hashannah 16.b). Este pasaje se hace más interesante a la luz de las referencias en el Nuevo Testamento a los libros por los cuales seremos juzgados (véase Apocalipsis 20: 12) y a la resurrección a diferentes glorias (véase Juan 5: 28-29). El Talmud, a su manera, parece referirse a tres grados de juicio y recompensa post mortal.
En las escrituras judías conocidas como la Biblia Hebrea (los cristianos lo llaman el Antiguo Testamento), se encuentra que este festival empieza el primer día del “séptimo mes” (Levítico 23: 24) pero no se le asigna un nombre. El mandamiento de guardar ese festival solamente indica que se debe considerar como un día de reposo y una santa convocación y manda que se haga el “toque de trompetas”. En los primeros días del tiempo del Antiguo Testamento antes de la cautividad de Babilonia, el festival no era considerado como el primer día del año nuevo. Así que, ¿como surgió esa designación?
Mientras estaban en Babilonia, los judíos antiguos estuvieron expuestos a un conteo anual que empezaba con un año nuevo otoñal, y se les hizo conveniente adoptar ese ciclo para sus prácticas de recuerdos anuales. Así que, para ellos, el contar el año a partir del primer mes del otoño llegó a convertirse en algo así como un segundo calendario secular. Aunque no se olvidaron del año nuevo bíblico de la primavera, con el tiempo el año nuevo otoñal llegó a ser observado mas ampliamente. Y a causa de que ese día caía en el mismo día que el festival de las trompetas que se menciona en Levítico 23, la práctica de llamarle “el principio del año” (Rosh Hashannah) comenzó; todo eso fue antes del tiempo de Jesús. Y un hecho mas interesante: es muy probable que la “fiesta de los judíos” que se menciona en Juan 5: 1 no fuera la Pascua (como se indica en algunas notas al pie de página) ¡sino que en realidad era el Rosh Hashannah!
Así que, ¡Shannah Tova! (Un buen año) para todos!
La revista National Geographic de este més presenta un artículo fascinante escrito por Peter Miller (“Antes de Nueva York: Redescubriendo la Tierra Virgen de 1609,” págs. 122-137). El artículo abre una ventana al pasado; cuando los primeros colonizadores europeos empezaron a explorar y poblar la isla de Manhattan. Robert Clark presenta unas fotografías impresionantes, y Markley Boyer y Philip Staub agregan unas ilustraciones importantes para recrear el paisaje natural de Manhattan antes de que cambiara para siempre. Ciertamente los pueblos nativos dejaron sus huellas en la tierra al interactuar con la flora y la fauna, pero los colonos europeos impactaron la tierra de maneras profundas.
Para mi próxima visita a la Gran Manzana, voy a poner este artículo en mi mochila para poder sacarlo mientras camino por la ciudad a fin de ver mas allá del concreto y el asfalto, hacia un mundo que alguna vez existió en ese mismo punto geográfico. Voy a imaginarme a Nueva York como era antes de que Henry Hudson llegara en 1609 , para buscar indicios de ese tiempo y lugar.
La colonización de gran parte del Estado de Nueva York fue una época fundamental en la historia de los Estados Unidos; pues fue testigo de la formación de una nueva nación (1776-1786), de los resurgimientos religiosos conocidos como El Segundo Gran Despertar (1816-1826), y de la restauración de la Iglesia de Jesucristo (1820-1830).
El fin de semana pasado invité a un pequeño grupo de BYU, a visitar el estado de Nueva York para revivir un punto específico en la historia de la Iglesia: la mañana de la primavera de 1820 cuando José Smith vio al Padre y al Hijo en la Arboleda Sagrada. En compañia de Kent P. Jackson, el decano asociado de Educación Religiosa, y de Brent Nordgren, el gerente de producción del Centro de Estudios Religiosos, invitamos a Larry C. Porter, profesor emérito de la Historia de la Iglesia; a Donald L.. Enders, el conservador principal de los sitios históricos ; y a Robert F. Parrot, el gerente de la Arboleda Sagrada, a que comentáramos la historia y el significado de la Arboleda Sagrada. Durante nuestro viaje de dos días, nos imaginamos esa importante mañana cuando José Smith caminó desde la casa de troncos de su familia hacia un lugar en los bosques cercanos para orar. A diferencia de la ciudad de Nueva York, la Arboleda Sagrada se encuentra más cerca a las condiciones en que estaba cuando José Smith se arrodilló a orar. El relato de los esfuerzos para conservar la arboleda se darán a conocer en un artículo del Educador Religioso en base a las entrevistas efectuadas este fin de semana pasado.
