Soledad, Silencio y Oscuridad

POSTED BY: holzapfel

11/04/08


Me gusta ojear la revista National Geographic cada mes que me llega por correo. El artículo de la portada del ejemplar de Noviembre, 2008 me llamó la atención, “El fin de la noche: Porqué necesitamos la oscuridad”. Antes de los albores del siglo XX, el mundo abundaba en las siguientes tres materias primas: soledad, silencio y oscuridad. “En sentido muy real”, escribió Verlyn Klinkenborg, “la contaminación de luz causa que perdamos la vista de nuestro verdadero lugar en el universo, que olvidemos la escala de nuestro ser, que se mide mejor contra las dimensiones de una profunda noche con la Vía Láctea (la frontera de nuestra galaxia) sobre nosotros (“Nuestra Noche Desvanecedora”, 109).

 

Mis propias experiencias en los desiertos Sinaí y Néguev me permiten imaginar el mundo antiguo; lugar de vastos espacios vacíos, y espléndida maravilla. El cielo nocturno está iluminado con estrellas muy brillantes. Los cañones, desfiladeros, las montañas escarpadas, las dunas y marismas, están todos llenos de un silencio desafiante. Acaba siendo un lugar en el que una persona puede ver el inigualable poder del Señor, el Creador del cielo y la tierra. Al mismo tiempo, es un lugar donde los humanos pueden contemplar su propia dependencia en Dios por la vida misma.

 

El mundo antiguo ofrecía abundantes oportunidades de disfrutar de la experiencia de la naturaleza y del Señor de la Creación. Tales experiencias les brindaba la perspectiva del vasto alcance de la Creación. Moisés, que se crió en la casa de Faraón, vivió en una de las civilizaciones más avanzadas del antiguo mundo. Es interesante que, tras huir al desierto del Sinaí, donde experimento silencio, soledad y oscuridad, de forma más intensa que antes, Moisés se encontró cara a cara con el Dios de la Naturaleza.   Y sucedió que por el espacio de muchas horas Moisés no pudo recobrar su fuerza natural según el hombre, y se dijo a sí mismo: Por esta causa, ahora sé que el hombre no es nada, cosa que yo nunca me había imaginado” (Moisés 1:10).

 

Dada la realidad de la moderna vida urbana, donde la soledad es difícil de hallar, donde el silencio es casi imposible de experimentar y donde la oscuridad natural prácticamente ha desaparecido, ¿hay algo que podamos hacer, algo que nos proporcione la clase de experiencias que Abraham y Sarah, Zacarías y Elisabet,  y José y Emma tenían que les permitió encontrar a Dios y así encontrar su lugar en el gran cosmos.

 

Ciertamente no podemos retroceder el tiempo, pero podemos apagar la televisión, el iPod, la radio, las luces y aprovechar la oportunidad de ver el mundo natural que ha creado Dios. En el agitado y vertiginoso ritmo de vida, necesitamos tranquilizarnos y pasar tiempo solos. Los profetas han aconsejado en cuanto a demasiadas actividades recreativas o deportivas organizadas, demasiada televisión, y demasiadas actividades programadas, tanto en la Iglesia como en casa.

 

Podemos ir de vacaciones a un lugar como el Monumento Nacional Puentes Naturales de Utah, nombrado el primer Parque de Cielo Oscuro, o a algún otro lugar desértico, si es posible. O podemos tomar tiempo para apreciar la magnitud de las creaciones de Dios al visitar el templo y experimentar el silencio de “el monte de la casa de Jehová” (Isaías 2:2). Creo que estos sagrados lugares nos ayudan a quedarnos “tranquilos y [saber]que [Él es] Dios” (Doctrina y Convenios 101:16), renovándonos mediante la soledad, el silencio y la oscuridad.