Aunque se desconoce el sitio exacto donde José se arrodilló a orar, los bosques cercanos a la casa de los Smith nos recuerdan ese acontecimiento y nos permiten conectarnos al pasado. Los visitantes a la arboleda, caminan por donde el joven José trabajó y oró. Tales exploraciones nos ayudan a colocar los diarios, las cartas, y las historias del pasado en un contexto del mundo real, permitiéndonos apreciar el relato de manera mas completa.
La foto de la Arboleda Sagrada fue tomada por Brent Nordgren
Blog escrito por Robert C Freeman, profesor de Historia de la Iglesia y Doctrina en BYU.
Que toque la banda, que se prepare la parrilla para la barbacoa y vayamos a nuestro espectáculo favorito de fuegos artificiales. Este mes, los Santos de los Últimos Días en Estados Unidos se unirán al resto del país en la celebración del nacimiento de la nación. Desde hace quince años, he colaborado en recolectar relatos de miembros de la Iglesia que han servido en las fuerzas armadas (www.saintsatwar.org).
Los Santos de los Últimos Días tienen una larga historia de patriotismo en sus respectivos países, incluyendo los Estados Unidos. Los sentimientos de lealtad a los principios de la Constitución de Estados Unidos fueron apoyados por el mismo José Smith. Él dijo, “Soy el mayor defensor de la Constitución de los Estados Unidos en toda la tierra. En mis sentimientos existe la disposición de estar siempre listo para morir en defensa de los justos derechos del débil y del oprimido. El único defecto que hallo en la Constitución es que carece de la amplitud suficiente para abarcar todo el terreno” (Enseñanzas del Profeta José Smith, comp. Joseph Fielding Smith [SLC: Deseret Book, 1976], 402, 403). La percepción del Profeta sobre la necesidad de la Constitución de ser más amplia es interesante, cuando uno considera que él murió mucho antes de que se añadieran aditamentos constitucionales tan cruciales como las enmiendas sobre los derechos civiles (trece, catorce y quince) y la enmienda número diecinueve, que otorga el derecho de voto a las mujeres.
En la actualidad, los Santos de los Últimos Días estadounidenses son más patriotas que nunca. La ciudad de Provo, Utah, donde se encuentra la Universidad Brigham Young, hace alarde de una de las celebraciones del Cuatro de Julio más importantes del país, The Freedom Festival, [El Festival de la Libertad]. Claro está que la influencia de la Iglesia abarca toda la tierra, lo cual nos induce a considerar algunas preguntas importantes, como por ejemplo, ¿qué significa patriotismo en vista de la globalidad de la Iglesia? Ciertamente tenemos la obligación de mantener una perspectiva adecuada sobre el patriotismo. Festejamos estas celebraciones porque ésta es la tierra de nuestros padres y la tierra para nuestros hijos. Abrazamos todo aquello que es bueno de nuestro país y esperamos marcar una diferencia en asuntos de libertad, tanto a nivel nacional como en el extranjero. Apoyamos los principios de libertad e igualdad donde sea que estén siendo atacados.
Hace unas décadas, durante el bicentenario de la fundación de los Estados Unidos, el presidente Spencer W. Kimball habló de las tendencias militares de la humanidad moderna: “Somos un pueblo guerrero que fácilmente se distrae de su asignación de prepararse para la venida del Señor. Cuando tenemos que enfrentarnos a un enemigo, dedicamos vastos recursos a la fabricación de los dioses de piedra y acero; barcos, aeroplanos, cohetes, fortificaciones; y de todas estas cosas dependemos para nuestra protección y liberación. Cuando nos sentimos amenazados, formamos un frente común en contra del enemigo en lugar de alinearnos en batalla en el reino de Dios. Entrenamos a un hombre en el arte de la guerra y lo tildamos de patriota, falsificando así el verdadero patriotismo al estilo de Satán, y pervirtiendo las enseñanzas del Salvador” (“Dioses falsos”, Liahona, agosto de 1977, pág. 4)
El élder Dallin H. Oaks también advirtió de otros riesgos de patriotas demasiado fanáticos cuando dijo, “El amor a la patria es ciertamente un punto fuerte, pero cuando es desmedido, puede convertirse en la causa de la ruina espiritual. Hay algunos ciudadanos cuyo patriotismo es tan intenso y excesivo que parece opacar cualquier otra responsabilidad, incluso la de la familia y la Iglesia” (“Nuestros puntos fuertes se pueden convertir en nuestra ruina”, Liahona, mayo de 1995, pág. 20).
Tales enseñanzas nos recuerdan la necesidad de refinar nuestro patriotismo para asegurarnos de que es genuino y de que se encuentra dentro de los límites del Señor. El verdadero patriotismo trae honor a cualquier nación que abrace la libertad. Esas libertades hacen falta a fin de que el reino de Dios florezca entre el pueblo del Señor. Hay mucho que celebrar por nuestro bendito país y por los otros países que luchan por la libertad. ¡Que comiencen los fuegos artificiales!
Recientemente, el Departamento de Historia y Doctrina de la Iglesia de BYU patrocinó una ponencia ofrecidas por Terryl L. Givens, profesor de literatura y religión y por James A Bostwick, Director del Departamento de Inglés de la Universidad de Richmond. Estas oportunidades permiten al profesorado de BYU relacionarse con reconocidos profesores de todo el mundo.
Durante la semana en que nos visitó, yo estuve particularmente interesado en una de las ponencias. Fue una continuación de su libro Pueblo de Paradojas: Una Historia de la Cultura Mormona (New York: Oxford University Press, 2007). Recomiendo el libro por sus profundas reflexiones sobre el mormonismo y los mormones. ¡Es un logro extraordinario. Recordarán que una paradoja es “una declaración aparentemente contradictoria que no obstante puede ser verdad” (The American Heritage Dictionary of the English Language). A menudo he sido atraído a tales tensiones, pero he llegado a sentirme muy cómodo con el concepto de las paradojas desde que me di cuenta que la mayor de las paradojas es la verdad de que Jesús murió para que nosotros pudiéramos vivir.
Givens comenta primero “La polaridad del autoritarismo y el individualismo” (xiv), seguido por el contraste entre las Enseñanzas del Profeta acerca de lo que ya sabemos y un ambicioso “programa de aprendizaje eterno” (xv).
A continuación, aborda la perspectiva del Profeta de que “Dios es un hombre exaltado, y el hombre un Dios en embrión”. Declara Givens: “La paradoja que resulta se manifiesta en las recurrentes invasiones de lo banal hacia el mundo de lo santo y la infusión de lo sagrado hacia el mundo de lo cotidiano” (xv). Luego habla de las “dos tensiones relacionadas en el mormonismo: el exilio y la integración, y un Evangelio visto como americano y a la vez universal” (xv).
Durante su tiempo con el profesorado, Givens comentó aun otra paradoja – El “Impulso Conflictivo de la asimilación e innovación” que tenía el Profeta. Creo que tiene razón en este aspecto. Los Santos de los últimos Días tienen la tendencia de resaltar las innovaciones del Profeta (él restauró doctrinas que habían “estado escondidas desde antes de la fundación del mundo” (Doctrina y Convenios 124:41); sin embargo, José Smith también asimiló la verdad del mundo a su alrededor, cuando dijo: “[Si los] Presbiterianos [tienen] una verdad, la abrazamos. Los Bautistas, los Metodistas, etc., obtengan todo lo bueno del mundo [y] saldrá un mormón puro” (The Words of Joseph Smith [Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1980], 234). No nos haría mal identificar esas verdades que él encontró en otras tradiciones religiosas, prestando atención a cómo las adoptó y las adaptó, como parte del mensaje que proclamó. Esto en ninguna manera disminuye el torrente de revelación que constantemente bajó del cielo sobre él como el ungido del Señor.
